Guido Kaczka: “Grito para darle más rosca al programa”



Toda una vida en televisión. Guido Kaczka empezó a los cinco años actuando en Pelito y no paró más. Pasó por Clave de sol, ¡Grande, pá!, Chiquititas y muchos programas más, hasta que en 1999 estuvo al frente de un olvidado ciclo llamado Mis mejores amigos y a partir de ahí hizo carrera en la conducción. Suele ocurrir: tantos años en el medio se tradujeron en una inversión para estar de los dos lados del mostrador. Ahora, a los 41, a punto de empezar un nuevo programa diario de entretenimientos (Bienvenidos a bordo, ​desde este lunes 20 a las21.15, por El Trece) habla como conductor y empresario en una de las oficinas de Kuarzo, productora de la que es socio.

“Fui actor, pero esencialmente me siento conductor de televisión”, dice. “La empresa es una herramienta para seguir desarrollándome. Siempre me gustó la tele. Toda. Yo era de los que iba a grabar una tira al canal, terminaba y me quedaba. Me gusta estar en un estudio de televisión, lo siento un lugar muy mío. Eso me llevó a desarrollarme y crecer, y parte del crecimiento fue asociarme a Kuarzo, adquiriendo lo que era Endemol junto con Martín y otros socios”.

-Hay escuelas de teatro, de circo, de locución, pero de conducción no. ¿Por qué?

-Lo he hablado con (Santiago) Del Moro: no hay escuela de conductores, hay conductores que arman su propia escuela y ése es el estilo. Los argentinos no somos tan buenos para transmitir conocimientos, quizás porque tendemos a pensar que la magia y el talento están en la improvisación y en la resolución azarosa. El culto a la viveza desprecia el esfuerzo, el trabajo, el método, y lo aplaudimos. ¿Quién va a hacer una escuela de vivos? Pero no es verdad que el éxito en este oficio tenga que ver con una cuestión de viveza.

“No es verdad que este oficio tenga que ver con una cuestión de viveza”, dice Guido Kaczka. (Foto: Guillermo Rodríguez Adami)

-Pareciera que cualquier actor desocupado o modelo pudiera ser conductor.

-Eso se regula solo. Se ven muchos intentos de conductores que arrancan y la cosa no funciona. Otras veces sí, y hay gente que encuentra en eso su profesión. Desde chico yo trabajé con conductores muy buenos. El primero que vi en mi vida fue (Juan Carlos) Mareco. Tenía seis años, pero ya lo observaba. Podría decirte que me hice a mí mismo, pero sería mentira. Fui aprendiendo de él, de (Gerardo) Sofovich, de (Marcelo) Tinelli, de (Juan Alberto)  Badía… Todos esos conductores nos fueron formando a los que hoy somos conductores. Y ahora nosotros formamos a los nuevos.

-¿Cuál es la clave de un buen conductor?

-Cada conductor desarrolla un estilo. En mi caso es conectar con lo auténtico. Uso el juego, el premio y todo lo que comprende al formato como una excusa para encontrarme con el participante y conocerlo, conectando con sus afectos, sus miedos por estar en televisión. Pero sin ir más allá del entretenimiento. Hay otros programas donde se ponen a llorar. A veces sucede, pero yo prefiero no avanzar más allá. Y siempre trato de que el programa sea en vivo, me gusta mucho más que grabarlo.

Guido Kaczka cuando era actor: aquí , haciendo de Felipe “Piojo” Fraga en “Chiquititas”.

-¿Por qué?

-Porque es más auténtico. Me interesa que lo que está pasando se esté mirando en el momento en que está sucediendo. En el grabado está la idea de que te podés equivocar. Y en el vivo pensamos que no nos podemos equivocar. Entonces, a todos los que hacemos televisión el grabado nos predispone al error. Y el vivo no.

-Cuando grabás sentís que tenés una red.

