“Estoy más quemado que Niki Lauda”: el regreso de Miguel Zavaleta luego de 12 años



Uno de los tipos más sexies de la década del 80 Miguel Zavaleta. Y si no, pregúntenle a Hilda Lizarazu. Oveja negra de apellido patricio, en los frescos costumbristas que pintaba Laura Ramos, su figura pletórica resultaba infaltable en la mesa chica. Federico Manuel Peralta Ramos en clave de sol, el ex líder de Suéter le daba una cuota de frescura y humor a la segunda fundación del rock nacional que, en los ’60 y ’70, más narcisista y solemne, se caracterizaba por la desobediencia operativa y el polvazo poético.

Integrante de cuanta banda paralela existiera, Miguel Zavaleta fue un maestro de ceremonias “excéntrico” y “un dandy”. Cosas que frecuentemente se escribían sobre su persona. Hace años que no se sabe nada de este Miguel inmune al esnobismo. Ningún nombre más rockero que Miguel: Abuelo, Cantilo, Mateos y, por qué no, Migue García.

¿Las bandas paralelas serían una reacción a la propia popularidad que estaban logrando en ese entonces? “No”, interviene Andy Cherniavsky, ex de Andrés Calamaro y fotógrafa top del endogámico movimiento. “Eran una forma de interactuar, divertirse, juntarse en lugares chicos, grabar, experimentar…”

Miguel Zavaleta, extraño ser del llamado rock nacional. Foto Juano Tesone

Consultamos entre reconocidos músicos y a Zavaleta se lo recuerda con cariño y sonrisas. El más informado de todos dice haberlo visto por última vez en 2003. Del disco de Suéter de 1982 -nadie recuerda bien su nombre-, se dice que fue “algo importante”, “una auténtica novedad”.

Twitter: los posteos más recientes datan de 2013: “Miguel Zavaleta es Lerner con 20 años más”. “El creador de Amanece en la ruta!!”. “Una máquina de tirar buena onda”.

Ahora Zavaleta está ensayando para su primer streaming en el sótano de un bar de Palermo. Bajamos por una escalera caracol y lo vemos por primera vez después de la presentación de Lluvia de gallinas (1984). Detrás de un teclado, y leyendo con los anteojos en la punta de la nariz, tanto tiempo después, su cara imita el efecto de la aplicación que te envejece en las fotos.

-Un montón que no se sabe de vos…

-Doce años para ser exactos. Doce años de amor, que era todo lo que yo quería yo en este mundo. Me enamoré como nunca antes y en todos estos años ocurrió que nunca se me pasó la sensación inicial. Fue la sexta administración, pero comparada con las veces anteriores, no se pareció en nada. Estuve enamorado todo el tiempo, de principio a fin, y todavía. Era el sueño de mi vida, ya estaba, ya era feliz…

-Qué lindo…

-Si uno quiere analizar por qué es feliz en esa situación, puede llegar a lugares psicológicos que son de terror. Yo siempre fui romántico y ahora siento que el mundo se me vino encima. Literalmente. En determinado momento me pregunté: ¿qué es ser romántico? Cuando me lo respondí me decepcioné por completo.

-¿Se acabó?

-Se acabó, sí. Estoy más quemado que Niki Lauda. Yo hago canciones proféticas y ese amor imposible que pensé que no iba a llegar, apareció de pronto. Y apareció en Salta. Le dediqué una canción antes de que ocurriera. ¡Hasta la procedencia pude imaginar! La canción se llama Vuelvo a Salta. No me importaba más nada en el mundo que no fuera ella. Tocaba en vivo, con suerte, una vez por año. Era un linyera con una princesa. Yo existía por una sola razón, pero le daba al piano y amaba horas y horas. Con la cantidad que toqué, la Mole Moli hace Rachhmáninov. No soy de los que tiene facilidad, no soy como Messi que es el rey de la psicocinética. Messi, si quisiera, aprendería a tocar el piano en cinco minutos. Los que no tenemos ese don, luchamos practicando. Y yo ahora toco el piano como jamás lo soñé.

Suéter en 1983: Jorge Minissale, Juan del Barrio, Miguel Zavaleta y Gustavo Donés en una foto publicada por la revista Pelo.

-¿Viste que Charly García ya vivió más que Goyeneche y Troilo? Es como si el rock ya fuera más viejo que el propio tango…

-Charly veía a los músicos de tango, que eran muy mayores, y se preguntaba: “¿Nos veremos todos en Sadaic?” Un amigo, al que no voy a mencionar por coquetería, me confesó haberse sentido “raro” a los 60 años sobre el escenario haciendo rock. A mí no me importa lo que le pase a rock; yo voy a tratar de ser siempre el mejor músico posible.

-Eran divertidos los ’80, ¿no?

