Hugo Lobo, el trompetista que cuenta los mejores secretos de Dancing Mood



Artífice de su propio destino, el trompetista y compositor Hugo Lobo, fundador de Dancing Mood, orquesta que está por cumplir 20 años, recuerda que en los primeros shows había más gente en el escenario que en el auditorio.

“Llegamos a tocar para dos personas, fue un domingo en Hillock; nosotros éramos 14 y, al verlos, les propusimos que en vez de tocar tomemos una cerveza, pero ellos querían escucharnos, así que hicimos el show de todos modos”, dice este músico que sostiene desde el primer día el valor de ser una banda independiente y tratar desde lo personal de devolver algo de todo lo que la música le dio.

En su caso lleva adelante desde hace ocho años el grupo Vamos Los Pibes, en el Centro Cultural del Club Atlanta, en Villa Crespo, una orquesta-escuela que funciona en el merendero para chicos de 6 a 13 años, gratuita. “Es sencillo, son chicos en situación de vulnerabilidad que además de la merienda, los que quieren, aprenden música. Cuando egresan, a los 13 años, pueden quedarse colaborando o siguen con sus estudios; el año pasado todos los pibes que egresaron entraron al conservatorio”, cuenta Lobo y una sonrisa amplia asoma en su rostro.

Hugo Lobo (Foto: Lucía Merle)

“Dancing Mood nació como una necesidad musical. Los instrumentistas de vientos, que no éramos tantos dentro del rock nacional allá por 2000, estábamos acostumbrados a ser un adorno y siempre me quedaba con las ganas, tocaba un arreglo sencillo y nada más o pasábamos por alguna orquesta y terminábamos respondiéndole desde el instrumento a un cantante. Quería una banda donde los vientos sean los protagonistas y dentro de un estilo instrumental que, sin ser algo diferente, fuese novedoso para la escena local, pero tampoco pasó un carajo. Con el primer disco, donde hicimos versiones de Duke Ellington, Count Basie, Burt Bacharach y los Carpenters, nos empezó a escuchar gente grande, porque los más jóvenes seguían metidos en tribus, como la de los Redondos o los que escuchaban Metal. Imaginate, hacíamos música de los Carpenters y los pibes nos miraban de costado. ‘¿Qué es eso?’, se preguntaban”.

Aunque con un moderna mirada sobre géneros como ska o reggae, el estilo de Dancing Mood, de alguna manera, reconoce influencias en Chicago, Blood Sweet & Tears, que tenían cantantes, pero el fuerte eran los vientos.

Hugo Lobo. (Foto: Lucía Merle)

“Con Dancing los cantantes son los invitados; es más, hoy, cuando sube el invitado a cantar, notamos que la gente se va tomar una cerveza, lo vive como un break porque vienen a escuchar los vientos. Es todo un cambio lo que ocurrió en un público que estaba acostumbrado a otra forma de escuchar música. Mimi Maura fue la primera invitada a cantar y eso nos ayudó. Veníamos tocando cada vez para más gente, de aquellas noches con casi nadie pasamos por momentos en donde había 40 o 50 personas hasta que Maura y Sergio Rotman nos invitaron a tocar en Angar, en Liniers, había 2000 personas y al poco tiempo notamos que nuestras audiencias crecían, ya venían a escucharnos entre 140 y 160 personas”, señala Lobo y todo este seguimiento de público a lo largo del tiempo tiene como principal razón que Dancing Mood es una cooperativa y que todo el sistema de difusión siempre se hizo casi sin recursos.

“A veces en los diarios nos daban bola, pero siempre hicimos ciclos, entonces había que estar remando cada concierto; al no ser parte de un sello tampoco nos daban espacio en las radios, salvo excepciones y mucho menos en la televisión. Había que ser convocante para tener espacio, nos decían. Al elegir ser independientes lo sabíamos,pero el desafío de ser uno mismo siempre fue lo que más nos motivó”, añade el trompetista, que recuerda las noches en que salían a volantear sus shows en la puerta de otros conciertos.

Hugo Lobo. (Foto: Lucía Merle)

“El comienzo fue duro, pero nos mantuvimos y poco a poco la banda se fue haciendo conocida. Un paso importante lo dimos cuando empezamos con los ciclos en Niceto, ya con Mimi como cantante invitada. Nos fue yendo cada vez mejor; hacíamos ciclos los domingos o los jueves porque la mayoría trabajaba con alguna banda los viernes y los sábados. En Niceto cambió todo porque tuvimos mucha repercusión, pero creo que lo que hizo un antes y un después fue cuando tocamos en el Teatro Ópera con una orquesta sinfónica, en 2007, y ganamos lugar y respeto sobre todo porque escribí para 60 músicos y todo salió bien. Fue una noche muy especial”, cuenta.

