El Marcapiel 4, en el Konex: una celebración en la que Luis Alberto Spinetta fue parte del aire



“Nosotros somos sus fans. Nosotros somos el Fan Club de Luis Alberto Spinetta”. Transpirando sudor y música por todos sus poros, con la adrenalina disparada a su nivel mas urgente, Javier Malosetti define así lo que significa para él y su banda de adoradores El Marcapiel, este festival que celebra ya en su cuarta edición la música de El Flaco.

Los camarines son un hervidero de cuerpos, risas, abrazos de músicos y amigos que tuvieron en distintos momentos el alto honor de compartir escenarios y grabaciones con el Gran poeta del Rock Argentino. “Para nosotros éste es el mejor tributo que le podemos hacer”, dice con la respiración entrecortada Emilio del Guercio mientras se abraza con León Gieco. Y el tributo, este año en especial significa mucho más, porque Luis estaría cumpliendo 70 años, y porque el 2020 arrancó y se perfila (al decir de muchos) como El Año de Spinetta.

No les falta razón, pues la publicación del álbum póstumo Ya no mires atrás (Sony Music) le otorga un entusiasmo muy particular a esta velada. De hecho el público va entrando al Konex mientras suena ese hermoso puñado de canciones inéditas halladas en un pendrive por su hija. Lo primero que sorprende es la baja edad de gran parte de la concurrencia. Chicas y chicos que, con mucha suerte, fueron testigos del último tramo mágico de una vida iluminada. Pero esta noche hay de todo. Familias enteras, rockeros de la primera hora, y hasta un par de motoqueros con lanas hasta la cintura y sus correspondientes chaquetas de cuero. No falta nadie, todos quieren estar. Es el mejor cumpleaños del Maestro.

Una vez más, Javier Malosetti ofició de maestro de ceremonias de otra noche inolvidable de El Marcapiel. (Foto: Martín Bonetto)

La primera formación sobre el escenario sale a capa y espada entregando versiones emocionantes de El mundo entre las manos y Fermín, de la primera etapa de Almendra. Emilio, Rodolfo García, Dhani Ferrón (¿una de las mejores voces del rock argentino hoy?), Leo Sujatovich, Daniel Colombres, Baltasar Comotto y el propio Malosetti lo dejan todo ahí arriba, y sientan las bases de la noche que nos espera.

Lo que sigue es Dios de adolescencia, aquella prístina composición spinetteana del ya de por si incalificable álbum Durazno Sangrando, del trío Invisible (1975). A partir de allí no hay respiro. Las distintas bandas que se forman y reformulan ante los ojos de la gente disparan andanadas de pura belleza musical. La poesía de Luis estalla sobre la gente y nos cubre con su mágico manto de emoción. Celsa Mel Gowland y Guille Arrom se suman para No seas fanática y Pobre amor, llámenlo.

Una multitud llenó el patio del Konex, para celebrar la música del Flaco. (Foto: Martín Bonetto)

Pero el primer suspiro de admiración colectivo surge con Cementerio club (Artaud, 1973). Malosetti deja el bajo y se cuelga una Gibson 335 prestada, para cantar los versos ineludibles con una sola condición: “Que ustedes canten algunas partes, porque esto viene con coros”. La respuesta no se hace esperar, y mientras Javier va demoliendo escalas bluseras inesperadas con un sonido distortion al palo, Juan del Barrio le responde con un órgano Hammond y la gente repite como un mantra aquello de “que calor hará sin vos en verano”.

Machi Rufino estuvo a cargo de una sentida versión de “Durazno sangrando”, entre otros clásicos. (Foto: Martín Bonetto)

Calor es lo que sobra esta noche. De temperatura corporal, ambiente y sentimental. La puesta en escena también hace lo suyo, porque la pantalla se viste con los colores (o a veces parte del diseño) de cada uno de los álbumes de Luis, según cada canción que esté sonando en ese momento. Machi Rufino, el gran socio de Luis en Invisible, aparece en escena para hacer dos temas: el primero, una versión muy dulce y sentida de Durazno sangrando. Y el segundo, toda una gran sorpresa, es Pleamar de águilas, aquel tema que abría el lado B de ese álbum y que Spinetta en el original había delegado vocalmente en Machi y su impecable falsete. Que, por cierto, sigue intacto 40 años después.

Fabi Cantilo fue la voz de la bella “Jardín de gente”, y de esa especie de declaración de principios que es “Cuando el arte ataque”. (Foto: Martín Bonetto)

Fabi Cantilo hace su aporte en Jardín de gente y Cuando el arte ataque, y lo hace de manera impecable. Para entonces, esto ya es una masacre. Nos están matando a pura poesía y todos caemos embelesados. Hay un pequeño break para asistir a la proyección del video de Ya no mires atrás, pero enseguida después, Emilio y Rodolfo regresan para las rendiciones de Toma el tren hacia el sur y Ana no duerme (aquí vocales a cargo de García).

León Gieco y Los Tipitos. Primero compartieron un clásico de “Artaud”; después, el recuerdo de los chicos fallecidos en la tragedia del Colegio Ecos, con “8 de Octubre”. (Foto: Martín Bonetto)

La emoción no se toma descansos, y la gente de Sony le entrega a Rodolfo el Disco de oro por las ventas del álbum Los Amigo. Luego llegará el turno de León Gieco quien junto a Los Tipitos versiona Todas las hojas son del viento y 8 de Octubre, el tema que Luis y León escribieron juntos luego del accidente de los chicos del colegio Ecos, en 2006.

El canto colectivo lo cubrió todo sobre el final. (Foto: Martín Bonetto)

El cierre es con todo el elenco arrancando una versión de Rutas argentinas en armonías vocales, que luego, por supuesto se convertirá en furioso rock and roll. Todos y cada uno de estos músicos han aportado su grano de arena para que la fiesta de Luis sea inolvidable. Todos y cada uno de ellos, en cada canción del Flaco, nos recuerdan la increíble dimensión musical y poética de un artista que con el paso de los años pareciera acrecentar su legado cultural. Esta noche hemos asistido a una sesión de hechicería colectiva, con El gran brujo omnipresente en cada partícula de aire. Y nuestras almas, una vez más, fueron convertidas en diamante.

E.S.

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