En el Colon y en Konex, un fin de semana con Marius Petipa

Este fin de semana, el sábado 6 y domingo 7 de noviembre, se presentarán en dos escenarios porteños varias obras del coreógrafo franco-ruso Marius Petipa (1818-1910), sin dudas el más famoso coreógrafo de la historia de la danza escénica.

Por un lado, el Ballet del Colón estrena el sábado un programa mixto que incluye fragmentos de El lago de los cisnes y de Paquita -es un ballet de Petipa menos frecuentado que otros-. Por otro lado, en la Ciudad Cultural Konex podrán verse el domingo los pas de deux de El lago de los cisnes, La bella durmiente y Cascanueces como parte del Festival Tchaikovski. Marius Petipa y P.I. Tchaikovsky colaboraron en la creación de estos tres célebres ballets.

¿Pero cuánto se sabe de la vida de Petipa, una de las personalidades más influyentes del ballet de todos los tiempos?

Su historia

El Ballet Estable del Teatro Colón, en pleno ensayo para este fin de semana. Foto Máximo Parpagnoli

El Ballet Estable del Teatro Colón, en pleno ensayo para este fin de semana. Foto Máximo Parpagnoli

Vayamos primero a su origen: había nacido en Marsella en una familia de artistas relativamente modesta. El padre era director de ballet, maestro y coreógrafo; la madre, una actriz dramática que formaba parte de los espectáculos que montaba su marido. Los tres hijos -Lucien, Marius y Victorine- habían sido destinados a la escena desde la infancia más temprana, lo quisieran o no. “Tenía siete años –cuenta Marius en su libro de memorias- cuando me inicié en el arte de la danza en las clases de mi padre. El rompió en mis hombros más de un arco de violín con el propósito de hacerme entrar en la cabeza los misterios del ballet”.

Aunque Jean-Antoine Petipa era habitualmente contratado por teatros europeos de cierto renombre, su mujer, sus hijos y él mismo conocían bien las penurias de la vida trashumante, los vaivenes del éxito, los ingresos irregulares y los empresarios inescrupulosos.

A los dieciséis años Marius tuvo su primer contrato propio en Nantes, en cuyo teatro de ópera bailó y también creó tres ballets. Pero después de quebrarse una pierna durante una función sus patrones no quisieron pagarle el resto del contrato. Más tarde viajó con su padre a Nueva York y después de dos semanas de actuar en teatros colmados de público, el empresario les anunció que no iba a poder cumplir con el pago prometido.

Al regresar a Europa, Marius se estableció primero en París y luego en Bordeaux; más tarde fue invitado a bailar en Madrid y en varias ciudades de Andalucía. Marius pasó en España un período muy feliz de su vida, con mucha actividad profesional y unas cuantas aventuras románticas. Una de ellas le costó el desafío a un duelo con un aristócrata español –al que hirió en la mandíbula- y como los duelos estaban prohibidos tuvo que abandonar rápidamente el país.

En octubre de 2017, Pas de deux del II Acto de El lago de los cisnes, con coreografía de Mario Galizzi, por el Ballet del Colón. Foto Archivo Clarín

En octubre de 2017, Pas de deux del II Acto de El lago de los cisnes, con coreografía de Mario Galizzi, por el Ballet del Colón. Foto Archivo Clarín

Pero ya España lo había inspirado para varios ballets cuyos títulos lo dicen todo: Carmen y su torero, La perla de Sevilla, Las aventuras de una hija de Madrid, La flor de Granada, En camino hacia una corrida de toros, y también el archiconocido Don Quijote más Paquita, los únicos que sobreviven de aquel período.

En mayo de 1847, Marius Petipa llegó a San Petersburgo con un contrato para trabajar durante un año en el prestigioso Ballet Imperial del Teatro Mariinski. Al desarmar el equipaje encontró que su madre había colocado entre su ropa, amorosamente, tres bufandas gruesas; la señora Petipa sabía que el frío en San Petersburgo era tan intenso que incluso las calles contaban con sistemas de calefacción.

Pero los inviernos rigurosos pasarían a formar parte de la vida de Marius: su existencia errática concluyó desde el momento en que se instaló en la capital zarista: lo que él suponía que sería sólo un año de contrato se transformó en una residencia permanente y su vinculación con el ballet ruso se prolongó a lo largo de casi seis décadas.

Petipa nunca logró dominar el idioma de su patria adoptiva y los sinsentidos y obscenidades involuntarias que profería cuando intentaba hablar en ruso fueron objetos de diversión para sucesivas generaciones de bailarines. Su identificación con Rusia, sin embargo, y su amor por el país fueron absolutos. Los aportes que hizo a la compañía imperial marcaron de una manera definitiva la historia del ballet ruso y finalmente también la historia del ballet universal.

