Karen Carpenter, entre el éxito y la tragedia: la estrella que murió de anorexia a los 32 años



Karen Carpenter, cantante y baterista de Carpenters, y una de las mejores voces de todos los tiempos, habría cumplido 70 años este lunes 2 de marzo. Pero murió muy rápido: a los 32. Murió de anorexia y, también, de desamor. Como se suele decir en estos casos, con el corazón roto.

Como Janis Joplin, como Amy Winehouse, Karen tuvo una vida intensa, vertiginosa. Una de esas vidas que suelen pasar, rápidamente, de la gloria al drama. Del éxito al pesar más profundo.

La artista había nacido en New Haven, Estados Unidos, en una familia de clase media. La pasión por la música se la transmitió su padre Harold. 

A los 15 años, talento inquieto, Karen empezó a tocar jazz y bossa nova y a grabar sus primeras canciones junto a su hermano Richard, cuatro años mayor que ella.

Karen Carpenter le puso a varios clásicos de los ’70, pero su voz se apagó muy pronto. (Fotos: richardandkarencarpenter.com)

Por aquellos días, y si bien la artista daba en la balanza 66 kilos -un peso adecuado para alguien que medía 1,63-, un médico le recomendó que hiciera la “dieta Stillman”, que consiste en eliminar las grasas del régimen alimenticio. Fue la peor de las sugerencias, el principio del fin: Karen empezó a perder cuatro kilos por año.

La obsesión de Karen por verse flaca se profundizó con la consolidación de Carpenters, el dúo que había armado con su hermano.

La estrella pop empezó a tomar laxantes y pastillas para adelgazar (hasta 90 por día), y abusaba del jarabe de ipecacuana para provocarse vómitos. Además, hacía ejercicio físico de manera compulsiva. Su figura era cada vez más esquelética pero ella se veía gorda. Por entonces, “anorexia” era una palabra casi desconocida.

Aún así, un amigo intentó hacerle llegar a la cantante un artículo que había leído en las publicaciones del Reader’s Digest, pero su madre le entregó el recado. Y mucho menos se mostró dispuesta a hacer una consulta psiquiátrica, algo que, sostenía, estaba reservado a los locos. 

Karen Carpenter tenía 19 años cuando el dúo editó su primer disco. En total, llegaron a publicar 10.

En 1975, Karen fue internada, física y emocionalmente exhausta, tras haber estado dos años de gira, y manteniendo una dieta que se empeñaba en sostener. Su imposibilidad de seguir en pie -pasaba hasta 14 horas por día en su cama- llevó a sus productores a cancelar una próxima gira que incluía 50 presentaciones y que suponía la posibilidad de recaudar casi 1,5 millones de dólares. En cambio, representó una pérdida estimada en 250 mil, por la cual culparon a la cantante. 

Sin embargo, los hits seguían multiplicándose: Top Of The World, We’ve Only Just Begun, Rainy Days and Mondays, y Close to you, que con los años pudo escucharse durante los momentos más románticos de la serie The Simpson como la canción de Marge y Homero, fueron algunos de ellos.

Sing, Yesterday Once More, una versión propia de Ticket to Ride, de The Beatles, y otra insuperable de This Masquerade, de Leon Russell, otros. 

Con diez discos de estudio (más las compilaciones), Carpenters vendió, en total, unas 100 millones de copias. No por nada, claro, tienen su estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood. Y construyeron una fama que, luego de aceptar una invitación del presidente Richard Nixon, en 1972 los llevó a tocar, incluso, en la Casa Blanca.

Además, fue rankeada como una de las 100 Grandes mujeres del rock and roll, por VH1, y se ganó un lugar entre las 100 cantante de todos los tiempos, para la revista Rolling Stone.

Tal como lo describen los especialistas, Carpenters “representaba esa parte de la generación de los ’60 que sintió los terremotos culturales, pero nunca rompió los lazos con la vida convencional”.

En el mismo análisis, agregan: “Tenían maneras educadas, dentaduras perfectas, ropas de buenos estudiantes. Eran capaces de censurar alguna canción si les parecía que la letra tenía versos ‘atrevidos’. Y editaban regularmente discos navideños, sin ninguna ironía. No se mezclaban con las bandas de rock, los hippies ni las protestas por los muertos en Vietnam”.

“Emocionalmente inestable”, según como la describen los que más la conocieron, Karen empezó a salir con distintos hombres; entre ellos, los actores Steve Martin y Tony Danza.

En 1979, aprovechando que su hermano estaba en un centro de rehabilitación por su adicción a los sedantes en general, y al Quaalude en particular, Karen se encerró en un estudio para grabar su primer álbum solista. Pero como su estilo personal se alejaba de lo que había hecho con Carpenters, su sello, A&M, decidió no editarlo. Finalmente, el álbum sería editado recién en 1996.

Ese mismo año, la baterista se vinculó con el agente inmobiliario Thomas Burris. Y eso terminó de derrumbarla. Burris no sólo la engañaba con otras mujeres: la maltrataba y vaciaba su cuenta bancaria. Además, se burlaba de su delgadez: “Se te notan todos los huesos”, le decía. Un tierno.

Pero eso no era todo. Poco antes de que se casaran, él le confesó que se había practicado una vasectomía y que no iba a poder tener hijos. Desconsolada, Karen quiso suspender la boda pero su madre, Agnes, la convenció de que no lo hiciera: le dijo que las invitaciones ya habían sido enviadas y que ella ya se había hecho cargo de una buena parte de los gastos.

El matrimonio, de todas maneras, duró muy poco. Se separaron en 1982. Karen, que seguía bajando de peso, debió ser internada en una clínica de Nueva York. La hidrataron y alimentaron por vía endovenosa, ganó algo de peso y retornó a California.

Dirigido por Todd Haynes, Superstar: The Karen Carpenter Story es una película -un corto, en realidad- basado en la vida y obra de la artista. Protagonizada por muñecos (Karen es una Barbie), el filme plantea una visión crítica del dúo y su familia.

Lo que se ve allí es que Richard era un ególatra que se aprovechaba del talento de Karen. Y que la madre de ambos tenía una clara preferencia por el varón de la familia. A Karen la presionaba, le pedía siempre algo más. O directamente la ninguneaba. Y eso le habría provocado a ella la anorexia nerviosa. 

“Realmente no creo que debamos estar hablando de la pérdida de peso. No estamos aquí para eso”, se enojó Richard durante una entrevista que compartían ambos, en la cual intentaban ensayar un argumento que justificara la inactividad en la que transcurría la vida del dúo. Karen estaba muy angustiada.

Tampoco había, ya por entonces, demasiado de qué hablar en torno a la música. Los tiempos estaban cambiando, y el estilo de los hermanos quedaba rezagado frente al avance de nuevos nombres y estilos. Y Karen estaba lejos de tener la energía suficiente como para subirse al nuevo tren. Acaso lo había intentado con su fantástico disco solista. Pero quienes manejaban la industria no se lo permitieron.

Al día siguiente debía firmar los papeles de su divorcio de Burris. Por eso, decidió quedarse a dormir en la casa de sus padres.

Justamente, fue su madre Agnes quien la encontró al borde de la muerte en la madrugada del 4 de febrero de 1983. La cantante fue trasladada en ambulancia al Hospital Downey Community, pero nada pudo hacerse.

Según la autopsia, Karen falleció de una “insuficiencia cardíaca” originada por su enfermedad. En su sangre también se encontraron restos de jarabe de ipecacuana, entre cuyas consecuencias por un consumo en exceso se encuentra el debilitamiento de los músculos del corazón. 

Karen pesaba 40 kilos.

E.S.

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