Feminismo mágico: “Nosotras sanamos el Zoológico y liberamos a la elefanta Mara”



Una usa sobrero y eso ya algo quiere decir. Combinadas son un collage. Nu y Eve en modo esotérico. Espléndidas, pero ojo: son cachavachas, son magas, así que mucho cuidado con lo que vayamos a escribir sobre Silvia y Fabiana. “Nos tienen una mezcla de temor y respeto”, dice una sonriendo y tomada del brazo de la otra.

Shhh… Por lo bajo te enterás de que son las pitonisas predilectas de la creme de la creme, de varias celebridades y de algunas autoridades políticas. Altos mandos quieren saber a través de ellas. Las encontramos saliendo de Ecoparque, por siempre zoológico de la Ciudad Autónoma. La sonrisa de Fabiana es como un océano de arrecifes de colores. Alrededor, la postal soviética de la gente buscando el ágora. El clima de nueva normalidad invade, pero ellas dos perturban aún más que nuestras modestas consideraciones.

“Rescatamos a la elefanta Mara”, avisan pasando de la casualidad a la causalidad. El mundo de ellas tiene algo de la película Amélie. Es lo más parecido a un Encuentro cercano del tercer tipo. “Si no creés, no podés hacer magia. Creer es crear”. ¿Estarán hablando de algún dios? “Hablamos de una fuerza superior que anima todas las cosas”.

La referencia es invencible: lo de ellas anda siempre. Habría que preguntarle al funcionario que confió en sus medicinas para alcanzar el embarazo de su esposa. O a la ex de un chimentero top que cohabitaba con una maldición. O a las autoridades que les depositaron su confianza durante la transición de zoológico porteño a parque temático. Todos parecen tener algo que decir sobre ellas. Una es Fabiana Daversa, experta en runas, esas piedras con símbolos raros que predicen el futuro. La otra es Silvia Canda, quien en 1988, a partir de una experiencia mística y de un viaje por diferentes centros energéticos del país, descubrió la magia y el poder de los minerales.

Fabiana: “Nos llamaron del zoológico con la misión de mejorar la energía del viejo parque”. Foto gentileza Ale López/Colección Daversa.

Lo del Zoo fue así. Las llamó Federico Iglesias, director general de Control Ambiental, a cargo del Ecoparque, y ellas se arrojaron a la aventura elefantina con una energía propia de los Balcanes. El señor las conocía como sólo se puede conocer a la gente que ostenta categorías alquímicas: el boca a boca, en ocasiones, es mejor que diez mil marquesinas.

“Nos llamaron del zoológico con la misión de mejorar la energía del viejo parque”, nos cuenta Fabiana, la del sombrero mágico. “Los animales estaban tristes, estresados. Además extrañaban a los chicos que, con los cambios en el predio, habían dejado de ir masivamente mucho antes del Covid-19. El tema crucial era el cambio de paradigma de zoológico a museo interactivo”.

Las vimos a las dos, en plena pandemia, entrar con su arsenal de elementos sagrados de hechicería: pastas alquímicas, gemas, cristales para sembrar aquí y allá, elixires. “Hablamos con los animales, les prendimos velas –interviene Silvia-, desparramamos pétalos de flores, hicimos largos inventarios de deseos…”.

Llevan lo que necesitan en uno de esos changuitos para hacer las compras. Silvia mete la mano y nos muestra unos pastos que se usan tanto para cocinar como para “limpiezas del aura”. Fabiana pide hacer una aclaración antes de seguir adelante: “Nuestra intervención en el zoo no la pagó el Gobierno, sino que salió del propio patrimonio del funcionario”. Dicho esto, agregan que luego de sus visitas al predio de la avenida Sarmiento, “trasladaron a la elefanta Mara a un santuario de Brasil, y el rinoceronte dejó de descomponerse tanto”.

-¿O sea que ustedes tuvieron que ver con la liberación de la elefanta?

-Y estamos gestionando la emancipación de otros animales. Si Mara hoy vive en libertad es porque nosotras dos tuvimos mucho que ver con eso -dice Silvia-. La elefanta estaba completamente destruida porque se había pasado toda su vida encarcelada. Te cuento una intimidad: en un momento estábamos limpiando el lugar y ella se echó al piso. ¿Sabés que quiere decir eso? Que un animal cede su poder ante el que está enfrente suyo. Yo conecté con su alma, con el alma de la elefanta, y le hice la promesa de que ella iba a salir de ahí. Comprometí toda mi energía con Mara. No se pueden hacer promesas que no se cumplen. Claro que para esto también fue importante el compromiso previo asumido por la persona que nos contrató. Y Mara hoy es un ícono de libertad. En plena pandemia, la trasladaron a una reserva natural. Un animalito que se liberó mientras todos los seres humanos andan medio encarcelados.

Clarín 15 mayo de 2020. “El primer día de la elefanta Mara en el santuario del Mato Grosso que ya se convirtió en su nuevo hogar”. Página 12: “La elefanta Mara, rumbo a su nueva morada”. La Nación: “Exclusivo, así fue el viaje de la elefanta Mara hacia la libertad”. Infobae: “La elefanta Mara llegó al santuario de Brasil después de cuatro días de viaje en medio de la pandemia”.

