Joaquín Berthold, arquero de selección y actor: la curiosa historia de vida del galán de ATAV



Ubaldo Fillol, Amadeo Carrizo, Hugo Orlando Gatti, “La pantera” de Hungría Gyula Grosics, el soviético Lev Yashin, alias “La araña negra”. No hay como las historias de arqueros, de esos personajes distintivos, tierra fértil para la psicología, que eligen mirar el juego desde atrás y enfrentar el riesgo de frente. Ahí, donde “todo se ve mejor”, Joaquín Berthold encontró una de sus dos vocaciones. Pero no es un clásico guardameta: eligió el hockey, donde el oficio se defiende con casco y pads. Su “armadura” , sumada a su pasión actoral, hace de este descendiente de alemanes uno de los “leones” más particulares.

Joaquin tiene teatro propio (El grito), 39 años, un pasado cinematográfico compartido hasta con el estadounidense Will Smith y un pasaje aéreo de ida y vuelta a Austria: días después de que finalice la telenovela en la que participa como Sagasti -Argentina, tierra de amor y venganza-​ encarará un rodaje en la región alpina de Tirol, y en Cuba, Bolivia y Suiza. No colgó los guantes: sigue siendo el dueño del arco de la Sociedad Alemana de Gimnasia, club con el que acaba de ascender. 

Egresado del Conservatorio, hijo de una artista plástica, hermano del ex entrenador de Las Leonas Martín Berthold, Joaquín se crió en San Isidro, vivió seis años en Brasil durante su infancia -por el trabajo de su padre en la empresa Mercedes Benz- y casi dos en Alemania, como jugador del Htc Stutgart Kickers.

De San Isidro al mundo, Joaquín Berthold.

Su abuelo Rolf, ex wing derecho riverplatense de la era amateur que llegó antes de la primera Guerra Mundial, fundó la Sociedad Alemana de Gimnasia, donde los Berthold construyeron su historia argentina. Los padres de Joaquín se conocieron en el club y tuvieron cuatro hijos. Joaquín nació el 16 de marzo de 1980. No pasaba el metro de altura cuando jugó el primer partido de hockey de su vida: el equipo perdió 16 a 0 y el enojó lo impulsó a hacerse cargo del arco. A los 12, en en colegio Rudolf Steiner, cuerpeó su primera obra teatral, La ópera de dos centavos, de Bertolt Brecht. Para los demás, las dos disciplinas aparentaban incompatibles. Él pensó que no había motivo para elegir una.

A los 17, ya atajaba en el seleccionado, a los 20 fue subcampeón con la camiseta nacional en el Mundial Junior de Tasmania. Siempre era “el distinto” de los grupos: “Mientras vivía en Alemania ya era el bicho raro entre los deportistas: me metía a ver obras de teatro”, se ríe. “Hay un punto en común entre el hockey y mi vocación actoral. Lo hablo mucho con Luciano Cáceres, con quien manejamos la compañía teatral Unicornio: él dice que armo equipos, que voy a lo grupal siempre. Yo creo que la gran diferencia es el riesgo. En mi profesión, no lo hay”.

-¿Cómo que no hay riesgo?

-En el sentido que terminás una obra y no te vas a tu casa habiendo perdido. Si yo no atajo, pierde mi equipo. En cambio, en el escenario todo lo transformás. Algo que puede ser un error podés reconvertirlo en otra cosa, en algo mejor incluso. En la actuación no existe la sensación real de pérdida. Podés salir de una función y sentir que estuviste más o menos conectado o disperso, pero esa sensación sólo la percibe uno, la revancha es inmediata. Nadie se va lastimado o frustrado. Tengo una anécdota sobre eso, una caída en el San Martín en 2014.

Joaquín Berthold jugando al hockey.

-¿Cómo transformaste esa caída?

-Estábamos haciendo Macbeth, dirigidos por Javier Daulte. Se abrió la fosa de repente y quedé colgado. Fue un error técnico. Yo era Malcom, rey de Escocia. Venía con todo mi ejército, corrí, subí la escalera como un toro. Y en una corrida de 15 metros pisé el vacío. Me agarré de un caño´, me quedé así unos minutos, y Alberto Ajaka en escena paró la obra y preguntó si estaba bien. Siempre bromea con que me vio morir. Cuando se cerró la fosa, seguí con más fuerza. Transformé eso que había pasado en otra cosa.

-Hablás de la diferencia entre esas dos vocaciones. ¿Y el punto común?

-El tener la camiseta puesta. La entrega. El termómetro propio de uno entregando todo lo que puede o de uno automatizado, haciendo algo por obligación. Atajar y actuar son sensaciones parecidas: tengo mucha libertad en las dos. Como arquero estoy re loco, tomo riesgos, hago cosas insólitas. Al final, cuando hago ambas cosas soy un niño.

Arquero, actor, director y padre por dos, Joaquín Berthold.

-El puesto del ​arquero tiene un sentido metafórico interesante…

-Viví escuchando la pregunta: “¿Qué hacés en el arco?”. “¿Por qué te metés ahí?. Atajar me da mucho placer, ponerse la responsabilidad al hombro de estar siempre atento. Creo que un año más tiro. A mis 39 me eligieron mejor jugador, que no es poco. Acabamos de ascender, el arco de SAG es mío desde hace más de 20 y sé que me va a costar dejarlo.

Ex Violetta, recorrrió el mundo con el hockey y la actuación.

Cuando Berthold entró al elenco de ATAV y miles se preguntaban quién era ese rubio con estirpe de rugbier, otros miles ya lo reconocían, sobre todo los adolescentes y niños. Es que fue el caricaturesco villano Matías Lafontaine en Violetta. Más tarde, Gary López en Soy Luna. Su carrera es zig zag constante: del extremo Disney a pequeñas puestas del off, del filme francés Lucky Luke a Bañeros 5. Dirigió obras de Tato Pavlovsky, filmó en Italia la serie Terra ribelle, participó de la película El clan, compartió el set de Focus con Will Smith. Por priorizar lo artístico se bajó del Mundial de La Haya 2014. 

Joaquín Berthold en “El ardor”, junto a Juana Viale.

Papá de Lautaro y Malena, esposo de Luciana, su “trinchera” artística familiar es el teatro palermitano de la calle Costa Rica, El grito, comprado por sus padres. Desde que lo maneja logró su tiempo para la autogestión y su tiempo para las voladas casi artísticas en su club de Los Polvorines. Sabe que entró en una zona de despedida: “No puedo detenerme hoy a pensar la vida sin el hockey. Me pasa como con las obras de teatro, nunca les pongo un final, siempre pienso que las voy a volver a hacer. En el deporte me esfuerzo al máximo todo el año como para irme bien y a principio de año vuelvo a la pretemporada. Hasta que me dé el cuerpo, estaré engañando a mi cabeza”.

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