Francisca Valenzuela: un puente de pop empoderado, feminismo y activismo entre Santiago de Chile y Los Ángeles



“Todos somos muchas cosas”. En el videoclip de La fortaleza, la canción que da nombre al álbum que Francisca Valenzuela publicó un par de meses antes de que la pandemia clausurara para el resto de este 2020 la vida tal como la conocíamos, y que este jueves 12 de noviembre presentará en concierto por streaming, aparece un cartel que en ese enunciado encierra buen parte de la llave que permite entender de quién estamos hablando.

Nacida en San Francisco el 17 de marzo de 1987, la cantante y compositora vivió en los Estados Unidos su primera infancia, atravesó su adolescencia en el Chile natal de sus padres y volvió al Norte para establecerse, varios años después de haber aparecido como una de las revelaciones de los 2000 en el país transandino con su álbum Peces, en Los Ángeles, desde donde se conecta a través de un Zoom, postergado un par de días por las celebraciones del triunfo de Joe Biden.

Referente feminista, en un repaso por la WEB Valenzuela puede bien ser tema de publicación de algún medio “blando” por el mensaje de feliz cumpleaños que le envió a su “pololo” como también la protagonista de una de las más comentadas participaciones en el último festival de Viña del Mar por su “activismo” contra “los poderosos” en el tradicional encuentro, mientras despliega una buena dosis de sensualidad y hasta provocación desde sus redes.

Empoderada y en su fortaleza, Francisca Valenzuela apuesta a una marca de identidad multicultural. /Foto Javiera Eyzaguirre

En algún punto, todo se trata de distintos fragmentos de la construcción de una identidad que a sus 33 años Francisca alimenta desde varios frentes, en un permanente work in progress, en el que cada definición mantiene una puerta abierta a ser actualizada a medida que la artista va incorporando nuevas “herramientas” para darse forma.

“Me siento, como muchos latinos en los Estados Unidos, multicultural. Soy de una familia totalmente chilena, tengo esta experiencia muy bonita y valiosa de haber tenido una educación infantil norteamericana, gringa total, de haber estudiado la escuela media y la universidad en Chile… Me siento de los dos lugares. Siento que mi identidad, como concepto, mi identidad artística, mis relaciones, un poco lo que me llama y donde siento convocada es la chilena. Pero, también hay partes de mí que son norteamericanas, y tengo una familia que es bicultural en su naturaleza”, explica.

-¿Por qué vivís allá y no en Chile? ¿O te repartís entre los dos lugares?

-Depende del año y de los proyectos. Este año, previo a lo que nos dispuso el coronavirus, lo iba a pasar en México. Teníamos el lanzamiento de La fortaleza, estuvimos en Viña en febrero, me fui al Vive Latino en México, y ya tenía un departamento ahí. Eso era lo que iba a pasar. Pero regresé para acá en uno de los últimos vuelos que llegaron, básicamente porque tengo el seguro de salud aquí. Igual, creo que desde 2015 he estado un poco nómade. Hice medio año en Chile, como base, y luego he estado un poco en California, una temporada en México, en 2016 pasé un tiempo en España. De algún modo, explorando; porque Chile es muy rico y muy potente artísticamente, pero también está muy lejos. Entonces, si el trabajo me lo permite, estar circulando creo que es bueno.

-Pensaba en el concepto de La fortaleza, y en la necesidad, para alguien que anda de un lado para el otro, que nació en un lugar pero creció en otro, de construirse una desde donde hacerse fuerte.

-Es un muy lindo comentario, y muy de terapia. Jajaja. Me siento muy identificada. Como mi estilo de componer y crear tiene tanto que ver con lo visceral y con la foto del momento, precisamente tiene que ver con lo que estoy pasando . Y La fortaleza, sin duda no sólo responde a un proceso, no solamente retrata una transformación, el momento en el que estaba cuando lo empecé a hacer, sino que también es como un lugar, Porque La fortaleza es un lugar que uno construye, donde uno hace su casa y vive su verdad. En lo personal, ya me di cuenta de adulta de que me sentía muy diferente a mis compañeros, en Chile, pero también a mis amigas gringas, que se sentían muy conectadas a la pertenencia. Yo nunca tuve eso, porque estábamos varios años yendo y viniendo. Y creo que esa identidad la empecé a construir hacia adentro, con mi mundo y luego, eventualmente soy tal o cual cosa. Y esa conversación tiene que ver también con mi búsqueda creativa.

-¿Cómo se resignificó esa idea de la fortaleza durante este tiempo de encierro?

