Fabio Aste, un actor que le puso el pecho a la cuarentena


Fabio Aste recuerda con mucha claridad su primer encuentro con El cuarto de Verónica. Fue en 1979, en el Olimpia, un teatro de la calle Sarmiento al 700 que ya no existe, él era un pibe que todavía estaba en la escuela primaria y quedó completamente fascinado con esa obra de Ira Levin (el autor de El bebé de Rosemary, llevada al cine con gran suceso por Roman Polanski en 1968). “Mis viejos ya estaban separados –detalla ahora el actor–. Entonces mi papá me venía a buscar y me preguntaba qué me gustaba hacer. Yo siempre le decía que quería ir al teatro. Un día fuimos a ver una versión de esta obra con Alberto Argibay, María Vaner, Susú Pecoraro y German Kraus. Era una puesta muy novedosa para la época, con un escenario circular y una telaraña enorme. Yo quedé muy impactado. Años más tarde hice una versión en el circuito independiente con Mecha Sosa, y ahora me convocaron para volver a hacerla. Ya tengo un vínculo muy especial con esta obra. Atravesó toda mi historia”.

En esta versión de la pieza de Levin que se estrenó hace unos días en el Teatro La Mueca (Cabrera 4255), Aste comparte elenco con Silvia Kutika, Antonia Bengoechea y Adrián Lázare. Dirige Virginia Magnago, y hay funciones los sábados y domingos a las 21. “La obra exige un gran ejercicio actoral. Cada uno de nosotros pasa por diferentes sub-roles que son como capas de una cebolla –dice Aste–. Vos comprás una historia y cuando ya estás enganchado, la obra vira hacia otra zona”.

Fabio Aste está grabando Entrelazados, para Disney+ y encarnó un papel protagónico en la serie internacional RivieraDIEGO SPIVACOW / AFV

Formado con Carlos Gandolfo (“él fue el que me dio el abecé de la actuación, y yo después fui generando mi propio lenguaje a partir de esas herramientas”, señala) y Augusto Fernandes, Aste también está en pleno rodaje de la serie de Disney+ Entrelazados: “De eso no puedo revelar mayores detalles porque así lo establece el contrato –cuenta–. Es un megaproyecto de ficción infanto-juvenil muy copado que se va estrenar este año”. También participó en la tercera temporada de Riviera, serie inglesa de Fox Premium filmada en Saint Tropez, Venecia y Buenos Aires que se puede ver hoy en Movistar Play. No es el único argentino del elenco: también aparecen Gabriel Corrado, Eliseo Barrionuevo y Franco Masini. “Mi papel es el de un cura del Barrio Mugica (ex villa 31 de Retiro) –explica el actor–. Usé alguna data que tengo de parte de gente cercana que decidió tomar los hábitos después de muchos años de vida común y corriente, y también estuve en el barrio para interiorizarme de su funcionamiento. Este cura tiene un pasado bastante oscuro que trata de redimir con su labor eclesiástica, con su lucha por los derechos humanos. La trama está cruzada por temas densos: lavado de dinero, corrupción política y violencia. Es un trabajo muy interesante”.

Actualmente, Aste forma parte del elenco de El cuarto de Verónica, una obra teatral que aborda el género de terrorDIEGO SPIVACOW / AFV

¿Qué debe tener un buen actor para lucirse, más allá de elegir bien los proyectos a los que se suma? Aste opina que lo fundamental es “el sentido de verdad”. Y lo desarrolla: “Si yo no me creo lo que está sucediendo en el escenario o frente a cámara, me aburro. Cuando veo los hilos, veo el back y veo al actor, no compro el cuento. Para comprarlo, tengo que ver algo vivo y para que haya algo vivo el que actúa tiene que creer en lo que esta haciendo para hacérmelo creer a mí”. También remarca como valor importante la capacidad de observación: “Creo que es muy útil buscar referentes –analiza–, y yo siempre trato de encontrarlos, pero hay un punto en el que lo mejor es buscar resortes personales que activen aquello que el personaje tiene que activar para llegar al resultado que espero. Si no, la actuación se convierte en una mera copia exterior, maniquea y maquetada, sin vida, sin verdad, que no emociona ni divierte. Doy un ejemplo: si tengo que componer un asesino, pero nunca maté a nadie ni tuve el deseo de matar, tendré que buscar en mí aquellos resortes que se acercan al deseo de matar; de ese modo voy a lograr que el personaje tenga algo de verdad y no sea la imitación de lo que yo creo que es un asesino”.

Entre los favoritos de Aste, esos referentes a los que considera importantes a la hora de encontrar recursos para la actuación, están Meryl Streep, Gary Oldman, Andy García y Al Pacino: “En todos ellos está esa verdad de la que hablo –sostiene–. Obviamente, a veces ves algo con ellos e igual te ensartás, porque los actores también dependemos mucho de las historias que nos tocan. Un actor o una actriz te pueden salvar una historia porque la hacen viva, verdadera. Pero siempre es mejor que se topen con una buena historia, con algo interesante y bien contado. Yo creo que gente como esta le pone una especie de locura personal a cada personaje que interpreta, un riesgo que si querés es algo ‘border’. Por eso son diferentes y tan seductores”.

Hasta que la pandemia del coronavirus obligó a cerrar los teatros, Aste fue una de las estrellas de ¿Qué hacemos con Walter?, la obra de Juan José Campanella que hizo tres exitosas temporadas en el Multiteatro, entre 2018 y el año pasado. Ahí tenía dos papeles: el del portero paraguayo de un edificio cuyo consorcio pretende echarlo y el de su hermana melliza. Por ese celebrado trabajo en el que fue capaz de unir con solvencia drama y comedia, ganó un premio ACE. Pero en lugar de angustiarse y quedar paralizado, el año pasado armó también un proyecto casero que también le dio muchas satisfacciones, Historias de cuarentena, una serie de ficciones audiovisuales cortas grabadas con un celular que primero subió a YouTube y después, gracias a la repercusión obtenida, programó en la web de Alternativa Teatral. “Lo hice con Laurentino Blanco, el actor con el que convivo y con el que nunca había trabajado hasta entonces –rememora–. Las temáticas fueron variadas: una historia divertida relacionada con el inicio de la cuarentena, otra más seria alrededor de un abuso sexual infantil y una medio bizarra tipo Almodóvar. Colaboró con los textos Nicolás Marina (guionista de El marginal), pero todo el resto lo hicimos solos, sin iluminadores ni camarógrafos. Después mi hermano Leandro, que tiene mucha experiencia con la edición y de hecho hizo el corte final del documental de Netflix Rompan todo, también nos dio una mano. Fue una gran experiencia, sobre todo porque para mí el gran mensaje de todo esto es que hay que tener capacidad de adaptación. El que no se adapta a los cambios, muere. La naturaleza funciona así, sin muchas vueltas”.

El cuarto de Verónica. De Ira Levin.

Teatro La Mueca, Cabrera 4255.

Sábados y domingos, a las 21.

Entradas por Alternativateatral.com o en la boletería del teatro.

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