"La bella durmiente del bosque, interpretado por el Ballet Estable del Teatro Colón, también en octubre de 2017. Foto Archivo Clarín

“La bella durmiente del bosque, interpretado por el Ballet Estable del Teatro Colón, también en octubre de 2017. Foto Archivo Clarín

La vigencia que tiene hasta hoy un número importante de sus obras está fuera de toda discusión. Basta recorrer las programaciones de cualquier compañía de ballet del mundo en los últimos cincuenta años, de Montreal a Santiago de Chile, de Tokio a Estocolmo, para encontrar que sus temporadas incluyen siempre uno u otro -y frecuentemente varios- ballets de Petipa. El celebérrimo Lago de los cisnes, Don Quijote, Raymonda, La bayadera, Cascanueces o La bella durmiente gozan hoy de tanta aceptación como la que tuvieron en su época, y ningún otro coreógrafo del siglo XIX o XX puede en este sentido comparársele.

No es fácil encontrar una explicación certera para esta popularidad que atravesó limpiamente más de ciento cincuenta años: en el ámbito de un arte tan efímero como es el ballet las obras de Petipa -más o menos fieles al original o recreadas en versiones de toda especie- se mantienen notablemente vivas. El público las busca y los bailarines las aman.

Regresemos ahora a aquel momento en el que el joven Petipa llega a San Petersburgo y se instala en un hotel de la ciudad. Al día siguiente se dirige al despacho de Alexander Gedeonov, director de los Teatros Imperiales. “¿Cuándo debuto?”, pregunta Petipa. “Váyase a pasear”, es la respuesta del director.

Universal. La rusa Aanastasia Matvienko y "Don Quijote", con el ballet de Zurich. Foto AP

Universal. La rusa Aanastasia Matvienko y “Don Quijote”, con el ballet de Zurich. Foto AP

“¿Cómo? ¡Pero Su Excelencia se ha dignado a contratarme!”. “Lo sé, lo sé -responde el director-. Pero puede pasear con toda libertad durante cuatro meses”. “¡Cuatro meses! ¿Cómo haré para vivir durante ese tiempo?”. “No se preocupe; usted cobrará mensualmente su salario hasta que se incorpore al Teatro, y si precisa, puedo entregarle ahora un adelanto. ¿Se arreglaría con doscientos rublos?”. Petipa salió del despacho de Gedeonov agradeciendo al cielo que lo hubiera enviado a semejante paraíso.

Para medir en términos estrictamente numéricos el aporte de Petipa hay que decir que creó en Rusia 46 obras originales, la mayor parte de ellas compuestas de varios actos; revivió 17 ballets de otros coreógrafos, ballets para los que creó frecuentemente nuevas escenas y nuevas danzas como en El corsario o en Giselle; coreografió 35 danzas para óperas y 5 ballets-divertissments para lo que se llamaba “piezas de ocasión”.

Durante los últimos años de su vida, Petipa dividió su tiempo entre San Petersburgo -donde pasaba el invierno siguiendo con interés la actividad teatral y las alternativas de la política- y Crimea, su lugar habitual de veraneo desde hacía muchos años. Allí, en la localidad de Gurzuf, murió el 14 de julio de 1910.

El gran coreógrafo ruso-americano George Balanchine habló en muchas oportunidades de la admiración que sentía por Petipa y por su obra. El párrafo que sigue es suficientemente elocuente:

“El teatro es un lugar -escribió Balanchine- donde lo inverosímil es siempre posible. El teatro enseña siempre cómo transformar lo imposible en realidad. Pero para que ese imposible se realice hace falta algo más que inspiración, sentido de la novedad, capacidad de invención y arte. Hace falta además una obstinación inquebrantable, casi rústica; es necesario encontrar las fuerzas para crear una obra, no como una experiencia en sí misma sino apoyándose en la experiencia vivida. Petipa poseía en muy alto grado todas estas cualidades. He aquí porque lo considero el más grande maestro en nuestro arte. Pero advierto a mis propios alumnos: olviden sus pasos, ellos resurgirán de ellos mismos. Intenten hacer renacer su espíritu.”

Cuándo y dónde

El sábado 6 de noviembre a las 20: Programa mixto con el Ballet del Teatro Colón. Libertad 621. Domingo 7 a las 18: Gala de Ballet en la Ciudad Cultural Konex. Sarmiento 3131.

POS

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