Javier Cámara cuenta intimidades de Vota Juan, la comedia que muestra el barro de la política



Antes de que se corra el telón del Zoom, uno imagina el escenario que se viene, con antecedentes de videoconferencias con actores argentinos. Y entonces sospecha que el entrevistado estará en su escritorio ostentoso, delante de una biblioteca con autores reconocidos, junto a todas sus estatuillas y diplomas, y fotos suyas con otros grandes. Y no. El español Javier Cámara, ganador de muchos premios, entre ellos dos Goya, está sentadito en la simpleza, con una armario blanco atrás y punto. La diferencia entre mostrar y dejarse ver.

Mientras Frida -tiene mellizos nacidos por gestación subrogada- entra y sale de cuadro porque le agobia que su padre trabaje tanto, su padre sonríe y celebra la espontaneidad. A los 53 años, Cámara tiene un alma de niño que trasciende la pantalla. Su risa contagia. Y su estilo descontracturado invita a desmenuzar con gracia a Juan Carrasco, una de sus mejores criaturas de ficción.

Y Carrasco es la punta del ovillo de esta charla internacional en la que supo diluir la distancia. El ida y vuelta virtual se dio el martes, mismo día en el que Flow estrenó Vota Juan, la serie española que aborda, en clave irónica y paródica, el universo político. El guión no tiene piedad. Y lo que se agradece ese punto.

Y como si esos 8 episodios no alcanzaran, la plataforma On demand subió también los 7 de la segunda temporada, titulada Vamos Juan.

Clarín vio las dos, completas, cuando fueron emitidas en España. Por eso, el 23 de junio, cuando en esta sección se publicó la nota sobre Cinco series fenomenales que no están en la Argentina… por ahora, Vota Juan era una de ellas. Poco más de cuatro meses después, Flow nos da el gusto.

Desde hace uno días, ya se puede ver en acción a Juan Carrasco, un candidato que va por las primarias de su partido y con la mira puesta en la presidencia. Carrasco no se anda con chiquitas, ni con pudores. Y tiene un equipo de asesores con militantes de la queja, de la obsecuencia y, por el lado de Macarena (María Pujalte), su mano derecha, de la más pura lealtad. Él, mientras, pies en el barro.

-Con esa relación potente que tenés con muchos actores argentinos, Ricardo Darín a la cabeza, ¿qué estado te genera este desembarco?

-A Ricardo lo llamo primero, por supuesto. Voy a llamar a mis amigos argentinos y también a los que tengo en Paraguay y Uruguay, porque a través de Flow llega a varios lugares. Esto me hace mucha ilusión, porque estamos dando saltos con la serie hacia el mundo. La habíamos pensado como un producto nacional, pero vemos también que es también muy universal. Que este señor desastroso, político catastrófico, del cual al final te enamoras porque es un tipo muy humano, es común a muchos sitios del mundo.

Juan Carrasco y su equipo: a la iaquierda, su leal Macarena, interpretada por María Pujalte.

-Juan Carrasco representa el manual de estilo de lo que no hay que hacer, pero, al mismo tiempo, se convierte en espejo de muchos funcionarios reales.

-Aquí hubo un secretario de Estado o un ex ministro que nos dijo que no habíamos hecho una serie, sino un documental.

-Algo así como una docuserie sobre la mugre política. Porque tu candidato no esconde ninguna mancha.

-Cuando nos dijo lo del documental nos sentimos muy gratificados con el halago. Y agregó: ‘Se quedaron cortos en algunas cosas, pero en otras es todo tal cual’. Teníamos algunos asesores, pero nunca nadie tan enterado como alguien que ha estado ahí adentro para decirnos que por ahí van los tiros. Que la cosa es así de desastrosa.