Las dos saben que son el último recurso. Que llegan a ellas después de terapia, de yoga, de clases de mindfulness, etcétera. La esposa del funcionario que quería quedar embarazada las llamó cuando había probado todo. ¿Cuál es el secreto? “Ayudamos a que las personas salgan de sus laberintos”, responden indescifrables. “De allí se sale por la parte más elevada. La magia nos da enormes satisfacciones. Ayudamos a sanar, a torcer una historia para el lado bueno. Buscamos que lo mejor pueda suceder”.

-¿Son brujas?

-No sé si brujas, nos gusta más que nos llamen magas. Bruja tiene una connotación un poco oscura y medieval y eso a la gente la confunde. Nos gusta ser magas, personas que pueden transmutar… Ah, también nos dicen ghostbusters (cazafantasmas) –sonríe Fabiana.

-Las escobas asociadas a las brujas, y las brujas pudiendo ser también un imaginario de novias o esposas. ¿No es esa una imagen por demás patriarcal?

-Bueno, aquí en realidad entraría la idea de “madrina solidaria”: una red espiritual, no dogmática, de protección entre nosotras. A mí me gusta pensar un chamanismo femenino como sinónimo de sabiduría viviente.

¿Y la escoba?

-La escoba es un objeto que inspira limpieza y sanación. Y si vuela, es chamánico.

-Hay mujeres mágicas y sabias que fueron desterradas de la historia –entra Silvia-. Un caso que siempre me llamó la atención es María Magdalena. Es el apóstol más fuerte y a la que peor imagen se le ha otorgado. En eso sí me uno al matiz femenino. El patriarcado existió y existe y es cierto eso de que la mujer no protagoniza a la par del hombre. Al margen, no considero que la magia sea sólo femenina. Hay mujeres y hombres mágicos. Me gusta integrar.

Silvia: “Si yo fuera delirante no sería abuela, no tendría un hijo, no hubiera estudiado, no mantendría mi casa…” Foto Gentileza Ale López/Coleccion Davesa.

La esposa De había perdido una hija. Muerta nació. De ahí en más no podía quedar embarazada. “El trauma era tremendo”, recuerda Silvia. “Practicamos terapias energéticas de armonización, que son las que yo hago, y limpiamos la casa, especialmente el cuarto destinado al bebé. Ahí encontramos que todavía estaba el alma de la bebita muerta impregnando el lugar. Finalmente la mujer pudo subrogar un vientre y fue madre con un solo óvulo en buen estado”.

Cuentan sus anécdotas diciendo “fuimos a limpiar una casa”. Fuera de contexto, podrías confundirlas con empleadas domésticas. Ese desconcierto a ellas les divierte mucho: “Nuestro trabajo es un trabajo muy duro. Somos empleadas de limpieza cósmica. Limpiamos mugre de todo tipo, incluso la suciedad que no se ve a simple vista”.

Tras separarse, la escandalosa ex mujer del escandaloso chimentero las convocó para higienizar el estudio de trabajo compartido por ambos durante largo tiempo. “Mientras hacíamos reconocimiento del terreno, que incluía un pequeño parquecito interior, notamos, péndulo en mano, que pegado a un arbolito había algo enterrado. ‘No, no puede ser’, nos decía la mujer…” (Nota al pie: Silvia y Fabiana dicen que hay nombres que no se pueden mencionar por contrato de “palabra y confidencialidad”).

Qué venga un jardinero, pidieron. “Cuanto antes”. Cavan y aparece un cristal de cuarzo. El mineral estaba bajo tierra. “Era algo totalmente negativo que había estado puesto ahí con mala intención”.

-¿Cómo hacen para no ser vistas como dos delirantes?

Fabiana: Algunos pensarán que de veras lo somos…

Silvia: Hay un enlace con la materia. Si yo fuera delirante no sería abuela, no tendría un hijo, no hubiera estudiado, no mantendría mi casa… Yo trabajé en el Borda y en las guardias psiquiátricas del Hospital Alvear, donde me llamaba mucho la atención el trastorno mental. Noté que esas personas también vivían, como yo, realidades paralelas. La diferencia radicaba en que no podían incorporarlas a sus rutinas cotidianas. Me han pasado cosas muy mágicas de chica. Yo vengo de un padre médium y lo único que pudo hacer al respecto es agradecer. Es más, agradezco que vos, el periodismo, cumpla la misión de poder hablar de esta otra realidad.

La pregunta ahora es si los fantasmas existen y a coro las dos dicen “Síííí”. Una cuenta que vive en una “ermita” y que vive rodeada de entes de excelsa espiritualidad. “No es que los veo y los saludo, hola qué tal entes cómo están… Pero los puedo sentir. Pueden estar en cualquier lado los fantasmas. Igual, yo conecto con seres más elevados. Me ha pasado de tener encuentros con seres de luz mirando la televisión con mi hijo. Yo con un ojo viendo la imagen de la Virgen María, y con el otro, a mi hijo tirado en el sillón haciendo zapping”.

-¿Los fantasmas son como los dibujamos?

-Son como vos y yo, pero no hablan. Transmiten todo telepáticamente.

Y se van, como Thelma y Louise, a sanar la casa de un dramaturgo muy prestigioso que vive sobre la avenida Callao. Parece, cuentan ellas, que hay un retrato de alguien impidiendo que el veterano y próspero autor pueda conciliar el sueño.

WD

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