-Muchísimo. Porque La fortaleza, inicialmente la escribí para mí, como un himno recordatorio de que uno es fuerte. Suena tan cliché… Pero de alguna manera era importante para mí, porque me di cuenta mientras lo escribía, que uno nunca se dice las cosas buenas, en general. Nunca se recuerda esas cosas. Yo hablo en mis canciones, históricamente, del poder. Me interesa el poder, el tema del poder, el tema de la opresión, de la experiencias. Pero este tema de recordar que uno tiene resiliencia, y homenajearla, empezó a aparecerme mientras hacía esa canción. Y ahora, con el 2020, lo que he visto es que la conversación y la conexión con esa fortaleza no es solamente la individual sino la colectiva también.

Francisca Valenzuela combina su estética pop con canciones que incorporan elementos de distintos géneros y estilos. /Foto Javiera Eyzaguirre

-¿De ahí surgió la idea de convocar a que la gente mandara sus videos para armar el videoclip de la canción?

-Sí. Lo que empecé a visualizar para invitar a las personas a ser parte, es que La fortaleza no solamente representa la lucha contra lo adverso y la resistencia, sino que también lo empiezo a ver como la parte de la fragilidad, la vulnerabilidad, que para mí ha sido también una parte de mi propio crecimiento. Yo soy alguien muy emocional, muy artística, pero al mismo tiempo tengo, como supongo que todo el mundo, una lucha por entender mis emociones, por aceptarlas, por verme vulnerable. Me di cuenta que la fortaleza también hablaba de eso. Como que, ok, mi fortaleza puede ser esto, y también puede ser esta fragilidad, esta vulnerabilidad que me hace, hablando de identidad, yo. Entonces cobró otro sentido. Creo que no solamente la canción, sino el disco completo, de alguna manera completó este proceso de transformación entre oscuridad y la luz. Y me doy cuenta de que este proceso personal también puede reflejar lo colectivo.

-¿Esperabas que la convocatoria fuera tan exitosa? No debe ser fácil meter unas 1.600 coloraciones en poco menos de cuatro minutos. 

-Yo estaba nerviosa con que no iba a llegar nada. estaba. “Hermanos, mándenme cosas, amigos mándenme cosas”, pedía. Jaja. Pensaba que si llegaban unas 200, tenía una buena cobertura. Pero el “drive” de fue llenando. Después dije: “Quizá haya videos que sean mala onda o que no sean buenos”. Y todos los videos eran buenos. Todos todos, comprometidos con la idea que había planteado. Entonces lo trabajé con Camila Grandi, que es una amiga chilena con la que hago mucho trabajo audiovisual. Era por partes: Fortaleza, tema lucha; Fortaleza tema desayuno, que me parecía que era lo más Covid del mundo, con todos encerrados tomando su tostada, su té, su mate… Teníamos ese esqueleto y lo fuimos llenando a máxima densidad, Estaba acá, en mi taller, me sentaba, compartía pantalla con Cami y así fuimos avanzando. Ella es una maga, una genia máxima, y fluyó muy bien.

-¿En qué medida ser ubicada en un lugar de referente de una idea, de una causa, condiciona tu proceso creativo?

-Es que yo creo que no me pienso así, como una referente de ese tipo. Las cosas que he hecho, las he hecho como una respuesta interna, como quien soy. Es decir: los temas que me importan, me importan.

-Eso está claro. A lo que me refiero es que, por ejemplo, proponés hacer una plataforma como Ruidosa, que funciona muy bien y que te pone en un lugar de exposición tal que si en determinado momento decidís por lo que sea abandonarlo, te puede llegar a convertir en una “traidora”.

-Creo que he tenido la suficiente soltura, o quizá la ignorancia, para hacer lo que quiero, igual. Eso no quiere decir que no me afecta; sí me afecta. Eso no quiere decir que no me hace dudar y que sí se siente. También porque yo creo que he tomado y he decidido tratar de vivir mi vida laboral y mi vida como ser humano con cierta consecuencia. ¿Cachai? Que no es fácil. Consciente de los privilegios y de las decisiones. Pero también de disfrutar, dentro de lo que se puede. Creo que sí, a veces uno lo hace más difícil o dice se plantea que si operara de otra manera llegaría adonde quiere ir. Son preguntas. En la Argentina, con las compañeras feministas, en los encuentros que hemos tenido, eso es una gran parte de nuestras conversaciones. Qué tipo de liderazgo queremos forjar para llegar a lo que queremos hacer. Qué tipo de modelo hay, quizá diferente a lo que hemos estado expuestas y adonde decidimos no encajar.