Lobo llegó a la trompeta después de pasar por la batería y el piano; su padre Rubén Lobo, baterista de Mercedes Sosa y de León Gieco, no sólo le inculcó su primer instrumento también un gusto amplio por diferentes estilos.

-¿Por qué batería, piano y luego trompeta?

-Me saturé de la batería porque tenía a mi profesor dentro de casa (sonríe); la toqué desde los 6 a los 14; en el camino, ya en el Esnaola, aunque sólo hice el conservatorio durante tres años, estudié piano para escapar de mi viejo, pero no sabía que también tocaba piano y luego pasé al Manuel de Falla, donde comencé con la trompeta. Aunque en aquella época estaba muy acartonado su estudio; ya hacía música popular y me sentía raro, hasta que comencé a tomar clases de trompeta con Américo Bellotto, que tiene una manera muy particular de enseñar y -más allá de los encontronazos- le debo un montón; su manera zen de enseñar me hizo mucho bien.

-¿Cómo era esa enseñanza zen?

-Me daba clases en una salita vidriada en su negocio de instrumentos de viento Horns que tenía un bar delante. Llegaba y me decía que tome la boquilla (no la trompeta) y que toque una nota y me decía “ya vengo” y yo me quedaba 20 minutos, media hora tocando biiiiiiiiiii, biiiiiiiii y lo escuchaba reírse con sus amigos en el bar. Y volvía y me decía ¿a ver?. Yo tocaba y él decía: “Bueno, seguí otro rato”. Cuando volvía, me decía: “250 pesos” (que en esa época era un montón de plata). Dos, tres clases así, a la cuarta tomé valor, yo tenía 14 años, y le dije “yo ya toco, toco en el conservatorio, tengo una banda, ¿cuándo voy a tocar la trompeta?”. Responde: “¿Querés tocar la trompeta Me dio una trompeta para que le ponga mi boquilla y una partitura que era imposible, al segundo compás ya me equivoqué. “Ves –me dijo- seguí con la boquilla”. Y así estuvimos un año y después, sí, llegó la trompeta. Después de ese aprendizaje en el conservatorio todo me resultó sencillo. En esa época se estudiaban lecciones, no trompeta, y si las sabías tocar te recibías de maestro, con internet cambió todo.

-Hubo muchos cambios de formación en Dancing, ¿eso generaba mucho tiempo en ensayos? 

-De aquel Dancing Mood sólo quedamos tres músicos y sigue siendo un grupo con bastante movilidad y un principio básico no se ensaya. Todos los Dancing Mood son músicos que leen, odio ensayar. A ver: si hay cosas muy nuevas, lo hacemos, pero es muy raro. Esa idea de ensayar tres veces por semana para tocar algo que ya sabemos no es para mí; lo entiendo pero Dancing Mood está hecho de la manera que a mí me gusta, sin ensayos, somos independientes, nadie nos presiona para grabar, los tiempos son los nuestros.

Hugo Lobo. (Foto: Lucía Merle)

De aquellos primeros discos donde el grupo hacía versiones, hoy la orquesta hace música original; Lobo debutó como compositor con dos temas en el disco triple Non Stop (2011) desde ese momento, los temas propios comenzaron a ir ganando espacio dentro del repertorio de la banda; en la actualidad, todo el material que presentan es original.

-¿Además de Dancing Mood tenés un proyecto solista?

Sí, es un septeto, también con música original y ya tengo cuatro discos con este proyecto que, por otra parte, lo paseo bastante por la Argentina con una diferencia, mientras que en Buenos Aires tengo una banda, estable, la Street Feeling Band, cuando viajo al interior toco con músicos de cada lugar, lo cual me permite no sólo disfrutar de las características de estos músicos, sino también reconocer el enorme nivel de muchos de ellos.

Sobre su trabajo social, Lobo señala: “La orquesta Vamos Los Pibes representa el 50 por ciento de mi vida; chicos de 6 a 13 años que van al merendero del Centro Cultural del Club Atlanta, aunque no son del club, sino chicos que están en situación de riesgo y lo mejor que es que todos los chicos que llegaron a los 13 años entraron al conservatorio. A veces me pongo a pensar que se habla de músicos de rock con mensaje y es todo verso, ya no hay más Giecos; fíjate que Patricia Sosa tiene una movida social y se le cagan de risa, prefieren darle espacio a otros músicos,”.

Dancing Mood estrenará The Killer, lanzado en noviembre último, en el ciclo de los sábados de febrero, en la Sala Siranush. Invitados: Belén Herrera, el trío de Rubén Lobo y TPC, un quinteto de soul, donde su hijo Ramón toca la guitarra.

Cuándo y dónde

Dancing Mood se presentará los sábados 1°, 8 y 15 de febrero, a las 20, en la Sala Siranush, Armenia 1353. Entradas $200.

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