Kinky Boots: quiénes son los bailarines que brillan en el musical del verano



Una peluca platinada para allá, polvo iluminador perlado flota en el aire, aroma a fijador de peluquería, un traje de lentejuelas de colores viene para acá, unas medias de red corren para el otro lado. “Cinco minutoooos”, dice una chica después de asomarse a los cuatros camarines contiguos del cuerpo de baile de Kinky Boots, el musical que se estrenó el 15 de enero pasado en el teatro Astral. “Ayyyy, ¡no terminé!”, un grito de nervios se escucha mientras se asoma un zapato plataforma alto como un medio zanco. La obra está por empezar, después de tres horas donde los siete bailarines se “montaron” en sus personajes drags, quedan sólo los últimos detalles.

Por el pasillo se siente la adrenalina. Se escucha a Martín Bossi y Fernando Dente probar sonido justo por arriba del techo, donde está el enorme escenario de Kinky Boots. Los actores armonizan, se peinan pelucas, se terminan de hacer la boca roja bien por arriba del labio, elongan para la apertura de piernas del primer cuadro, cantan una escala acompañados por un piano desde un video de Youtube. Se da sala, la gente entra y se sienta en sus butacas, se escuchan los pasos. Vuelve a pasar la misma chica y grita, esta vez, “arribaaaa, al escenario”. Las siete salen desordenadas, ya son drags, se hablan como hermanas, son las Angels. Corren con pasos pequeños en tacos aguja de 13 centímetros. Las piernas musculosas, depiladas, en medias, son largas hasta la cola turgida que apenas es cubierta por una malla con tul, o una estructura de falda transparente. Elongan antes de subir al escenario, hacen sus cábalas, secretas, y salen a escena como gacelas detrás de Lola, el personaje de Martín Bossi, quien las presenta, las hace lucir. “Las drags somos diosas mezcladas entre normales”, dice en una parte de la obra. El proceso de transformación diario de estos siete actores-bailarines es ese: de hombres “normales” a diosas.

Tres horas antes llegan al teatro sobre la avenida Corrientes. La mayoría de los siete bailarines nunca se había dragueado antes, salvo Fer Ibarra, une chique no binarie quien, además de tener una formación en la danza clásica -bailó en el Colón y el San Martín- y en contemporánea, es una drag modelo de pasarelas. “Todos me vinieron a ver competir a una ball (apócope de ballroom, “salón de baile”) donde hay voguin y runway, yo soy drag de pasarela, soy la linda. Acá es otra cosa, soy una intérprete de un personaje”, cuenta. Los demás no se habían dragueado nunca, pero no eran ajenos a la movida. Todos son fans de RuPaul, el reality show estadounidense que es una competencia de drags, y ahora todos se sienten parte de un mundo que se acaba de abrir ante sus tacos altos.

Los bailarines drags de Kinky Boots llegan tres horas antes al teatro Astral. Foto: Emmanuel Fernández

Cuando están juntos se hablan en femenino. Y los demás, los que trabajan con ellos, van cambiando los pronombres a medida que se van transformando. En el mundo de las drags -que pueden ser hombres o mujeres, y no es una identidad sexual-, a la transformación hacia el personaje se le dice “montarse”, y es un proceso largo y paciente. Tan solo el maquillaje les lleva alrededor de una hora y media. Lo hacen ellos mismos. Primero se pegan las cejas con el pegamento en barra escolar. Después lo cubren de maquillaje blanco, para hacer una base del ojo más dramática, y luego pintan la ceja varios centímetros más arriba de la suya natural. La forma de la ceja suele ser bien arqueada, exagerada, y el espacio del párpado con mucha profundidad de colores shockeantes y negros.

En el camarín de Matías Prieto Peccia y Nicolás di Pace suena Whitney Houston mientras se maquillan despacio frente a la luz blanca. La playlist de divas es clave para entrar en tono. La transformación es sorprendente. Matías se tuvo que afeitar los bigotes antes de empezar la obra para interpretar a Yesabel, la drag de pelo lila que más interactúa con Martín Bossi en escena. “Cuando me vi por primera vez, todo maquillado, con la peluca, me miré al espejo y dije ‘¡Ah, soy hermosa!’. Es muy loco porque ves alguien que no reconocés, pero sos vos. Esta mina hermosa soy yo. Y creo que doy muy bien de mina”, dice.

