Juan Leyrado: “Hay que dejarse de joder con eso de ‘lo popular y lo culto'”



Juan Leyrado le tomó el gusto a escribir hace relativamente poco tiempo. Y lo sumó a su largo recorrido como actor. A eso le agregó su pasión por las vides y los olivos, y de allí surgió Extra virgen, la obra que presenta en el Provincial de Mar del Plata, dirigida por Lisandro Fiks. “Ya había escrito el unipersonal Elogio de la risa, pero esto es distinto porque hay muchos personajes”, dice.

En Fiks encontró una dupla ideal: hace dos años, con la adaptación de Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen, se llevaron todos los premios, incluido el ACE de Oro para Juan. Ahora, la dramaturgia de Extra Virgen la hicieron juntos: Leyrado interpreta al dueño de un campo de olivos apasionado por el aceite de oliva que enfrenta varios conflictos familiares. Entre el drama y la comedia, forman el elenco Romina Fernandes, Julián Pucheta, Viviana Puerta y Darío Dukah.

-¿Cómo fue la experiencia de escribir y actuar?

Leyrado: Una cosa es componer un personaje que escribió otro, y otra, componer uno escrito a la par con alguien. Me llevó mucho tiempo unir las dos cosas. Me parece más difícil ser autor y actuar que ser director y actuar. Lo descubrí ahora, pero es personal.

Actor, director y ahora también autor. Si bien había escrito un unipersonal, nunca lo había hecho para varios personajes. (Foto: Florencia Colli)

-Saliste de la zona de confort.

Leyrado: Sí, es una sensación irreconocible. Se abre un mundo, algo muy nuevo.

-¿En qué marco surgió la historia?

Leyrado: Yo tenía hace rato una historia que quería escribir sobre el aceite de oliva, y Lisandro me propuso una obra con ese tema.

Fiks: Yo no sabía nada de su interés por el tema, y se me ocurrió un personaje que tuviera un campo de olivos y se dedique al aceite. Y empezamos a trabajar.

Leyrado: Me gusta mucho la historia de la vid y del olivo, a lo largo de la historia de la humanidad, su relación con la cultura… Cuando surgió esto, me fui a Mendoza a investigar. Me enamoré del gusto del oliva hace mucho. Un mal aceite te arruina una comida; por eso llevo siempre una botellita conmigo. Cuando era chico, el oliva tenía mala prensa.

La vid y el olivo son dos elementos cuyo relación con la cultura y la historia de la humanidad llaman la atención de Leyrado desde hace tiempo. (Foto: Gentileza Prensa)

Fiks: Debe haber sido una mafia del aceite de girasol que conspiró contra el oliva. Nos pusimos a investigar y encontramos mitología, poemas, música, literatura dedicada al oliva y se abrió un mundo enorme.

Leyrado: El problema fue que queríamos poner todo en la obra. Fue un trabajo hermoso pero costó elegir y dejar cosas afuera. Del mismo modo que lo fue encontrar la manera en que los personajes digan lo que queríamos y encontrarle hilo dramático.

-¿Cómo fue eso de escribir juntos?

Fiks: Como también soy actor, nos sentamos con todos a improvisar. Porque, en general, yo escribo así. Me pongo a hablar, a actuar y después paso en limpio.

Leyrado: Con Lisandro nos unió la forma de laburar y lo mejor fue que trabajamos los vínculos, profundizamos y empatizamos con eso. Él ya tiene experiencia, pero a mí se me salta la cadena y no mido mi pasión por un tema. Por suerte, él es todo lo contrario. La pasión la tiene puesta en otro lugar. Entonces, es un matrimonio perfecto.

Juan Leyrado y Lisandro Fiks, unidos por “una forma de laburar”. (Foto: Florencia Colli)

-Esta es una obra argentina, con personajes y conflictos locales. ¿Hablar de nuestra idiosincracia es un valor agregado?

Leyrado: A mí, como espectador me gusta que el teatro, aunque no sea verdad, se le parezca mucho. Me gusta que me cuenten un cuento. Después estará mejor o peor, pero a esta obra la vimos como eso: la gente va a ver una historia conocida que apunta al corazón. Y me gusta actuar desde ahí. Creo que es muy importante estrenar una historia argentina. Podés traer obras de afuera que son muy buenas y está bien. Pero, ¿qué más podés contar?

– Al parecer hay fórmulas que rinden y muchos buscan eso, ir a lo supuestamente seguro.

Leyrado: Sí, pero yo tenía ganas de meterme en la piel de alguien conocido, con una trama ágil. Y ojalá que el espectador se enganche. Además, hay que dejarse de joder con eso de ‘lo popular y lo culto’. Nosotros, el año pasado trajimos una obra de Ibsen y ahora venimos con ésta, propia. En definitiva es teatro, nada más.

Fiks: De a poco, se empieza a abrir otro panorama.

-¿Están faltando obras de dramaturgos locales en el teatro comercial?

Fiks: Puede ser. En otras épocas se esperaba en el comercial la nueva obra de Tito Cossa, de Ricardo Halac, de Oscar Viale… Pero eso no existe más. Ahora todo se volcó más a la adaptación, y quedó un vacío que no sucede en el teatro independiente. La nuestra es la apuesta a una obra local. Y la queremos llevar también a Buenos Aires, a todo el país, al mundo.