-Los famosos 80 empezaron en los ’70 para nosotros. Yo a Fabi Cantilo la conocí en el ’76. En el ’82 estábamos Hilda Lizarazu, Fabiana, Dani Melingo, después se sumaron Calamaro, Bazterrica… El tipo más divertido de todos era Cachorro López. Él y Pipo (Cipolatti). Cachorro es genial, pero nadie lo sabe porque es una eminencia gris. No canta, no baila, él produce, está en otro lugar. Cachorro armó Los Abuelos de la Nada. Yo lo vi trabajando, consiguiendo la plata para traer a Miguel de Europa. Nuestro grupo de amigos era lindísimo, lleno de chistes internos, donde de pronto aparece García. En un grupo de gente donde pinta una personalidad tan fuerte como la de García, podía haberse tornado otra cosa, sin embargo él fue uno más. Hasta teníamos un equipo de fútbol: King Crimson. En cancha grande yo jugaba de 4. Luego empecé a ubicarme de 9.

Para Miguel Zavaleta, los años ’80 empezaron en los ’70. Foto Juano Tesone

-¿Por qué le pusiste Suéter?

-Porque era una palabra argentina que me parecía simpática y porque recién en esa época empezó a ser reconocido el rock en castellano. “Pulóver” también podría haber andado. “Zunga”, no. Originalmente Iba a ponerle “La banda del Fin del Mundo”, pero sonaba muy trágico y hubiésemos reventado en ese mismo instante.

-Con Suéter debutan teloneado a Charly en Ferro. ¿En ese momento era negocio ser la banda nueva?

-¡Sí! Aparecimos ahí y fue demasiado. Unos flacos de las primeras filas me tiraban mala onda y yo me saqué por completo mandando a cagar a todo un estadio. Fue un master ese show. Lo de ser la banda nueva hoy es complicadísimo, ni siquiera sé cómo hacen para animarse a empezar. Bandalos Chinos, por ejemplo. Los conocí, me gustan y ahora sé que son famosísimos, pero yo ni los conocía y me enteré de ellos por mi ex, que era mucho más joven.

-¿Antes era mejor?

-Antes era genial. Venía un productor musical y aunque vos no tuvieras músicos, si él pensaba que tenías talento, te inscribía en su sello, te garantizaba difusión y de un día para otro pasabas a ser conocido. Después, con el videoclip, se dieron cuenta que el talento no importaba y cuando llegó internet, chau, se acabó, ya no importa más el productor.que ahora tienen que tirar su música en un océano donde el rock pierde oportunidades y deja de conectar con la juventud. Cuando yo era chico, el rock era todo, era una forma de ser, una mentalidad…

Para Zavaleta, el rock recibió una puñalada con la invasión de “bandas chabonas”. Foto Juano Tesone

-Quizás la política desplazó al rock y, quién sabe, La Cámpora se haya convertido en algo más interesante que el programa de Bebe Contepomi…

-¡Mirá! Yo pensé que los jóvenes sólo le daban bola a las redes sociales y a la cumbia. Que la juventud estaba toda tomando ferné y escuchando eso…

-¿Pensaste que el rock se había terminado?

-El rock, como yo lo entiendo, recibe una puñalada con el feísmo de los ’90 y esa cosa popular de las bandas chabonas. El auténtico rock nacional desaparece de la escena y vuelve después de dos décadas y pico con Chano y Bandalos y algún otro grupo que, a nivel sonoro, son bastante parecidos al tipo de música que nosotros hacíamos. Me refiero a gente que hace canciones y sabe afinar.

-¿Te gustó ser famoso?

-Sí, aunque ser famoso también es no poder meterte un dedo en la nariz cuando querés. Y tenés que estar bien vestido. Extraño de la fama la posibilidad de poder tocar más seguido. Ser famoso me ayudó a que se abrieran las puertas de cosas que me parecían lindas y entretenidas. Pensá que el público del rock de mi generación era muy especial. Te hablo de antes de que llegara la futbolización y se empezaran a acercar los pavotes.

Miguel Zavaleta fue el líder de Suéter, una banda muy popular en los años ’80. Foto Juano Tesone

-Hablando de fama, siempre se dijo que eras un hombre de linaje, de plata…

-En la Argentina la aristocracia no existe, pero sí, formo parte de una familia muy antigua del Norte de nuestro país. Mi padre fue un genio de la medicina, no era un tarado que solo cobraba rentas del campo. Fue el presidente de la Academia Nacional de Medicina. Diego Estanislao Zavaleta. A mí me decían: “vos no podés ser hijo de tu papá”. Mi otro apellido es Villegas, soy descendiente de la línea del Quevedo. Tengo primos que de la nada te tiran líneas de poesía que te quedás estupefacto. Hay gente que nació con la verba sedosa. Yo no recibí ese don.

-Bueno, “esos árboles tienen contornos, darse cuenta es tan hermoso…”, tiene lo suyo.

-Ahhh… pero es un homenaje al ácido, que no sé si seguirá existiendo. En aquella época uno podía ver los contornos. Veías cuatro o cinco contornos por objeto. Y los árboles tenían contornos y parecían brócolis.

Miguel Zavaleta toca el sábado 14 noviembre a 21.30, a través de un streaming con su ráfaga de hits e invitados: Goyo (Bandalos Chinos), Pablo Guerra (Los Caballeros de la Quema) y más. Entradas en www.passline.com a $ 500.

WD​

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