¡Hola, Susana! Susana Giménez y los éxitos de una diva que hoy cumple 77 años


Un día como hoy, hace 77 años, nacía María Susana Giménez Aubert, la mujer que se convertiría en una de las figuras más exitosas de la industria del entretenimiento local. Aquel nombre con el que la inscribieron Lucy y Johnny, sus padres, se sintetizó en el artístico Susana Giménez, una marca que el afecto popular convirtió en simplemente Susana. Y aunque el nombre es populoso y cotidiano, la sola mención inmediatamente conduce a ella. Susana, a secas, y ya se sabe de quién se habla.

Inició su carrera en el modelaje, un poco por casualidad para poder subsistir, luego de la separación de su primer marido, Mario Sarrabayrouse, y siendo madre de Mercedes, la pequeña beba que había tenido a los 17 años. Ya había pasado el pupilaje escolar y los escarceos como oficinista ayudando a su padre. En un pequeño Fiat se trasladaba para cumplir con los compromisos sobre las pasarelas, pero, sobre todo, formando parte de campañas publicitarias de los más diversos productos. “Shock”, dijo de perfil para un aviso del jabón Cadum y su vida cambió para siempre.

Cuando dejó de modelar, el teatro fue lo suyo. Debutó como comediante en Las mariposas son libres, en el Astral, junto a Rodolfo Bebán y bajo la dirección de José Cibrián. Sus dotes para el humor y el cuerpo escultural la llevaron al teatro de revista. Allí también triunfó junto a nombres como los de Moria Casán, Jorge Porcel y Alberto Olmedo, con este último protagonizaría una divertida comedia que llevaría por título sus propios nombres: Alberto y Susana. El rango estelar ya estaba confirmado.

Si Susana Giménez ya se había convertido en una figura popular, exitosa, reclamada por productores y directores, aún faltaban dos eslabones más, uno en teatro y otro en televisión, para coronarse como la gran diva nacional. En 1983 debutó en el Maipo con el musical La mujer del año, creado por Peter Stone y que en Broadway estelarizaron Laureen Bacall y Raquel Welch. El personaje de Tess Harding parecía hecho a su medida. Fue un suceso de tres años, que incluyó temporadas en Mar del Plata y Villa Carlos Paz con la dirección de Mario Morgan. Pero fue cuatro años después del debut de La mujer del año cuando llegaría su mayor suceso: ¡Hola, Susana!, el programa de televisión que la convertiría en una diva cercana, espontánea y extremadamente querida por todo un país.

En 1983 Susana brilló en La mujer del año

Susana Giménez tenía 43 años cuando el productor Ovidio García le propuso recrear en la Argentina Pronto, Raffaella, el famoso formato que Raffaella Carrà conducía en la RAI italiana. Ambas estrellas contaban con igual carisma y una empatía directa con el público. No eran pocas las similitudes entre la intérprete de “Fiesta” y la expareja de Carlos Monzón. Susana rápidamente aceptó, pero previno a todos que lo suyo era el teatro o la televisión guionada. Prometió y se prometió ser auténtica, no intentar ser otra cosa que ella misma, para que el proyecto pudiera fluir sin condicionamientos. Espontaneidad le sobró.

El 1° de abril de 1987, a las 13, comenzó a sonar por la pantalla de ATC aquella cortina que la acompañaría durante años y se convirtiera en su himno de presentación: “Hola Susana, te estamos llamando, queremos jugar”. La fórmula se sostenía en juegos telefónicos y la presencia de invitados famosos. Aquellos pasatiempos que proponía Susana tenían un tono naif y se basaban en desafíos como aquel simpático ¿Cuántas nueces hay en el tarro? Con los años, los juegos se sofisticaron, los premios se convirtieron en millonarios y cambió la dinámica de comunicación dado que la demanda por participar hacía colapsar las centrales telefónicas dejando a miles de usuarios sin servicio. En 1998, cuando la modalidad fue a través del correo, el programa entró en la estadística Guinness de récords por la cantidad de cartas de espectadores recibidas: 32 millones.

Susana estaba acompañada por un grupo de secretarios llamados Los Susanos, integrado por bailarines que solían formar parte de los ensambles de los musicales de calle Corrientes. En el piano, el músico Aquiles Roggero, a quien Susana apodó “maestruli” y un coro de tres voces femeninas que introducían cada corte. El mediático Guido Süller fue parte de Los Susanos, al igual que Karina Moccio, luego conocida como Karina K. Después de varias temporadas, Roggero fue reemplazado por Raúl Parentella.

Luego de un año en el aire en el canal estatal, el ciclo pasó a Canal 9 Libertad, propiedad de Alejandro Romay. Finalmente, en 1992 desembarcó en Telefe, donde continúa en el aire con un formato semanal de julio a diciembre. El programa pasó por varios horarios y modalidades: fue diario al mediodía y en el prime time nocturno. Llegó a emitirse dos veces por semana y en su actual frecuencia dominical.

En la “era Telefe” comenzó a ser producido por Luis Cella, un experimentado hombre de televisión que se entendía muy bien con la animadora. A poco de estrenar en el nuevo canal, el exproductor Ovidio García reclamó los derechos del nombre del programa. El dictamen judicial fue a su favor: no solo debieron resarcirlo económicamente con una suma millonaria, sino que el ciclo pasó a llevar el nombre de la diva, tal como se lo conoce hoy.

En 1992, el ciclo ya se emitía por Telefe. Los Susanos y el retrato de Rita Hayworth acompañaron siempre a Susana

A poco del estreno de ¡Hola, Susana!, quedó claro que aquella espontaneidad que buscó tener la estrella, se cumplió con creces. El desparpajo y el reírse de sus propias metidas de pata conformaron la personalidad de una diva doméstica y sin distancias con el público. Acaso su mayor joya fue el preguntar al aire si en una exposición había “dinosaurios vivos”. Pasó a la historia. Y no solo que no le restó, sino que, inteligente como pocas, capitalizó la desopilante situación. Lo que a cualquiera le podría costar la carrera, en Susana se transforma en meritorio.

Con la llegada del coreógrafo Marcelo Iripino, Susana comenzó a protagonizar musicales basados en reconocidos temas internacionales de repertorio variopinto que podía incluir a Ricardo Montaner o a Village People. En muchos casos, la letra era modificada para que la diva pudiese contar aspectos de su vida. Durante los primeros años, la escritura de esas adaptaciones fue responsabilidad de China Zorrilla. Indudablemente, el musical más recordado es el que realizó en el estadio de Quilmes donde grabó aquello de “ni una diva total, ni una mujer fatal”.

A lo largo de los años, Susana interpretó varios espacios de humor en donde podía despuntar su primigenia vocación de comediante. El actor Emilio Disi la acompañó mucho tiempo, juntos encarnaron a un matrimonio que habitaba un barrio humilde. Susana Spadafucile y Mariano Garipetti, tal el nombre de los personajes, contaban con la visita de celebridades famosas en cada uno de los episodios que se emitían una vez por semana.

Durante algún tiempo, Susana también interpretó a una joven estudiante que hablaba con una “y” sobreactuada. Y, en las últimas temporadas, se permitió pasos de comedia multitudinarios con la presencia de una gran cantidad de figuras invitadas.

Antonio Gasalla la acompañó durante 17 años a través de La abuela, desprendimiento de Mamá Cora de la película Esperando la carroza y de una anciana que el cómico interpretaba en el teatro Maipo. La impunidad del personaje permitía que la charla con Susana, que nunca fue guionada, pudiese abordar los más diversos temas, incluida la intimidad de la diva. Cuando regresó a la televisión, luego de su escandalosa separación de Huberto Roviralta, la charla con Gasalla se volvió desopilante y sumamente atractiva.

Humberto Tortonese, Fabio Alberti, Miguel del Sel, Fabio Posca, Dady Brieva, Freddy Villarreal, Fátima Florez, Lizy Tagliani, Mago Black, Nazareno Mottola y Roberto Moldavsky fueron algunos de los cómicos que aportaron su cuota de humor al programa en diferentes épocas.

Las grandes estrellas del mundo pasaron por el living de Susana. En la época de la convertibilidad y en las de un dólar barato, la producción podía convocar a cuanta figura internacional quisiera dado que los costos eran posibles de afrontar. Así, Susana recibió desde Julio Iglesias y Ricky Martin hasta Verónica Castro y Liza Minnelli.

En dos oportunidades, el programa se emitió desde el teatro Gran Rex de Buenos Aires. En 2004, festejó sus primeras 2500 emisiones ante la platea colmada de la gran sala porteña. La última vez que repitió la experiencia fue en diciembre de 2017 para cerrar el año en el que se celebraron sus tres décadas en el aire.

Dentro del marco del programa, varios formatos internacionales como El imbatible o Salven al millón fueron parte de su propuesta. Más domésticos resultaron El show del chiste, El laberinto de perros o Dígalo sin hablar.

Pocos recuerdan que Susana Giménez se emitió a primera hora de la tarde. Corría la década del ´90 cuando las dos grandes divas del país competían en televisión. Mientras en Telefe estaba Susana, en Canal 9 hacía sus almuerzos Mirtha Legrand. A fin de año, brindaron en dúplex.

Fue en aquella temporada con horario de siesta cuando Susana recibió a Tita Merello y Malvina Pastorino. Las actrices, que fueron amores de Luis Sandrini, se vieron personalmente por primera vez ante las cámaras del programa. El encuentro se dio para celebrar el día del amigo. Otro de los momentos más curiosos del ciclo se dio cuando en la tribuna del público se ubicó Huberto Roviralta ante la supuesta “sorpresa” de la anfitriona, quien ya estaba separada del polista.

Durante el primer año de éxito, Susana se permitió grabar un disco con la cortina del show televisivo y con algunos temas más como “Gitano amor” de aires flamencos.

El retrato de Rita Hayworth en el escritorio la acompaña desde aquel debut en ATC. Solo en 2006, 2012 y 2020 el programa no estuvo en el aire. Susana Giménez hizo de su show televisivo un suceso con marcas históricas de rating. Supo reinventarse a lo largo de cada temporada sin perder la esencia de lo que sus seguidores buscan en ella. Pasaron 34 de aquel debut en el que auguró su espontaneidad y no mintió. Hoy, al cumplir 77, seguramente en su balance aparecerá aquella decisión, la más acertada de su vida: al aceptar ponerse el traje de conductora. Ese rol que la convirtió en la gran diva nacional.

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