-Ya desde el primer episodio, a pesar del tono paródico y hasta caricaturesco, uno puede encontrar ejemplos cercanos…

-Pues, claro, no vamos a dar nombres ni de Argentina ni de España. Nosotros teníamos muchos nombres de aquí, pero no queríamos hacer el espejo de nadie. Ya hace tres o cuatro años, cuando empezamos la serie, la realidad nos pasaba cada día: imaginamos cualquier cosa y enseguida todo ya había cambiado políticamente. Y en estos últimos tiempos no te quiero ni contar: Madrid es un caos de gestión, enfrentado al Gobierno de la nación, que también es otro caos de gestión, con el tema del Covid y otras muchas cosas, donde todos los partidos están intentado sacar tajada política de una situación pandémica y sanitaria tremenda. Todo muy populista, pero en el fondo no están mirando hacia afuera. Me imagino que hay gente que lo está haciendo bien, pero la idea del ciudadano de a pie es de desastre y Juan Carrasco es uno que se movería fantástico en todo eso.

-Porque Carrasco, lamentablemente, resulta verosímil.

-Los escritores ponen cosas que las lees y les dices ‘Mira, aquí te pasaste, esto ya es demasiado’. Y de repente aparece un personaje en la política y dices ‘¿Te acuerdas que nos tacharon porque decían que nos habíamos pasado?’. La pegunta es: ‘¿Acaba de decir eso que ha dicho con 300 muertos diarios y no lo han echado, no le han dicho nada?’. La realidad es un tsunami que arrasa con la ficción.

-¿Cuál fue la fuente de inspiración de esa arena política?

-Nos fijamos en los lugares comunes que tienen los partidos políticos, como la utilización de la víctimas durante las campañas. Pues aquí las jugamos a nuestra manera. De hecho no le hemos dado ninguna ideología, no hemos dicho si es de centro, de izquierda, o de derecha.

La familia de Juan, tres personajes deliciosos. La hija termina en su equipo, de la mano de su lengua karateca.

Estrenada en enero de 2019, Vota Juan tiene en María Pujalte a la coprotagonista, con quien Cámara se saca chispas. Cuando el año pasado visitó la Argentina por el estreno de Merlí: Sapere Aude, el spin-off en el que compone a una afilada profesora de Filosofía, Vamos Juan estaba en preproducción: “¿Te ha gustado la primera? Pues espera a ver la segunda, donde ahí si verás lo que es caer bien bajo”, prometió y, gracias a su personaje, cumplió.

“No sabes el alegrón que nos daba enfrentarnos a esas escenas maravillosas en las que no se contaba nada. Había momentos en los que esta mujer tenía que defender a este imbécil ante situaciones catastróficas, y los veías luego volver a sus casas a descansar del trabajo no hecho. Porque nunca hacían nada”, grafica Cámara del otro lado de la pantalla y del océano, aunque se lo sienta cerca.

-Atravesadas las capas cómicas del barro político, suena entre ellos como un himno de la lealtad.

-Tenemos una historia para la tercera temporada, donde ahí se van a explicar muchas cosas de esta relación. Pero por ahora es un secreto.

-Habiendo visto las dos antes de su estreno, merezco un adelanto…

-Pues, vamos: el showrunner dijo que volvíamos a la época de Logroño, cuando él había sido era alcalde y ella, una periodista. Como un volver a los años ‘80 y ‘90. Todo eso se verá en flashbacks.

-¿Y Juan tendrá mucho pelo?

-Hay pelucas fantásticas, tú sabes.

-Y en el presente seguirá con su mísero mundo pequeñito, ¿no?

-Claro, su soledad, mientras su mujer y su hija están lejos. Yo creo que Juan es feliz con un chofer y un poco de dinero para comprar una pizza y tomar gin tonic. Ésa es su cuota de poder y no quiere que se la quiten. Eso que ha conseguido por nada, sin ser nadie, no quiere entregarlo, porque si no debería volver a La Rioja con su mujer y ser profesor. Y eso es el horror para él.

Cámara adelantó a Clarín cómo sería la tercera temporada. Tal vez sea un “Viva Juan”.

-Ambición de cabotaje…

-Tiene una ambición porque la tontería te produce que puedas soñar con cualquier cosa. El tipo dice ‘Si soy ministro de Agricultura sin hacer nada, a poquito que haga soy presidente y estoy por ahí con Angela Merkel en Europa hablando inglés o alemán’. Y diría, ‘Joder, qué mal habla Angela Merkel, habla alemán con un acento muy raro que no la entiendo’. Él saldría siempre por cualquier sitio. Todos conocemos a alguien así en nuestra vida.

