historia del actor de This is Us que se negó a cambiar su apellido

Las empresas de pañuelos descartables le deben el superávit durante las cinco temporadas de This is Us. A fuerza de lecciones de paternidad, Milo Ventimiglia aflojó el lagrimal de los Estados Unidos. Supo punzar la emoción del espectador, entre nociones de filiación, vínculos y Edipo. Su gracia lo elevó a padre favorito de la televisión, pero el título no traicionó su “religión”: vida “terrenal” puertas adentro.  

El rey de la sensibilidad, el Big Daddy tan estadounidense como universal, se ha convertido en el gran espejo retrovisor de los espectadores. El mundo no llora por su personaje (Jack) y las criaturas que lo circundan: se enciende la cámara y funciona como reflejo para que cada uno viaje hacia el entramado de su propia familia.

De como saber decir “no” y, a la vez, aprender del dominó de “no”. De eso se trata la historia (real) de vida del Charles Ingalls del siglo XXI. “Demasiado italiano”, le advirtieron primero algunos agentes de Hollywood sobre ese apellido que hace referencia a una ciudad convulsionada por romanos, godos, bizantinos, lombardos y que hoy es paraíso turístico de Imperia, Liguria. Le sugirieron acortar tamaña sonoridad de once letras por cuatro.

“Te vas a llamar Milo Vent”, resolvió alguien hace décadas, como si el número de caracteres ayudara a la marquesina. No hubo acuerdo. Se plantó. “Ventimiglia o nada”.

Milo Ventimiglia, como Jack Pearson, y Mandy Moore, como Rebecca, en "This Is Us".

Milo Ventimiglia, como Jack Pearson, y Mandy Moore, como Rebecca, en “This Is Us”.

A los 12 años Milo (como la isla volcánica griega del mar Egeo) supo cómo se sentía escuchar el primer “gracias por venir” hollywoodense. Era su debut en una prueba de cámara, pasó varias etapas de casting, pero finalmente vio triunfante a Elijah Wood. Feliz por su primera audición para una película (La fuerza de la ilusión), hechizó entre 3.000 candidatos, devino en uno de los ocho finalistas, pero el muchachito que una década después arrasaría en cines con El señor de los anillos terminó por ganar el rol.

El segundo “no” cinematográfico cacheteó su ego a sus 17. Consiguió una audición para el papel de Robin/Dick Grayson en Batman Forever (1995), pero el jefe de casting eligió a Chris O’Donnell. Respiración profunda y reseteo. Ya vendría algo bueno.

Milo Ventimiglia (Instagram)

Milo Ventimiglia (Instagram)

Hijo de Peter Ventimiglia, veterano de Guerra de Vietnam, Milo prefirió hacer bandera de esa mitad de torrente sanguíneo siciliano (origen británico por la rama materna), a pesar de que a su padre le importara “una mierda” su carrera. Lo contó chispeante en el show de Jimmy Kimmel, en 2019. “Necesité tres nominaciones antes de que aceptaran ir a los Emmy, él quería los Oscar”. El propio conductor bromeó con que a Don Ventimiglia le importaba más el Día Nacional de la Papa Frita que la primera nominación de su retoño.

El primer trabajo actoral llegó en una serie de la NBC, Fresh Prince of Bel-Air (aquí conocida como El príncipe del rap). Con rostro pueril, jugó a ser invitado a una fiesta. No tenía que esforzarse más que por bajar una escalera y decir menos de diez palabras y, lejos de los centavos que recibió, dice haberse llevado “una lección” de Will Smith: “Se tomaba el tiempo para conocer el nombre de todos en el set, así tuvieran una línea. Tener 18 y ver eso te da una esperanza: una estrella que no pierde su sensibilidad”.

Milo Ventimiglia en su primer trabajo actoral en "The Fresh Prince of Bel-Air".

Milo Ventimiglia en su primer trabajo actoral en “The Fresh Prince of Bel-Air”.

Los primeros ladrillos de esa construcción artística los fue apilando en apariciones fugaces en productos de moda. Fue cartero en Sabrina, la bruja adolescente, o extra en el spin-off de Salvados por la campana (The new Class), mientras era actor de comerciales de Apple. Egresado de la escuela secundaria El Modena, de Orange, y de la Universidad de California, el primer protagónico, a sus 23, llegó con la serie Opposite Sex, de Fox, en la que tenía que interpretar a un adolescente. 

