la canción “infantil” que se convirtió en un himno de libertad

Hay un oso sentado a la mesa del bar, en la esquina de Juncal y Rodríguez Peña. No, perdón, hay dos osos sentados a la mesa de ese bar. Podríamos ponerles nombres: Moris y Antonio. Birabent, por si alguno quiere sumarles un apellido. El mismo para los dos, claro.

Alrededor nadie parece darse cuenta. Y las señoras que toman el té a las cinco en la vereda, y los colectivos raudos y vertiginosos, cargados de trabajadores que regresan, y los transeúntes que van de acá para allá, como zombis distraídos en el inminente verano porteño, todos pasan por al lado de ellos sin reparar siquiera en lo bizarro de la escena.

Muy raro, porque, ¿cómo se hace para no ver a dos osos bebiendo café en un bar del Barrio Norte, en plena tarde de diciembre? Pero el oso más viejo (el que se llama Moris) y el oso más joven dominan a la perfección el arte de la invisibilidad. El estar sin estar. El pasar desapercibidos.

Se mimetizan, como hacen en el bosque. Para que ningún cazador furtivo les eche el ojo. Para preservar así su amada libertad…

Moris y Antonio Birabent se mimetizan en la ciudad como los osos en el bosque. Foto Juano Tesone

Moris y Antonio Birabent se mimetizan en la ciudad como los osos en el bosque. Foto Juano Tesone

El tema de la libertad

-Qué tema el de la libertad, ¿no Moris?

Moris: La libertad sigue siendo un tema, claro. Para mí y para cualquiera

Antonio: La libertad es un tema muy de esa época de la canción argentina. La libertad… Cuál es el destino del ser humano…

Moris: Sí, pero hoy más que nunca la libertad es un bien que escasea. Entre los impuestos, los piquetes, las bombas atómicas, los países que se pelean, la guerra de la vida…

Antonio: Los celulares sumarían yo…

Los osos siguen bebiendo café y charlando. Cada tanto el oso más viejo arquea una ceja y lanza una sentencia así, como al descuido, con esa voz de barítono que tan bien se le conoce. El más joven, en cambio, mantiene todo el tiempo una sonrisita algo irónica. Mirada aguda, sentidos alerta. Éste es el que cuida del otro. ¿O será al revés?

El asunto es que El oso, (sí, esa canción que hace ya más de cincuenta años nos pertenece a todos) ha sido grabada nuevamente en una versión muy refrescante y natural que incluye cuerdas y que va a ser lanzada como single este próximo 17 de diciembre, junto con un video que muestra algo del detrás de escena.

-¿Por qué El oso y no otra canción…? De nada sirve, o Escúchame entre el ruido, por ejemplo.

Moris: Porque le letra tiene que ver con el momento que estamos viviendo. Es ecológica. La letra es pacifista, en un momento donde hace falta paz. Este es un momento de mucha tensión y hace falta distensión; esa es una letra distendida que no crea ninguna tensión.

Antonio: La canción nos identifica a los dos por separado, y la hemos cantado juntos en vivo muchas veces. Es una canción que tiene tanto pasado que hasta parecía que la habíamos grabado, pero nunca la habíamos grabado. Esta nueva versión mantiene algo del original; sin embargo por las cuerdas, por cómo está cantada, por la introducción, parece una nueva canción.

Un mensaje sin fecha de vencimiento

-En El oso vos hablás de cosas muy concretas: hay un oso, hay una jaula, un circo, un bosque… Pero ésta parece ser una época muy poco concreta, donde todos los objetos se están desmaterializando en favor de lo virtual. El filósofo Byung Chul Han habla de los no-objetos, y le hecha la culpa al teléfono inteligente

Moris: Bueno, pero parece que las personas están contentísimas con sus aparatitos, ¿no?

Antonio: Siempre cuando aparece la tecnología pareciera que está encerrando un poco al ser humano. Hoy eso es muy brutal. Estoy leyendo varios libros de Han y me siento tan identificado, con cómo la tecnología está condicionando al pensamiento, el lenguaje.

Volviendo al Oso hay letras y mensajes que permanecen siempre. Tal vez hoy El oso tiene más valor, pienso, que hace cincuenta años porque la sociedad hoy es más opresiva.