-Sí, pero yo me siento mucho más protegido en el vivo. Porque tenemos que estar más alerta, más presentes, tanto yo como el camarógrafo, el director o el participante. El vivo da una sensación irreemplazable. Ahí es donde la televisión se hace fuerte frente a las plataformas. Y la tele va a seguir siendo siempre muy fuerte porque está sucediendo ahora. Es como el fútbol. Es una tristeza cuando decís “No me cuentes el resultado porque lo voy a ver a la noche”. No hay manera de armarte la fantasía de que está sucediendo ahora cuando eso ya sucedió.

Kaczka en “Otra noche familiar”. “Un programa en vivo da una sensación irreemplazable”, dice. (Foto: Constanza Niscovolos)

-¿En qué momento empezaron a importar más las historias de vida que las preguntas y respuestas?

-Las historias de vida tienen más prensa porque los programas de entretenimientos tuvieron un auge en los últimos años. Pero yo estoy hace diez años en El Trece y siempre entendí que el juego es una excusa para encontrarte con el participante, y no viceversa. Lo que importa es el encuentro. Como en el juego de un chico: lo importante es que se está desarrollando, explorando el mundo. Acá es lo mismo.

-El juego en sí no es relevante.

-Todavía lo lúdico -y se hace cada vez más difícil jugar en este mundo- sigue siendo una metáfora de lo que está pasando de fondo: los nervios, el miedo a equivocarse, cómo superarlo y exponerse. Que en definitiva es poder jugar y vivirlo. Yo a veces cuando van a contestar les digo “vos no querés contestar porque tenés miedo de quedar mal en tele”. Porque de un tiempo a esta parte, cuando alguien se equivoca se replica por todos lados: “¡Mirá la barbaridad que dijo!”. Entonces yo me pregunto: ¿qué vale más la pena en la vida: no quedar mal o no jugar? Es lo que está en juego en un programa de entretenimientos.

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-A vos te conviene que cada tanto haya una bestialidad que se viralice.

-No lo sé. Durante el programa es divertido. Y después circula por todos lados y el programa se conoce. Pero a la vez ese fragmento te encasilla. Y no coincido con decirle “burro” a alguien que se equivoca en televisión. Desde el living de tu casa entiendo que lo digas, pero cuando venís a jugar todo cambia. Cuando estás nervioso, seguro vas a decir una burrada. Si en este reportaje me quiero mostrar de cierta manera, me voy a equivocar. Pero si lo puedo vivir plenamente, es probable que salga mejor. Y ahí está lo auténtico, que para mí es un objetivo en el trabajo. Jugar te expone, y hacer un reportaje también. Cuanto más te mirás, más riesgo tenés de quedar como no querés.

-¿A qué atribuís este auge de los programas de entretenimientos?

-La tele tiene ciclos. Algunos programas anduvieron bien y la tele tiende a repetir lo que funciona. Son modas que pasan. De golpe es más la ficción, o los periodísticos, o los magazines.

-¿Por qué los conductores suelen gritar?

-No todos, ni todo el tiempo. Los programas son un cuento que va más allá del conductor. Yo tiendo a congraciarme con el cuento. No en todos los momentos grito, pero a veces grito para darle más rosca al programa. Tinelli tiende al grito, pero lo tiene formateado. Marley, no. Y yo tengo momentos en que grito a full.

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-¿Marley, Del Moro o Leo Montero?

-Es muy difícil elegir. Tengo mis gustos, pero prefiero no decirlos. Buenos conductores son los que se sostienen en el tiempo. La tele y la radio tienen algo a favor: es un mercado liberado. Alguien sale al aire, cuenta o hace algo, y si eso se sostiene es un buen conductor. 

-En ese sentido, Osvaldo Bazán dice que para estar en la tele lo único necesario es tener ganas. ¿Estás de acuerdo?

-Si habla de aparecer en tele, estoy de acuerdo con Bazán. Pero para hacer una profesión en este medio tenés que ser tenaz, aguantar, sufrir. Es bastante más que tener ganas.

“Tinelli tiende al grito, pero lo tiene formateado”, dice Kaczka.

-¿En qué momento te volviste empresario?

-Siempre fui muy productor de mis programas. En El último pasajero, en Telefe, empecé a trabajar con Martin Kweller y nos asociamos de hecho. Con el tiempo, tuve una productora para hacer una ficción. Se volvió una necesidad para poder producir como quería.

-¿No es agotador estar cinco o seis horas diarias al aire, entre televisión y radio?

-Hay momentos en que estoy al aire una cantidad de horas impresionante, sí. Pero no me agota para nada. Me siento bien al aire, me gusta mucho. Cuando te duele algo, arrancás el programa y no te duele más. Y termina el programa y te vuelve a doler. Cuando hacés lo que te gusta, la vida se pone mucho mejor.

Guido Kaczka, en el estudio de “Bienvenidos a bordo”. (Foto: Guillermo Rodriguez Adami)

Cómo es “Bienvenidos a bordo”

A partir de este lunes 20 a las 21.15, Guido Kaczka conducirá Bienvenidos a bordo. El formato es parecido a uno de sus éxitos de 2019, Otra noche familiar, pero ambientado en un aeropuerto, incluyendo una réplica de un avión a escala real.

“Es un programa de entretenimientos que tiene como cuento principal esto del aeropuerto y el avión para ilustrar los premios principales, que son viajes. Ya el año pasado dimos bastantes viajes, a Europa, y ahora retomamos esa idea aspiracional del despegue”, cuenta.

Y agrega: “Hay un juego de pistas en el que hay que adivinar lo que hay adentro de la caja negra del avión. En el exterior está el área técnica y una pileta de combustible a la que te caés si no contestás las preguntas, como pasaba el año pasado con el pantano”.

“Van a estar -sigue- las puertas por las que entran los participantes a competir en diferentes juegos. En este caso van a simular las puertas de un aeropuerto, donde está plantado el avión. Habrá una puerta donde entren participantes parecidos a famosos, y otra de un paso de una canción muy conocida, como antes teníamos el Meneaíto. El contenido de los juegos de las puertas se arman con un ida y vuelta entre nuestras ideas y lo que propone la gente que se anota”.

-¿Qué proponen?

-Por ejemplo, hay rodillas que se parecen a alguien. A mí me mandaron una foto de una rodilla que era igual a mi cara. Al principio me pareció cualquiera y después de un rato realmente me vi. Más tarde empecé a mirar mi rodilla y vi un gesto, una cara.

-¿A quién se parece tu rodilla?

-No puedo dar nombres. Pero como pasa con la luna, que de repente le ves una cara, juro que en la rodilla se arma algo. 

Guido Kaczka y parte de su equipo de radio, en el estudio de La 100.

El séptimo año en La 100

Desde 2014, Guido Kaczka conduce No está todo dicho, de lunes a viernes de 10 a 14 por La 100, junto a Claudia Fontán, Marcela Tauro, Santiago Calzarotto, Guillermo Poggi y Guillermo Coppola.

“Hace siete años que estoy en la radio”, subraya. “Primero me había llamado Jorge Lanata para reemplazarlo en Mitre, porque se iba de vacaciones. Lo conocí en el canal porque pasaba para ver mi programa, que iba al aire antes de Periodismo Para Todos. Pero yo no quería hacer un programa político, no lo veía. Después me llamó Diego Poso para La 100 y me interesó porque era un desafío. Tenía que aprender todo de nuevo”.

-Eras de esas caras conocidas de la tele a las que convocan de la radio porque garantizan un piso de audiencia.

-Es cierto, pero hicimos un laburo muy interesante. Con mucho esfuerzo, hoy tenemos un programa que lidera la segunda mañana. Soy esencialmente de tele y la radio sigue siendo un desafío para mí, pero hoy ya me siento cómodo. En la radio soy diferente al que soy en la tele, así como para mí una misma persona es distinta como público cuando está mirando televisión o cuando está escuchando radio. Hay muchos públicos, y no creo que los que me ven en la tele a la noche sean necesariamente los mismos que me escuchan a la mañana.

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