“Es muy ficción, demasiada fantasía, una caricatura”

Quizás sea porque a la iglesia evangélica algunos la consideren algo así como la bailanta de la espiritualidad, pero en el guión de Claudia Piñeiro de El Reino  esta doctrina religiosa es más mala que el peor villano de Marvel: lavado de dinero, corrupción, asesinatos, abuso de menores… El pastor Giménez finge demencia. “No tengo mucho tiempo para ver series. Estuve viajando por el Interior”.

-Pastor…

-Vi dos capítulos.

-Pastor… 

-Tres, no más. Apenas vi de qué se trataba. Una ficción. Después escuché lo que decía la gente. Muchos fieles guardados en su casa por la pandemia, volvieron a la iglesia sólo para darme una palabra de apoyo. Yo les digo: es ficción.

Para el Pastor Giménez, El Reino es una caricatura. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Para el Pastor Giménez, El Reino es una caricatura. Foto Guillermo Rodríguez Adami

Un comunicado contra la serie

Desde su estreno en Netflix, El Reino es una de las series más vistas. Ideada por Piñeiro junto al director de la serie, Marcelo Piñeyro (Tango Feroz), la “ficción”, como le gusta decir a Giménez, gira en torno a la familia del pastor evangélico Emilio Vázquez Pena (Diego Peretti), y sus intenciones de ser presidente de la Nación.

El pastor nos cuenta que la Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas de la República Argentina hizo un comunicado contra la serie, y en especial apunta a la guionista por su manifiesta “militancia feminista durante el debate de la ley del aborto”.

-¿Vos firmás el comunicado?

-No, yo no, si no la vi toda. La podemos terminar ahora si querés…

Dijo Piñeiro: “Vos podés juzgar El Reino, decir que no te gusta e incluso, que te sentís ofendido. Pero ellos (los evangelistas) van más allá y se ponen a interpretar por qué escribí lo que escribí”

Y sigue: “¿Y qué dicen? Que yo quedé resentida por la ley del aborto. Es raro porque, hubiera salido o no, yo no tengo razones para el resentimiento. Además, a esa ley la conseguimos muchas, entre todas, no una. Y finalmente ¿cómo voy a quedar resentida por un logro colectivo?”.

Apaguen las luces para ver El Reino

Un, dos, tres, grabando, un dos… Estamos en la iglesia central de Héctor Aníbal Giménez (San Martín, Provincia de Buenos Aires, 1957). El viejo y querido cine Roca de la avenida Rivadavia, transformado en tribuna de doctrina. Las puertas de este cielo tienen una foto gigante de él junto a una chica que es su esposa y algo así como una nueva Pastora Irma.

Nos hacen pasar a un sótano. Miramos las paredes y, como en la serie, sospechamos de una en particular. Pensamos: acá deben guardar los fajos de dólares. Golpeamos levemente el muro, mientras el pastor anda por ahí hablando con un tipo. De pronto la pared se abre y aparece una señora con una bandeja de cocina. Anotamos: “Las paredes y las puertas están empapeladas del mismo color”.

Hoy viernes, el pastor Giménez está menos pastor que nunca, sentado en una silla sobre el escenario de su iglesia, pidiendo –cual Martin Scorsese- que apaguen todas las luces y suban el volumen para ver lo que le falta de El Reino.

La cara sonriente, al rato, delatará sus ansias de aventuras. “¡Mirá si tuviéramos fiscales así!”, dirá burlándose un poco del personaje de Nancy Dupláa, uno de los tantos arquetípicos que aparecen en la larga letanía.

-Falta el pochoclo, ¿no?

-Jajajjaja.

El Pastor Giménez rescata de El Reino la actuación de Diego Peretti. Foto Guillermo Rodríguez

El Pastor Giménez rescata de El Reino la actuación de Diego Peretti. Foto Guillermo Rodríguez

El hombre más peligroso de El Reino, en la vida real no se siente aludido ni por asomo. Con su saco azul eléctrico, ni siquiera se autopercibe representado por el vestuario de Peretti, pastor de cuello mao confeccionado en algodón Armani.

Es un tipo agradable Giménez. Le mandás un WhatsApp y te lo responde con la misma voz que usó Brandoni en toda su carrera. Seamos francos: el pastor está por decir que la serie le parece malísima, pero como no sabe bien quién es uno, o si este diario puso dinero para la producción del éxito de Netflix, prefiere algo que -por el gesto de pasa de uva- suena a sinónimo despectivo.

“¡Es muy ficción! Peretti me parece un actorazo, ¡pero es muy ficción!, demasiada fantasía. Una caricatura…”

-No te gustó.

-Ymneñemnnnseepero…

-La ambientación de tu templo es parecida.

-Sí, sí, el bunker de oración puedo haber sido tomado directamente de acá…

Giménez es el apellido más conocido de una clase de fe relacionada con Dios. En los últimos años se lo vio tan perfil bajo que los medios empezaron a preguntarse qué era de su vida. Fue como si de pronto le hubiera sucedido lo peor que puede ocurrirle a una persona polémica: ser aceptada. Hasta la serie, casi nadie se acordaba de él.

