La Casa del Teatro: artistas en riesgo y deuda millonaria con la AFIP



Un encuentro entre el mendigo y la dama. Así empezó todo. ¿Acaso el argumento de Dios se lo pague, ícono de los años dorados del cine argentino, se inspiró en la historia de la Casa del Teatro? Quién lo sabe. Cierto es que el libro original de la película protagonizada por Arturo de Córdova y Zully Moreno data de 1934. Y el encuentro entre el mendigo y Regina Pacini ocurrió mucho tiempo antes. Cuenta la leyenda que la soprano portuguesa, esposa del entonces presidente argentino Marcelo Torcuato de Alvear, se conmovió al reconocer en el hombre que le pedía limosna a un artista con quien había trabajado. Tal vez inspirada en Casa di Riposo per Musicisti, el hogar para músicos que Giuseppe Verdi fundó en Milán, Pacini impulsó la creación de la Casa del Teatro, un hogar “para la gente del espectáculo desamparada al final de su vida”.

La primera dama se ocupó personalmente de conseguir el terreno municipal de avenida Santa Fe 1243. El 30 de diciembre de 1927 el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires dictó la ordenanza otorgando la concesión del solar elegido, para levantar en él un edificio que según reza el artículo segundo: “suministrará gratuitamente a los actores, autores teatrales y empresarios de edad avanzada, albergue, manutención decorosa y la asistencia médica y farmacéutica que su salud requiriese”.

Se inauguró el 4 de enero de 1938, el día que Pacini cumplía 67 años. Del ágape además del matrimonio Alvear, participaron figuras tales como Iris Marga, Luisa Vehil, Pierina de Alessi, Florencio Parravicini y Marcos Caplan. Dos días después, ingresaron los primeros ocho huéspedes.

Hasta aquí la historia oficial. Incompleta si no señaláramos que la Casa del Teatro es un auténtico milagro argentino. Aún antes de su creación, hace ochenta y dos años, ha vivido momentos de tal zozobra que hicieron temblar sus cimientos. Por caso, en 1929, al año de finalizar el mandato de Alvear, las obras se suspendieron por falta de fondos. Pasaron once años desde la colocación de la piedra fundacional hasta su apertura. Después, osciló entre los vaivenes del esplendor y el ocaso. Alguna vez cayó estrepitosamente desde la cima, agobiada por deudas acumuladas en cada crisis del país, cuentas bancarias embargadas y amenazas de remate. En cada ocasión los más célebres se pusieron al frente de campañas para salvarla.

Cuesta abajo

La Biblioteca. Especializada en artes escénicas ofrece más de cinco mil libros que pueden ser consultados en forma gratuita. Hay datos históricos, como las primeras comisiones directivas, y la posibilidad de consultar los programas de mano del ciclo Teatrísimo y los premios Florencio Sánchez. Además, hay una mini exposición con vestuarios que pertenecieron a Pedrito rico, Libertad Lamarque, Zully Moreno, Lolita Torres, Iris Marga, Merecedes Sosa, Alba Solís, Laura Hidalgo, Olinda Bozán y Beatriz Salomón. Y un retrato de Regina Pacini realizado por Linda Peretz. Foto: Lucía Merle

Al llegar a la Casa del Teatro se experimentan variadas sensaciones. Todo fluye felizmente. Se percibe en la contagiosa sobremesa del almuerzo, previa a una nueva performance del Festival Bombón que residentes y trabajadores protagonizan en distintos sectores del edificio. En la devoción de los amantes del vintage por “La boutique” (en la feria hay a la venta desde tailleurs de Mirtha Legrand, un perchero completo con vestidos de “Las Oreiro”, hasta corbatas de Mariano Mores). En el museo Carlos Gardel, con verdaderas joyas del Zorzal. Y en el petit café que se habilita en el hall cuando hay función. En cambio, en el despacho de Linda Peretz las cuentas mandan. Si bien la presidenta sortea los obstáculos con proyectos y buen humor, no niega que la millonaria deuda con la AFIP se ha convertido en su espada de Damocles.

“Es una herencia de gestiones anteriores –explica Linda-. No sé qué pasó. Sé que concretamente le debemos ocho millones de pesos a la AFIP y que esa deuda corresponde a cargas previsionales. Yo sé que hay que pagar y que vamos a tener que hablar con los abogados de AFIP para ponernos de acuerdo en un plan de facilidades, no sé si de diez años o de cuántos más, porque para cancelarla ya tendríamos que ganar el PRODE…”.

