Hernán Camel Sforzini: el rastaman de Lanús que puede ganar un Grammy con las glorias del reggae



“Los jamaiquinos son muy ellos. Tienen sus raíces híper fuertes. Su música, su cultura, sus comidas, sus bebidas. Son gente a la que no se la pudo conquistar. Y todo tiene que ver con su historia, con la esclavitud. A ellos no les vendés Coca-Cola ni Marlboro. Ellos tienen lo suyo”, dice Hernán “Don Camel” Sforzini, percusionista y devoto absoluto del reggae, quien hace unos años ideó un disco que sin querer queriendo se metió en la historia grande del folclore jamaiquino.

Tal es así que The Final Battle, su idea en formato de disco, competirá el próximo domingo 26 de enero por el Grammy a Mejor álbum de Reggae de 2019. Camel será uno de los pocos argentinos protagonistas en dicha ceremonia –también estará el omnipresente Cheche Alara haciendo la dirección y producción musical de la premiere-, y su sonrisa atestigua felicidad.

Es que Camel está en la cúspide de su carrera. Su relación con el reggae comenzó a los doce años. En 1988 recibió una caja de vinilos en la que había referencias de Ziggy Marley, UB 40 y Los Pericos. Desde ese momento sintió la necesidad y el placer de difundir esta música sagrada. Así se convirtió en productor de shows de bandas internacionales en Argentina y luego produjo y editó dos discos de tributo a los Beatles en clave reggae en los que participaron figuras de acá y de allá. Además, tocó percusión con muchos artistas locales.

Hernán “Camel” Sforzini mantiene una estrecha relación con el reggae desde 1988, un largo camino que lo llevó a estar hoy en la cúspide de su carrera. Foto: Germán García Adrasti

A sus 40 años y con un currículum realmente sustancioso, sintió la necesidad de conocer Jamaica. “Conseguí un apoyo del Consulado luego de presentarles mis trabajos y contarles lo que hago, y pude viajar. Fueron 15 días en auto recorriendo la isla. Solo. Inmediatamente me sentí como en mi casa, fue un desafío espiritual, lleno de emociones muy fuertes. Ahí me di cuenta que mi próxima producción debía ser totalmente con jamaiquinos”, resume.

En la tradición del Reggae Roots las bandas de apoyo (backing bands, que son los grupos que tocan para los distintos cantantes y también actúan como productores de estudio ofreciendo cada una un sonido en particular) tuvieron siempre un protagonismo crucial en la escena. A mediados de los setenta había dos que se disputaban el mercado: Sly & Robbie y los Roots Radics. Los primeros con un estilo más progresivo e innovador, lograron seducir a grandes figuras del rock y han colaborado con nombres como U2, Grace Jones, Mick Jagger, Bob Dylan y un pasmoso etc. Los segundos mostraron y defendieron siempre la otra cara de la moneda: son los máximos exponentes del sonido clásico del reggae de raíz.

Sly Dunbar y Flabba; ejes en torno a quienes se fue gestando The Final Battle. (Instagram The Final Battle Album)

En aquel revelador viaje iniciático, Camel tuvo una idea que rápidamente fue festejada por las máximas autoridades de esta música caribeña: The Final Battle es un disco en el que los grandes cantantes del reggae homenajean a estas bases de pulso de acero en una docena de canciones originales. Cada backing band compuso seis temas y todos los cantantes crearon melodías y letras para la ocasión. Así es cómo este disco contiene un material único, de alto valor para cualquier fanático del género, incluido el propio Camel, claro.

“Conozco a Flabba Holt, bajista de los Roots Radics desde hace un tiempo, y siempre supe que esta idea le iba a copar. Con los Sly & Robbie hubo que trabajar un poco más. Cuando vinieron a Argentina les propuse la idea y luego de tres días de compartir momentos finalmente aceptaron participar. Vinieron a mi estudio y en 40 minutos crearon seis canciones nuevas. ¡Fue tremendo!”

-A los Roots Radics ya los tenías convencidos de antes…

-En cuanto hablé con Flabba me dijo: “Hernán, yo sabía que este disco alguna vez iba a suceder, lo que nunca imaginé es que vos serías quien lo propusiera. Ya estamos listos, acá en Jamaica ¿Cuándo nos venís a grabar?”

-¿Cómo se fueron sumando los otros cantantes?

-Ese mismo día que grabaron Sly & Robbie, me enteré que Lee Perry estaba girando por acá. Me la jugué y lo llamé. “Voy a bendecir ese disco”, dijo. Imaginate yo… Al otro día estaba Lee Perry en Lanús. Cantó, tocó percusión y como yo planto árboles en el barrio -tengo un proyecto dedicado a eso-. Lee plantó su árbol en Lanús un martes a las 11:30 de la noche. ¡Parece una escena de Capusotto! (Risas) Luego se fueron sumando los demás a la idea, en sus visitas a Buenos Aires. Y cuando volví a Jamaica cerramos las demás participaciones.

