La conquista del espacio, de Fito Páez: contundente y amoroso reporte del presente



De la más o menos reciente ciudad liberada de Fito Páez a su flamante conquista del espacio hay una distancia de dos años y cuatro meses, una diferencia de nueve canciones (menos), un paso de nivel de cierta terrenalidad acotada al aquí y ahora a una espacialidad sin límites y un paso más, firme, hacia ese lugar que nunca nadie sabe qué es llamado futuro que, por supuesto, apenas llega se esfuma.

En ese tiempo siempre presente, siempre imperfecto, frustrado su estreno en el Hipódromo de Rosario por la amenazante presencia del coronavirus, desde las plataformas digitales La conquista del espacio, el nuevo álbum de Páez clava una lente en el universo de todos. Ese que se alimenta de amores y desamores, violencia -de género y de las otras- y abrazos, represiones y libertades, zanjones y salones… Y lo hace articulando, no por casualidad, con varias de las voces de la nueva escena indie y no tanto.

Y en sintonía con ese monitoreo ampliado de estados de situación íntimos y de los otros, Fito apostó a un sonido que te abraza, te lleva puesto en cada golpe de la batería de Abe Laboriel Jr., te acaricia y golpea, y a veces hasta parece que está a punto de pasarte por arriba. Una apuesta que impone condiciones desde el mismísimo inicio del tema que le da título al disco, que habla del espacio, los espacios que habitamos, mucho más que del que vemos desde abajo.

Así es la tapa de “La conquista del mundo”, el álbum 24 de Fito Páez.

Ahí van Fito, Juanes, María Campos, Mateo Sujatovich (Conciendo Rusia) y Franco Saglietti (Francisca y les exploradores) subidos a la orquestación de Ezequiel Silverstein al frente de la Nashville Music Scoring Orchestra, que carga de épica una especie de canto a mí mismo que intenta abrir una puerta a cierta esperanza, a pesar del “sálvese quien pueda”. “Yo creo que tu corazón lleva melodías/De mucho tiempo atrás/Que a veces te acordás/Y las volvés a cantar”, canta Páez. ¿Quién dijo que todo está perdido?

De un lado, la literalidad al palo y el fin de las metáforas de Las cosas que me hacen bien, Nadie es de nadie, una de esas historias malditas y benditas que tan bien el rosarino encapsula en unos pocos minutos, ambas de notable estirpe rockera, y ese mash up rockumbiero compartido con Hernán “Mala Fama” Coronel y Ca7riel que es Ey, You!, con una línea de vientos de lujo en los tres casos. 

“Hoy mataron a un pibe en Isidro Casanova de cuatro balazos por un telefonito de mierda en una esquina de Dios”, cuenta en la primera; “Le puso un rodillazo en las pelotas y se rajó/Tomás mucha falopa, pelotudo/Y yo no soy una cualquiera”, en la segunda; “Vos nunca me podrías dar miedo/Vas a terminar en una zanja, vos/Regado muy, muy mal”, en la restante. Tres botones de muestra, con mucho más de palabra urgente que de bajada de línea.  

Del otro, beatle hasta la médula en Resucitar, una balada confesional con campanas, cuerdas, coros, el retornado y bienvenido al ruedo bajo de Guillermo Vadalá y un solito de Juani Agüero breve y exacto; bien Steely Dan en Gente en la calle, su caminata de la mano con Lali entre gente que duerme sola en la calle y busca algún manjar en la basura no llega a mantener la intensidad; literario en Maelström, otra vez recostando una historia de redención sobre las cuerdas y los bronces de la Nashville. “Una canción medio de Elton John”, dice Fito que le parece… Y no se equivoca.

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Para el final, Todo se olvida es una oda al amor, al perdón y al porvenir, en estricta clave pop: “Tengo la rabia intacta/y sigo cantando abrazado a la música”. Así de simple. Como las teclas de la máquina de escribir que se escucha como coda… “La máquina de hacer historias”, la llamó una pequeña Lulú, cuando tenía 7. Como las que hace Fito.

Y en el medio de todo eso, la maravilla. La canción de las bestias es de las más lindas que haya hecho Fito. Bella, profunda, de esas que con una guitarra construyen un mundo propio y emociona. Mucho más aún cuando la orquesta y el moog juegan a construir texturas.”No puedo evitar hacer el daño y después/mi corazón se rompe en mil pedazos/La pregunta es cómo creen que se puede arreglar/un mundo en el que todos llevan la razón”.

Loe estudios Capitol. El sonido de “La conquista del espacio” es uno de los grandes capitales del nuevo álbum de Fito Páez.

Son poco más de 36 minutos. Suficientes, para poner en discusión algún lugar en el podio de su extensa obra, en esa absurda e imposible competencia de tantos ayeres con un hoy que ya termina; y para dejar abiertas las ganas de más.

La conquista del espacio

Calificación Muy bueno​

Fito Páez voz en todos los temas, CP70, wurlitzer, moog, rhodes, hammond, piano y sintetizadores Diego Olivero sintetizadores, guitarra, guitarra eléctrica, jaguar, hammond, drum machine, órgano Guillermo Vadalá bajo Abraham Laboriel Jr batería Juani Agüero guitarra eléctrica y acústica Carlos Vandera coros Ana Álvarez de Toledo voz en Nadie es de nadie Rich Hinman pedal steel guitar Lenny Castro percusión Lee Thornburg trompeta Terry Landry saxos. Eric Jorgensen trombón Shueh-li Ong theremin David Cleveland guitarra acústica Alan Umstead concertino Invitados Juanes, Lali, María Campos, Franco Saglietti, Mateo Sujatovich, Hernán “Mala Fama” Coronel, Nacho Godoy, Ca7riel.

E.S.

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