Antes del batacazo emocional que dio con el abnegado Pearson, fue popular como Jess Mariano, el novio de Rory (Alexis Bledelen) en Gilmore Girls, y como Peter, el cuidador con poderes sobrehumanos en la serie de NBC Héroes. También se lo vio como hijo de Rocky Balboa (Silvester Stallone) en Creed II. Ya especialista en deshidratar a espectadores, en 2019, hizo moquear otra vez, pero en cine, interactuado con un Golden Retriever en Mi amigo Enzo.

Milo Ventimiglia y Mandy Moore en "This is Us"

Milo Ventimiglia y Mandy Moore en “This is Us”

Se ríe de un detalle estético que solo perciben los más observadores, su boca unos “milímetros torcida”. Nació el 8 de julio de 1977 en Anaheim, en California, y creció “llorando con Magnolias de acero”. En su oficina cuelga un cuadro con la copia enmarcada del correo electrónico que le envió Dan Fogelman, creador de This is Us, a los ejecutivos de casting cuando lo eligieron. Cuenta Milo con gracia que se presentó “desalineado” a la prueba de ese drama que lo haría entrar en la historia televisiva.

Cabello largo, barba desprolija, sudor y casco de motocicleta en mano no parecían ser grandes cartas de presentación, pero algo hizo que los productores se mirasen: “¿Quién es este tipo?”. 

Dueño de la productora Divide Pictures, compañía de entretenimiento fundada en 2003 junto a su mejor amigo Russ Cundiff, Milo Anthony tiene como segunda vocación la fotografía. No puede dejar de ver El padrino, es vegetariano, consiguió hasta el momento dos millones de seguidores en Instagram y suele recorrer el condado de Orange (donde todavía viven sus padres) en una Harley-Davidson negra.

Milo Ventimiglia en "This is Us".

Milo Ventimiglia en “This is Us”.

Después de su desempeño en el set con los trillizos, muchos se sorprenden al saber que no tiene hijos. “Ejercito el músculo de la paternidad con mis sobrinos”, bromea. Alguna vez fue a los Tribunales con colegas como Eric Roberts y el cantante John Mayer para arengar “reglas más estrictas a paparazzi agresivos”. En entrevistas no se cansa de responder sobre el motivo de esa muralla construida en torno a su vida personal: “Si esa vida comienza a verse y a pesar más que el trabajo, tu trabajo sufre. La gente deja de ver al personaje. ¿Cómo es mi intimidad? Voy a la tienda, arreglo mi auto, pero nadie necesita saberlo. Soy igual que cualquiera. Y estoy mejor en mi cocina que una fiesta”.

Su infancia estuvo marcada por un poderoso universo femenino, el de su madre, maestra, Carol, y esas dos hermanas mayores (Leslie y Laurel) que solían disfrazarlo como Madonna. Vinculado a sus ex coprotagonistas Alexis Bledel y Hayden Panettiere, también se lo relacionó con una mujer del mundo del marketing, Kelly Egarian. No hay demasiadas pistas en sus redes sociales y eso lo vuelve un actor que responde las mismas cuatro palabras cuando sobrevuela la pregunta. “No hablaremos de eso”.

De billetera generosa, “Venti” no escatima cuando hace donaciones a Pediatric Brain Tumor Foundation. O cuando aporta dinero a una convicción política; en 2008 participó con varios ceros en la campaña de Barack Obama.

En una alfombra roja en Santa Monica, California. (AFP)

En una alfombra roja en Santa Monica, California. (AFP)

Una de sus joyas personales más preciadas la puso al servicio de la grabación de This is Us. Por guion debía manejar un Camaro, pero ofreció sentarse en su propia “nave”, un Chevette 1967 que acompaña las andanzas de esa familia. Evelyn (así llamó a la “máquina”) lo ayudó a compenetrarse mejor en ese personaje que pasa gran parte de su corta existencia al volante. En la vida real, jura, conduce “como una abuelita”. 

“No soy una celebridad”, repite como loro el que se saca y se pone el bigote con más frecuencia que la camisa. Es que filma cada capítulo -sin orden de años- de la próxima temporada de This is Us (hoy la serie completa en Star+ y hasta la cuarta temporada en Amazon). Con o sin mostacho, Milo está haciendo historia. Su Jack pone en jaque varias ideas sobre la idealización parental y la muerte como disipadora de defectos. Y nos confirma que no hay que fiarse de esa peligrosa construcción que es la memoria. Nada más traicionero que un recuerdo.

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