Jansenson, el mago que puede leer la mente por streaming



Hace diez años, Norberto Jansenson, mago e ilusionista argentino, se puso de novio con Paula Robles, ex mujer de Marcelo Tinelli. Cuando le preguntaron sobre esta pareja, el Cabezón, fiel a su estilo jocoso, con una sonrisa muy parecida a la del Guasón, respondió: “Me gusta la magia, pero en general me gustan más los magos que tienen pelo… Por eso, banco más al Mago sin dientes”.

-¿Cómo tomaste esa frase de Tinelli?

-Me cayó muy bien. Con Marcelo siempre tuvimos una relación muy cariñosa. Es más, la primera vez que salí con Paula, le pedí que se lo contara inmediatamente a Marcelo. Yo quería que él se enterara por nosotros y no a través de otras personas. Y a Marcelo, que ya hacía dos años que se había separado de Paula, le gustó ese gesto. Al poco tiempo nos encontramos y nos dimos un abrazo muy afectuoso. Marcelo me agradeció que, durante la relación que yo tuve con Paula, mantuve un perfil muy bajo, nada ruidoso.

Con esa pulcritud de quienes llevan la cabeza afeitada al ras, Jansenson se crió en Villa Crespo. Su papá es “contador y administrador de empresas”, y su mamá, “una ama de casa que también se dedicó a la gastronomía, alguien que repartió dietas a domicilio antes que el doctor Cormillot”.

Sus dos hermanos son empresarios y viven en Tulum. “Yo también me instalé allí los tres últimos años, cerca de la playa”, señala el mago, con añoranzas del color turquesa del mar en esa zona de México.

Por estos días, ya de vuelta en Buenos Aires, y mientras atraviesa la cuarentena, Norberto está cumpliendo 40 años sobre los escenarios.

Norberto Jansenson se crió en Villa Crespo y empezó a estudiar magia a los nueve años.

“Empecé a estudiar magia a los 9. Y monté mi primer show a los 15. Como decía José Marrone, en la niñez a todos nos gusta la magia, pero después nos educan… Yo tuve la suerte de que mis padres me dejaron seguir jugando a ser mago”, comenta el artista, muy orgulloso de su oficio.

Y agrega: “Mis maestros fueron Charly Brown y, por supuesto, René Lavand. Como a él, a mí también me gusta contar historias mientras hago mis trucos. Creo que aprendí a hacer relatos escuchando al Patriarca de los pájaros, el personaje de García Ferré. Y, cuando yo era chico, también empezaba mis shows leyendo historias de una carpetita de tapas rojas, como Les Luthiers”.

En 2000, Norberto trabajó para Polka: asesoró a Oscar Martínez, que hacía de mago en el programa Ilusiones.

“Oscar hacía un truco con cartas, otro con fuego… Al final entablamos una amistad muy linda. Los trucos le salían muy bien, pero le costaba creerse que era mago. Como decía Lavand: ‘sobre el escenario, es muy importante lo que se hace, es muy importante lo que se dice, pero es mucho más importante cómo se está…’”, señala Jansenson.

Tras su paso por la televisión, en 2002 acompañó a las Bandana, el grupo pop: las hacía aparecer sobre el escenario del teatro Gran Rex.

Norberto trabajó con Bandana y para Polka.

“Me convocó Gustavo Yankelevich”, recuerda el artista. “Fueron 46 funciones inolvidables”.

Su talento se “exportó”: Jansenson también trabajó en el Castillo mágico de Hollywood, en los Estados Unidos.

“Es el lugar donde pasaría todas las noches de mi vida… Por eso, también, me fui a vivir un tiempo a Los Ángeles. Tiene 120 años de antigüedad y la gente se viste de gala para visitarlo. Cuenta con pasadizos secretos, catacumbas, lechuzas que responden las preguntas de la gente, pianos que tocan solos… Es sensacional. Pedís que alguien del público participe en alguno de tus trucos y todos levantan la mano”.

A punto de cumplir 50 años (“el 2 de febrero”), Jansenson lleva editados cinco libros, da clases de magia, publica un podcast y, por si fuera poco, les da “tips de oratoria” a líderes de empresas como Adidas y Visa.

