José Miguel Onaindia, embajador cultural argentino en el mundo



“Las pantallas hogareñas no sustituyen para nada el disfrute del vivo”, afirma José Miguel Onaindia Crédito: Gentileza Nicolás Der Agopian.

MADRID.- Tras cinco intensos años al frente del Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay, José Miguel Onaindia pensó que tendría, al finalizar su gestión, un momento para descansar, viajar -que es, en su caso, sinónimo de ver teatro- y pensar en su futuro. Sin embargo, y a pesar de que había sido designado en la dirección de este prestigioso instituto por el Gobierno de Tabaré Vázquez, recibió en febrero una propuesta de otra administración. Otro Gobierno, el de Luis Lacalle Pou, deseaba contar con este experimentado gestor argentino. Otro color político, pero el mismo trazo cultural y la intención de no borrar con el codo lo que la Administración anterior había logrado. Onaindia fue designado en marzo como Director Artístico de los Auditorios del Sodre, en Montevideo. Estas siglas corresponden al Servicio Oficial de Difusión, Representaciones y Espectáculos, aunque esta amplia estructura de cinco salas, con más de mil empleados y seis cuerpos estables (ballet, dos coros, dos orquestas y un conjunto de cámara) es más conocida por sus siglas. El desafío de comenzar una nueva tarea fue sacudido cuando se desató la pandemia y el inicio de su tarea coincidió con el cierre de las salas que, protocolo mediante, volvieron a abrir en agosto. Hasta mediados de deciembre desempeña este cargo al que, por motivos personales, ha renunciado en los últimos días.

Onaindia, quien integra la Fundación Mario Benedetti, impulsó la creación de La tregua, la versión escénica de este clásico a cargo del Ballet Nacional del Sodre, dirigido por Igor Yebra, un espectáculo que se estrenó a finales de noviembre en Montevideo. Además, se desempeña como asesor jurídico del hermano de Manuel Puig, el único titular de los derechos de este autor. Onaindia sueña el año próximo reestrenar El beso de la mujer araña, con motivo del 40° aniversario de la publicación de esta novela tan icónica, una reposición que no pasará inadvertida dado que los homenajes internacionales que tenía planeados para 2020, para conmemorar las tres décadas de la muerte de Puig, se vieron cancelados por la pandemia.

-Resulta muy valioso que un nuevo Gobierno convoque a un funcionario que se había desempeñado en otro anterior.

-Sí, me parece muy valioso. Es un hecho a destacar, y además hay otros casos en Uruguay, una isla no solo en América latina, sino en muchos países del mundo, un ejemplo de convivencia republicana.

-¿Cuáles fueron las medidas que tomó Uruguay en las salas y espectáculos ante la pandemia y “nueva normalidad”?

-El 13 de marzo se decretó el cierre de los espectáculos culturales. Las salas estuvieron cerradas hasta el 3 de agosto. Primero hubo un aforo del 30% que se flexibilizó un poco más, aunque, en algunos casos, era menor la cantidad de personas que podían ingresar en los teatros. El primer espacio cultural que abrió fue el Auditorio del Sodre, con un concierto, y a partir de ahí fueron abriendo otros teatros con buen resultado de público. El nivel de circulación del virus es muy bajo en Uruguay. Ha sido todo muy controlado. Nunca estuvimos confinados totalmente. Está en trámite ahora la capacidad de elevar a 50% el aforo. Ojalá antes de fin de año se pueda lograr.

José Miguel Onaindia: “En Uruguay nunca estuvimos confinados totalmente” Crédito: Gentileza Nicolás Der Agopian.

-¿De qué modo, en particular, afectó la pandemia al sector independiente?

-Es un sector muy grande en Uruguay, no como el comercial, que es más pequeño. El Galpón, por ejemplo, que tiene 900 butacas, y que solo puede tener 200 butacas, le ha cedido su espacio a compañías independientes. El esfuerzo por volver a la actividad está hecho. Ha habido ayudas públicas tanto del Gobierno central como de los departamentales. Pero es un sector muy golpeado en todo el mundo.

-Algunas producciones argentinas miran a Uruguay con la ilusión de poder montar sus espectáculos, pero hay también otros problemas.

-Si hoy quiere entrar una compañía en Uruguay, debe hacer 15 días de cuarentena, después del PCR cuando se ingresa en el país. Ni ese test ni la estadía son económicos y además las compañías estarán en salas con el 30% de aforo. Quizá para un espectáculo de teatro de prosa, con una pequeña compañía, puede que sea razonable, pero para un espectáculo musical, con una banda en vivo, no se justifica el gasto.

-¿Cómo evalúa el streaming de espectáculos en vivo, que en este contexto, se ha multiplicado?

-Para los que estamos acostumbrados a ir al cine, al teatro o a una galería, fueron meses de mucho sufrimiento porque las pantallas hogareñas no sustituyen para nada el disfrute del vivo. Son experiencias estéticas y emocionales totalmente diferentes. En mi caso, dado que los auditorios estaban cerrados cuando comencé a trabajar en marzo, mi primera tarea fue hacer la curaduría de una plataforma digital que abrió el Ministerio de Cultura donde subimos el Festival Sodre en Casa. Los registros con los que contábamos estaban hechos para la memoria de la institución y no para ser exhibidos, pero lo intentamos y creo que la respuesta fue buena.

-¿De qué modo se puede programar ante esta incertidumbre?

-Mi función es darle coherencia a la programación de los cinco espacios, coordinar los cuerpos artísticos, que haya un diálogo entre las diferentes programaciones y producir espectáculos que integren más de un cuerpo estable. Siempre hay que marcar, aun en casos de emergencia, una línea y esta es que el teatro público ofrezca, por diferentes circunstancias, algo que no lo pueda hacer el teatro independiente o comercial. En esa línea trabajamos hacia 2021, sabiendo que tenemos solo el 30% del aforo, y que además se suma la dificultad de programar una temporada internacional. En este sentido, lo mejor es que un artista viaje para trabajar con artistas locales, directores de orquesta o coreógrafos, y no grandes grupos.

-Su idea es abrir Uruguay al mundo, que sea un puerto cultural.

-Pienso en Margarita Xirgu, quien sufrió doblemente el exilio, primero el de Franco, en España, y después el de Perón, quien le prohíbe la continuidad de El malentendido, de Albert Camus, y por eso se radica en Uruguay. Este es un país con una cultura muy abierta al mundo, con grandes promotores, que siempre ha recibido artistas del exterior. La apertura es importantísima para un país con poca población, la posibilidad de interrelación y la internacionalización son clave.

“Mi función es programar con coherencia”, dice Onaindia, radicado en Montevideo desde hace tiempo Crédito: Gentileza Nicolás Der Agopian.

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