-¿Cómo llega el disco a la Academia del Grammy?

-Fue idea del historiador del reggae Roger Steffens, quien me sugirió presentarlo porque para él tenía muy buenas chances de competir. Roger es un maestro. Fue el primer promotor del género en los Estado Unidos, y quedó encantado con el disco. Luego de negociar con sellos y ver mal la letra chica y no entender los tiempos de presentación, logré meterlo como candidato una hora antes de que venciera el plazo, en gran parte gracias a la ayuda del productor Tomás Cookman.

Así es la tapa de The Final Battle, el álbum candidato a ganar un Grammy.

-Me imagino cuando te enteraste que estaba nominado…

-¡No! No sabés, me puse el streaming en el que anunciaban los nominados y me colgué haciendo cosas en el estudio. Nunca escuché los de la categoría reggae. Luego me metí en la página y cuando vi la lista no lo podía creer. Al toque me empezaron a llamar de todos lados.

-Vivís el reggae desde que eras un pibe. Pero, qué distinto estudiar la cultura desde acá a poder atestiguarla en primera persona, ¿no?

-Y, sí. Fue un aprendizaje re groso. Cada paso en esta historia fue como vivir una película, ¿viste? Fui el espectador de una película, así lo viví. Fue loquísimo llegar a cada rincón para contactar y grabar a los músicos. Muchos viven en la montaña, donde no hay GPS. Y algo que fue tremendo fue el día que estuvo Lee Perry trabajando en el estudio. Grabó percusiones, además de la voz. Mirá que yo soy percusionista, pero las cosas que tocó, cómo las tocó, ¡y en el lugar en que las metía! ¡A mí no se me hubiesen ocurrido nunca! El chabón y su energía están más allá. Tenía 80 años, ahí. Fue la primera vez que me sentí al lado de un genio. Cosa seria. Sus manos son mapas. Pensás todo lo que hizo y vivió, es el reggae mismo el tipo.

-¿Qué otro momento te sorprendió al mismo nivel?

-Otro momento clave fue el de Toots. Al principio no quería hacer un tema nuevo, luego cuando le mandé la pista que era para él –un ska que le quedaba perfecto-, aceptó. Fui a su casa; era un portón enorme. Me abrieron y emprendí camino hacia una cabañita de madera que había en el fondo del terreno. Pensaba: “Boludo… no la puedo creer, ¡voy a entrar acá y va a estar Toots!” (Risas). Entro a la cabañita, y ahí estaba. Sonriendo de costado, me dice: “Vos sos un pibe con suerte”. Fue increíble, porque me trajo la imagen de mi vieja, que había fallecido un año y medio antes. Ella siempre me decía: “Vos tenés estrella, Hernán”. Fue súper intenso y emotivo. Le cuento esto a Toots, y me dice que la canción que íbamos a grabar era una que su hijo le había dedicado a él. (Se emociona).

-Pasa algo loco con los músicos míticos del reggae, si bien son autoridades totales, también parecieran ser tipos alcanzables.

-¡Y son la historia viva! Por eso quise hacer esto ahora. Ellos escribieron las páginas de la historia, y hay que aprovechar que aún están acá. En diez años ese panorama cambiará mucho por la edad que tienen.

-¿Sentís que hay algo en común entre argentinos y jamaiquinos, algún código?

-En realidad, el código es el rastafarismo. No importa de dónde seas. Es una cuestión energética. No pasa ni por el color de piel ni por el pelo. Es el don de poder captar la energía, ser receptivo. De ese modo, al toque te das cuenta de quién está vibrando en la misma que vos. En Jamaica esto funciona al 100%. Te sacan la ficha al toque.

¿Por qué The Final Battle debería ganar el Grammy?

Si bien este disco tendrá una competencia férrea en los otros cuatro nominados (Koffee, Steel Pulse, Third World y Julian Marley), el valor histórico de The Final Battle lo deja muy bien posicionado. El historiador del reggae Roger Steffens lo grafica con tino en la gacetilla del disco diciendo que esto sería como un Woodstock Reggae. Aunque suene un poco fuerte, se puede decir que en este disco están prácticamente todos los grandes del género.

Don Camel y Toots Hibbert, de Toots & the Maytals, una de las glorias que aportó al álbum. (Instagram The Final Battle Album

A cualquier forofo del reggae se le acelera el corazón al saber que en un disco conviven Lee Perry, “Toots” Hibbert de Toots and The Maytals, Ken Boothe, The Congos, Mykal Rose de Black Uhuru, Freddie McGregor, The Mighty Diamonds, Horace Andy, Brinsley Forde de Aswad, Pablo Moses, Max Romeo, Luciano y un largo etcétera. Todos apoyados en las bases perfectas de posiblemente las dos mejores backing bands de la historia. Un dream team que merece ser premiado no sólo por este disco, sino por su invaluable aporte a la cultura general de la humanidad.

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