Fran Healy, de Travis, y por qué la suya es la mejor banda del mundo



Seguramente, para la mayoría el nombre de Francis ‘Fran’ Healy no tenga la resonancia que puede lograr el de la voz cantante de Coldplay, Chris Martin, o inclusive el del frontman de Keane, Tom Chaplin. Pero lo cierto es que si allá por mediados de los ’90 el músico escocés no hubiera asumido el cargo de líder de Travis, los caminos de ambos habrían sido algo -o bastante- distintos a los que fueron.

Con su segundo y su tercer disco, The Man Who (1999) y The Invisible Man (2001), que incluyen perlas como Why Does It Only Rain On Me?, Writing to Reach You, Flowers in the Window o Follow the Light, entre otras, Travis, que visitó la Argentina en tres ocasiones, alcanzó el primer puesto de los rankings, donde permaneció por varias semanas y desde donde multiplicó por millones sus ventas.

Y de algún modo, para la canción británica marcó además el nuevo punto de partida de una carrera de la cual la banda y su cantante, nacido en Inglaterra aunque de origen escocés 47 años atrás, se bajaron enseguida, para seguir creando canciones a su propio ritmo, gusto y placer.

Travis, modelo 2020, con Fran Healy haciendo gala de su mameluco anaranjado. Foto Gentileza Prensa

En esa línea se inscribe su nuevo y más que recomendable álbum, 10 Songs, publicado el 9 de octubre, y enmarcado en un lanzamiento escalonado por varios adelantos: el primero fue Kissing In the Wind, allá por diciembre de 2019 y cuando el mundo era otro, y los siguientes, Ghost y Valentine, ambos creados durante el distanciamiento que Haley transcurrió en su casa de Los Angeles.

Desde allí, enfundado en su clásico mameluco anaranjado y con el piano a mano, se conecta con Clarín Healy, que en 10 Songs volvió a asumir el papel de compositor exclusivo, como lo había hecho siete años atrás para 12 Memories, quien confiesa que si bien se dio ciertas libertades en épocas de encierro -“no podés estar todo el tiempo encerrado”, dice-, pasó bastante tiempo puertas adentro.

-¿Qué aprendizaje te dejó este período?

-Que todo es posible. Que si estás decidido a que algo suceda, podés hacer que eso pase. Pero otra de las cosas que aprendí es que en un chasquido de dedos todo puede cambiar. Vos te podés hacer mucho el canchero, pero tenés que tener en cuenta que tu vida puede cambiar en un segundo para siempre.

-¿Pero creés que algo realmente va a ser diferente cuando regresemos a algo más parecido a la normalidad?

-Creo que es un momento de incertidumbre. En los estados Unidos, tenés un 50 por ciento yendo hacia adelante, hacia el progreso, y otro 50 por ciento tratando de aferrarse al pasado y de quedarse en el lugar en el que está, lo cual no es posible. Es una cuestión de dinámica. Puede ser que estemos como en estados de conciencia diferentes. Es como que hay un espectro de conciencias. Esta gente que vota por Trump, que vota esos líderes populistas dictatoriales, para mí están viviendo en el pasado. No los entiendo. Por eso digo que puede ser que puede ser que vivan en un estado de conciencia de otros tiempos, en el de los años ’30, tal vez. Y yo tal vez esté viviendo en el marco de un estado de conciencia de los ’60.

-Terminaron el álbum durante la pandemia. ¿Sentiste la tentación de cambiar algo del plan original, para adaptarlo a la situación?

-No. Lo raro es que hay canciones que fueron escritas hasta dos años atrás. La primera que grabamos fue Waving At the Window, cuando no podíamos imaginarnos a la gente obligada a saludarse a través una ventana, como sucede ahora debido al distanciamiento social.

-Musicalmente, el disco parece sintetizar bastante de lo que fueron haciendo a lo largo de sus 25 años de trayectoria de un modo muy condensado. Al fin de cuentas son sólo 10 canciones, metidas en 39 minutos. Es, de alguna manera, un disco corto.

-Cuando hablamos de canciones no podemos hablar del “tiempo” que duran, o de cuán viejas son. Todavía sigo cantando canciones de hace 25 años. Vivimos en un tiempo en el cual se habla de la cantidad, la cantidad, todo el tiempo. Pero para mí la calidad es mucho más importante. Vos podés tomar una canción, y puede ser un millón de canciones, porque es de verdad de punta a punta, es completamente honesta, es de punta a punta una melodía y una letra original. Porque viene de ese lugar mágico de donde vienen las grandes canciones. Hay cualquier cantidad que no vienen de ese lugar. Muchas. Esa es la razón por la cual el disco se llama 10 Songs. Estoy hablando de diez canciones canciones de verdad. La gente ya no escribe así. Ya no se hacen discos de la manera en que lo estoy haciendo yo, de una manera así de “competitiva”. Este es un disco radical. Es: “Ey, ¡acá voy!” Escribí canciones realmente fuertes. Parece que no es algo que en la industria de la música pase con alguien de 46 años, porque por su intensidad parece algo reservado los más jóvenes. A menos que seas Paul Simon, que escribió en sus 40, y que demuestra que sigue aún habiendo esperanza.