-Antes de presidenta fue vocal, ¿cómo llega a involucrarse tanto?

-Siempre me llamó la atención la gente que vivía aquí, el hecho de que algunos artistas no hayan ahorrado o no tuvieran la suerte de tener un patrimonio o una familia que pudiera ayudarlos. Y cuando falleció Julio Vaccaro, el presidente que estuvo antes de mí y que había sido compañero mío en el Conservatorio Nacional de Arte Escénico, no sé por qué dije durante su entierro en el Panteón de Actores del Cementerio de la Chacarita: ‘Julio, prometo cuidar tu lugar, seguir tu ideología de bien y defender a la gente que está en la Casa del Teatro’. Lo dije inconscientemente. Yo nunca estuve atrás de un escritorio, pero al otro día vine y ocupé este lugar. Esta es una residencia para adultos mayores con treinta y tres personas que viven en ella en este momento, pero no es un geriátrico, porque no tenemos infraestructura para serlo. Por supuesto, mi prioridad es que estén bien cuidados desde el punto de vista de la salud, pero le presto mucha atención a la recreación, porque siempre pienso: ¿qué querría para mí si estuviera viviendo aquí? Ellos son mi familia y me interesa que estén mejor en todo sentido. La realidad es que nos sobran ideas, pero no tenemos un peso y necesitamos la ayuda de todos.

Inolvidable. La fotografía de Norma Pons y la firma del director José María Muscari han quedado como testimonio de la gran temporada de la actriz y vedette con su protagónico “La casa de Bernarda Alba”. Un homenaje permanente en el acceso a las boleterías del teatro Regina. Foto: Lucía Merle

El edificio de diez pisos es una joya emblemática del estilo art-decó de Buenos Aires, realizada ad honorem por el arquitecto Alejandro Virasoro. La actividad se distribuye de la siguiente manera: en la Planta Baja dos locales, presidencia, administración y secretaría, los museos Carlos Gardel y Regina Pacini (actualmente en restauración), la boutique y la biblioteca. En el 1°, 7° y 10° piso, el Instituto Nacional del Teatro. En el 2° y 3° el teatro Regina (para destacar los dos murales de Quinquela Martín). En el 4° la capilla. En el 5°, 6° y 8° las habitaciones. En el 9°, el comedor, la cocina y las salas de recreación.

En la cocina, Horacio González maneja la espátula con precisión para que los filetes de pollo, servidos con ensalada de tomate y lechuga, salgan a punto. González llegó hace veinticinco años y desde hace veintidós está al frente de los fuegos.

-Empecé realizando tareas de limpieza. Luego hice un curso de cocina y con Mirta Maciel, una compañera que ya se jubiló, le propusimos a la comisión directiva reemplazar a la concesión que había y encargarnos de la comida para abaratar costos y mejorar la calidad. Hacemos un menú sano y con ingredientes frescos, pero acotados a la realidad económica de la casa, que por años nos obligó a suspender los postres. Ahora se reincorporaron una vez al día, porque el presupuesto no alcanza.

¿Hubo malas administraciones? Aunque nadie lo diga en voz alta, así parece. En 1998, Mirtha Legrand alertó públicamente sobre la inminencia del remate por una deuda con la DGI. La comunidad artística se hizo eco de la campaña encabezada por la diva de los almuerzos. Y hasta Sandro desde el escenario del Teatro Gran Rex reclamó: “Quizá, entre todos podemos salvarla o detener ese remate. Y esperemos que los señores de la DGI tengan consideración, porque los actores no tienen vacaciones, no tienen aguinaldo, no tienen nada. Espero que el gobierno tenga consideración porque si no nos vamos a quedar sin cultura”.

En aquel momento, gracias a las donaciones, las funciones a beneficio y la repercusión mediática se detuvo la ejecución fiscal. Sin embargo, a partir del 2002 la deuda se incrementó y en diciembre de 2014 se encendieron las alarmas, otra vez. Lito Cruz, entonces titular del Instituto Nacional del Teatro, ideó una movida asombrosa al conseguir que su amigo Robert De Niro, de vacaciones en Argentina, grabara un video diciendo en inglés: “Estoy en la Casa del Teatro. Es un lugar maravilloso y espero que la gente contribuya para mantener su funcionamiento para los actores que viven allí”. Pero ni el mismísimo De Niro lo logró. En junio de 2018, AFIP embargó la cuenta bancaria.

