“Joey”: la balada de Bob Dylan, Martin Scorsese y la mafia cool



¿Otra vez Dylan? No, no hablamos del flamante canino presidencial, que desplazó al ubicuo Balcarce en la cucha de Olivos, por al menos los próximos cuatro años. Es más, es probable que el pichicho de Alberto Fernández esté ya un poco cansado de la exposición pública e, igual que el artista que inspira su nombre, opte por recluirse en la sombra, escogiendo el reparo del paredón que da a la avenida Maipú.

Este año ya hubo tándem entre el nacido Bob Zimmerman y Martin Scorsese, con el estreno de Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story, una fábula de mágico embuste basada en hechos reales, que gira alrededor del mítico tour de 1975.

Durante aquel tour, Dylan fue componiendo y estrenando canciones de lo que sería un nuevo álbum de estudio, Desire, donde incluiría una que cantó durante aquel gitanesco tour de mediados de los ‘70: Joey.

El tema, desde el título, podría haber sido un homenaje al cantante de Ramones, que por entonces estaban editando su mítico primer disco, e inaugurado de paso todo un género musical, pero en realidad tiene otro destinatario, que es el mafioso Joey Gallo.

No es necesario spoilear, pero sí se puede decir que Gallo es uno de los tantos personajes de no ficción de los que Scorsese se vale en El irlandés (cines y Netflix) donde se puede ver claramente a qué se dedicaba.

“Joey, Joey/ Rey de las calles, hijo de arcilla/ Joey, Joey/ ¿Qué los hizo querer venir a quitarte del medio?” repite en su coro la kilométrica letra que, desde el Village Voice, fue respondida con vehemencia por el célebre crítico Lester Bangs. que centró su reseña sobre Desire en esos “once aburridísimos minutos” que dura el tema en cuestión, y desentrañar las razones que llevaron a la estrella de rock a tributar admiración por Gallo.

“Dylan Dallies With Mafia Chic: Joey Gallo Was No Hero” (“Dylan coquetea con la Mafia chic: Joey Gallo no es un héroe”) fue el artículo resultante de la investigación de Bangs, basada en el libro del biógrafo Donald Goddard, en la que se da cuenta del tono psicópata (y los crímenes) del gángster hecho canción.

“Uno tiende a preguntarse si los mitos que ha construido Bob Dylan, incluso cuando se trata de personajes históricos reales, podrían no leerse como un narcisismo marginal, alienado e interminable: como si de hecho no hubiera estado hablando de otra cosa que de sí mismo en el camino. No creo que esté siendo sincero con su audiencia en ninguna parte de Desire, sino que está explotando tanto a ellos como a los temas de sus canciones para mantener pulida su propia imagen”.

Tras esa introducción, Bangs se dedica a aportar pruebas como si fuera un litigante del propio Dylan, verso a verso, obstinado en poner en evidencia a Joey, que junto a sus hermanos Larry y Albert, supo tener sus negocios en Brooklyn, aunque sin poder disputarle a las cinco grandes familias la magnitud del territorio que ostentaban. Ejemplo: cuando Dylan canta Lo cierto es que en sus últimos años/ él ni siquiera llevaba un arma, Bangs refuta: “Es lógico que no, los jefes mafiosos jamás las llevaban encima, a no ser que atravesaran oscuros callejones o tuvieran encuentros directos con sus rivales. Los policías no hubiesen encontrado mejor forma de detenerlos (…)”.

Finalmente, el juicio se adentra en unas conclusiones que parecen más resignadas que otra cosa. “Al fin y al cabo, Dylan es un poeta, y de los poetas nunca se espera que hagan la tarea. Así que prefiero pensar que Dylan no es riguroso en todas las formas de abordar a Gallo por la misma razón que al propio compositor no le gusta retocar sus propias canciones: es, simplemente, un perezoso”.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

CLip art of Flip Day 2 CLip art of Flip Day 1 CLip art of Flip Day 1