En tiempos de coronavirus, cómo fue la conducción de Juana Viale en reemplazo de su abuela



En la pandemia del coronavirus, Mirtha Legrand (93 años) forma parte del “grupo de mayor riesgo”. Es vital, para su salud y la de los demás, que se quede en su casa. Por eso, Juana Viale (de 37), su nieta, la reemplazó en la conducción de sus dos programas de El Trece: La noche de Mirtha y Almorzando con Mirtha Legrand. 

¿Cómo fue, entonces, su performance este domingo al mediodía, con los doctores Gustavo Lopardo y Pedro Cahn, la periodista María O’Donnell y el humorista Coco Sily como invitados?

¿Mostró cómo estaba vestida? Por supuesto. Lindísima, muy elegante, Juana pidió, antes de arrancar con su mesaza, que la cámara se enfocara en su vestido de fiesta, en tonos beige, con brillos dorados y plateados.

Y, tal como suele hacer su abuela, le agradeció a “Cris Sepúlveda, que me peina; a Idi-make up, que me maquila…”.

Al principio, Juana habló por teléfono con su abuela. (El Trece).

Fresca, espontánea, y con muchas ganas de mostrarse “a la altura de las circunstancias”, luego se sentó en el escritorio de Mirtha, disimuló los nervios y, también como su abuela, leyó los “chivos” del programa (“Paño Pet para mascotas”, “San Francisco antihumedad”, entre otros) y les agradeció a “todos los que están poniendo el hombro en estos momentos tan difíciles”.

¿Les tiró besitos a los televidentes, otra marca registrada de la señora Legrand? No, pero sí lo hizo con su abuela, con quien habló un par de minutos por teléfono.

Ya en la cabecera de la mesa, a Juana también se la vio muy informada. Y habló con conocimiento del coronavirus, y de la “frase desafortunada de Ginés González García, el ministro de Salud, cuando dijo que el virus no iba a llegar tan pronto”, y de las medidas que están tomando “Donald Trump y Jair Bolsonaro”.

¿Interrumpió a sus invitados? Poco, pero a veces no pudo evitarlo: “Perdón que te interrumpa -le dijo al doctor Cahn-, pero tengo una consultita más…”.

El ida y vuelta se hizo ameno. Y didáctico. Juana siguió preguntando en base a lo que tenía anotado en una ficha apoyada sobre una de las copas de cristal, o simplemente improvisó.

¿Comió? Sí, y bastante más de lo que suele ingerir La Chiqui durante los programas.

Aunque sin perder la delicadeza, Juana saboreó sin rubores la berenjena que le había preparado el chef Donato De Santis. Para hacerlo, aprovechó las intervenciones de Coco Sily, que habló tanto o más que los doctores.

En sintonía con su abuela, Juana también opinó con firmeza. En este caso, se volvió a mostrar muy dura con los que no respetan la cuarentena. “No son vacaciones”, repitió. 

El sábado había lucido un vestido verde y negro.

El sábado a la noche, antes de empezar el programa que midió 6,7 puntos de rating, y en el que habían estado como invitados los médicos Claudio Belocopitt, presidente de la Unión Argentina de Entidades de la Salud (UAS), y el periodista y psicólogo Diego Sehinkman, entre otros, Juana ya había señalado: “Siento que, como sociedad, podemos enfrentar esta pandemia de coronavirus. Y más todavía: podemos dar el ejemplo, no como los genios irresponsables que se fueron de paseo a Villa Gesell y a Pinamar”, señaló.

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También había aprovechado para castigar al joven que viajó en barco, infectado, desde Uruguay.

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“Voy a sumar al astuto que se subió al barco con el coronavirus positivo, que se tomó un medicamento para que le baje la temperatura y así obligó a 400 personas que estaban en el barco al aislamiento total. Es un grado de irresponsabilidad que no le hace bien a nadie”, afirmó.

Como su abuela, también, Juana podría haber sumado algún insultito. Pero no: hubiera estado de más. ​

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