Feria americana. En el hall central conviven los retratos de los más notables y populares artistas con los vestidos glamorosos de “Las Oreiro” los percheros rebosantes de ropa donadas en forma anónima y las vitrinas con joyas, bijouterie y accesorios pertenecientes a figuras del espectáculo. Foto: Lucía Merle

Cómo viven hoy los artistas en la Casa

“¿Te acordás hermana de las tibias noches sobre la vereda…?” canta María Graña, que fue residente en 2019, acompañada por la guitarra de Graciela Susana, la cantante y compositora que triunfó en Japón. Reunidos en el piso nueve, los huéspedes y el público, que pagó el bono contribución para acceder a la tertulia tanguera, vibran con el cierre de María, Graciela y Néstor Fabián, el artista invitado, interpretando El día que me quieras.

Tito Rocca vive aquí desde hace ocho años. Fanático del tango, de Gardel y de Racing ha decorado su habitación con los recuerdos de sus tres pasiones.

-Existe la fantasía de que el artista gana mucho dinero pero lo despilfarra.

-No. ¡Es al revés! Por lo menos, en mi caso que no soy “famoso famoso” ni canté en las orquestas más importantes. Hay que vivir en la Casa del Teatro para darse cuenta qué significa. Para mí es un bálsamo. ¡Es mi casa! Antes creía que toda mi vida iba a ser tirar manteca al techo, como dice el tango, pero no es así, en algún momento empiezan a venirse los años, se va el cabello, se va el dinero y se van las posibilidades.

Una imagen de Mirtha Legrand, en la feria americana de la Casa del Teatro. Los vestidos que donó son los más buscados. Foto: Lucía Merle

Para los artistas el aplauso lo es todo. ¿Qué pasa entonces cuando el reconocimiento queda en un rincón y ya no hay quien se acuerde de uno? En la Casa. el aplauso habita con ellos y siempre hay una excusa para un show.

Fernando Ortega es bailaor flamenco y con sus taconeos deslumbró los tablaos europeos. Figura del elenco estable del Teatro Avenida, bailó con Los Pericet, con Pedrito Rico, con Carmen Sevilla y con la más grande, Lola Flores, la Faraona. Aunque hace muchos años de su regreso, al hablar arrastra un acento español que le cala los huesos.

-¿Por qué volvió?

-Por mis padres que estaban muy enfermos. Los cuidé durante doce años y cuando partieron ya era tarde para volver a España… Me quedé solo y hace nueve años elegí la Casa del Teatro para estar tranquilo, estoy muy bien y quiero terminar mis días aquí.

Ángeles Gianello vocaliza en un rincón. Vive en la Casa desde el 15 de julio de 2013.

-Vine porque estaba sola y tenía amigos acá. Con Fernando hemos trabajado durante añares por casi toda Europa. Cuando él se fue, seguí cantando más que nada de crooner, que es lo que más me gusta. Volví en el ’99 y creo que vine más que nada por la compañía, ¿sabés?

-¿Se extraña aquella vida?

-¡Ah sí! Mi madre hace dos días me preguntó: ‘¿vos te sentís todavía una artista?’ Y tuve que pensarlo. Creo que todavía soy una artista, porque disfruto demasiado de los aplausos y del halago. Yo hago rancheras: “no hay amor correspondido en todito el ancho mundo…” (la voz se le quiebra levemente en un sollozo). Perdón si me emociono, pero es una canción que me llega al alma y está un poco olvidada, como nosotros.

Todos, algunos más populares que otros, como María Graña o Nelly Vázquez (ninguna de las dos ya vive allí), Laura Bove (suele vérsela en la boutique), la periodista Elsa Gaffuri, el actor Rolo Quintana, la cantante Zulema Durán o el titiritero Carlos Martínez comparten historias y soledades. Al cabo, son una familia.

Agustín Busefi y Analía Caviglia están casados desde hace veinte años, aunque por una cuestión de espacio viven en cuartos separados. El dramaturgo y director y la cantante y actriz componen una dupla artísticamente incansable, lejos del retiro.

Analía: Para nosotros todavía ese momento no ha llegado. Todos los años estrenamos obras, viajamos mucho al exterior y estamos permanentemente actuando.

