El show de los escandalones: Rodrigo Lussich convirtió su segmento en un programa propio



No hay muchos antecedentes de secciones de un programa que cobren vida propia. Eso sucedió con El show de los escandalones, un desprendimiento de Intrusos que se convirtió en un formato independiente. Rodrigo Lussich (de 47 años), el creador del segmento, se vuelve a poner el traje de conductor a partir de este sábado a las 20, por América.

“Es como un spin off”, dice el periodista nacido en Montevideo, que estuvo cuatro años al frente de Confrontados (Elnueve) junto a Carla Conte. Lussich aclara que el nuevo ciclo no anula al espacio que tiene en el programa de Jorge Rial: “La idea es que convivan los dos”.

Acompañado por Anamá Ferreira, Nati Jota y la española Sheila González, el ex movilero adelanta que este nuevo desafío tendrá un concepto más de show, con bailarines y con una escenografía “más de noche”.

Lussich dice que está atento al rating porque “es el pan nuestro de cada día”.

“La clave es el humor, el entretenimiento y el ritmo. Porque ése es mi estilo. Yo tengo la premisa de que no se caiga la pelota. O, más como en el básquet, que la pelota esté picando todo el tiempo. Ésa es un poco mi bandera”.

El show de los escandalones es parte de la renovación que America dispuso los sábados a la noche para competirle a El Trece y Telefe. A las 21 llegará Santo sábado, con Guillermo “Pelado” López y Soledad Fandiño; y a las 22, Julieta Prandi estrenará el ciclo Confesiones.

Lussich será el primero de los tres en debutar. Durante una hora (“creo que puede crecer a más tiempo”), subirá y bajará por una escalera de colores, mientras una pantalla gigante mostrará cada escandalón que se multiplicará por cinco.

La “Escalera al cielo” tendrá lo mejor de Intrusos y los temas del momento; la “Escalera de cabotaje”, con todo el mundo de las redes sociales y lo que los famosos deciden mostrar; la “Escalera internacional”, con los grandes temas de la farándula latina y de todo el mundo.

Y no faltarán la “Escalera retro”, con homenajes a grandes figuras, programas, viejas tapas de revista, avisos y lo mejor del archivo; y la “Escalera al infierno”, que cerrará cada entrega con las primicias del momento, los escándalos más calientes y la actualidad, siempre desde una mirada humorística y divertida del espectáculo.

“Siempre supe que podía ser un programa propio, semanal o diario”, dice sobre los “Escandalones”, que se volvieron un sello de Intrusos.

“Es mi proyecto más personal. Es el tercer programa que voy a conducir en aire. Pero es el primero que es absolutamente mío, en cuanto a cómo lo imaginé, lo pensé y lo quiero hacer. Si funciona, mejor”.

-El programa se desprende de la sección de “Intrusos”. ¿Cuándo y por qué sentiste que podía ser un formato propio?

-Yo lo sentí siempre. Porque los Escandalones vinieron a ser como una cápsula dentro de Intrusos. Entonces siempre supe que era y podía ser un programa propio, semanal o diario. Tiene ciertas características propias: las escaleras, la pantalla, que juega un papel muy importante, porque ahí va pasando todo. El programa es como que se edita al aire.

-¿En qué sentido?

-En que a diferencia de programas que tienen informes o tapes, donde vos descansás en el estudio, acá nos quedamos todo el tiempo en on. Sale una nota, una imagen o un tuit por la pantalla, pero el estudio sigue prendido. Vamos y venimos todo el tiempo con la pantalla. Y eso le da dinámica al formato. A eso le sumás la escalara, por la que subo y bajo todo el tiempo; las intervenciones de las colaboradoras, que son muy picadas; el musicalizador que tira una canción y se baila. Esa dinámica lo hace un formato particular que lo diferencia del resto.

Rodrigo Lussich y el segmento de “Los escandalones” se convirtió en un formato propio.

-¿Qué rol van a tener las mujeres?

-Van a ser una especie de hinchada, de tribuna. No las llamo panel porque no es un programa de debate, sino de entretenimiento y humor, basado en los chimentos. Ellas vienen con su personalidad, pero la idea es que estén desperfiladas de lo que vienen haciendo. Quiero decir, que vengan muy funcionales a divertirse y a reírse con eso y de eso, que es un poco lo que hago yo.

-Volvés a conducir después de aceptar sumarte como panelista.

-Este año no creí que iba a volver a conducir. De hecho, acepté la propuesta de Intrusos porque me parecía que era lo más parecido a lo que quería hacer, sin conducir. Todo fue un causa y efecto bastante positivo, en un contexto de pandemia donde todos estamos económicamente reventados. Desde lo profesional, el riesgo pagó doble.

-¿A qué te referís con “riesgo”?

-Al hecho de correrme de una conducción y no quedarme atrapado en una cuestión ególatra de no volver a un panel. Por suerte termino ganando. Yo soy un tipo muy pragmático. Estuve cuatro años muy instalado como conductor, nadie duda de mi rol, pero tengo que salir a laburar y necesito estar activo. Y creo que cuando uno logra una impronta, después no la pierde por el rol que ocupe. Si sos conductor, lo sos aunque no conduzcas. Y si no lo sos, aunque conduzcas, tampoco lo sos.

Nacido en Montevideo, Lussich asegura que éste es su proyecto más personal.

-¿Te sienta más cómodo el formato de entretenimiento que el de magazine de espectáculos?

-Sí, el periodístico de espectáculos no es lo que más me gusta dentro del género.

-¿Por qué?

-Porque creo que el género de espectáculos es mucho más lúdico que lo que se pretende. Después, hay mucha discusión en torno a que si no lo hacés en serio la gente no se lo cree y no lo mira. Tengo mis dudas sobre eso. Creo que la gente mira lo que vos hagas con absoluta convicción. Y lo que compró de mí la gente, en este formato, es que yo me creo absolutamente lo que hago, aunque comparta conmigo que pueda ser una locura o rayando el ridículo. Después, el rating, los parámetros de la competencia, las grillas y los horarios en donde te ponen o te sacan son cosas que a uno le exceden.

-¿Cómo te llevás con el rating? ¿Sos de estar atento o te desligás?

-Sí, soy de mirarlo porque es el pan nuestro de cada día. Y también lo padezco, porque yo puedo decidir el contenido que pongo al aire, pero no decido el horario, la competencia, el encendido. No me gusta caer en el reduccionismo de que si algo no funciona es sólo porque uno no lo hace bien. Y ejemplos sobran en la tele. Salvando las distancias, Casados con hijos, en sus primeras emisiones, no funcionaba porque estaba mal programado. Cuando lo pusieron en el horario que correspondía, la rompió.

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