-¿A quién conocés de ese estilo?

-Tengo una persona cercana que siempre me dijo ‘Rafa Nadal no va a ganar nunca. No lo dicen en la tele, pero la rodilla de Rafa Nadal está destrozada’. Creo que mi cuñado destrozó la rodilla de Rafa Nadal en el 2002 o 2003, no sé. Y Rafa lleva ganando todo cada año. Y cada año él me dice ‘Sí, ganó, pero la rodilla no está bien’. Y Juan es igual: no da su brazo a torcer y siempre piensa que tiene la data justa. Esa cosa suya me fascina, me enamora.

La entrevista se realizó el martes, mientras en los Estados Unidos se llevaban a cabo las elecciones.

-¿Con quién se emparentaría Juancito: con Donald Trump o Joe Biden?

-Estaría ahora mismo con su bandera americana, animando a la gente a votar. Estaría viendo cómo son los resultados y seguramente la primera llamada que reciba el ganador será la de Juan Carrasco. Pero no lo atenderán, claro. Sería: ‘Macarena, ¿quién está ganando? Llama. Ah, no está definido todavía, pues espera, no llames y vemos’. Y le mandaría un jamón, por ejemplo. ¿Sabés por qué lo amo mucho? Porque no hemos terminado con él. Yo quiero a toda costa darle una tercera o una cuarta temporada, de tipo más oscuro. A ver hasta donde es capaz de llevarnos. Quiero que le vaya bien en otros sitios, como para hacer capítulos fuera de España, por qué no. Imagínate a Juan Carrasco de embajador en la Argentina. O con algún cargo en Tucumán.

En España se acaba de estrenar “Sentimental”, protagonizada por Javier Cámara y con dos roles femeninos fuertes: Belén Cuesta y Griselda Siciliani.

Mientras Vota Juan y Vamos Juan llegan a Flow, en España se acaba de estrenar la película Sentimental, de Cesc Gay, en la que también trabaja Griselda Siciliani. Dice de la argentina que “llegó a nuestro corazón de una forma brutal. Ella lleva adentro a una actriz, una cantante, una bailarina, a una mujer de mundo, a una diosa. Antes del rodaje llamé a Flor (Bas) y a Ricardo (Darín) y les dije ‘Cuéntenme quién es Griselda’. ‘Cuando ponga su pie en España vas a saber quién es Griselda’. Ah, bueno, si Ricardo dice esto, espero. Y llegó y arrasó. Espero que se sea la actriz revelación de los Goya. Le están haciendo unas críticas maravillosas, nadie la conocía aquí. Es que, claro, la cantera de ustedes es brutal. Hay algo en el acento argentino que nosotros queremos mucho”.

La imita con un “Ay, Javier, estoy recontra mal acá”. Y hay aroma a Griselda en la videollamada. Y enseguida se convierte en su fan: “He visto cosas de Educando a Nina y me maté de la risa. ‘Tengo que dejar de verte, porque luego tengo que mirarte serio en el rodaje. Eres 20 veces payasa. Eres una tira cómica’. Es la más divertida, y nos hemos ido juntos por los bares de Barcelona”.

Viejos tiempos prepandémicos. Ahora está en su casa de Madrid, con sus niños y “encerrados otra vez un buen tiempo, y encima ahora se nos viene el invierno. Y empezó una cosa religiosa consumista que es un poco absurda, muy pensando en Navidad. Todo esto es muy raro”.

Javier Cámara y Ricardo Darín trabajaron juntos en “Truman” y se hicieron “grandes amigos”.

Habla de la realidad como un tanque que pasa a la ficción por encima- Pero cuenta que cuando piensa precisamente en ficción “me entusiasmo. Ojalá venga una tercera de Juan”.

-Tuvimos un Vota, un Vamos. ¿Ahora cuál vendría?

-Podría ser un Viva Juan, aunque esté más muerto que vivo.

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