Estrés por empatía. El costo que pagan los líderes por ponerse en los zapatos de su equipo



Es realmente pequeño si decidimos medirlo o pesarlo. Nuestro cerebro, un pequeño órgano de tan solo 1 kilo y medio aproximadamente de peso, que gasta casi un 20% de todo el consumo del organismo, debe realizar múltiples funciones cada minuto de nuestras vidas. Para los que cumplen la función de liderazgo, estas funciones son aún más complejas ya que se debe hacer responsable de la cognición social, otro término complejo para denominar una parte del estudio de las neurociencias que aborda los procesos mentales que nos permiten relacionarnos adecuadamente con otros.

Si lo pensamos desde el funcionamiento del cerebro, el liderazgo es un proceso social por el que el líder ejerce una influencia positiva para movilizar el mejor desempeño de su colaborador y generar, a la vez, valor para la organización. Al ser social esta relación, varios procesos mentales son puestos en funcionamiento y uno de los que genera cada vez más interés es la relevancia de la empatía que debe tener en especial el líder con respecto a sus pares en el trabajo. Este término empatía -que comúnmente asociamos con “ponerse en los zapatos del otro”- hace décadas es investigado por las neurociencias.

La empatía tiene dos componentes fundamentales. El primer componente es el “cognitivo”, que nos permite inferir lo que le está sucediendo al otro, hacernos una “teoría de la mente” de la otra persona, para intentar ajustarnos adecuadamente a lo está pensando o sintiendo, pero sin sentirlo nosotros. El segundo componente de la empatía es el “afectivo”, es decir, se siente lo mismo que el otro, pensando o estando ante su presencia. Estos dos aspectos tienen una implicancia enorme en el ejercicio del liderazgo y tiene que ver con lo que las organizaciones le están pidiendo al líder cuando le plantean que debe ser empático. Sin embargo, ¿a qué empatía de las que nombramos se está refiriendo?, Porque parece que el foco de la empatía está siempre puesto en el que la recibe, ya que mejora el clima laboral, el compromiso y aumenta la motivación del colaborador.

¿Y qué pasa con el líder en esa interacción? El ejercicio del liderazgo no es unidireccional, nos estamos olvidando de lo que ocurre en el sentido contrario. Entonces ¿no podríamos ponernos también en “el cerebro” del líder cuando empatiza? Al estudiar esta bidireccionalidad se encontró que empatizar no es gratuito. Así, el líder puede evidenciar un tipo específico de estrés llamado fatiga por sufrimiento empático. Sí, así como se lee, la empatía puede producir en el que la siente un aumento de la fatiga con su correspondiente aumento del estrés. Esto ocurre cada vez que el líder debe hacerse cargo de lo que le pasa a cada uno de los integrantes de sus equipos, en un contexto actual además complejo donde todos estamos preocupados por nuestros trabajos, familias y situación económica.

* Lucas Canga Ivica es médico, tiene un Ph.D.(c) en Neurociencias Cognitivas Aplicadas y es el actual director del postgrado en Neuromanagement, Universidad del CEMA

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