Agustín: Por eso, a la Casa del Teatro le agradecemos lo más valioso que tiene el ser humano: el tiempo, el tiempo para crear y para trabajar.

Es hora de admitir que, más allá de los prejuicios, el espíritu de esta Casa no tiene que ver con la decadencia, sino con el respeto por el pasado.

José Palomino Cortés, padre del actor Juan Palomino, es actor, locutor y conductor de radio. Nació en Perú y ha pasado la mitad de su vida en Argentina.

-¿Por qué vino a vivir a la Casa?

-Porque me quedé sin trabajo. Durante quince años consecutivos trabajé en Radio Nacional, pero desgraciadamente cuando entró el gobierno anterior me plantearon que la temática de mi programa, Nuestro continente, no tenía vigencia. Me ofrecieron ser comentarista, pero por mis problemas de rodilla no puedo desplazarme con facilidad y me resultaba difícil ir todos los días a la radio. Decliné, perdí el sueldo y la cosa se vino para abajo.

-¿Cómo transcurren sus días?

-Mi pasión es repasar parte de mi vida en música. Yo tenía mil quinientos cds y casetes, pero me traje apenas doscientos y mi éxtasis es evocar aquellos momentos, porque escuchar las canciones de diferentes países me llena el espíritu. Lo único que no hago es cantar, porque ¡desentono! (se ríe). Bueno aunque a Ali, mi mujer, que me acompañó durante sesenta años, la conquisté cantando Alicia con motivo de cautivarla.

Dentro de cada habitación laten mundos distintos. Cada uno puede ambientarla a su gusto. Aquellos que atesoran recuerdos las han decorado con fotografías de sus años de gloria.

Liliana Godoy es cantante y una de las residentes más recientes.

-¿Cómo pasó este primer año?

-Adaptándome. Yo vivía en Pico Truncado y mis hijos y mis nietos están dispersos en distintos lugares del país y del mundo y, aunque estoy conectada con ellos a través de las redes, me sentía muy sola. Esperé seis años para entrar (antes había lista de espera) porque pensaba: ¿por qué voy a estar sola pudiendo estar acompañada por mis colegas?

El show debe continuar

En noviembre de 2017, en ocasión de la Noche de los Museos se reabrió la sala Carlos Gardel. La exposición, un proyecto conjunto entre la Casa del Teatro y la Facultad de Artes de la Universidad del Museo Social Argentino (que se hizo cargo de la restauración), recorre la vida de Gardel a través de sus objetos personales. Dividida en seis sectores, exhibe tesoros que fueron donados por Bertha Gardes (madre de El Morocho del Abasto) a Armando Delfino, el apoderado de su hijo y que luego la viuda de Delfino legó a la Casa del Teatro. Es inevitable la referencia a sus orígenes al ver el certificado de nacionalidad uruguaya y la libreta de enrolamiento argentina. O sorprenderse frente al boletín de sexto grado del colegio San Estanislao (todas sus notas eran ¡diez!), sus binoculares, su bata azul, una de sus guitarras, sus pertenencias halladas en el lugar del trágico accidente (llaves, monedas y un cepillo con sus iniciales) y el cubre féretro.

La intimidad del Zorzal. El Museo Carlos Gardel, reinaugurado en noviembre de 2017, ofrece los tesoros que fueron donados por Bertha Gardes, la mamá del Morocho del Abasto, a Armando Delfino (el apoderado de su hijo) y que luego la viuda de Delfino legó a la Casa del Teatro. Allí podemos encontrar de todo un poco: el DNI argentino, el boletín de sexto grado del Colegio San Estanislao, el certificado buena conducta, sus binoculares, las botas que pertenecieron a su amigo Ireneo Leguisamo, su guitarra, las llaves encontradas junto al avión accidentado en Medellín y el cubre féretro. Foto:Lucía Merle – casa del teatro

Justo al lado del Museo, se ubica la biblioteca teatral con más de cinco mil libros especializados y vestuarios icónicos que pertenecieron a Mercedes Sosa, Pedrito Rico, Olinda Bozán, Lolita Torres, Iris Marga y Beatriz Salomón.

