Guillermo Lobo, el periodista al que atienden todos los médicos… a cualquier hora



En estos duros tiempos de pandemia, Lobo -a secas, y sin el peligro del caso- está. A la hora que sea, Lobo siempre está, en cámara, desde el estudio de TN, o por teléfono. Es, lejos, el periodista especializado en salud que más equilibrio hace en TV entre la urgencia y la calma.

Si bien está al frente del segmento matutino de la señal junto a Lorena Maciel -de 10 a 14-, en estos días agitados pareciera no tener horario. Es que, más allá de sus conocimientos en salud y comunicación, el celular de Guillermo Lobo debe ostentar, seguramente, el mejor listado de contactos de médicos de la Argentina. Y, claro, ellos lo atienden a la hora que sea.

“Ya viene Lobo”, “Esperemos a Guille con la data precisa”, “Ahora Lobo nos cuenta todo lo que debemos saber del coronavirus”, son algunas de las frases que en estas horas repiten al aire sus compañeros de TN.

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Pero, ¿quién es ese Lobo que no asusta? Hincha de River, padre de Gastón (20 años) y Maia (de 16), sale de TN rumbo a su casa mientras charla con Clarín. En el medio suena un “Ay, pará”, dice, se ríe. Y explica. Al llegar, su mujer, Karin, lo recibe con un rociador desinfectante como para fijar la idea. Cuenta que su familia es de las que respetan las recomendaciones de prevención e higiene que se dan en la tele. Una suerte de ‘Haz lo que yo digo y también lo que yo hago’.

Guillermo Lobo integra el equipo de noticias de TN desde 1994.

Nacido en Jujuy hace 50 años, se recorta del pelotón televisivo y su estilo lo lleva a separase de los disparadores del pánico. “Es muy importante dar la información clara, precisa, con la evidencia necesaria y, si se puede, con un toque de esperanza. No hay que sembrar miedo ni levantar la voz para hacerse oír. Minimizar y maximizar es lo peor”, entiende el hombre que se recibió de locutor, estudió periodismo y cursó la Diplomatura en comunicación científica y médica con la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Con casi 28 años de oficio y varias coberturas de epidemias, siente que “estoy en el momento más intenso de mi carrera, aplicando, junto a todos mis compañeros del canal, todo lo aprendido en las emergencias sanitarias anteriores”.

-En las otras no existían o no tenían peso las redes sociales. ¿Ahora suman o restan?

-Las dos cosas. El mal uso de las redes puede perjudicar, y mucho. Por mal uso, entiendo, por ejemplo, la difusión de mentiras para generar más miedo, y eso, en un sentido, puede ser un virus complicado. La angustia también puede ser una epidemia.

Guillermo Lobo, el hombre que sabe explicar y dimensionar el coronavirus.

-Y en el buen uso, ¿qué ponemos?

-La posibilidad de despejar dudas, de dar respuestas a las consultas de la gente, la chance de armar redes de contención. Y la inmediatez, que, bien aplicada, es muy importante.

-En Twitter tu nombre acarrea más elogios que críticas, pero hay de los dos bandos.

-Sí, lo sé y sé pararme frente a eso. Si las críticas que me hacen me ayudan para hacer las cosas mejor, las acepto, pido disculpas y tomo lo que me dan. En cambio, las críticas por trolls o por diferencias políticas las dejo a un costado. Me quedo con un consejo que una vez me dio el gran doctor René Favaloro: “No te cargues de tóxicos”. Me quedo con las críticas constructivas y paso por alto las destructivas.

El jujeño que aún conserva la tonada en su decir se mudó a Buenos Aires a los 8 años. Debutó a los 20, como notero de Melodía FM, de Villa Adelina: “No me olvido más de esa primera nota. Le hice un reportaje al bombero Laguzzi… y, te juro, me temblaba hasta el grabador”.

Integrante del staff de TN desde 1994, creó junto a Carlos De Elía (director del área de noticias de Artear, que fue el de la idea), y Ricardo Ravanelli (gerente de noticias) el Consejo Consultivo en Salud para TN y El Trece. Según sostienen varios especialistas en salud, “la medida es inédita en televisión. Se genera un flujo de noticias, se debate a diario, se consulta con todas las eminencias posibles, tanto de modo presencial como remoto”.

Lobo se la pasa explicando que “no soy médico, pero tengo muy ricos contactos médicos”. Y, desde esa claridad de fronteras, intenta a diario hacer lo que mejor sabe. Entre sus sabidurías también está la de no olvidar: “Yo creo que heredé esto de mi viejita, Eva. Era muy curiosa y autodidacta. Ya no está, pero la siento siempre cerca”.

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