-¿El paso del tiempo hizo que te cueste más sentirte satisfecho con una canción? ¿Comparás lo nuevo que escribís con lo que compusiste en otro momento?

-No. ¿Sufriste alguna vez una descarga eléctrica?

-Sí.

-Bueno, si experimentaste una, es como cuando tenés un shock. “Uh, mi Dios…” Es como “pufff”. Pero si después tenés otro, diez años más tarde, no te acordás del anterior. No lo comparás. Con las canciones, el sentimiento es el mismo. Para llegar a estas 10 canciones trabajé realmente muy duro. Escribí más de 200 para llegar a estas diez. Tenés que meterte en una zona como medio extraña. Fui recolectando. Es como cuando estás en una mina y vas descubriendo los diamantes; primero aparece uno, después otro, y otro y otro. Y luego hay que pulirlos. Es raro. Con esto volvemos al título del álbum: en este caso son 10 canciones absolutamente verdaderas.

-¿Tenés algún escenario ideal para escribir, para lograr eso que se llama inspiración?

-Necesito mucha tranquilidad. Estar solo y en silencio. No me gusta estar en ningún lugar en el que alguien pueda escucharme. Lo más importante es que nadie pueda escucharme. Es algo tan privado como ir al baño. Vos no querés que nadie te vea. Es como estar sentado en el inodoro y… (Risas)

-En el documental Almost Fashionable (2018) decías que Travis quería ser la mejor banda del mundo. De hecho, estuvieron en la cima de los charts…

-Pero estar en la cima no es ser los mejores. Ese es el punto. Estar en la cima es parte de ser los mejores. Eso es lo que la gente olvida. Ser los mejores no es ser los más grandes; es parte de… La experiencia tiene que ser más completa.

-De acuerdo. Pero teniendo en cuenta eso, ¿cuál es el objetivo, hoy? ¿Creés que siguen siendo una de las mejores bandas del mundo?

-Definitivamente seguimos siendo una de las mejores bandas del mundo. Estoy seguro. Primero y principal, porque somos de verdad. Estuvimos juntos los mismos integrantes durante 27 años, vamos al estudio y tocamos en vivo. Valentine es una canción en la que somos cuatro tipos tocando piano, voz, guitarra y bajo, sin metrónomo. Valentine está grabada de una toma. La llevé, la pasamos tres veces, resolvimos cómo lo íbamos a hacer y la grabamos. Y la primera toma quedó. Cuando estábamos en la cabina, el ingeniero de sonido nos dijo que había sido maravilloso, que nunca había visto algo así antes. “¡Hombre, trabajás en un estudio! ¿Nunca viste una banda tocando las canciones cuando las están grabando?”, le preguntamos.

-¿Qué le respondió?

-Nos dijo: “No. Eso ya no lo hace nadie.” Entonces, somos la mejor banda del mundo porque cuando tocamos en vivo tocamos en vivo -hay alguna pista detrás, en vez de tener una persona tocando cuerdas o cosas así-, y escribimos grandes canciones. La idea del éxito es un lugar muy delicado como para definir qué significa ser la mejor banda del mundo. Le podemos competir a cualquiera, canción por canción. Podemos “sacar” del escenario a Oasis, a R.E.M. o a quien sea.

Así es la tapa de “10 Songs”, el noveno álbum de Travis, publicado el 9 de octubre pasado.

-Leí por ahí que hace unos 10 años te hiciste vegetariano, justo en coincidencia con la invitación que le hiciste a Paul McCartney para que tocara en tu disco solista Wreckorder (2010). ¿Tener un beatle en tu propio álbum justifica renunciar a los ribs, las hamburguesas o a un buen asado?

-Sí, jaja. Definitivamente sí. Tratamos a los animales como un pedazo de porquería. Y pensado así: si tratás algo como de ese modo y después te lo comés, lo que te estás comiendo es un pedazo de porquería. La gente va a comer animales por siempre, pero creo que la manera en que la industrialización de la producción agropecuaria, la industrialización del matadero no está nada bien… Los humanos somos horribles. Realmente, no me gustan. Deberíamos estar avergonzados de nosotros mismos. Lo que nos hacemos el uno al otro, lo que les hacemos a los animales, lo que le hacemos al planeta. En ese sentido lo del Covid es interesante. Es como un cachetazo en la cara. Como si nos estuvieran advirtiendo: “No se pasen de vivos”.

E.S.

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