En el hall los percheros de la feria americana conviven con vitrinas rebosantes de alhajas y bijouterie, la galería de retratos de notables y la boutique que Linda Peretz abrió hace tres años y cumple la doble función de aprovechar ofertas y la fascinación de imaginarse en el vestidor de las celebrities. Las prendas más buscadas son las donadas por Mirtha Legrand, pero hay gangas irresistibles como un legítimo Jorge Ibáñez a quinientos pesos.

Sin querer, allí nació hace dos años el documental La historia de un vestido. En plena etapa de rodaje Paula Kleiman, la directora, cuenta que todo comenzó el día que llegó como una clienta más en busca de oportunidades. “Empecé a preguntar y así conocí a la cantante Nelly Vázquez, que vivía aquí en ese momento. Me fascinó su historia, la de la casa y la de toda la gente que fui conociendo. La idea es que el vestido donado que llega a la feria sea la metáfora: está colgado de una percha, alguien lo ve y lo elige y lo vuelve a poner en circulación. Eso es también lo que puede suceder en la vida de estos artistas, porque de no hacer nada en veinte años hoy están participando de un festival internacional y han venido programadores de todas partes a apreciar su arte”.

El festival al que se refiere Kleiman es el FIBA. La comunidad de la Casa participó con Teatro Bombón, un espectáculo “site specific” creado por Monina Bonelli y Cristian Scotton, y por el éxito de la convocatoria siguen en cartel hasta marzo. Se trata de tres piezas cortas: Limbo Regina, protagonizada por Linda Peretz y actores invitados (transcurre en el hall central, la dirección, la capilla y el teatro Regina), L’Avarieté (una revista musical biodramática interpretada por siete de los residentes); y El sueño de Rosita (si le gustan los panqueques de dulce de leches no puede perdérsela, porque la obra concluye con una panquequeada pública en la cocina). Rosa Escalada es la enfermera y el personaje central de esa historia. El 4 de febrero cumplió 32 años en la Casa y en la obra se anticipa cómo será su despedida el día que se jubile.

-Tantos años en la Casa del Teatro, imagino las historias que conoce…

-¡Muchas! Me acuerdo el día que Ricardo Bauleo me dijo: ‘Rosita, la verdad que te tengo más confianza a vos que a los médicos’. Era una persona muy alegre, había llegado con un estado de salud delicado y no podía vivir solo, pero con sus hijas lo ayudamos a salir adelante y sé que fue muy feliz acá. Igual que Colomba. Ella, a pesar de su salud, disfrutaba de todo y cuando salía de compras se arreglaba como si fuera a presentar un programa de televisión. Y eso es porque más allá de las dificultades económicas, la Casa es muy mágica y protege a todos aquellos que vienen a tocar la puerta y los ayuda hasta el final.

Durante el 2020 continuarán las visitas guiadas del historiador Eduardo Lazzari. Y el 6 de enero 2021, para celebrar los 150 años del natalicio de la fundadora, se entregarán por primera vez los premios Regina Pacini y se reabrirá su museo.

Los gastos son abrumadores. Unos seiscientos treinta mil pesos corresponden a los sueldos de los quince empleados. Hay que sumarle la comida, los servicios, los impuestos, las empresas de mantenimiento (caldera, cuatro ascensores, treinta matafuegos, etc.) Ingresan al mes: el subsidio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (es de dos millones de pesos anuales), ochocientos mil pesos por los alquileres de los dos locales (un maxikiosco y un negocio de ropa), el teatro Regina y el Instituto del Teatro; y las ventas de la boutique, que recauda entre ciento cincuenta mil y doscientos cuarenta mil pesos según la temporada.

El vestidor de las estrellas. La Boutique funciona desde hace tres años en la sala “Iris Marga” y es uno de los lugares más concurridos porque todo lo que se vende allí es parte del guardarropa real de los artistas que lo han donado para recaudar fondos. Hay de todo: vestidos de gala, tailleurs, ropa de cóctel, blazers (como el negro de Mirtha Legrand) zapatos, sombreros y corbatas (se destacan las de seda de Mariano Mores y de Carlos Garaycochea). Foto: Lucía Merle

Mauro Paolantonio, el jefe de personal, reconoce que las deudas son muchas. “Cuando nos embargaron hicimos un plan de pagos con AFIP, porque en esa cuenta bancaria se depositan los alquileres y los subsidios y necesitábamos el dinero para pagar sueldos, impuestos y servicios, pero era inviable. ¡24 cuotas de 300.000 pesos por mes! ¿Cómo hacíamos para pagar? –se sincera Paolantonio-. Además, al no pagar las cargas sociales también se generó una deuda con la ART y a la obra social de Sanidad se le debía casi un millón de pesos. Está muy complicada la mano, porque entran un millón cien mil pesos y tenemos el doble de gastos, y eso que desde el principio de esta gestión estamos ajustando y bajamos todos los costos. En 2017, por ejemplo, se pagaban seis mil quinientos de teléfono y hoy se pagan cuatro mil”.