Cada una de las drags se maquilla por sus propios medios. Foto: Emmanuel Fernández –

Nico Villalba, antes de la transformación, es un morocho de cejas gruesas y mandíbula marcada. “Toda la vida actué de chongo porque es el estereotipo de bailarín habitual en mi ambiente de trabajo, que es la tele, bien varón, musculoso y masculino”, pero no calculó lo que iba a sentir cuando se transformara en María Katriela, su personaje. “Siempre había escuchado esa frase de ‘el taco te empodera’ y no la creía pero cuando te subís a esos 13 centímetros y sentís el pelo, hay como un poder, será que tenés todo el peso adelante, como una cosa de encare, de tensión en las piernas. Es algo muy sexual”, cuenta mientras se maquilla. Para él es un trabajo como de pintar un cuadro, de mucha concentración y relajación, con el pequeño detalle de que se trata de su propia cara.

Los siete cantan durante toda la obra, cuando están en escena y cuando están tras bambalinas, además de actuar y bailar en sus papeles de las Angels de Lola, el personaje de Martín Bossi. Fue él quien las bautizó a todas, y en cada función improvisa pequeños detalles de ellas, para hacerlas reír. “Tenemos que ser un cuerpo de baile homogéneo al servicio de él”, dice Nicolás Di Pace, la más intensa de las drags con su vestuario de lentejuelas negras, botas bucaneras, también negras, y la sombra de los ojos bien dark.

La exigencia es muy grande. La obra está en un tono agudo, muy superior al que canta un varón normalmente. Menelik Cambiaso explica que la tesitura de la voz es tan aguda, que el tenor es lo más grave que hay entre ellos. “En las audiciones nos hicieron hacer un ejercicio de aprendernos en el momento una canción, y cada vez nos la pedían más y más arriba. Fue muy exigente”.

Las audiciones comenzaron el 25 de junio del año pasado y fue una semana entera. Estuvieron jornadas largas donde iban descartando a personas, y al tercer día los hicieron draguearse por primera vez, querían verlos bailar y escucharlos cantar al mismo tiempo. En los ensayos el proceso fue lento, pero firme. Mariano Magnífico, “la letrada”, como le dicen las demás porque es licenciado en Letras y profesor de Literatura en un colegio en Villa Celina, cuenta que empezaron a ensayar en zapatillas, pero que al cabo de unas horas ya les trajeron todos los zapatos que iban a usar. A los pocos días ya tenían las pelucas, y por último aprendieron a maquillarse. Fue un cambio paulatino.

El primer par de zapatos que tuvieron era uno con taco aguja de 11 centímetros. “Sufrimos muchos dolores, vamos mucho al masajista”, cuenta Menelik, y agrega: “depende de la disponibilidad corporal de cada uno, hay que sortear distintas dificultades, si tiene piernas banana, pie plano, o empeine alto”. Todos usan la técnica de la palangana llena de hielo ni bien terminan la función, y coinciden en que no fue tan difícil como lo esperaban. Para Nicolás Villalba hay una cuestión de la técnica de la danza que les facilita estar tan altos: “Sabés cómo poner el centro, el peso hacia adelante, entonces es más fácil que para las personas normales”.

Mientras ellos se cambian, Claudia Zucchi y Miguel Ángel González les ponen y cosen sus pelucas. La de Fer, por ejemplo, fue una propuesta compartida, ella era fanática del dibujo animado de los noventa Sailor Moon, y entonces crearon una de pelo rubio con dos colitas largas hasta la cintura, como con pompones y moños. A último momento le cosen pelo natural para que puedan respirar mejor y moverse con más naturalidad.

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Este sábado va a ser la primera vez que Nico Arosa se subirá al escenario, porque por función actúan seis, él es el swing, una especie de comodín para reemplazar a quien no pueda performar. Se sabe el papel de todos sus compañeros y se prepara cada día, de miércoles a domingo. Cuando se sacan el maquillaje y salen a la calle no los reconocen, pero él, que es el primero en salir, se queda escuchando entre la gente los comentarios del público. “Me encanta meterme en el subte y espiar sus análisis. La gente se divierte, nosotros también”.

Sí a las drags. Quién son los bailarines

Melenik Cambiaso. Foto: Emmanuel Fernández.