Moris: Además, El oso habla de una vida natural, y en realidad estamos todos viviendo una vida bastante artificial. En la ciudad no hay naturaleza.

La figura del oso (del latín, ursus) ha sido venerada muy especialmente en diferentes culturas de la antigüedad. No sólo por su fuerza, valentía y poder sino además por su gran sabiduría.

"En la ciudad no hay naturaleza, sentencia Mauricio Birabent. Foto Juano Tesone

“En la ciudad no hay naturaleza, sentencia Mauricio Birabent. Foto Juano Tesone

El oso, animal consagrado por la diosa lunar Artemisa en la antigua Grecia, y considerado como el Gran Chamán por los pueblos originarios del norte de América, es además custodio de los niños (el osito de peluche no es casualidad) y representante del eterno renacer.

Bueno, justamente como sucede con esta canción, que es dueña de un update continúo. El oso de Moris viene haciendo su propio refreshing de manera automática y sin tocar la tecla F5 desde hace más de medio siglo.

El encargo de una maestra y la pluma de Inés

– Hay una historia sobre cómo escribiste El oso que habla del encargo de una maestra, pero no hay muchos más datos… ¿Qué recordás de aquel momento?

Moris: Yo estaba con Inés (González Fraga), mi mujer, que es pintora, y estábamos en un taller de pintura. Una amiga de Inés, Ana Colombo, tenía un jardín de infantes y así me dijo un día: “¿Vos podés hacer una canción para los niños?”. Ahí, en el momento, agarré la guitarra e hice tuc tuc tuc (Moris escribe en el aire) y la saqué completa.

-Está bien pero existiendo otros animales, un anguila, un león, una serpiente, ¿por que elegiste a un oso?

Moris: No lo sé. Seguramente la imagen de ese animal se me vino a la mente, pero no sé exactamente por qué le puse El oso. Tal vez por esa sensación de poder, de fuerza, de algo que es muy difícil de vencer. El oso te abraza y ya está, es el abrazo del oso. No le iba a poner La cobra ni El ratónEl oso es el poderío máximo.

"No sé exactamente por qué le puse El oso", dice Moris. Foto Gentileza Prensa CCK/Manuel Pose Varela

“No sé exactamente por qué le puse El oso”, dice Moris. Foto Gentileza Prensa CCK/Manuel Pose Varela

-En algunas tribus existe la creencia de que el oso tiene el poder de curar. ¿No te parece que esta canción ha curado generaciones?

Moris: ¡Ojalá! Bueno, ha emocionado; y la emoción te cura.

Antonio: Y además tiene algo muy poderoso: llega a personas que no están condicionadas. Es decir, cuando una canción tiene éxito con los adolescentes o en los adultos, siempre podés pensar que la publicidad favoreció ese aspecto.

Pero cuando una canción llega a chicos muy chicos algo pasa que es inexplicable. ¿Por qué un chico que no está mediado por los diarios, por la radio o la televisión adopta una canción?

Moris: Porque es un cuentito…

Antonio: Sí, pero para mí eso es un misterio. Cuando me paran las mujeres en la calle, que vienen con el hijito y yo ya sé lo que me van a decir, me lo dicen siempre como una novedad: “Mi hijo de dos años la canta”.

Moris: Tal vez se debe mucho a la interpretación, ¿no? La emoción que puse yo cantando, la emoción que pusieron los que tocaron, el clima que había en aquel disco… Es un tema emocional.

Yo estaba cantando acá, allá estaba Javier Martínez tocando la batería, Claudio Gabis con la guitarra, Pappo en el bajo, Richard Green (músico inglés del grupo Los Inn) en el órgano… Yo estaba rodeado de músicos en vivo.

Nuevos sonidos para una vieja canción

Esta nueva versión de El oso tiene arreglos del músico Lolo Micucci, quien además de ser integrante de la banda que acompaña a los Birabent, es pianista y director musical. Lo que realmente llama la atención es el sonido moderno pero al mismo tiempo con cierto clasicismo que le otorgan a esta nueva versión el uso de violines, viola y cello.

Tiene cierto aire a esos arreglos que hacía Don Costa para Frank Sinatra… Salvando las diferencias claro.

Moris: Y, sí. Es muy de películas.

