En plena cuarentena, Martín Bossi se puso de novio con su escobillón



Días atrás en este mismo diario habíamos informado que Martín Bossi la estaba pasando mal y que la cuarentena provocaba estragos leves en su resbaladiza personalidad.

El encierro, eso de salir a jugar al fútbol al ascensor, viene siendo inquietante para él. De ahí a cierta inclinación por enamorarse de los objetos, hubo un solo paso. “¿Qué importancia le damos a los utensilios de limpieza?”, se dijo sombrío y descubriendo que barrer y subirse a la cinta de correr eran más o menos o mismo.

Bossi desarrolló una relación tarambana con su escobillón, y lo compartió en sus redes como para que quede claro que en realidad, gracias a Dios, don Martín sigue estando en sus cabales. Aunque a decir verdad, después de ver el video que posteó, más de uno se sienta tentado a ponerlo en duda.

Suena Phil Collins, y Martín lo abraza… A su escobillón, ¡claro! Su propia voz, en off, crea un clima de ¿sensualidad?. Le agradece la compañía, también el baile, mientras giran juntos en un balcón. Sí, él y su escobillón. Le da las gracias por su sonrisa de cerdas cepilladas hace segundos por él mismo. Lo lame… Ahora la música es una vieja conocida: Carrie, y ambos se demuestran es una forma de decir, bah…-tanto amor bajo la ducha mientras Europe aumenta su estridencia. Y el amor de pandemia parece ir viento en popa. 

El actor viene cumpliendo un aislamiento solitario en su casa, y en una charla melancólica con la periodista Catalina Dlugi, días atrás, confesó una patología inadecuada para estos días: “Soy claustrofóbico, es más difícil. Estoy bordeando, es muy duro sostenerse. Hay que ser muy inteligente; es un juego de ajedrez diario en el cual hay que sobrevivir porque esto es sobrevivir, no es vivir…”

En la entrevista que salió al aire por La Once Diez/Radio de la Ciudad, Bossi contó cómo estaba atravesando la cuarentena, y el tema del escobillón fue parte de esa charla. “Me encuentro absolutamente solo desde hace veinticinco días. Estoy teniendo una relación con el escobillón. Hace dos días tuvimos… No sexo, pero tuvimos como un acercamiento. Ahora estamos distanciados porque hay una lámpara que me está mirando con mucho cariño. Y hasta me están contestando algunos objetos ya”.

En otro tramo de la conversación, cuando se produjo al aire un silencio infinitesimal, Bossi intentó, sin ataduras, reflexionar sobre qué pasa realmente con los “objetos afectivos”. Esa meditación fue un viaje de regreso a su peluche de bebé. “Una cosa sería el iPhone, pero… ¡¿Qué estoy haciendo con este palo largo rematado por cerdas suaves?!”, pensó. 

Antes de terminar la charla para jugar a la escoba del 15, Bossi se atragantó filosóficamente mencionando el carozo de “la muerte y la vejez”, proximidades que lo aterraban allá lejos y hace tiempo.

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“En el fondo yo tenía la esperanza de que iba a haber un remedio y yo iba a zafar. A los 33 años me vi una cana y me di cuenta de que estaba envejeciendo, y empecé a aceptarme y vivir la vida real”.

No le dijo nada a Catalina; sin embargo, su terror por las canas hablaba de otra cosa, de algo que le estaba diciendo su pelo sin que él se diera cuenta.

Al fin de cuentas, Bossi también es humano. Y en un giro de sutileza, concluye su video con un reclamo de carácter casi institucional. “Señor presidente”, enuncia el actor. Y sigue, contundente y directo al grano: “Aplanemos rápido la curva. Queremos ponerla”.

E.S.

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