Florencia Torrente, una mujer orquesta que no se achica: “Me gusta hacer todo y quiero hacerlo todo”



Actuar, cantar, escribir, modelar, diseñar. ¿Por qué elegir sólo una cosa si se puede hacer todo? Florencia Torrente no es de las que se achica ante los proyectos, pero sí prefiere evitar las etiquetas. “Me gusta hacer todo y quiero hacerlo todo. Las distintas actividades están interrelacionadas por mí. A veces algunas son más visibles que otras, pero trabajo mucho para poder hacer todo”, dice.

A punto de cumplir 32 años, la hija de Araceli González llegó a ese momento de la madurez en que, sin renegar del mote de “hija de”, encontró lugar y nombre propios.

Florencia tiene mil y un proyectos paralelos: es parte del Cantando 2020 (que incluye los ensayos por Zoom con su compañero de equipo), presenta una obra de teatro por streaming, Señorita Julia, está escribiendo (junto a una amiga) el guión para una serie, se prepara para otras dos obras teatrales (una en el San Martín, y otra también virtual junto a otro amigo que vive en Nueva York) y además graba publicidades y sigue diseñando y ocupándose personalmente de su marca de moda Helicia.

Florencia Torrente. A punto de cumplir 32 años, la hija de Araceli González tiene decenas de proyectos entre manos.

-¿Cómo te las ingeniás para combinar todo eso?

-Hay un impulso interno de querer hacer cosas todo el tiempo y estoy feliz por eso. La mayoría son proyectos de autogestión y todo lo encaro con amor y ganas. Son distintas maneras de expresar la creatividad. No siempre lo que uno hace es reconocido en el momento, y hay proyectos paralelos, que a veces coinciden y salen a la luz todos juntos. El resto es encontrarle el tiempo a cada actividad. Y organizarse dividiendo las tareas. De hecho, a veces me abrumo y digo, “¿para qué me metí en esto?”. Pero es un momento, pasa. 

Flor Torrente y Nacho Saraceni cuando homenajearon a Cher en “ShowMatch”, en la edición 2019. (Foto: Laflia/Jorge Luengo).

-Habrá etapas más intensas y otras en que las cosas fluyen mejor.

-Sí, hay que buscarle la vuelta y en otros casos, entregarse y decir bueno, no es el momento. Muchas veces tuve proyectos que me encantaban, pero no se pudieron concretar, y más tarde se dieron de otra manera. No podemos controlar todo. Pero lo que se necesita siempre y no puede faltar son ganas, certeza, tiempo, paciencia y amor. A pesar del presente que atravesamos todos, estoy contenta porque me siento una privilegiada que puedo seguir trabajando y estoy muy agradecida por eso.

Florencia Torrente acompañada por amigos y familiares, en junio del año pasado, en el estreno de la película “Cuando dejes de quererme”. (Movilpress)

-Siempre es mejor tener que organizarte porque te interesan muchas cosas que la apatía de que no te guste nada.

-Sin dudas. Si no encontrás nada que te mueva, que te apasione, estás desconectado de vos mismo. Es un problema.

Durante gran parte de su vida, Florencia convivió con la etiqueta de “hija de”, como le pasa a tantos hijos e hijas de personas famosas. En su caso, su madre, la actriz Araceli González. “Viéndolo ahora, a la distancia, me doy cuenta de que sentía una dualidad con esa situación”, dice. “Por un lado, para mí era muy normal ver un cartel gigante en la General Paz con la cara de mi mamá o tardar siete horas en el supermercado esperando que se sacara fotos y saludara a todos los que se le acercaban. Pero también me fastidiaba bastante, porque quería tener a mi mamá para mí. Y cuando sos chica te cuesta entender eso. Con los años me fui dando cuenta de que también me gustaban muchas cosas que había visto y yo también quería hacerlas, como actuar”.

Araceli González y Florencia Torrente en una vieja postal familiar. (Instagram)

Esa vocación compartida fue tomando forma con los años, con sus altibajos y sus idas y vueltas. “Trabajo desde los 15 años y con la experiencia uno se va acomodando, crecés, avanzás y te vas dando cuenta de qué es lo que querés hacer y qué no. Me parece importante tener en claro eso para no hacer por hacer, porque si no termina siendo una pérdida de tiempo”.

En este presente de pandemia y cuarentena, Florencia siente que fue adquiriendo con los años varios recursos que ahora se vuelven muy valiosos, como el hecho de desarrollar la intuición. “Siempre hay que estudiar y hacer Masters y cursos para formarse en la profesión, pero también hay que hacer Masters y Doctorados con uno mismo. Tenemos que ser cuidadosos con las palabras que usamos, con los pensamientos que generamos. Y los procesos fuertes son los que nos dan las herramientas para enfrentar lo que sea en la vida”, asegura.

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La infancia suele ser otro espacio donde se adquieren muchas herramientas para el resto de la vida. En el caso de Florencia Torrente, hubo dos referentes fundamentales: su abuela materna Rosita y su abuelo paterno Nucho.

“Con Rosita conviví muchos años porque mi mamá me tuvo de muy joven y además trabajaba, así que yo pasaba tiempo con ella. Era la que me acompañaba a todos lados. Con mamá y ella éramos como las tres mosqueteras”. Rosa murió hace dos años, pero sigue siendo el faro de Florencia. “Ella me enseñó muchas cosas y para mí, todavía está presente”.

Su abuelo Nucho estuvo menos tiempo para compartir porque murió cuando Flor tenía siete años, pero la huella que dejó fue tan fuerte que es como si hubieran sido muchos años más. “Era fotógrafo y me enseñó a jugar al ajedrez. Con mi prima, que éramos muy pegadas porque tenemos la misma edad, pasamos grandes momentos con él. Nos hacía pijamas, creaba libritos de cuentos especialmente para nosotras”, dice.

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Florencia recuerda uno en especial: “Era una versiones de La Bella y la Bestia y La Sirenita armadas especialmente con nuestros nombres, un laburo increíble. Fue el mejor regalo de mi vida”. Cuando la actriz habla de Nucho y Rosita se le nota en la voz el mismo entusiasmo y alegría de una niña. Sin dudas, ambos le dejaron una estela de amor indestructible.

-¿Estás escribiendo un guión para una serie? ¿Cómo es el proyecto?

-Sí, la verdad es que siempre me gustó escribir, pero hacía canciones o híbridos. Ahora la escritura tiene otra forma y otro orden. Desde hace dos años estamos trabajando en una idea junto a mi amiga Rocío Crudo, que es directora. Es una serie de ocho capítulos para la cual nos pusimos a estudiar guión. La idea es hablar un poco de lo que nos pasa a los que tenemos 30 y pico. Me parece que somos una generación bisagra: ni tan libres y frescos como los de 20 ni tan conservadores como nuestros padres. Estamos buscando nuestro lugar, en un momento de la vida en que aparece la primera gran crisis: si tener o no tener hijos, las elecciones sexuales, el trabajo, todo.

-¿Estás pasando esta etapa de aislamiento social sola en tu casa? ¿Cómo la vas llevando?

-Si, estoy sola en mi casa y estoy bien. Busco hacer cosas que me hagan sentir bien. Tenemos un solo cuerpo y no lo podemos descuidar. Trato de ser permeable y me concentro en disfrutar cada momento, las pequeñas cosas. En cuanto a una pareja, no necesito a alguien. Quiero que, cuando aparezca la persona, de verdad me sume, que no sea de relleno para no estar sola.

-¿Qué cosas te ayudan a estar mejor?

-Meditar, por ejemplo, lo tengo incorporado a mi día a día. Lo haga desde hace varios años y lo recomiendo. Parar y respirar te da más conocimiento sobre vos misma, te permite ser permeable y estar más consciente.

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