El Oscar, símbolo de una industria que se reconvierte



24 de abril de 2021

Como el día del cumpleaños o Año Nuevo, la ceremonia de los Oscar es un momento de balance. Los ganadores y perdedores determinan la suerte de unos y otros mientras que todo lo que pasa alrededor revela las distintas aristas del presente de Hollywood y plantea los cuestionamientos sobre su futuro. En un año al que llamarlo extraordinario ya es un cliché, la ceremonia se realiza en el mismo marco de incertidumbre que tiñe a todos los órdenes de la vida. Será esta noche, en Los Ángeles; estará marcada a fuego por los protocolos especiales y por la relajación de una de sus principales reglas, que obliga a que todas las películas nominadas deben ser estrenadas en salas. Esto cambió –al menos por este año– a raíz de la pandemia. Pero también es un indicio de otros ganadores y perdedores.

El Covid-19 no es el único factor que pone en evidencia los cambios a los que se enfrenta el cine. La situación global presentó nuevos desafíos, pero también aceleró procesos que comenzaron varios años atrás, sin virus de por medio. De las experiencias excepcionales de 2020 y de lo que va de 2021 salieron a la superficie preguntas y discusiones en torno al futuro de una industria cinematográfica que enfrenta cambios tecnológicos y de consumo, al mismo tiempo que intenta solucionar problemas endémicos como la falta de diversidad y los abusos de sus figuras más poderosas. A continuación, los grandes ejes que demuestran que todo se transforma más rápido de lo imaginado.

El público en China se volcó mayormente a producciones de su país durante 2020, con cifras que preocupan en Hollywood GILLES SABRIE – NYTNS

Premios que pierden público. El 9 de febrero de 2020, con el coronavirus como una amenaza aún lejana, se celebró la última entrega de los Oscar. Su transmisión por televisión tuvo un mínimo histórico, con poco más de 23,5 millones de espectadores en los Estados Unidos, entre los que no están contabilizados quienes vieron la ceremonia después, grabada o mediante clips de YouTube. En 1998, los premios de la Academia había sido vistos por 55,25 millones de personas, alcanzando el máximo de su historia. En poco más de dos décadas, la audiencia cayó a la mitad.

Si bien los números récord son por definición una anomalía, el declive en la cantidad de espectadores comenzó en 2014. A su vez, vale preguntarse por qué se dieron estas cifras en cada momento. La ceremonia que consiguió el máximo de televidentes fue aquella en la que la mayoría de los premios, incluido el de Mejor Película, fueron para Titanic, film que ocupa uno de los primeros puestos del ranking de películas más taquilleras de la historia, encabezado por Lo que el viento se llevó, ganadora en 1940. En 2019, el film que tuvo más éxito en la taquilla internacional fue Avengers: Endgame mientras que las nominadas a los rubros principales recién aparecen en los puestos 23° (1917) y 24° (Érase una vez en Hollywood) de esa misma lista, con Parasite, en el 31°. Esta distancia entre el público y la Academia se refleja también con Nomadland, la favorita a ganar como Mejor Película esta noche –desde las 21, por TNT–, recaudó 4.526.950 de dólares, con un estreno en salas limitado; mientras que algunas de sus competidoras como Mank y El juicio de los siete de Chicago fueron estrenadas por Netflix y se desconoce cuánto público tuvieron.

Nomadland, la favorita a ganar como Mejor Película

Desde que se inició el declive, la Academia intenta encontrar la forma de recuperar a los televidentes perdidos. La brecha entre las películas más taquilleras y las nominadas a los premios principales es una de las causas posibles del aparente poco interés que genera la ceremonia. Pensando en esto, la Academia anunció en 2018 la creación de un premio para la Mejor Película Popular, pero lo cancelaron debido a la recepción negativa que el plan cosechó en la opinión pública. Al mismo tiempo, la institución se veía obligada a enfrentar las críticas por la falta de diversidad en las nominaciones, que había comenzado en 2015. La recriminación por los “Oscars tan blancos”, según un hashtag que se replicó en las redes sociales, presentaba otra de las posibles causas de la brecha existente entre los premiados por la industria y los elegidos por el público a la hora de comprar entradas. Una masiva invitación a nuevos miembros de distintos orígenes, edades y géneros fue la respuesta con la que la Academia buscó reinventarse como una entidad más diversa. En 2016, Moonlight, una historia afroamericana y de temática LGTBQ+, le ganó el Oscar a Mejor Película a Lalaland, en uno de los momentos más confusos de la historia de los premios.