Nombre: Melenik Cambiaso.Personaje: Ingrid. Formación: Actor, cantante y bailarín. Cómo armarías tu drag: Exuberante. Lo que más me gusta es la altura a la que te lleva el drag. Te agranda en todos los sentidos: la pierna llega hasta el pecho, el pelo hasta el cielo, hay que ocupar mucho más espacio.

Qué te llevás de la obra: ‘La exploración de la feminidad. Fue uno de los desafíos más grande como actor y como varón heterosexual, tuve que aprender a jugar con eso. Tengo hambre de más”.

Matías Prieto Pecci. Foto: Emmanuel Fernández

Nombre: Matías Prieto Peccia Personaje: Yesabel.  Formación: Bailarín, cantante y actor Cómo armarías tu drag: “Siento que Yesabel es el pelo violeta, si afuera hago de drag debería ir con otro color. Me gustan las pestañas abajo, medio animé. Descubrí en el maquillaje cómo cambiar la cara, la expresión, hacerme una nariz distinta”.

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Qué te llevás de la obra: “Para mí la obra no tiene que ver sólo con la comunidad LGTBIQ+, es para todos. La aceptación no sólo es hacia el personaje de Martín Bossi, por ser drag, hay un doble mensaje también entre los varones heterosexuales de la obra, de aceptarse como sean, eso nos pone la piel de gallina. Si bien la historia está inmersa en este mundo, va más allá.

Nicolás Villalba. Foto Emmanuel Fernández.

Nombre: Nico Villalba Personaje: María Katriela. Formación: Actor, bailarín, cantante Cómo armarías tu drag: “Sólo estoy seguro de que tendría el pelo lacio, lacio y largo”.

Qué te llevás de la obra: “De adolescente la pasé mal. Yo soy de Puerto Madryn, Chubut, y en la escuela el maricón siempre fui yo. Era un bajón. Hoy se llama bullying. Por el prejuicio de cómo me veo y cómo me movía, muchas personas se privaron de conocerme y de saber cómo pienso. Es lo que pasa en la obra con el personaje de Martín Bossi, por eso la obra me gusta mucho, rompe con ese prejuicio”.

Le Fer Ibarra. Foto Emmanuel Fernández

Nombre: Le Fer Ibarra Personaje: Angelika Formación: “Soy bailarine de clásico y contemporáneo. Hace poco entré en el musical”. Cómo armarías tu drag: “Por fuera de la obra soy una drag de modelo de pasarela, soy la linda.

Qué te llevás de la obra: “Es un elenco de gente muy grosa, soy muy admiradore de todos y estoy aprendiendo mucho en lo musical, en el armado de voces, la armonía. en el trabajo colectivo”.

Nicolás di Pacce. Foto: Emmanuel Fernández

Nombre: Nicolás di Pacce Personaje: Marixa, la prima. Formación: Cantante, bailarín, actor Cómo armarías tu drag: “Yo lo haría muy sexual, la más perra, malísima, cuero negro, pelo negro, pestañas largas negras”.

Qué te llevás de la obra: “Abrazar la feminidad, como persona y como artista. Porque hay un prejuicio, incluso en el ambiente gay, hay que ser macho, ser musculoso. Estoy aprendiendo a deconstruirme, a abrazar eso y divertirme”.

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Mariano Magnífico. Foto: Emmanuel Fernández

Nombre: Mariano Magnífico Personaje: Norma Magnificat Formación: Actor, bailarín, cantante, licenciado en Letras, profesor de Literatura Cómo armarías tu drag: “Clownezco, medio mitológico, como personajes de la historia, y un poco nudista, porque me siento más bello con mi cuerpo dragueado que con mi cuerpo de varón”.

Qué te llevás de la obra: “El otro es otro, y está bueno apostar al otro. Me gustaría llegar a una sociedad sin género, donde el amor prime”.

Nico Arosa. Foto: Emmanuel Fernández

Nombre: Nico Arosa Personaje: Todavía no fue bautizado Formación: Actor, bailarín, cantante Cómo armarías tu drag: “Una peluca con mucho pelo, muy grande y con mucho rulo, y mostrar las piernas hasta las caderas”.

Qué te llevás de la obra: “Hay que dejarse de joder con mirar al otro todo el tiempo, juzgar y medirse. Hay que aceptar al otro sin preguntas”.

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JB

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