El terror, género poco habitual en el mundo teatral


En cine y en teatro, te atrapa de inmediato. El terror es un género que nos desvía de nuestra cotidianidad. Por eso resulta tan atractivo. “Los temores se comparten, son colectivos”, opina el maestro del género, Stephen King (Carrie, It, El resplandor). Es que el miedo es sinónimo de todos. Paraliza, estremece, da pánico, genera incertidumbre. El suspenso que lo precede, ya se trate de una comedia negra, un thriller, o una obra de ciencia ficción, crea ese campo de cultivo que se define a través del terror. Pero ¿cuáles son las fronteras que separan el terror del horror?. Un ejemplo, lo ofrece un clásico del cine. En Alien: el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), sus protagonistas están expectantes y temerosos, aterrorizados, aunque no lo dicen, ante eso desconocido que presienten se revelará muy pronto. Luego a los 56 minutos, cuando el monstruo emerge del vientre de uno de los hombres, el horror se apodera de toda la tripulación, frente a la temible presencia de esa criatura viscosa y deforme.

Claro que en teatro, las convenciones del género, su performance en vivo y el pánico de algunos autores para abordarlo, lo transforman en complejo, debido a que los efectos que permite el cine resultan casi imposibles de trasladar a un escenario. Ni hablemos si se agregan cuestiones presupuestarias. Lo cierto es que a pesar de las imposibilidades, el género de terror aparece y el público lo disfruta hoy y lo ha disfrutado a través de décadas en nuestros escenarios. Es que el suspenso y las risas nerviosas, terminan hermanando al público. Esto sucede por estos días en dos piezas, que protocolos mediante, pueden verse en nuestra ciudad. Una de ellas es El cuarto de Verónica, de Ira Levin (En La Mueca desde el sábado próximo), con Silvia Kutika y Fabio Aste; y la otra es El juego, una experiencia de miedo, del argentino Francisco Ruiz Barlett (Metropolitan Sura, los jueves, a las 23), dirigida por Gastón Cocchiarale.

En diálogo con LA NACION, Cocchiarale, explica que es una producción del teatro independiente de la sala Método Kairós, que fue trasladada al circuito comercial. Destaca que en cada función, cuentan con un aforo de 150 espectadores. “Es la historia de un grupo de primos, que se reúnen a jugar el juego de la copa, con la intención de encontrar a otro primo que desapareció y no saben si está muerto. Esto nos permite incorporar una serie de elementos que hacen al género de terror, arriba y abajo del escenario, en la platea. Al no contar con los recursos del cine, como la musicalización, las imágenes, locaciones, los efectos, empleamos recursos teatrales que apuntan a sugestionar al público, los que se imaginan situaciones y se asustan más de lo que ocurre realmente. Cocchiarale que actualmente actúa en la obra Jauría (El Picadero) y ha actuado en cine y dirigido varias piezas, dice que El juego, “me permitió incomodarme, desafiarme a trabajar un género que nunca había abordado. Y dio resultado, la gente viene se asusta y se predispone a jugar, se lleva lo que vino a buscar, pasarla bien por un rato”.

Programa de mano de El jorobado de Notre Dame, con Narciso Ibáñez Menta, en el desaparecido teatro Fémina

Antes de mencionar otras piezas que abordan el género, se deslizan por lo fantástico, o el suspenso que precede al terror, es imposible no mencionar a uno de los padres del terror en la Argentina. Narciso Ibañez Menta (Asturias, 1912-Madrid, 2004). Hijo de cantantes líricos, debutó siendo muy pequeño en teatro y en nuestro país. El niño apodado Narcisín, se dice que era un gran admirador del Lon Chaney, conocido como “El hombre de las mil caras”. Narcisín intentaba imitarlo maquillándose como él y volviéndose irreconocible y esto lo llevó a trasladar al escenario, en la década del 30, sus propias adaptaciones de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, luego El fantasma de la Opera y El jorobado de Notre Dame. Más tarde Ibañez Menta se haría famoso por sus ciclos televisivos de terror. Dos de los más notables fueron El hombre que volvió de la muerte, a fines de los ’60 y El pulpo negro, en los 80.

Programa de mano de El fantasma de la ópera, con Narciso Ibáñez Menta, en 1934

Otro hito que marcó una leyenda dentro del género, fue la versión teatral de Drácula, de John L. Balderston y Hamilton Dean, basada en la novela de Bram Stoker, que Sergio Renán presentó en el desaparecido teatro Odeón,, en 1978 (casi en simultáneo con Broadway, que en 1977 la personificó Frank Langella, aunque en 1927 la había hecho Bela Lugosi). Renán hacía del temible Conde y la dirigía. Lo acompañaron Gigi Rúa y Osvaldo Terranova. Un dato curioso es que en la actualidad, en Mercado Libre, están a la venta para los fanáticos, facsímiles de los programas de mano, los que se cotizan entre mil cien y quinientos pesos y se los puede abonar en cuotas. Daniel Tinayre, esposo de Mirtha Legrand, también llevó su versión del Conde Drácula, al año siguiente del estreno de Renán. En este caso Tinayre eligió a Gianni Lunadei, para el temible papel del caballero al que le apetece la sangre humana.

Misery, el best-seller de Stephen King que se trasladó al cine con Kathy Bates (ganó un Oscar por su papel) y James Caan, muy conocida por el público, permitió que Alicia Bruzzo y Rodolfo Bebán se dieran el gusto de trabajar juntos, en el Metropolitan, dirigidos por Manuel González Gil, que adaptó la pieza presentada en Londres, por Simon Moore.

