Hijos del Mediterráneo: Joan Manuel Serrat ya tiene quien le cante



El primer mérito de Hijos del Mediterráneo, la ocurrencia del músico español Amaro Ferreiro que fue tomando forma de disco a lo largo del primer semestre de 2019, es la ausencia de la efeméride como excusa.

En el librito que acompaña el CD, el hombre cuenta que mientras viajaba de Madrid a Val Miñor un programa de la emisora Radio 3 dedicó su espacio a Mediterráneo, el álbum que Joan Manuel Serrat grabó y publicó en 1971, con el cual logró una trascendencia que mantiene plena vigencia hasta estos días, y que se lo imaginó tal cual fue concebido, pero en voces del presente con un guiño a aquel pasado.

Por eso, el segundo punto a favor es haberse jugado a reproducir aquel mismo marco musical, que en una primera escucha sorprende y hasta incomoda un tanto, para que artistas pertenecientes a diferentes generaciones, siempre posteriores a la del cantante y compositor catalán, como Jorge Drexler, Eva Amaral, Silvia Pérez Cruz y el mismísimo Andrés Calamaro se las arreglen para darles su impronta según las reglas que imponen la orquestación y los arreglos de Juan Carlos Calderón, Gian Piero Reverberi y Antoni Ros-Marbà.

Jorge Drexler. El artista uruguayo abre el álbum con su versión de “Mediterráneo”. Foto: Emmanuel Fernández

Con ese crédito, como suele ocurrir en estos casos, el resultado es tan desparejo como disímiles pueden ser las miradas con las que se lo aborde, y las búsquedas que deposite en el producto quien le dé oídos. Además, cierto es que mientras las voces de Drexler o la de nuestro Salmón resultan inmediatamente familiares, en temas como Mediterráneo y Lucía, respectivamente, otras como las del gallego Xoel López o los españoles DePedro e Iván Ferreiro, hermano de Amaro, requieren cierto acostumbramiento en su maridaje con clásicos como La mujer que yo quiero, Pueblo blanco y Tío Alberto, cada uno a su turno.

Entonces, así como el cantautor uruguayo parece borrar mágicamente los 40 años que separan la versión original del tema que le da título al álbum de la suya y Andrés lleva a su Lucía a un clima cautivantemente tanguero, López ablanda un tanto la pieza que le tocó en el reparto, DePedro se luce con una extraordinaria entrega de un tema superior, y Ferreiro parece viajar en el tiempo para anclar su participación al momento en el que la canción fue concebida En cambio, en el caso de la interpretación de Amaral de Aquellas pequeñas cosas, y en la que hace Tulsa de Qué va a ser de ti, predomina una especie de nostalgia -y de tono naif, en la segunda-, que resalta el carácter histórico de las composiciones. No obstante, no huelen ni un poco a naftalina; pero se sienten algo “pesadas” para los días que corren.

Andrés Calamaro le pone aire tanguero a su versión de “Lucía”. Foto: Martín Bonetto

Distinta es la sensación que despierta Vagabundear, a la que Santi Belmes, de Love of Lesbian, le da cierto carácter épico que contrasta con los coros, fieles a los originales; y la preciosa Barquito de papel, que sigue sonando tan bella como fue creada a pasar del empeño de Pérez Cruz por apelar a un vibrato a veces innecesario.

Finalmente, Josele Santiago le da autoridad al abordaje que hace de los versos de Vencidos, llena de señales de tiempos idos que la banda formada por Xavier Molero, Ricky Faulkner, Amable Rodriguez, Josep María Baldomá y Marc Closs, más los coros y la orquesta a cargo de Pedro Pardo rescata en cada acorde, en cada armonía y cada melodía que transita.

Para quienes bañaron sus oídos en aquel mar de Joan Manuel, Hijos del Mediterráneo ofrece la posibilidad de encontrar en él nuevos colores y matices, a tono con el Siglo XXI, y para quienes nunca lo escucharon, se presenta como una generosa puerta de entrada a un universo que bien vale la pena conocer.

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WD

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