Antonio: En ese aspecto Lolo hizo un gran arreglo, pero que es muy simple. Las cuerdas están tocadas de manera tan sintética que no llaman la atención, no distraen. Y fueron ejecutadas por cuatro mujeres. La idea era grabarla en el estudio tratando de reproducir de alguna manera la versión en vivo que hacemos con Moris.

Y fijate que cuando la tocamos sigue produciendo en las personas una gran emoción, porque es como un manifiesto del poder de la naturaleza, y del poder del ser humano también.

-Volvamos a la maestra y su encargo. ¿Cómo le diste la canción? ¿Le diste un acetato? ¿Cómo fue?

Moris: No le di nada. Se la canté y me fui. O sea, mi mujer tuvo la inteligencia de que a medida que yo la iba cantando ella la iba escribiendo, rápido, rápido, rápido. Cuando terminé, ella ya la tenía toda escrita, y creo que de otra manera yo quizá no hubiera podido reconstruirla más tarde completamente.

-O sea que de alguna manera El oso se la debemos a una osa. ¿Desde un primer momento la consideraste para grabarla?

Moris: No, no, es más durante mucho tiempo ni siquiera la toqué en vivo. Cuando llegó el momento de grabar el disco, la elegí.

Antonio: Pero bien podría haber quedado afuera, ¿no?

Moris: Claro. Cuando terminamos y la escuché, no me pareció nada del otro mundo. Era una canción más.

-La música está llena de historias así, de canciones que no iban a ser grabadas y terminaron traccionando toda la carrera de un artista.

Moris: Tuvimos la suerte de grabar en los viejos estudios TNT con Tim Croatto, que era guitarrista, compositor, cantante, productor y encima manejaba las maquinas del estudio. O sea, de él fue la idea del corito final con cámaras de reverberación; se le metieron tres diferentes tipos de cámaras para que sonara enorme.

-¿Pero los músicos ya estaban ahí o los elegiste vos? ¿Cómo consiguieron aquel sonido en el disco original?

Moris: Les hablé yo. A Pappo le dije “Tocá do, mi menor, fa, sol”, a Javier lo llamé para la batería, después a Gabis, y el inglés que era un músico muy intuitivo hizo esa intro con el órgano Farfisa. No hubo masterización ni nada, todo grabado en cuatro canales tocando juntos en vivo.

Además, esas eran máquinas valvulares. No eran de China ni de Japón ni de Taiwán, eran todos equipos americanos. Yo tocaba la guitarra española, la batería tenia parches de cuero, pero la mano del técnico ahí fue muy importante.

“A Pappo le dije ‘Tocá do, mi menor, fa, sol’, a Javier lo llamé para la batería, después a Gabis, y el inglés que era un músico muy intuitivo hizo esa intro con el órgano Farfisa. No hubo masterización ni nada, todo grabado en cuatro canales tocando juntos en vivo.”

En esos estudios grababan Troilo, Piazzolla, orquestas sinfónicas, la Orquesta de la Policía Federal, imaginate que cabían sesenta músicos, los habían diseñado un grupo de técnicos italianos. La acústica de esa época hoy no se puede conseguir. Hoy se graba en salitas chiquitas, todo digital… Pero aquella atmósfera, esa grandiosidad hoy es imposible de reproducir.

También hay que considerar el momento de gran presión del gobierno militar, de la policía, de la sociedad misma. El ambiente… Todo eso hace que lo que estás escuchando sea un momento histórico.

Canciones que son amores

-¿Te molesta cuando le gente te pide que cantes El oso? Recuerdo que hace años a Nebbia en los shows le pedían que tocara La balsa y él un poco se resistía.

Moris: Yo la canto con muchísimo gusto. Y cada vez que la canto vuelvo a pensar cómo fue que la canté, el día que la canté y para qué puede servir ese momento que estamos produciendo Antonio y yo. Así que, al contrario.

-¿Cómo es trabajar con Antonio? Él no sólo está produciendo un disco o un show, sino que está produciendo una nueva etapa evolutiva de este artista que es Moris.

Moris: Tenemos coincidencias en muchas cosas, en casi todas las cosas y si no tenemos coincidencias bueno, limamos y arreglamos.

-Y vos Antonio, sos el responsable de que Moris esté cantando, grabando, haciendo shows, que esté acá contento.

Antonio: Creo que hemos logrado potenciarnos. Porque si bien desde siempre, por una cuestión familiar, hemos estado en comunicación musical, cada vez es más sutil lo que logramos.