Cuanto más nos atacan, más gente se vuelve evangelista. Estamos acostumbrados, yo lo viví personalmente en la década del ’90”, dice tranquilo, imaginando un interlocutor pastor friendly.

Alerta spoiler

Querido lector: de ahora en adelante sólo se spoileará la serie. Si eres de los que aún no la vieron, quedará bajo tu exclusiva responsabilidad seguir leyendo las líneas a continuación.

Cuando el pastor Peretti confiesa ser un violador de menores, rebobinamos la escena. Buenísima la revelación. Mientras el actor está en pantalla, la serie levanta y ese monólogo, en estado de emoción y locura, permite entender que los violadores son enfermos más que delincuentes.

-Fijate que se pregunta si debe seguir la ley del mundo o la ley de Dios. Se equivoca con la comparación –opina Giménez-. Dios dice: “Amarás al prójimo como a ti mismo”.

-¿No te asustaste cuando supiste de El Reino? ¿No lo viviste como algo personal?

-Y, sí, bueno, el referente popular soy yo. Peretti dijo en una entrevista que hacía de un pastor Giménez que quería ser presidente. Yo sé que en los Estados Unidos está lleno de cosas así o parecidas. Esta serie es una copia de una serie norteamericana.

El Pastor Giménez se considera el referente popular de la Iglesia Evangélica. Foto Guillermo Rodríguez Adami

El Pastor Giménez se considera el referente popular de la Iglesia Evangélica. Foto Guillermo Rodríguez Adami

-No quedan bien parados…

-La iglesia evangélica estuvo en contra del aborto y la ley de Matrimonio igualitario. La guionista, Piñeiro, es muy feminista y pro aborto. Todo lo que quieran, pero en Latinoamérica somos los que ganamos mayor visibilidad. La iglesia evangélica es muy fuerte. Crecemos porque estamos donde está la necesidad y porque estamos en lo que descuidan la iglesia católica y la política.

-En las cárceles, te habrás enterado, hay pocos motines. ¿Sabés por qué? Porque gobernamos nosotros adentro de los penales. Olmos, casi todos los pabellones, están gobernados por evangelistas.

-¿Ustedes en las cárceles, y la iglesia católica en las villas?

-Los curas villeros están haciendo un trabajo lindo, pero los pibes de diez a 18 años se sienten más identificados con nosotros, porque somos cercanos en temas como drogas o delincuencia. El cura párroco, en general, no conoce esas experiencias en carne propia.

Diego Peretti, en El Reino, una de las series más vistas de Netflix.

Diego Peretti, en El Reino, una de las series más vistas de Netflix.

-En la serie se habla de un candidato evangelista para la presidencia. ¿Se te ocurrió?

-Naaa, para nada, mi sacerdocio es ser pastor. Sé que hay evangelistas metidos en política. A mí no me interesa. La serie tiene un tinte político, pero el pastor de la ficción claramente no es peronista, y eso es medio raro en la iglesia evangélica.

-La sigla del partido inventado es ESR (Ética Ciudadana por la República), en rojo. Eso suena a UCR, Unión Cívica Radical. Nuestra iglesia es clase baja y clase media. Mucho peronismo.

-Tenemos 180 años en el país. Nos cuesta el doble hacer las cosas. Quisieron enfrentarnos con los católicos. Ahora hay escuelas evangélicas, hogares para ancianos evangélicos… Un 20 por ciento de la población argentina es evangélica. Y lo sé porque recorro el país una vez por año. El crecimiento se nota. Cuando empecé, en los ’80, era sólo clase baja, pero ya nos estamos metiendo en la clase alta…

-¿A quién votaste el otro día?

-Mi familia es peronista, yo no. Yo voté a Manes, quería algo diferente. Me gusta la gente que no viene del palo de la política.

-¿El papel de Mercedes Morán tiene algo de Pastora Irma?

-No, ella nunca manejó la iglesia, y ahí se la muestra como el cerebro. Yo le di a la mujer el rol que tiene en la iglesia evangélica. Le dimos lugar a la mujer, mucho más que otras religiones, pero en el caso de Irma ella nunca fue fuerte en arrastrar gente.

En la pantalla de cine, aparece Sofía Gala. “El papá, Mario Castiglione, se congregó conmigo, ¿sabías? El venía a esta iglesia. La tuve en brazos a Sofía y le di la bendición cuando era una beba”.

-Por los bajos instintos del pastor, en la serie hay un evangelista fanático que intenta hacer justicia por mano propia…

-Los fanáticos son capaces de cualquier cosa. Nosotros predicamos en contra de los fanatismos. Me temo que mezclaron un poco todo. La Biblia habla de los deseos de la carne y dice que hay que aplacarlos. La pedofilia, en el mundo entero, está más asociada a la iglesia católica que a la nuestra. No digo que en la iglesia evangélica no exista el tema, pero no como pasó con muchos curas. Con nosotros no hay una epidemia de pedofilia.

WD

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