-Eso suele tener un costo.

-Proponer cosas siempre tiene un riesgo y tiene un costo. Cuesta tiempo, energía… Pero al final del día no lo siento como un costo casi nunca, me parece como lógico, me da ganas. Me parece como lo mínimo que yo puedo hacer desde una posición. Además, sé que no es irreversible y también que estamos todos en nuestras cosas y no todo el mundo está mirando lo que yo hago. Al final, trato de recordar siempre que lo que me trajo aquí, a esta conversación contigo, es que en un momento yo propuse algo artístico, que resonó. Y a ese contenido tengo que volver.

-Decirlo suena fácil. ¿Y hacerlo?

-Ahí viene la mayor lucha. Y ahora que lo estoy hablando, me doy cuenta de que es con una misma. Porque yo empiezo a identificarme más con la persona que hace Ruidosa que con la que hace arte, y ahí se me genera un conflicto. Porque digo, quizá tengo que dedicar toda mi energía a esta cuestión, que es importante. pero en verdad no soy una activista así, que está dedicando su vida a abrir esos espacios, como sí lo hacen muchas mujeres que admiro. Yo puedo facilitar, aportar desde mi trinchera, pero tengo que poder seguir también en mi carrera.

-Desde el punto de vista musical, fuiste yendo de un sonido cercano al rock a un formato que incorpora elementos más latinos, más urbanos… ¿Es un proceso buscado, o sólo sucede?

-Creo que es una combinación de crecer, como lo de la foto. Una época estás con el pelo azul, otra época estás con el pelo corto, más largo… De eso me doy cuenta mirando para atrás, con un suficiente cuerpo de trabajo como para decir: “Ah, mira: empecé a los 18 acá, a los 25 estaba en ésta, y a los 30 estoy aquí.” Siento que es el reflejo de una exploración musical, de la búsqueda de una identidad musical y también de herramientas. Lo que me pasó a mí es que mis primeros dos discos los hicimos en una sala de ensayo, con una banda. Y ya para el siguiente disco, aprendí a trabajar con los software, a trabajar un sonido más sintético, a buscar sampleos… La fortaleza creo que une esas dos cosas. Creo que nunca pensé tanto que las personas perciben que algo es sintético, urbano o lo que sea. Que la gente sabe que soy ecléctica, que soy varias cosas, y que mis canciones las reflejan. Nunca pensé una canción como Héroe como para que fuera un hit urbano o de radio, y sigue siendo un poquito freak. Pero me doy cuenta, retroactivamente, de esas percepciones. Porque uno está creando cuando está creando, y después sale algo a la luz como bueno, aquí cociné esta sopa. Comámosla. Además hay una exploración constante de mi gusto. Porque me gustan muchas músicas. Entonces Ven a buscarlo es medio de los ’80, y Tómame es medio noventero, Flotando es medio como un clásico de balada en piano…

-¿En casos como el tuyo, no hay un momento en el cual el artista se pregunta por qué va a escucharlos la gente: si lo hacen por las canciones o por lo que representan más allá de la música? ¿Se puede detectar eso?

-Es muy difícil. Para otros tal vez no lo sea porque depende mucho del artist,a de para qué hace música, de donde viene. Yo creo que también tu vínculo con tu oficio y con tu biografía va definiendo mucho esas cosas. En mi caso, lo artístico surgió porque es un impulso casi de supervivencia interna. Yo necesito escribir, necesito hacer música. Aunque no hubiera publico pasaría igual. En la oscuridad o en el escenario. Y me doy cuenta de eso porque he tomado decisiones que a veces son contraproducente con el éxito. Pero creo que lo que tú dices es muy difícil porque requiere que una misma tenga la madurez de verse y entenderse, y ver lo que las personas reciben. Lo que dices requiere esa pausa, imaginarse desde afuera, observar lo que está pasando afuera y entender adonde quiere uno llegar. Pero hay que estar pensando eso en los momentos que corresponde, Cuando uno está haciendo, tiene que hacer sin pensar en lo de afuera, y después pasar a la mente ejecutiva, analizando editando, evaluando lo que hiciste antes. Si no, es muy difícil. Una está paralizada. No escribiría nada. ¡Tacharía todo el tiempo! Jajaja.

-¿Qué te pasa frente a la posibilidad de mostrar tu material en un streaming, donde no tenés el ida y vuelta directo con la gente, pero al mismo tiempo tenés la libertad de meter alguna canción rara o proponer cosas sin que importe tanto si vas a ver gente levantándose de sus butacas para irse? 

-¡Qué buen idea eso! No se me había ocurrido lo de meter una canción rara y alternativa. Yo trato de pensar qué cosas son inherentes a la naturaleza audiovisual, para potenciar eso en el concierto. Ahora, en los ensayos, me doy cuenta de todo lo que me sostengo en una situación real de concierto o de ensayo, con las personas que están sobre el escenario y las que están debajo, con esa corporalidad, y me costó mucho concentrarme con la idea de cantar y darle forma a la idea de un concierto como espectáculo. Me planteo cómo será la experiencia como espectador. Qué me gustaría ver a mí como espectadora. Incluso puede que rompa con la idea tradicional de un concierto como línea, pero que podamos tener visual y sónicamente cosas entretenidas. En este caso, el concierto es acotado al disco. Me parece una buena decisión, porque hay canciones que jamás he cantado, y está bueno poder ver quién soy yo cuando las interpreto

-Como dice el cartel del videoclip, “todos somos muchas cosas”. ¿Cómo te llevas con el encasillamiento en el que muchas veces caen los movimientos colectivos de distinto carácter, que parecen fragmentar y limitar ás de lo que liberan?

-Qué interesante esta óptica para esta pregunta, porque es como un paso más allá de la pregunta estandarizada, que es cómo es el tema del movimiento feminista, o de quién uno es o como cuando me dicen: “Tú que eres una mujer ‘tal’, ¿qué es lo que piensas?”. Pero esto es muy interesante, porque creo que lo que se trata de cambiar es lo que viene asociado a ese reduccionismo. Si una persona se identifica como tal o cual a mí me parece que está superbien. El problema es cuando existe una construcción social o una expectativa asociada a esos nombres, a esas categorizaciones. Como que si eres así no puedes hacer tal otra cosa. O como produjiste esa cosa, no puedes hacer tal otra. La sensación que uno siente al recibir eso, ese derecho que siente la otra persona de decírtelo, eso es lo que queremos cambiar. Más que las categorías en sí mismas. Porque las categorías, si son autodenominadas… Es decir, si digo que a mí me gusta, que me es importante identificarme aquí con la comunidad LGTBIQ, o con tal otra, lo encuentro bacán, porque son herramientas a través de las cuales se construye realidad y también genera pertenencia. Pero creo que ese reduccionismo es y ha sido muy fuerte. Eres frígida y no sexual o ultrasexualizada; eres madre o no eres sexual, no eres deseable; y así. Creo que son categoría históricamente básicas y cliché, pero existen. Y me doy cuenta que uno las siente también. Derribar eso va a ser el gol post post post feminista. Al final. En un mundo futurista en el que yo puedo elegir ser quien quiero ser sin necesidad de tener que estar probando o explicándome porque la sociedad me pide una cosa.

La cantante se plantó en el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar con un potente repertorio. /Foto EFE/Alberto Valdes

-¿Cómo es cantar una canción que cuestiona a “los poderosos” en un festival como el de Viña, hecho por poderosos. ¿Es una provocación o una contradicción? 

-Es importante la observación y es muy sudamericana, porque siento que en los Estados Unidos ese conflicto no existe. No existe desde los movimientos sociales ni desde la cultura popular. Es decir, me he juntado y trabajado con muchas activista feministas que están asociadas con marcas… Para mí es importante poder apoderarse de los espacios y resignificarlos. Viña sin duda es un festival comercial, televisivo y que pertenece a una estructura mediática tradicional, y mi estilo ha sido participar ahí. No significa que pueda haber otro que lo hagan de otra forma. Lo importante es que hayan diferentes espacios. Hay que tener consciencia de lo que uno está haciendo, pero creo que hay un gran valor en, con mi música popular, comercial, con mi carrera que se mueve en ese género y en ese mundo, poder decir “yo tengo una visión de mundo y tengo una editorial como artista, como mujer y como ciudadana”, y llevarlo a ese escenario. Es verdad que todos estamos un poco incongruentes, pero también eso es parte de nuestro desarrollo humano y nuestro conflictuado existir, y estamos todos un poco en ese mismo saco tratando de resolverlo.

“La Fortaleza: En concierto” será transmitido el jueves 12 de noviembre en una única transmisión para todo el mundo: 21 hs. Chile y Argentina, 19 hs. Colombia, Perú, Ecuador y México, 17 hs. Los Ángeles (PST) y a las 20 hs. Nueva York (EST). La venta de entradas está disponible ingresando a www.franciscavalenzuela

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E.S.

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