Las nominaciones de 2021 muestran una mayor diversidad, incluso marcando la primera vez que el rubro Mejor Dirección incluye a dos mujeres (Chloe Zhao y Emerald Fennell). Tal vez sea el resultado de un cuerpo de votantes más ecléctico; aunque también puede tener que ver con las particularidades de un año en el que los cines estuvieron casi todo el tiempo cerrados, los estudios no estrenaron sus películas con potencial de Oscar en salas, ni hicieron grandes campañas para conseguir nominaciones, y tampoco hubo festivales presenciales, con la excepción de Venecia, que suelen disparar los rumores de posibles nominadas. El interés del público por la ceremonia de esta noche será una medida más para analizar lo que está sucediendo con el gran festejo anual de Hollywood. Pero al tratarse de un año tan peculiar, solo el tiempo dirá cuánto de lo sucedido está ligado a la pandemia y cuánto a un cambio irreversible en su popularidad.

Hermosa venganza, de la realizadora, guionista y actriz británica Emerald Fennell

El imperio de la propiedad intelectual. Las películas de superhéroes y franquicias como Star Wars llegan a los Oscar sólo en los rubros técnicos, con la excepción de Pantera negra, cuya nominación a Mejor Película fue una respuesta a las críticas por diversidad y la necesidad de los Premios de volcarse a lo popular. Esto no refleja su posición de poder dentro del ecosistema de Hollywood: son esas películas las que copan la taquilla internacional desde hace varios años. Desde 2010 hasta 2019, los primeros puestos estuvieron ocupados por films de Transformers, Star Wars, Rápido y furioso, Marvel, DC, Pixar y Disney. No hay en toda la década un número uno que no sea parte de una serie de películas, con la excepción de Frozen, un film de animación original que, claro, después se convirtió en franquicia.

El negocio de la “marca reconocible” llevó a los estudios a centrar su competencia en la adquisición y explotación de lo que llama IP o propiedad intelectual. La idea es atraer al público con una nueva iteración de universos que le resultan familiares. A su vez, la mayoría de estas franquicias le permiten al estudio expandir el negocio más allá de la venta de entradas de cine a productos de todo tipo, desde juguetes y disfraces hasta comida, perfumes y objetos de decoración.

La fuente histórica de inspiración en Hollywood son los libros y los cómics, pero hoy son más que eso: se convirtieron en el motor principal de la industria, con Marvel y DC a la cabeza. La fiebre del IP amplió el criterio de los estudios sobre qué material de base puede servir para realizar un film. Así, un juego básico de teléfono como Angry Birds dio lugar a dos películas de animación, mientras que los emojis que se utilizan en los mensajes inspiraron un film animado y los Lego construyeron toda una franquicia con varias películas.

Godzilla vs. Kong, uno de los primeros grandes éxitos de taquilla desde la reapertura de los cines en distintas partes del mundoCourtesy of Warner Bros. Picture

Claro que no todas las IP son iguales y algunas valen más que otras. Disney tiene uno de los capitales más grandes en ese sentido, ya que a todos sus personajes clásicos le sumó los de Marvel, Star Wars y propiedades de Fox, estudio que adquirió en 2019.

La hegemonía amenazada. Las franquicias son clave en el intento de Hollywood de mantenerse como el gran proveedor mundial de películas y series. Subidos al éxito de marcas reconocibles en todo el mundo y ofreciendo películas repletas de acción, donde los diálogos son lo de menos, la industria cinematográfica norteamericana encontró la forma de consolidar en la actualidad el poder global que tuvo durante todo el siglo XX.

China es el gran consumidor del cine de Hollywood y, en los últimos años, las preferencias de su público dictaminan gran parte de su producción. Incluso, capitales chinos entraron directamente en el negocio de la meca del cine; por ejemplo, el conglomerado Wanda Group compró Legendary Entertainment, responsable de la reciente Godzilla vs. Kong.

Este film, uno de los primeros aciertos de taquilla desde la reapertura de los cines en distintas partes del mundo, incluida la Argentina, vio su éxito eclipsado durante su segunda semana en la cartelera china por Sisters, una producción local. El dato podría tomarse como una excepción, pero si se analiza junto con los resultados de la taquilla 2020, aparece una posible amenaza para la hegemonía de Hollywood en China. Durante el año de la pandemia, China le ganó por primera vez a los Estados Unidos en la taquilla mundial. El primer puesto fue para Ba Bai (Los ochocientos), una épica de guerra histórica y el tercero para Wo he wo de jia xiang (Mi pueblo, mi patria), un retrato de distintas comunidades rurales chinas. La producción hollywoodense Bad Boys For Life quedó entre ambas y recién en el puesto 5° aparece Tenet, la mayor apuesta del cine norteamericano para 2020. De las diez películas más vistas del año, cuatro son chinas, una japonesa y cinco norteamericanas; mientras que en 2019, el cine de Hollywood copó la totalidad de esos puestos.

