el negocio de ser una pauta a imitar

Parece que es un sol de persona Iván de Pineda. Impecable por donde lo miren. Galán, inteligente, culto, amable, rendidor. La publicidad lo busca para ser cara de un banco. Trabaja de viajar por el mundo y de hacer preguntas que atormentan en Pasapalabra. Saluda a los técnicos del canal donde cumple su rutina (y saluda por el nombre).

Un experimentado colega que lo conoce nos dice fuerte y claro: “Es lo más sencillo del mundo. No se puede creer que exista gente así”.

Entonces, no hay otra faceta ni otra cara ni un secreto. Hasta lo adivinás como esa gente que sabe pensar en orden. De la misma manera que lo ves en el programa, lo ves cuando se apaga la cámara. Modelo full time. Iván es una exposición en sí mismo.

Iván de Pineda, al frente de uno de sus hits, "Pasapalabra".

Iván de Pineda, al frente de uno de sus hits, “Pasapalabra”.

Patrón de conducta

Primero fue el verbo y después fuiste lindo y en eso, Iván, admitilo, hubo una cuota razonable de autoestima. Te imaginamos hace 20, 25 años atrás, cuando empezabas, mirándote al espejo, diciendo: voy a poner mi cara y mi cuerpo para vivir siendo patrón de conducta desde la legendaria virtud de la “belleza”.

Y lo haré haciéndome cargo de las contradicciones de un hombre que elige ser estereotipo para demostrar cómo se abren las puertas de cielo. Trabajando de pauta social. De cuerpo que toma posesión de otros cuerpos.

Sí, sí, claro que nos hemos puesto unos chupines como los de Iván. Intentamos estar al pie del cañón de la moda, pero salimos de los vestidores transformados en un embutido negro morcilla, prefiriendo la gansada del siglo 20 a la luminosidad de su convite con forma de cartel publicitario.

Iván de Pineda en Salta. También es el conductor de "Un pequeño gran viaje".

Iván de Pineda en Salta. También es el conductor de “Un pequeño gran viaje”.

Modelo es una (pasa)palabra pavorosa, la profesión más entrañablemente decorativa que existe. El castigo a la búsqueda de la perfección viene de ahí y del ligero daño que provoca un sujeto semejante o, básicamente, una modelo (la sociedad patriarcal exime al porcentaje menos metrosexual).

Su sola existencia convierte al sujeto promedio en un odiador de su propio cuerpo. Ya se sabe, bulimia, anorexia y epígonos. Pero tranqui, no hay ningún interés de volverse mariachi en estas pocas líneas. Sólo diremos las cosas como son: Iván nos traspasó dotado de belleza y luego, como ocurre con los lindos/as, todo le resultó más fácil.

Lo imaginamos un día cualquiera de la década del ’90, en sus prometedores inicios, chequeándose frente al espejo, consciente del reflejo de su figura radiante. Sin googlear ni requerir ningún tipo de información dura, suponemos que el muchacho tuvo una buena educación y que se formó lo suficiente como para cualquier otro menester, incluso para algo todavía más relevante. Imaginamos otra vez, a lo Lennon, una madre o un padre o un tío o un amigo diciendo: “¡¿Modelo vas a ser?!”

Un modelo de costumbres heterodoxas, eso sí. Alguien que cada vez que puede deja entrever sus cavilaciones. Ojo, no es poca cosa tratándose de un estándar en vías de desarrollo. Lo hemos leído decir que en pandemia aprovecha el tiempo que antes le faltaba por el tema de los viajes, para hacer otras cosas y, además, que debe ser el único famoso que no usas redes sociales.

“Tuve la oportunidad de estar un poco en casa, disfruté de la lectura desde un lugar distinto (…) La verdad que por ahora no me llama el tema de las redes…”.

Supersticiones

Tentado. Iván de Pineda muestra su conocimiento y su simpatía en "Pasapalabra". Foto: captura de TV.

Tentado. Iván de Pineda muestra su conocimiento y su simpatía en “Pasapalabra”. Foto: captura de TV.

¿Por qué existe la superstición de que las y los modelos son tontos? ¿Vendrá de que tienen por tarea ennoblecer la casta del estereotipo? ¿Sin Ivanes de Pineda y Pampitas seríamos más solidarios, mejores personas? ¿Estaríamos menos pendientes de nosotros mismos y del trance político que supone el consumo?

A ver: hablamos de modelos, de gente que no conforme con ser linda, opera sobre su dicha como patrón de conducta. Y de estancia. Nacer con un privilegio estético no es algo de divulgación conveniente para el resto de los mortales.

Puede que Iván (nombre con merecido IVA incluido) tenga argumentos que lo despeguen de un abierto colaboracionismo depredador de las más frívolas libertades individuales. ¿Pero cómo le explicás a Iván de Pineda que ser modelo no está del todo bueno, si a él no hizo más que abrirle puertas?

Aunque sus elegantes intervenciones refieran a cosas inteligentes y sanas, la variable repetida gira en torno a ser alcanzado por un periodismo que, por acción u omisión, conduce la tirantez hacia la superficialidad que lo circunda. En su caso, el juego de preguntas y respuestas de Pasapalabra consiste en mostrarse como una rara avis diestra en la cruzada: modelo y envase vacío no son sinónimos.

Y no, Iván habla idiomas, sabe de cultura popular, de cultura general, y lejos de ser un haragán tocado por la varita mágica es -sin dudas, y con todas las letras- un modelo a seguir. El candidato perfecto para todo: bello, proactivo, alto, empático, trasformador, aventurero, próspero, comprometido con su trabajo…

Una vez lo cruzamos por la calle y, como gracia, curioseamos en voz alta: “¿Capital de Hungría?”  El modelo, sonrisa amplia, paso vivo, nos devolvió la respuesta correcta. Después, víctima del sistema al que el mismo contribuye, lo escuchamos sacar pecho diciendo que tuvo la suerte de que le hayan inculcado la lectura desde chico, y que todavía conserva la colección Robin Hood en sus estantes.

Iván de Pineda. Su sola mención es equivalente a éxito social. Sería tierno verlo dejarse estar, afearse al menos como un acting de ayuda humanitaria. Que se manche para ver cómo sería la vida de un muchacho inteligente que de golpe engordó o se viste parecido a Mariano Iúdica.

Más que modelo, Iván debería patrocinar la casualidad, la excepcionalidad del Ser. La belleza, madre de todas las envidias, es una cosa realmente seria como para andar militándola. En el Suplemento Las 12 escribieron sobre la existencia de los lindos: “La belleza hegemónica no está pensando en lo profundo, lleva una vida entera sin que de ella se espere demasiado. Su poder la sobrepasa, su luz es demasiado incandescente para escucharla hablar”.

Pero Iván, ¿en una cultura machista para qué sirve ser modelo? ¿No ves que tu alta visibilidad, tu prime time y tu rotación publicitaria son todo un problema para el “billetera mata galán”?

¿O estarás en este mundo como parte de una intriga de género para que sepamos, en carne propia, sobre las habituales intenciones detrás de la mujer tratada como objeto? Demasiadas preguntas para Iván de Pineda, un pecado nuevo al que todavía no le encontraron diablo.

WD

Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *