Eva De Dominici, de Fiorito a Hollywood: “Es imposible que pueda marearme”



-¿Marearme acá, en Hollywood? Es imposible, y más teniendo un hijo: eso me volvió más vulnerable que nunca

Cada vez que clava los tacos aguja en una baldosa impoluta de Los Ángeles, Eva De Dominici se acuerda de las patas en el barro y las calles no asfaltadas de Villa Fiorito. Su historia es también una historia de movilidad social. La de una familia obrera que no necesariamente tiene que quedarse donde parece que está el destino.

No se lo contaron, lo vivió desde que sus abuelos  Paulina y Arturo llegaron desde Córdoba y se encontraron con una estafa inmobiliaria que los llevó al barrio de Diego Maradona. La siguiente generación, la de su madre, alzó título universitario. Hoy Eva se abre un camino entre las montañas hollywoodenses, mientras estrena rol de madre y filma en Atlanta, con Bruce Willis.

Eva De Dominici en su infancia, en Lanús. (Instagram).

En el pasaporte hipersellado se lee Eva Carolina Quattrocci, pero ya nadie la llama así, excepto durante trámites legales. El 21 de abril cumplirá un cuarto de siglo, aunque parecen ya como dos vidas vividas. Recién sumaba dos cifras a la edad cuando tuvo su primera oportunidad laboral en Chiquititas. A los 11, Patito feo ya era un trabajo a sueldo, con una remuneración mensual mayor que la de su madre, odontóloga, casi el mismo ingreso que el de su padre, dueño de una fábrica de cartón corrugado.

A los 20 ya era experta en golpes como Uppercut o Jab, movimientos de boxeadora aprendidos para su primer protagónico en una película (Sangre en la boca, de Hernán Belón). A los 22, alzó el primer Martín Fierro por su trabajo en La fragilidad de los cuerpos, unitario basado en la novela homónima de Sergio Olguín. Hace unas semanas vimos su debut en Hollywood, en la serie Hawaii 5.0. Ahora, pone cuerpo al rodaje de la película Cosmic Sin (Pecado cósmico), interactuando con Willis, el mismo al que veía lejanísimo en Duro de matar.

Eva De Dominici (Instagram).

En medio del “sismo” laboral, el movimiento sísmico hormonal. En octubre de 2019 fue madre de Cairo. En 2018 probó instalarse en los Estados Unidos y en una cena “al azar”, conoció a Eduardo Cruz -hermano de Penélope-. El flechazo, la convivencia, la maternidad, todo en fast forward. “Es una vida espléndida al lado del cachorro desde que llegó”, se ríe, la boca enorme, la sonrisa como de sien a sien. Las clases desesperantes de inglés a toda hora -y la carrera incipiente de traductora que abandonó- surtieron efecto. Su cerebro ya está seteado en modo english lo menos latino posible.

¿Cómo pasó de un personaje de “mujer-mula” desde Bolivia (en la película argentina Sangre blanca, de Bárbara Sarasola-Day a ese pequeño rol con revólver en mano en la serie policial estadounidense Hawaii 5.0? “Estaban buscando una chica catalana. Hice un casting y quedé”, dice -a pura precaución por el coronavirus, sin poder “revelar” demasiado por los contratos de confidencialidad que se firman en Los Ángeles.

A cara lavada, en Los Ángeles, criando a su bebé Cairo. (Instagram).

Que corrigió su diastema (dientes separados) para entrar en Hollywood. Que definió en redes a su pareja como “el chico que arrasó con todo en mi vida”. Que subió tal o cual foto para sus casi tres millones de seguidores. Eva -llamada así por la mismísima Eva Perón- hace oídos sordos de “lo chiquito” que se publica y sigue. “Estoy en proceso de adaptación. Soy una agradecida de todas las oportunidades que me dan. Creo en el trabajo aún más que en el talento. Creo en trabajar firme, en el esfuerzo, en conseguir oportunidades, en ayudar al destino. Y me gusta ganarme cada cosa: casi todos los días entreno actuación, tomo clases. No es fácil: hay muchos actores y mucho talento”.

¿Y la maternidad más allá de los posteos lindos y el falso ideal de que todo es perfecto? ¿Y esa no perfección puertas adentro? “Ser madre me trajo una felicidad terrible. Es mi compañerito. Pero la maternidad incluye muchas cosas. Yo tengo mucha ayuda. Tuve un parto soñado, un embarazo muy bueno también, pero las hormonas son engañosas y hubo mucho llanto”, confiesa.

Eva de Dominici junto a Eduardo Cruz, su pareja.

“No podía parar de llorar, extrañaba a mi familia, el cuerpo me cambió de un día para el otro. A la semana de parir estaba más flaca que antes de haber quedado embarazada, me consumí mucho por dar la teta, no comía mucho porque estaba cansada, porque me quedaba mirándolo. Después todo se va acomodando. Fue una adaptación. El llanto del bebe te angustia, pero soy positiva, mi bebé tiene salud, no me quejo de nada, la paso espectacular viendo que toma la teta”.

Eva de Dominici y su hijito Cairo.

¿Y si en un tiempo De Dominici, ya hollywoodense a fondo, se vuelve inalcanzable para los medios argentinos? ¿Existe esa posibilidad de que no vuelva? Eva insiste en que algo cambió alrededor, pero no “adentro”. “Tampoco lo veo como algo definitivo. Tengo ganas de trabajar en todos lados. Pero todo depende de los tiempos: todo hay que armarlo en pareja y con un niño. Yo no creo que se llega a ningún lado. Disfruto mis pasitos”.

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