Si en el circuito comercial se apostó a títulos más conocidos por el gran público, entre los independientes sucedió lo contrario, se inclinaron por obras propias, a veces dirigidas por sus mismos autores.

Rocky Horror Show, en el Maipo, con Roberto Peloni y Melania Lenoir al frente del elenco

En el ámbito comercial fueron los musicales los que mejor pegaron en el público. En 2001, Diego Ramos, Sandra Ballesteros, Humberto Tortonese y Omar Pini, se adueñaron desde el escenario del Broadway, de La tiendita del horror, de Alan Menken y Howard Ashman. Un éxito probado en Broadway, The Rocky Horror Show, en la Argentina, se presentó en tres oportunidades. En 1975, la interpretaron Ana María Cores y Valeria Lynch, en la desaparecida sala Pigalle, en Recoleta. En 1994, Jean-Pierre Noher y Natalia Lobo la rescataron en el teatro Del Globo; y en 2016, con nuevo elenco encabezado por Roberto Peloni se estrenó en el Maipo. Mientras que si de éxitos del género se trata, para los fanáticos, en la plataforma Teatrix, se pueden rever tres éxitos de Pepe Cibrián Campoy: Drácula, el musical; Dorian Gray, el retrato y El jorobado de París.

Entre los independientes, dos autores, actores, directores, Julio Molina y Mariano Saba, declaran sentirse muy atraídos por el género de terror y explican que no fue fácil trasladarlos al escenario.

Julio Molina, tiene tres piezas, dentro de su muy rica producción dramatúrgica, con las que se propuso transitar el miedo o provocar escalofrío al público. Para El espíritu de la perversidad (1996), que protagonizó Marcelo Frasca, utilizó textos de Edgar Allan Poe (El gato negro) y de Fritz Lang (El vampiro negro) y concretó este unipersonal que se presentó en el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras. En 2003, en esa cantera de notables propuestas teatrales, que es El Centro Cultural Rojas, mostró La tablita, con texto y dirección propios y ya más recientemente, en 2019, dio a conocer Faltan suministros, también por él escrita y dirigida, una obra en la que coincidían, una clínica del interior, un médico que llega y en la que la falta de elementos provoca extraños sucesos.

Marcelo Frasca, en Falta de suministro, de Mariano Saba

En otro vértice de los fans del género, se ubica Mariano Saba, que de su unipersonal Veneno, hizo dos versiones escénicas. Una para Microteatro (2017) y la otra, en el Sportivo Teatral, de Ricardo Bartis (2018), en el que su pieza pasó a formar parte de un ciclo y se le agregó un segundo título Veneno –remixed-. Con ella inquieto al público y hasta les hizo erizar la piel, cuando ese fumigador que aparecía en escena y convocaba a los espectadores a quedarse encerrados, debido a una invasión de insectos gigantes afuera, él mismo, en el final, se transformaba en una de esas extrañas criaturas, provocando no pocos sustos en los participantes de este juego teatral. “Utilizamos unos pequeños trucos –explica Saba-. El actor transportaba una mochila metálica de fumigación de las que se utilizan en el campo y eso daba un efecto tragicómico y temeroso a la vez. Tenía un tinte grotesco de película de ciencia ficción clase B. Pero lo que se dice terror puro, me da la impresión que en teatro es difícil de lograr, no creo que la convención lo resista. Hay algo de lo que se puede ver y lo que uno oculta que en teatro es necesario y el terror requiere específicamente que genere impacto aquello que es extraño. En teatro se complica, porque se trabaja más con lo que se sustrae, se oculta. Junto con Daniel Veronese hicimos una obra, La materia oscura, que puede verse vía streaming, en la página web de El camarín de las musas. En ese caso se trabajó sobre el suspenso, la intriga que podía adquirir un significado fantástico, terrorífico o monstruoso, depende como se lo mire. Sin embargo no incluye la convención que requiere el terror, el encuentro cara a cara con el monstruo. El terror es un tema que me apasiona, coqueteo con este género, pero hasta ahora sólo me muestra un límite”.

Quienes no se impusieron límites fueron el catalán Albert Pla y el grupo de artistas plásticos Mondongo, que inauguraron la temporada 2018, del Complejo Teatral de Buenos Aires, en el Regio, con una performance musical titulada Miedo, en la que coincidieron paisajes de la infancia, con tecnología 3D, canciones, texturas, relatos y confesiones varias. Alejandro Cruz que cubrió su estreno lo calificó con un Muy bueno.

Veneno, de Mariano SabaGentileza LUISINA DELORENZINI

De las tantas propuestas teatrales que han incluido este temido género, subrayamos por último dos. Una de ellas tiene a Rita Terranova, como directora, la que quizás en homenaje a su padre, Osvaldo, que hizo el papel del profesor Van Helsing, en el Drácula, de Renán, hizo de la versión teatral de Otra vuelta de tuerca, de Henry James, un admirable cuento de miedo, cuando la estrenó en 2004, en el teatro Del Pasillo, con Inda Lavalle al frente del elenco. La siguiente es Las novias del templo escondido, que se realizó en la iglesia de Santa Felicitas, en Barracas y se inspiró en los hechos históricos que rodean la vida de Felicitas Guerrero. Este espectáculo estrenado en 2019, al año siguiente se lo incluyó en el Festival Internacional de Buenos Aires (Fiba).

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