Enrique Pinti: “El mundo no va a volver a ser el mismo”



Ve barbijos blancos y el color lo hace viajar a 1956. Recuerda los troncos de los árboles y los cordones de las veredas pintados de cal. Siente otra vez el olor a lavandina, a acaroína y a las bolsitas de alcanfor. Enrique Pinti tiene reminiscencias de la polio, la enfermedad que atacaba a los niños y los dejaba con problemas motrices y respiratorios crónicos. Recuerda el terror de su madre y su propio terror: que las piernas no volvieran a moverse y que el destino estuviera en un pulmotor, esa “cápsula, casi nave espacial” que ayuda a respirar dejando la cabeza afuera.

No se mueve de su casa desde el 8 de marzo. Como miles de argentinos, cambió hábitos y se atrincheró. Piensa en el coronavirus y en ese sentimiento para el que todavía no hay palabra, mezcla de angustia, temor, incertidumbre y necesidad de “guardarse”. Pero más que nunca, el rey del disparo veloz de palabras quiere pensar la pandemia como un nuevo paradigma. El virus de la corona, la solidaridad como anticuerpo, la distancia como vacuna. La vuelta al adentro.

-El monstruo en el que se convirtió el coronavirus nos plantea en cuarentena encontrarnos con nosotros, con el silencio y la quietud, estar donde muchas veces no estamos. ¿Piensa en eso?

-Cuando tenés mucha vida interior y te dedicás al arte, el silencio es productivo, más si viviste siempre haciendo monólogos interiores. Es interesante este momento para el balance, para el recuerdo, para el recuento. Yo apago el televisor y revivo. Entiendo que hay gente que tiene limitaciones con eso. Como yo no tengo ni celular, mi vida es distinta… Pero ellos gozan de cierta libertad y privilegio de poder ver la cara de otro aún aislados. Cuando uno se acostumbró a la no imagen, no extraña no ver.

Enrique Pinti no tiene celular, aún en la pandemia. Foto. Juano Tesone

-Esta pandemia nos plantea el miedo a corto y a largo plazo: el miedo a abrazarnos, a besarnos, en un futuro a volver a viajar…

-Va a tardar en irse el miedo. Pero una vez que el bicho del consumo vuelva a picar, millones van a volver a viajar. Yo no ya, porque cerré el tema viajes hace tres años. Viajé desde 1977 a 2017. Fueron cuarenta años de recorrer el mundo y en el último me costó la movilidad, tuve que pedir silla de ruedas en los aeropuertos. Y respecto a besar, es una moda de los últimos 40 años, antes los varones que besaban eran tildados de maricones. El mundo se besaba menos. El miedo al contacto podrá reinar, pero la pasión domina.

-¿Y usted siente miedo?

Sí, el miedo no es zonzo. No es terror, es miedo. ¿Hasta cuándo se soporta el aislamiento? El mundo no va a volver a ser el mismo.

-¿Cómo piensa que será el panorama para el rubro teatral, que venia ya golpeado? La pandemia amaga destruir la actividad en los próximos meses.

-Yo estaba escribiendo un espectáculo para julio y me paralicé. Esto puede provocar la ruina económica. El teatro no es prioridad en una sociedad golpeada y el que va a sufrir más es el teatro antes que la televisión y el cine. Porque estos últimos pueden rearmarse. El productor teatral puede tener voluntad de producir en unos meses, pero el problema es el público. ¿La gente va a provocar la decisión de ir al teatro?”. Me angustia.

-La pandemia parece ser un gran identificador de miserabilidad, solidaridad, ego y altruismo. ¿Lo cree así?

-​Sin duda una pandemia saca lo mejor y lo peor del mundo. El tipo que se cree libre y no mira al resto, se brota, golpea al otro, como el caso de Vicente López, y saca a relucir el odio clasista: considera al vigilador que le pide que respete la cuarentena un negro de mierda. “¿Qué puede venir a decirme este a mí?”. Y del otro lado de la moneda, vemos el altruismo del personal sanitario y vemos que salvar vidas no se paga, que educar no se paga como se debe.

-¿El después de esta pesadilla nos plantea otro paradigma? ¿El post-capitalismo?

-Lo terrible del capitalismo es​ esa idea de que lo que no produce dinero no sirve y ese concepto de que “el que se enferma, que se joda”. Necesitamos catástrofes para tomar conciencia de que estamos retrasados como seres humanos. La salud debe ser la prioridad en el mundo, no puede hacerse de un ministerio una secretaría. Es un disparate lo que se hizo en el anterior gobierno. Cuando se relega la salud en nombre de la producción ya no estamos ante una ideología política, estamos ante una postura humana.

-¿Cómo ve las medidas que está llevando adelante el Presidente Alberto Fernández en medio de esta emergencia?

-Es la persona adecuada, tranquila, discreto en su lenguaje y prudente. Eso es importante en una crisis como esta. Que ponga a su lado a Horacio Rodríguez Larreta y del otro a Axel Kicillof, lo que debería ser una regla normal, termina siendo una actitud excepcional que valoro mucho.

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