Linda Peretz agrega: “Susana (Giménez) siempre es muy generosa y en septiembre del año pasado nos donó los quinientos mil pesos que ganó en el programa Quién quiere ser millonario, pero ¡ya se nos fue esa plata! Se va volando como en cualquier hogar, pero estos ocho millones condicionan todo, necesitaríamos algún sponsor o ¡un mecenas!”. La malaria se hace visible desde la marquesina del Teatro Regina. Allí se anuncia la obra Doble o nada con Miguel Ángel Solá y su mujer Paula Cancio (estuvo en cartel hasta agosto de 2019) y Esa noche mía con Alfredo Casero (finalizó en octubre de 2019). ¿La explicación? Bajar los carteles cuesta ochenta mil pesos y no hay dinero para eso.

Antes de despedirnos, Peretz nos revela la piedra filosofal de la Casa. En su despacho descansa “el libro de oro”, que contiene el acta de fundación y en caligrafía perfecta la firma de sus ilustres benefactores. El resumen del génesis, tal escribió el dramaturgo Alberto Vacarezza: “La Casa del Teatro es la hostería en la que hospedan su vejez y su cansancio los peregrinos del arte. En ella recobran su hogar aquellos que lo perdieron y lo alcanzan los que nunca lo han tenido. Y así, en dulce comunión pasa la vida como pasó la fortuna. Por los de ayer trabajamos los de hoy, por los de hoy los de mañana”. Y de eso se trata.

Mirtha Legrand: “La Casa del Teatro nunca va a cerrar”

Madrina de honor y presidenta honorífica de la Casa del Teatro es una de las personas que más trabaja para que la Casa siga en pie. Desde el 8 de julio de 2019 la sala del teatro Regina lleva su nombre. Apenas supo del agravamiento de la situación económica, Mirtha accedió a una charla telefónica con Clarín para solidarizarse.

-¿Por qué cree que a los artistas en algún momento de su vida les puede pasar esto?

-Las circunstancias, carreras que de pronto quedan truncas… Es muy fluctuante la carrera del actor, de pronto tienen trabajo y de pronto pasan temporadas sin actuar y sus bolsillos enflaquecen. A lo mejor tienen viviendas que no pueden seguir pagando, entonces se instalan en la Casa del teatro con la atención y el respeto que merecen. No es malo ir a la Casa del Teatro. Yo he caído en una conversación en ese tono:”‘Ay pobrecita… en la Casa del Teatro”. No pobre no, ¡está en la Casa del Teatro! Es una institución que merece toda la admiración y necesitaría un gran apoyo de parte del gobierno, de los empresarios y de los actores. Los que estamos muy bien debiéramos colaborar siempre. Ahora hay una deuda de ocho millones. ¿De dónde vamos a sacar ocho millones? Estas instituciones deberían estar al margen de esos pagos millonarios, porque estamos haciendo un bien a la sociedad. Siempre he luchado para que tenga una subvención importante, pero ¿sabe qué pasa? Yo lo he analizado: el máximo de huéspedes que puede tener son cuarenta, si usted lo traslada a los votos son muy pocos ¿se da cuenta? En un momento Lito Cruz le pidió a Cristina Kirchner cuando era presidenta y debo decir que ella colaboró muchísimo.

Mirtha Legrand, defensora de la Casa del Teatro.

-¿Puede cerrar la Casa del teatro?

-¡No! ¡Nunca se va a cerrar, créamelo! Yo no voy a bajar los brazos nunca y esta nota va a ser muy positiva porque la gente va a conocer qué es la Casa del Teatro. Además, la labor que está haciendo Linda es admirable. A mí me gustaría, por ejemplo, que los empresarios dieran un porcentaje, el uno por ciento de las entradas para la Casa del Teatro, sería bueno que lo hicieran. Esta es una obra fantástica.

WD

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