Hiatus Kaiyote: el soul del futuro viene de Australia



Al atender a las músicas de Hiatus Kaiyote, no será Australia el primer lugar con el que uno hará un link mental. No es fácil de imaginar que su soul del futuro llegue desde ese aislado y gigantesco terruño. Nai Palm en voces y guitarra, Paul Bender en bajo y sintetizadores, Simon Mavin en teclados y Perrin Moss en batería son los que forman Hiatus Kaiyote; cuatro virtuosos y perspicaces músicos que dejaron su marca en el gran show del miércoles 11 -su debut en la Argentina- en el Konex y previamente cosecharon los halagos de gente como Prince o Erykah Badu. En dos discos de estudio y por medio de un sonido especial, Hiatus Kaiyote da nociones de algunas características de su país y en particular de Melbourne, su ciudad. 

Desde este rincón del mundo, no es mucho lo que realmente sabemos de Australia, aunque haciendo alarde de nuestra feroz autocrítica constante y de esa pasión por admirar lo foráneo típicas de nuestra sociedad, se suele ver a este país-casi-continente como un ejemplo a seguir o un espejo donde mirarse: ¿cómo en 200 años ellos lograron estar así y nosotros así?

De más está decir que en Australia hoy no es todo color de rosa: allí la extrema derecha está teniendo una influencia importante y los rebosantes recursos naturales del país son usufructuados por unas pocas empresas. Quitando las penas que a día de hoy parecieran ser inherentes a todo territorio del planeta, Australia es considerado como “el bebé del mundo”. Un paraíso terrenal con una biodiversidad maravillosa y una concepción social que (aún amenazada por algunas nuevas políticas migratorias) es francamente envidiable. Dentro de este particular mix de situaciones, hay dos actores urbanos que lideran las tendencias: Sidney, en el rincón del poder económico y sus fascinantes paisajes de agua, y Melbourne, la cuna cultural australiana, una ciudad vibrante en la que según sus propios ciudadanos se vive muy bien, donde hay lugar para hacer lo que quieras.

La movediza escena musical de la ciudad le hizo con Hiatus Kaiyote un hermoso regalo al mundo. Si uno se guía por las canciones que los servicios de streaming le invitan a escuchar por default, se podría caer en la trampa de pensar que Hiatus Kaiyote es una banda de soul bastante “radiable”. Ahora, si se indaga un poco más en su catálogo se encontrarán momentos de alto vuelo compositivo y de una personalidad sonora que, posiblemente, sólo sea capaz de gestarse en Melbourne.

Al frente. Nai Palm, la cantante de Hiatus Kaiyote, tiene una dura historia de vida.

La ex capital australiana es una urbe progresista en la que no se vive con “la soga al cuello como en Sidney”, diría una artista local; un paraíso de seguridad total para los diferentes, no importa cuán “raros” puedan ser. No es extraño que de allí surjan grupos con propósitos artísticos que den una vuelta a lo que originalmente se ofreció en las últimas décadas desde Inglaterra y EEUU. Hiatus Kaiyote nace de toda esta amalgama de situaciones. Hijos de una comunidad híbrida de músicos -hippies con conciencia social y al mismo tiempo estudiosos de conservatorio-, esta banda, secundados por otros exponentes como Sex On Toast o Mangelwurzel, ha dado vida al neo soul de Melbourne, un sonido complaciente como su hermano mayor estadounidense, pero que se nutre de intenciones que calan profundo; sus canciones tienen la voluntad de dejar algún que otro estribillo memorable, pero sobre todo de ofrecer la posibilidad de viajar, particularmente en el formato en que se las presenta en vivo.

Nai Palm es la cantante y cara del grupo. Por su llamativo look, se pensaría que lo que está liderando es una de power metal: flequillo fucsia furioso, tachas, tatuajes, borcegos, guitarra Jackson KV y maquillaje protagonista. Una mezcla de Alice Cooper y Nina Hagen cantando soul-jazz como las diosas. Palm es huérfana desde los 11 años. Separada de sus hermanos, comenzó una vida nómade a cargo de una de sus tías, que con voluntad -y muchos problemas- intentó darle lo mejor.

Dado el limitado sustento humano del que gozó desde su niñez, es que Nai desarrolló una importante capacidad para relacionarse con animales nativos de Australia. Ha contado como un coyote la cuidó de niña en la enfermedad y cómo, cantando, alejó el peligro ante la amenazante presencia de un perentie, mortífero reptil del desierto australiano. Incluso se la ve en algún video zapando mientras una cotorra disfruta de su groove posada en su cabeza.

A la banda australiana Hiatus Kaiyote la elogiaron músicos como Prince y Erykah Badu.

Su imagen de alto perfil está influenciada por la estética de las tribus aborígenes -nómades, como ella- de su país; sus llamativas joyas son de su propio diseño. Verla en escena y observar cómo desarrolla sus dotes vocales únicas y el modo en que controla el tempo y los climas en medio de la sofisticada sesión de ritmos y arreglos que ofrecen sus virtuosos compañeros de banda, es simplemente emocionante.

Los presentes en Konex en la noche del miércoles fueron rehenes de esa nube sónica esotérica de máxima calidad. Nai convierte su bagaje personal -que incluye haber superado un cáncer de mama, enfermedad que mató a su madre- en la mejor catarsis posible, ofreciendo un espectáculo fuera de lo común.

La banda salta de intención en intención, sin previo aviso, con cerebro matemático y corazón entregado. Las sensaciones son casi místicas, a tono con una performance que es producto digno de un grupo de músicos de una generación y un espacio sin ataduras ni prejuicios y con una amplia voluntad de crear arte perenne. Mejor lo explica Nai en camarines luego del show “en otros lugares hay una tradición cultural a la que plegarse o rebelarse. En Melbourne no tenemos contra qué hacerlo. No hay tradición. Somos una población totalmente exploradora”. Y muy interesante, se podría agregar.

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WD

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