Recuerdo que cuando hicimos Familia canción (el álbum de 2011) fue más trabajoso el disco. Y si me voy más para atrás, me acuerdo de cuando yo empezaba a hacer mis primeros temas, que él me ayudaba y eran horas y horas en la cocina de nuestra casa.

Moris: Sí, los dos con las guitarras.

Antonio: Exacto. Y todo era, no digo arduo, pero había mucho de esfuerzo. Ahora, casi lo podemos hacer sin hablar. Casi pudimos grabar La última montaña (el disco que presentaron el año pasado) sin palabras, y eso tiene que ver con la edad de los dos también.

Este último es un disco que fue como un regalo, y que además tiene tanto que ver con el espíritu de El oso, porque habla mucho de la libertad, del sol, de los hombres.

Moris, junto a Antonio Birabent, en su presentación en el CCK, el pasado 8 de septiembre. Foto Gentileza Prensa CCK/Manuel Pose Varela

Moris, junto a Antonio Birabent, en su presentación en el CCK, el pasado 8 de septiembre. Foto Gentileza Prensa CCK/Manuel Pose Varela

-Hace 15 años que trabajan juntos, y supongo que debe haber una gran influencia del uno en el otro a estas alturas.

Antonio: Cuando hicimos Familia canción, a propósito no pusimos de quién era cada letra y cada música. Venían fans de él y me decían: “Qué temazo Fábricas nocturnas, qué letra de tu viejo, ¿no?”. Y yo decía, sí… una gran letra. Y era mía.

Por otra parte somos padres e hijo y yo heredé de él mi gusto por la ciudad, por una letrística que es un poco urbana, un poco tanguera, un poco existencial. El caso de la influencia de él hacia mí es clara. Pero, a la inversa, mi influencia sobre él es muy sutil, me parece.

Cuestión de personalidad

-Después de una carrera de tantos años Moris sigue sonando a Moris, no importa el género musical que haga. Eso es cuanto menos asombroso.

Antonio: Yo creo que es algo muy suyo. Ahí manda la voz, el espíritu y hay algo en la intención. Y cuando eso está supera el género.

Moris: Es la personalidad.

Antonio: Una vez Sinatra dijo: “No se confundan, la gente no sigue a cantantes, sigue a personas”. La gente sabe que esa persona le está transmitiendo, hay algo en la manera.

Moris: La voz es la emoción corporizada. Si estás nervioso, la voz se quiebra; si estas frío, se nota. Transmitir emoción es muy difícil, porque tenés que emocionarte. Incluso podés tener el sonido en contra o sonar muy bien, pero hay algo que llega mas allá de la técnica.

A dos guitarras, la manera de trabajar de antonio Birabent con su padre, Moris.

A dos guitarras, la manera de trabajar de antonio Birabent con su padre, Moris.

-¿Vos hubieras podido componer El oso, Antonio?

Antonio: No, porque nunca fui tan diáfano como para escribir esa letra. Es más: es una letra que yo hoy canto con un sentimiento que no tenía cuando la canté hace treinta años por primera vez.

Moris: También tenés más años…

Antonio: Tengo más años y ya tiene para mí un valor como el de un cuento sufi, en la letra. También quiero decir que grabar esta nueva versión de El oso no fue idea mía, sino de Fer Isella, el hijo de César Isella, que es un gran artista. Él me dijo: “¿Por qué no cantan una canción juntos?”.

A veces alguien de afuera ve otras cosas. Tal vez el año que viene nos sorprenda otra canción. Es lindo pensar en canciones y lanzarlas como simples. Poner energía en un solo tema, sacar una sola canción.

Moris: A mí me gustaría hacer Salgo a caminar… (Canción con todos)

Antonio: ¿Si? Mirá vos…

Dos osos que comparten música y familia; Moris, Antonio Birabent y una pasión compartida. Foto Juano Tesone

Dos osos que comparten música y familia; Moris, Antonio Birabent y una pasión compartida. Foto Juano Tesone

Y ahí se quedan, sentados uno al lado del otro el Oso Mayor y el Oso Menor. Mirando la vida pasar y tal vez (sólo tal vez) soñando con el verde de la libertad. Porque las tardes son suyas. Y están contentos de verdad…

E.S​.

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