Bong Joon Ho, el director de Parasite, el film que marcó varios hitos pero que está lejos de los tanques en cuanto a taquilla CALLA KESSLER – NYTNS

Una de las posibles explicaciones es que los cines estuvieron abiertos antes en China y aprovecharon para estrenar películas nacionales ante la falta de títulos norteamericanos convocantes. Pero el dato invita a pensar qué pasaría si el público chino se volcara en mayor medida a su cine y dejara al de Hollywood en segundo plano. Mientras tanto, el gobierno chino prohibió la transmisión de la entrega de los Oscar de este año por la nominación de Do Not Split, un corto documental que retrata las protestas prodemocráticas en Hong Kong y por las declaraciones de Chloe Zhao, la directora de Nomadland, que criticó a su país de origen.

Más allá de lo que suceda en China, es cierto que el Oscar para Parasite y el flujo de producciones internacionales en las principales plataformas de streaming indican que los espectadores de todo el mundo, incluyendo de los Estados Unidos, están más abiertos a películas y series producidas lejos de Hollywood. La pandemia ayudó en ese sentido, con millones de personas en sus casas, ávidas de entretenimiento, que se animaron a explorar títulos internacionales.

La madre de las batallas. Entre las salas de cine y las plataformas de streaming hay una guerra en la que el botín es el público. El cine ya sobrevivió a la TV, el VHS y el DVD, pero también sufrió cambios con la aparición de cada nueva forma de entretenimiento y cada nuevo formato. Las transformaciones que trajo el streaming se aceleraron con la pandemia, que obligó a cerrar los cines durante meses y aumentó el consumo audiovisual hogareño.

Además de promover la circulación de producciones de todo el mundo, el streaming también se convirtió en estos años en un refugio del cine independiente y de autor. Mientras los estudios se concentran en las franquicias, Netflix y Amazon le dieron dinero y una nueva vía para llegar a mayor cantidad de público a directores como Martin Scorsese, Alfonso Cuarón, Spike Lee y David Fincher, entre otros. Resulta increíble, pero estos cineastas consagrados no tienen lugar en la actualidad en el sistema de estudios tradicional. Scorsese no podría haber filmado El irlandés sin el dinero de Netflix. Este acérrimo defensor del cine, que declaró que las películas de superhéroes “no son cine”, tuvo que aceptar que su última obra maestra pueda ser vista en la pantalla mínima de un teléfono o una tableta para poder hacerla.

El irlandés y Roma tuvieron estrenos limitados en salas para cumplir con las reglas de la Academia y acceder a las nominaciones al Oscar, cuando todavía se discutía cuál era una ventana válida para separar los estrenos en cine del streaming. En 2020, la pandemia obligó a suspender esa regla de manera temporal, ya que los estudios pospusieron varias de sus grandes apuestas, como Duna y West Side Story, con el fin de estrenarlas en cine. Films estrenados en plataformas de streaming, como Mank y El juicio de los siete de Chicago competirán esta noche sin haber pasado por los cines.

A la guerra de las salas (grandes perdedoras de 2020) contra el streaming (ganador indiscutido), se suma la de las plataformas entre sí. Con nuevos servicios como HBO Max, Paramount+ y Disney +, que superó los 100 millones de suscriptores en apenas un año y medio, la pelea por el público también se define en este territorio. Para ganarla hay que ofrecer el contenido más atractivo posible. Disney, además del estreno de Soul en streaming, también adoptó una nueva estrategia, que continuará utilizando, presentando Mulan y Raya y el último dragón como un opcional pago dentro de su espacio virtual. Warner anunció que sus estrenos de 2021 estarán disponibles de manera exclusiva en HBO Max. La excusa es poder estrenar sus películas aún cuando no todos los cines estén abiertos o el público no se anime a concurrir a las salas. Pero algunos analistas sugieren que es una movida para asegurarse un contenido que lleve nuevos clientes para la plataforma, que llegará en junio a la Argentina, con títulos como In the Heights, Space Jam: Un nuevo legado, Escuadrón suicida, Reminiscence, Dune y la precuela de Los Soprano, The Many Saints of Newark.

El estudio ya estrenó Mujer maravilla 1984 en salas y en la plataforma casi al mismo tiempo en 2020 en los Estados Unidos. Christopher Nolan, ferviente defensor del cine en salas, fue uno de los más críticos del estudio en el que trabaja por relegar sus estrenos al streaming, mientras que en la industria se acusó a Warner directamente de matar al cine.

Nadie sabe cómo será la pospandemia. Dentro de la industria cinematográfica hay quienes creen que el encierro del último año fomentará que los espectadores vuelvan a la experiencia comunitaria de la sala de cine. Otros piensan que el avance del streaming ya es imparable. En el medio, se juegan los destinos de las salas de cine y quienes trabajan en ellas; pero también el de las películas de autor e independientes, que podrían perder espacio si las plataformas se vuelcan a los estrenos más populares. Los distintos jugadores de Hollywood, incluida la Academia, tendrán que sentar posiciones. Y el público cumplirá un rol clave en los esfuerzos para que el cine en salas no desaparezca.

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