Si tiene que decir cuál es su mejor truco, no duda: “En general, el truco que más te gusta es el que más te cuesta dominar. El que te queda cómodo te termina cansando. Mi preferido es El acto del oráculo, que se basa en el oráculo de Delfos. El público hace toda clase de preguntas existenciales, las escribe en un papelito y las deposita en una urna. Luego, yo, sin abrir los papelitos, digo a quién pertenece cada pregunta, de dónde viene esa persona, etcétera…”.

No es una tarea sencilla, por supuesto. Le lleva muchas horas de ensayo. “Lo que más tiempo me lleva es el desarrollo del truco. Para preparar El acto del oráculo tardé unos seis años. Es muy complejo. Dura como 20 minutos, casi la mitad de un espectáculo. En un teatro con 200 espectadores, y señalándolos con el dedo, adivino lo que han escrito unas 15 personas… Mis colegas y mis asistentes, que se saben cómo lo hago, creen que estoy completamente loco. Les parece increíble que haga un truco tan riesgoso”.

-¿Hay algún truco que todavía no te salga?

-Por ahora, no. A nivel asombro he logrado todo lo que me propuse. Ahora, por ejemplo, gracias al streaming, le puedo adivinar el pensamiento a alguien que está en Tokio, Japón, cuando acá son las 10 de la noche y allá las 10 de la mañana.

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Esta es la primera foto en la que se me ve haciendo magia. Tenía alrededor de 8 años, en una clase de inglés en mi casa. A mi derecha mi hermano Diego, los otros dos son Roger Delahaye y Marcelo Abrevaya, compañeritos de mi hermano de la escuela, y la profesora se llamaba Diana. . Mi galera (que ni siquiera me entra… 😳), es de plástico y de cotillón. Pero mi varita mágica es (la conservo aún) del Bazar Yankee, el primer lugar “profesional” adonde me llevaron a comprar cosas de magia. En mi mano izquierda, un pañuelo gigante de mi madre, del que apareció un ramo de flores (de papel, coloridas). . Mi buzo es de “plush” (así se llamaba el material en ese entonces), y detrás nuestro, cubierto con otro pañuelo de mi madre, está el “Funmachine” (lo pronunciábamos farmayin), que era un órgano eléctrico en el que yo practicaba “Para Elisa”, y otras piezas que tocaba de oído. . Mi corte de pelo era del abuelo de Roberto Giordano… 😉 . #TBT

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-¿Quién es el mejor mago de la historia, Lavand o David Copperfield, que estuvo de novio con Claudia Schiffer?

-Me resulta imposible no elegir a René… Pero para no ser tan obvio, puedo decir que, hasta hace diez años, Copperfield era el mago a quien más admiraba. Ahora, sin embargo, está bastante agotado y dejó de ser lo que era. En este momento, el que me gusta mucho es Derren Brown, un mentalista inglés.

Jansenson no sólo se dedica a la magia. “Desde hace 25 años, hago meditación zen”, cuenta. “También practico artes marciales: kung fu, tai chi chuan… Y yoga. Y soy masajista tántrico. Además, cocino comida macrobiótica. Y me gusta leer y escribir. Ah, y me encanta la música. Durante mi adolescencia, fui disc jockey. Soy fan de Lisa Gerrard, por ejemplo. Y de la ópera. Tuve abonos en el Teatro Colón. Soy capaz de viajar a Nueva York a ver cinco shows en una semana”.

-Un mago completo…

-En la antigüedad, el mago era todo: el poeta, el que leía el vuelo de las aves, el que danzaba alrededor del fuego para provocar la lluvia…

Su show

Los sábados 7, 14, 21 y 28 de noviembre, a las 21, Jansenson presenta, por streaming, el show Noches mágicas en La Plaza, desde el Paseo La Plaza. Las entradas se venden por www.plateanet.com.

“Noches mágicas en La Plaza no es un show de trucos de magia, es una experiencia teatral inmersiva que invita a reflexionar sobre la magia de la vida cotidiana y nos propone recuperar la magia perdida”, explica el ilusionista.

Y agrega: “Serán cuatro noches completamente distintas, en las que voy a volver a hacer algunos trucos que había dejado de hacer. Y me van a acompañar algunos artistas, cantantes y bailarines que, por la pandemia, extrañan el escenario”.

WD

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