Leyrado: Entiendo lo de teatro comercial en un sentido, pero culturalmente, no. El teatro es teatro. No está bueno esas etiquetas. Claro que hay más plata en uno que en otro, pero cuando hacés teatro para más gente tenés que manejar determinadas cosas. Cuando yo estudiaba con Agustín Alezzo, también trabajaba en Matrimonios y algo más, en la tele: hacíamos Chejov y Stanislavski y yo después en tele hacía de almacenero, y todo eso era mal visto. Te quedabas sin amigos. Pero, al contrario, yo creo que hacer las dos cosas es un ejercicio más que bueno. Es necesario.

Sin prejuicios, Juan Leyrado dice que combinar los distintos mundos que ofrece la actuación es un ejercicio más que bueno. (Foto: Florencia Colli)

Fiks: Por suerte, esas cosas cambiaron mucho. Para mí, la cuestión es correr un riesgo. El comercial tiene un gasto enorme y por eso se va a lo supuestamente seguro. En nuestro caso viene acompañando de una confianza como la de la productora Painita. Leyeron un texto y confiaron. Hace falta más riesgo.

Leyrado: Encontré en Lisandro alguien a quien le gusta la forma de laburar mía; que no lo asustó.

Fiks: ¡Al contrario!

Leyrado: Yo tengo que hacer cierto recorrido para llegar al cuore del público, puede gustar o no, pero mi modo es pasional. Salgo al escenario como niño. No puedo salir como adulto, porque aparecen la vergüenza, el pudor. Yo digo: “Vamos Juancito, a jugar”. Soy jodón.

– Ustedes hablan y le dan mucha importancia a los vínculos en las obras, y entre ustedes justamente se armó un vínculo especial.

Leyrado: La verdad que sí. Él, como director tiene algo genial, porque nunca te dice que no. Vos le sugerís: “Mirá, me parece esto”; y te responde: “Bueno, dale, probalo”. Y después se discute. Tiene una gran permeabilidad que admiro.

Fiks: Como director puedo tener varias miradas sobre un personaje, pero sé que hay un millón de variantes y que el actor que lo vive lo va a conocer mejor que nadie. Entonces, no me puedo cerrar a una idea. Además, cada uno tiene su proceso y su manera.

Leyrado: Eso que parece tan lógico no se da tanto. Hacer bien un personaje no es lo mismo que hacerlo propio. Para eso te tenés que conocer mucho, es un trabajo con uno mismo. Si buscás fuera es más difícil. Me gusta cuando al actor o a la actriz se les cae la palabra, cuando es algo natural. Esa mirada tuya de que todo es vincular me parece genial, ahí está todo. Y el trabajo del actor con el público también pasa por ahí. Necesitamos como sociedad de esa experiencia de vínculos de vida. Hay una edad en que se corta, y no está bueno que eso suceda. Nos perdemos lo más rico. Tengo 68 años, y no lo puedo creer. No lo digo físicamente sino por lo del niño. Hago las mismas boludeces que hacía de chico, y por eso me encanta seguir trabajando a esta edad.

Fiks: Creo que donde aparece la solemnidad se va todo a la mierda y es un bajón; en el teatro y en la vida en general. La edad es una actitud, una forma de encarar todo.

Lisandro Fiks: De Los Amados a Ibsen y el Papa

Juan Leyrado y Lisandro Fiks, una dupla rendidora. (Foto: Florencia Colli)

El encuentro entre Juan Leyrado y Lisandro Fiks parecía predestinado. Con Un enemigo del pueblo, actor y director sellaron una fórmula que les rinde muy bien. Fiks es actor, fue durante muchos años parte del grupo Los Amados y después se dedicó a escribir y dirigir, sin dejar de lado al actor. Su última participación es en la película Los dos Papas.

Extra virgen, una fábula entre mitológica y pasional

Hay una familia, hay una tradición familiar, hay conflictos y sentimientos encontrados, hay algunos secretos que quieren salir a luz. Y hay aceite de oliva.

En Extra virgen, la obra escrita por Juan Leyrado y Lisandro Fiks, quien también está a cargo de la dirección, los personajes están unidos por lazos poderosos, de una intensidad que a veces puede resultar asfixiante pero, por otro lado, no conocen otra forma de relacionarse. Cada uno hace lo que puede y los encuentros familiares son tiras y aflojes de negociación, no importa si la cuestión a debatir es un negocio o el punto justo de la pasta. Leyrado interpreta a Pascual, un hombre dedicado a sus olivos, herencia familiar que cuida como su gran tesoro. Pero como nada es fijo ni permanente aunque así lo parezca, debe enfrentar una realidad que lo descoloca. Más aún porque viene de parte de sus hijos.

Una familia con tradiciones que es atravesada por sentimientos encontrados es el núcleo de “Extra virgen”. (Foto: Gentileza Prensa)

A Leyrado el personaje le calza justo; tiene las mañas y los tics que el actor sabe prestarle, pasa por todos los matices y logra conmover, sobre todo en los contrapuntos con Julián Pucheta y Romina Fernandes (su hijo menor y la novia de éste). Darío Dukah es el hijo mayor, casi como el hijo pródigo, y Viviana Puerta, la ex esposa, a quien lo une un sentimiento ambivalente.

El clan familiar suele ser un espacio de contención e identidad, pero también puede ser un corset para los que tengan inquietudes distintas a las de sus vínculos de origen. Con eso alcanza para que se desate un drama familiar que, en el caso de Extra virgen, se va desarrollando como tal, pero también con una cuota importante de comedia.

E.S.

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