Herbert Vianna: cómo superó la muerte de su esposa y la parálisis



El 4 de febrero de 2001, el avión ultraliviano que piloteaba Herbert Vianna cayó al mar en Angra dos Reis. Su mujer murió en el acto y él permaneció 44 días internado, la mayor parte de ellos en coma, con escasas probabilidades de supervivencia. Pero despertó y, aunque su cuerpo quedó paralizado de la cintura para abajo, pudo volver a tocar y se transformó en un ejemplo de resiliencia.

El líder de los Paralamas había conocido a la periodista británica Lucy Needham cuando ella había viajado a Brasil para entrevistarlo para un documental. Se casaron y tuvieron tres hijos: Luca, Hope y Phoebe. La familia quedó rota por la tragedia. Pero, cuando había pocas esperanzas de que él sobreviviera al accidente, despertó: la noticia recorrió el mundo y se habló de milagro.

“El mío es uno más de los casos que desafían la lógica práctica. Existe la posibilidad de que casos así se resuelvan por la fuerza energética de mucha gente que desea la cura y recuperación del paciente. Pero no lo afirmo. No es una explicación convincente: si no, Ayrton Senna también se habría salvado del coma total”, declaraba el cantante y guitarrista poco tiempo después de su increíble recuperación.

Herbert Vianna, en guitarra y voz, al frente de Paralamas en Niceto Club, en 2017. Foto Ricardo González

Los daños que sufrió en su médula espinal lo condenaron a usar silla de ruedas. Pero al principio, Vianna también sufrió amnesia y otros percances cerebrales. “Cuando empecé a despertarme sólo hablaba en inglés y a mi padre y mi hermano les costó convencerme de que hablara portugués. Yo me comunicaba así con mis hijos mayores, Luca y Hope, que lo hablan perfectamente por su mamá y sus parientes ingleses”, contaba.

Una de las consecuencias desconcertantes de su despertar fue que desconoció a su hija menor. “Cuando vino con ellos a visitarme Phoebe, yo no me acordaba de quién era. Dije ‘¿quién es la amiguita de Luca y Hope?’ Y en ese momento, Dios y los ángeles sabrán por qué, empecé a hablar con ella en castellano. No tenía ninguna razón, porque la chiquitita no hablaba en castellano. Yo lo explicaría en términos emocionales”.

Pese a su espíritu optimista y positivo, la culpa por la muerte de Lucy, ya que él era el piloto del avión en el momento en el que se cayó al mar, lo atormentó durante bastante tiempo. Incluso, Vianna recurrió a mediums para intentar comunicarse con su mujer muerta y que ella lo perdonara desde el más allá.

Herbert Vianna, en el Festival Rock in Rio, en octubre de 2019. Foto AFP

“Se me ocurrió tratar de saber cómo estaba ella”, confesó el autor de Inundados. “Antes del accidente, ya iba a centros espiritistas para saber qué hacer en el futuro. Algo bien brasileño. Así que vi a gente de absoluta confianza, que me dijeron que la dejara seguir su camino y me dedicara a cuidar mi vida, a mis tres hijos y a mi música”.

Vianna fue reticente a realizar un tratamiento psicológico prolongado para lidiar con el trauma de la tragedia. Asistió al consultorio de un especialista durante un año y medio, pero los resultados no lo satisficieron y lo abandonó. “No me llevaba a ninguna parte. Lo que me hacía falta era sentarme en la terraza de mi casa y tocar mi música. Porque mi memoria musical casi no sufrió daños”.

De hecho, ahora toca sentado en la silla de ruedas. Incluso dice que le encontró un aspecto positivo a la nueva postura que debió adoptar a la fuerza. “Al principio”, contaba, “me ponía muy nervioso, porque sabía que no podría expresarme naturalmente como antes, con tantos movimientos, saltos, sudor. Ahora descubrí la ventaja de estar sentado”.

Paralamas: Bi Ribeiro, Herbert Vianna y Joao Barone.

Y así describía los beneficios: “Es una posición que me da el mayor equilibrio de sonido que tuve en la vida, y que me permite la máxima fuerza posible. Y, sobre todo, mirar los ojos de la gente y las expresiones de los rostros al escuchar las canciones que escribí durante todos estos años. Ver la fuerza con que cantan juntos, con que se entregan a las melodías, me hace mejor que los remedios y la fisioterapia. Es una droga celestial”.

Muchas de las letras de sus composiciones posteriores a la muerte de su mujer reflejan su tristeza por el hecho. Así empieza 2 A, la canción inicial de Hoje, el primer disco post accidente: Mi destino no me deja en paz/ de corazón, no sé si puedo amar/ Amé tanto hace tanto tiempo atrás/ Pero sufrí, lloré, me cansé de lagrimear/ No sé si es el fin, pero una luz de vida todavía brilla en mí/ Por una princesa yo entregué mi corazón/ Ella me hizo reír, cantar, soñar…

A los 59 años, Vianna sigue siendo un modelo de superación. Y continúa activo con Paralamas, junto a sus compañeros de siempre, Bi Ribeiro y Joao Barone. Aunque su último álbum, Brasil Afora, data de 2009, el trío sigue tocando. Su última presentación ocurrió el 29 de agosto, en un concierto en su canal de YouTube en el que repasaron clásicos del grupo.

Patricio Abadi hizo de Herbert Vianna en la obra “Bonus track”, basada en la trágica historia del cantante.

La banda supo tener una enorme popularidad en la Argentina durante los años ‘90. “Nuestros corazones están partidos: somos mitad brasileños y mitad porteños, che”, bromeaba el cantante. No en vano, alguna vez a los Paralamas los llamaron “la mejor banda brasileña del rock nacional”.

Amigos de Charly García, Sumo, Soda Stereo, Los Pericos, uno de sus mayores éxitos, Track Track, es de otro de sus compañeros de ruta, Fito Páez. Grabaron un disco en castellano y varios éxitos del rock nacional en portugués, como Viernes 3 AM (Serú Girán), Párate y mira (Los Pericos) y De música ligera (Soda Stereo).

Vianna, que también grabó cuatro discos como solista, bautizó a su primer hijo en homenaje a Luca Prodan: “Yo buscaba un nombre que tuviera la misma pronunciación en Brasil e Inglaterra, porque Lucy, mi mujer, era inglesa. Y apareció Luca, un nombre que se me ocurrió por mi entusiasmo por Sumo”.

WD

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