La agresión a Dady Brieva y al teatro El Picadero: qué dijo el dueño de la sala



Fachada del teatro El Picadero fue vandalizada

Cuando el sábado Sebastián Blutrach, dueño del teatro El Picadero y número dos del Teatro Nacional Cervantes, llegó a la puerta de la sala en donde horas después se presentaría Susana Rinaldi, se encontró que tanto el cartel en donde se anunciaba la presentación de El mago del tiempo (un espectáculo de Dady Brieva) como la puerta de ingreso habían sido vandalizados con pintura roja y excrementos. Un rato después subió el siguiente texto a las redes sociales: “Estoy tratando de encontrar las palabras después de limpiar la mierda que tiraron con pintura roja en la marquesina… Me parece que no las voy a poder encontrar”.

En diálogo con LA NACION, el productor opta por la mesura. “Prefiero no hablar mucho sobre el tema, me parece que no da. Es alguien que no maneja el odio de las redes sociales y que lo pasó a la acción. Lo que me queda claro es que ningún artista que realiza su trabajo debe ser escrachado. Lo que hace un artista es un espacio de cultura, de arte, de expresión que no debe ser profanado por el odio político. No soy inocente y entiendo que lo que sucedió tiene que ver con el espectáculo que programé de Dady Brieva, que es un artista al que respeto y que me gusta mucho su espectáculo; pero la agresión fue a El Picadero”, expresó. Desde que se conoció la noticia varios artistas y gestores manifestaron su solidaridad con la sala. También se manifestaron la Asociación Argentina de Actores y las Abuelas de Plaza de Mayo.

“Me queda claro que ningún artista que realiza su trabajo debe ser escrachado”, opinó Sebastián Blutrach, el dueño de El Picadero. Crédito: Fabián Marelli

En 1981, la sala ubicada en el pasaje Santos Discépolo fue sede de la primera y mítica edición de Teatro Abierto, un acto de resistencia cultural contra la dictadura militar. Participaron Carlos Somigliana, Carlos Gorostiza, Eugenio Griffero, Elio Gandolfo, Aída Bortnik, Eduardo Pavlovsky y Osvaldo Dragún, además de los directores Carlos Gandolfo, Alberto Ure, Luis Agustoni, Villanueva Cosse, Osvaldo Bonet, Alfredo Zemma y Francisco Javier, entre tantos otros. En la madrugada del 6 de agosto un atentado provocó un incendio que devoró la sala. El episodio no hizo sino fortalecer el estado de ánimo de la gente de teatro. Carlos Rottemberg cedió el Tabarís, de modo que el ciclo se trasladó a la calle Corrientes. Con el correr de los días Teatro Abierto se convirtió en un verdadero acontecimiento escénico, con infinidad de derivaciones sociales y políticas, que se prolongó hasta el 21 de septiembre de ese año.

De aquella noche negra la sala recién volvió a la actividad en 2001 con un emprendimiento cuyo director artístico fue Hugo Midón. Pero la vuelta a la actividad de la sala en donde había nacido Teatro Abierto duró pocos meses En 2008, de no haber intervenido la ONG Basta de Demoler y Argentores, la sala se hubiese tirada abajo por un emprendimiento inmobiliario. En 2012 tuvo su nueva reapertura gracias a la iniciativa de Sebastián Blutrach, el mismo señor que el sábado no le quedó otra que limpiar la fachada y sobreponerse a este nuevo acto de intolerancia.

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