En la previa a su estreno, te contamos cómo es Maradona: sueño bendito

Sandro, Monzón, Tevez: era cuestión de tiempo para que sumaran a Diego Armando Maradona, dueño de una vida cinematográfica hasta el extremo de lo inverosímil, a la rentable galería de ídolos argentinos con ficción biográfica propia. Por la dimensión del personaje, esta vez el riesgo es mayor. La gloria o Devoto, para decirlo en términos bilardistas.

Los 60 años de Diego dan material para una serie de diez temporadas, pero hasta donde se sabe, Maradona: sueño bendito (un título demasiado genérico, no muy inspirado) en principio tendrá una o dos. Ahí aparece la primera dificultad, que es común a estos productos, pero aquí se potencia: ¿cómo condensar las mil vidas de Diego en una decena –o veintena- de capítulos de una hora?

¿Cómo lograr que los personajes adquieran espesura dramática, despierten empatía, amores u odios, y la serie no se transforme en una sucesión de anécdotas sin profundidad?

El primer episodio se mueve entre la infancia y el 2000 y se puerder ver a "distintos" Diego. Todos de muy buena composición.

El primer episodio se mueve entre la infancia y el 2000 y se puerder ver a “distintos” Diego. Todos de muy buena composición.

Quién es el director

Son, aquellas, preguntas que tendrán respuesta, o no, al cabo de los diez capítulos. Por de pronto el primero, Promesa, está encaminado. Fue dirigido por el cordobés Alejandro Aimetta, nombre clave de esta serie.

Es el showrunner, coguionista –junto a Guillermo Salmerón y Silvina Olschansky, creadores de El marginal– y director de la mayoría de los capítulos. Y tiene experiencia en esto de llevar historias de la vida real a la pantalla: ya lo hizo en México con ficciones sobre Selena, Jenni Rivera y Juan Gabriel.

Por las dudas, para que el hiperexplotado sello “basado en hechos reales” funcione como gancho y no termine siendo un lastre –sobre todo legal-, antes del comienzo un cartel nos advierte, cual prospecto de medicamento al que nadie le llevará el apunte: “Inspirada en hechos reales. Algunos elementos fueron creados para dramatización. Cualquier similitud con personas reales es pura coincidencia”.

Dos planos temporales

Como en la de Luis Miguel, aquí la narración transcurrirá en dos planos temporales. El “presente” se ubica en el año 2000, en Punta del Este. Todo empieza con un Diego triste, solitario y obeso –impactante transformación física de Juan Palomino-, al borde de la muerte por una supuesta sobredosis, recordando tiempos mejores.

Peter Lanazani compone a su representante, Jorge Cyterszpiler.

Peter Lanazani compone a su representante, Jorge Cyterszpiler.

Ahí se cuela un astuto recurso para vender los nueve capítulos siguientes: un frenético clip muestra lo que veremos a lo largo de Sueño bendito. Es decir: un Diego entre el fútbol y la fiesta perpetua, desde Argentinos Juniors hasta el Napoli, junto a Claudia (Villafañe) y otras mujeres varias, levantando la Copa del Mundo o aspirando cocaína a más no poder, rodeado por managers, periodistas, jefes de Estado.

Mientras está en coma, su rocambolesco entorno revolotea alarmado y el mundo se sacude por la noticia de su agonía, van apareciendo los episodios de esa vida increíble contados cronológicamente. Todo apoyado por una atinada selección musical (Pappo’s Blues, Charly García, Babasónicos, Rudy y Niní Flores).

Al estilo Cinema Paradiso

El “pasado” arranca en 1969. Con un tono costumbrista, emotivo y “entrañable” al estilo Cinema Paradiso, vemos las travesuras del Pelusa en Villa Fiorito. Entra en acción el segundo Diego que veremos, a cargo del niño debutante Juan Cruz Romero, que resume a la perfección la picardía, el desparpajo y la inocencia de ese chico que soñaba con ser futbolista profesional.

En líneas generales, y más allá de caracterizaciones más o menos parecidas a las personas que recrean, el elenco es un acierto. Además de la revelación de Pelusa, en este episodio inicial se destacan Mercedes Morán como Doña Tota, Pepe Monje como Chitoro, Fernán Mirás como Francis Cornejo y Peter Lanzani como Jorge Cyterszpiler.

Si bien un cartel advierte sobre las licencias de la ficción, en el priemr capítulo se ve un riguroso trbajo de composición.

Si bien un cartel advierte sobre las licencias de la ficción, en el priemr capítulo se ve un riguroso trbajo de composición.

Pronto queda clara la intención de enmarcar las peripecias de Maradona en el contexto histórico argentino. Primero con la muerte de Juan Domingo Perón, llorado tanto por Doña Tota como por Don Diego. Después, ya en dictadura, con una “pinza” en la que los militares detienen el colectivo donde viaja el entonces jugador de Argentinos con su padre y revisan a todos los pasajeros.

Ése es el tercer Diego que aparece en el capítulo, a cargo de Nicolás Goldschmidt: otro acierto. Todavía estamos ante el Maradona más naif y querible, que apenas empieza a mostrar algunas señales de ese carácter combativo, entre justiciero y pendenciero, que lo identificará años más tarde.

Claudia es buena y Cóppola, el villano

Sueño bendito debe hacer equilibrio entre lo remanido y lo novedoso, lo público y lo “secreto”. Lo conocido juega a favor en tanto y en cuanto permite hacerle guiños a un público que ya sabe de qué se trata el asunto.

También obliga a buscarles otro ángulo a situaciones conocidas hasta el hartazgo: en este capítulo está, por ejemplo, recreado el reportaje en lo de Pipo Mancera (“Mis sueños son dos: jugar el Mundial y salir campeón”) con la frase completa y la reacción de Pelusa al verse en televisión.

Laura Esquivel, la Claudia de la serie en tiempos de juventud.

Laura Esquivel, la Claudia de la serie en tiempos de juventud.

Lo novedoso es ganancia pura: en el arcón de la vida de Maradona sobran anécdotas como para sorprender hasta a sus biógrafos. En este rubro también entra la exploración de los personajes secundarios, un terreno fértil para que la ficción le escape a la pura anécdota y consiga cierta profundidad o, al menos, cierto suspenso telenovelesco.

Pareciera que los temores de la Claudia real no tenían fundamento: aquí aparece como una mujer abnegada, siempre preocupada por su pareja. Su gran rival es Doña Tota: una presencia fuerte, dura, que no le perdona el amor de su hijo. Como villano se asoma Guillermo Coppola, más interesado en tapar los rastros de cocaína y en evitar los escándalos que en la salud de Diego.

Entre lo sorpresivo también se cuentan las imágenes de archivo que aparecen al final de cada capítulo, en general complementando situaciones que se vieron durante el episodio. El material documental es además un recurso clave a la hora de reconstruir partidos, una dificultad que las ficciones en general no saben cómo resolver.

Aquí se logra con una perfecta mezcla entre la actuación de los Diegos ficticios y el Diego real.

(El primer episodio se podrá ver este jueves 28, a las 22, por Elnueve. Y, a partir de la medianoche, los primeros cinco capítulos de la serie estarán disponibles en Amazon Prime Video).

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