Jim Morrison, el cantante de The Doors, y su historial de detenciones



Cuarenta años atrás exactos. Estamos en uno de esos recitales de The Doors que nunca se sabe ni cuándo empezaban ni cuándo terminaban. Lugar: el Dinner Key Auditorium, marzo de 1969, y Jim Morrison se encuentra a punto de protagonizar lo que se conoce como el famoso “Incidente de Miami”: Jim sube al escenario perfectamente borracho y, se sabe, cuando Jim bebía producía una descarga sexual que prefería canalizar enfiestándose con seis mujeres antes que cantar delante de miles de personas.

No estoy hablando de ninguna revolución … y no estoy hablando de ninguna manifestación. Estoy hablando de pasar un buen rato. Estoy hablando de pasar un buen momento este verano … ¿Estás listo? ¿Estás listo, estás listo? ¿Estás listo? ¿Estás listo? ¿Estás listo ? Estás listo ? ¿Estás listo? Estás listo ! Are Are Are … Aah … Aaahh !! Aaahhh !!! Ahh !!! Aaaahh !! … oye, estoy solo.

​Su estado de locura era adorable. “Hola, hay un montón de gente allá atrás que ni siquiera noté”.

Asqueado, harto y borracho seguía siendo un fenómeno de un magnetismo único.

Alguien escribió que en realidad la gente pagaba su entrada no porque quisiera escuchar su música, sino porque querían ver al Jim impredecible. Empiezan los acordes de Touch Me, pero él no dice ni dos palabras de la canción y pide un minuto antes de ponerse a ladrar como los perros que sólo ladran a un mismo volumen.

Las únicas personas para mí son los locos, los que están locos por vivir, locos por hablar, locos por estar a salvo, deseosos de todo al mismo tiempo. Los que nunca bostezan o dicen algo común…

De izquierda a derecha, los Doors: John Densmore, Robbie Krieger, Ray Manzarek y Jim Morrison. Foto: AP

Al rato se habló de “comportamiento indecente y lascivo”. Esto fue cuando se lo llevaron preso después de quitarse la ropa a grito pelado. Morrison bramaba su propio Mayo francés.

Lo acusaron de mostrar su pene y masturbarse frente del público. Nada fue del todo probado. No había evidencias más que una foto donde parecería que Jim le practicaba sexo oral a Roby Krieger, el guitarrista.

No estoy hablando de ninguna revolución, no estoy hablando de no demostración: estoy hablando amor, amor, amor, amor…

Uno del público arrojó pintura al escenario y Jim se puso como loco y empezó a insultarlos: “All of you are a fucking idiots”.

“Viniste a ver algo más, ¿no? Aquí está mi p…”. Y de los pantalones de cuero sacó su pene para mostráselo a los asistentes. Bah, eso es lo que se declaró después.

La condena fue un tanto llamativa: seis meses de cárcel y trabajos forzados. La multa que tuvo que pagar, en proporción, era irrisoria: $500 dolarcitos. No se llegó al pico y la pala, porque Morrison murió antes.

En 2010, un estúpido fallo recontra post mortem perdonó al ícono, a través de una junta de clemencia judicial del estado de Florida. Hubo que hacer memoria para retrotraerse al dinamitado concierto de 1969. De forma unánime se votó “perdonar” a Morrison, quien para ese entonces hubiera cumplido 67 años.

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A lo largo de su vida, Morrison tuvo casi más detenciones que shows. Vayamos a 1962: Jim estudia Arte y Psicología en la Florida State University. En ese contexto, y con sólo 19 años, marchó preso por primera vez tras un partido de futbol americano. ¿Qué hizo? Le afanó el casco y un arma al policía que cubría el evento. Un denominador común fue transcripto en el acta de arresto: “Estaba borracho”.

Para celebrar el cumpleaños de Jim -8 de diciembre-, un día más tarde, The Doors tocaba en New Haven. Como de costumbre, antes de subir al escenario, Jim se había perdido por ahí. Ray Manzarek y los otros Doors volvían a quedar pintados como una puerta. Demoras en el show. Un clásico de los Doors como Light My Fire.

De golpe, un tipo y una mina son descubiertos mientras tienen relaciones sexuales justo detrás del escenario. Un policía toma cartas en el asunto y el muchacho lo recibe con insultos y patadas. El suboficial reacciona tirándole gas pimienta a los ojos y le dice: “Este lugar está exclusivamente reservado para The Doors”.

–¡¡Yo soy The Doors!! –brama el joven de ojos llorosos que no tardará en identificarse como Jim Morrison.

A la hora de cantar -hubo que esperar más que a Charly García-, Morrison empezó una arenga estilo Mafalda con la historia de “un señorito de azul con su sombrerito azul” que acababa de agredirlo con un spray maligno.

La institución policial entendió que estaban hablando de ella y mandó a uno de su hombres a que lo arrestaran: la maravillosa imagen de Morrison con cara de Jaimito, siendo apresado por dos policias que se lo llevan del jarro de sus brazos.

Sin cantante no hubo más show y el estado de ira del público derivó en otra 20 detenciones. A Jim lo acusaron de haber “incitado a la ira”, pero luego le retiraron los cargos. Para el recuerdo queda el gesto de avestruz asombrada cuando los agentes lo despegan del micrófono. Y se lo llevan.

A velocidad crucero, y diez mil metros de altura, Jim convirtió un vuelo de línea en un infierno. Jim había invitado a su amigo de aventuras y riesgos, Tom Baker, a presenciar un show de los Rolling Stones. Baker era un actor que había protagonizado una peli sobre Andy Warhol.

Transformados en dos personajes de Kill Bill, Jim y el calentón de Baker le pusieron tantas manos a las azafatas, que las chicas fueron al piloto a denunciar a “los pulpos” de la fila siete. El piloto amenazó con aterrizar en el primer aeropuerto que apareciera en el radar. Finalmente llegaron al destino previsto, Phoenix, y en la escalerita los aguardaban agentes del FBI. Morrison y Baker pasaron por una celda por “conducta ebria y desórdenes públicos”. 

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Los shows de los Doors siempre se parecieron a clínicas de rehabilitación y eso fue lo que Jim siempre quiso que ocurriera. Antes de morir, en julio de 1971, el último concierto lo encontró en Nueva Orleans. 12 de diciembre de 1970. Imposible programar presentaciones con un cantante que si no estaba borracho, estaba drogado o pasado de antidepresivos o se olvidaba las letras o gritaba como un cerdo chiflado.

Sin embargo, en esa última función la cosa venía bastante bien hasta el final. Cierran con The End y Jim toma el micrófono y empieza a golpearlo contra el piso, inspirando a una segunda camada de músicos que se inclinaban por la destrucción de instrumentos en vivo.

El primer acto que la historia registra nos remonta a 1956 y a un artista apodado Rockin ‘Rocky Rockwell. Tras una versión de un tema de Elvis Presley, Rockwell rompió su guitarra acústica contra su rodilla.

Luego Jerry Lee Lewis destrozó un parlante y quemó un piano. A mediados de los ’60, Pete Townshend se convirtió en el primer artista “rompe guitarras eléctricas”.

Jim sólo cantaba así que quiso escribir su bonita página con el micrófono. Le dio contra el piso una, dos, tres, cuá, pero lo que logró fue que se rompiera parte de la madera del escenario.

Lo que Jim no sabía era que por esos años la tecnología ya venia trabajando micrófonos resistentes al agua, a factores climáticos. Y a frontmans iracundos.

Medio año más tarde, Morrison es encontrado con una botella de whisky en la bañera de su casa en París, a los 27 años (es parte del famoso Club de los 27, los músicos muertos a esa edad como Brian Jones, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Amy Winehouse). La causa se caratuló como sobredosis.

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WD

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