el invento argentino que llegó hasta Dubai y contra el que no pudo ni la pandemia

Dicen los que saben que La Bomba de Tiempo no nació como un proyecto, sino que fue “una visión”. Al menos así lo cuentan Humphrey Inzillo y Gabriel Plaza en el libro en el que repasan la historia del colectivo de percusión que cada lunes, desde 2006, convierte el patio de Ciudad Cultural Konex en una suerte de encuentro ritual que con el tiempo devino en un fenómeno cultural porteño.

Lo cierto es que más allá de cuestiones místicas o epifánicas, que por cierto no son ajenas a esta iniciativa que con el tiempo se transformó en una de las rutinas menos infectadas por el aburrido virus de la repetición de las que se tenga conocimiento, la idea salió de la cabeza del multiinstrumentista y multi-gestor artístico Santiago Vázquez.

El músico, atravesado por “el remix de experiencias recurrentes que se acumularon a lo largo de muchos años” de haber compartido ensayos del grupo Olodum y de una scola do samba carioca, de llamadas de candombe en Montevideo, de encuentros ceremoniales en Marruecos, lanzó en 2006 su primera convocatoria, y la maquinaria se puso en marcha.

Hay equipo; La Bomba de Tiempo modelo 2021, en la previa de un nuevo "lunes Bomba". Foto: Andres D'Elia -

Hay equipo; La Bomba de Tiempo modelo 2021, en la previa de un nuevo “lunes Bomba”. Foto: Andres D’Elia –

Lunes otra vez

Ahora, 15 años más tarde, es lunes otra vez y de a poco se va poblando uno de los enormes salones del Konex, en el corazón del Abasto -es un lugar común, pero suena lindo eso del “corazón del Abasto”-, en el que los integrantes de la Bomba se preparan para un nuevo encuentro en ese espacio único en su especie que es su marca de identidad.

Allá abajo, lentamente el patio también va recibiendo a sus huéspedes de la jornada. Entre ellos, seguramente unos cuantos eternos reincidentes. “Los fans del principio te dicen: ‘¡Yo venía cuando la entrada costaba 5 pesos!’, cuenta Mario Gusso, uno de los miembros del equipo de la primera hora. “Y costaba 5 pesos de verdad”, agrega Andy Inchausti, a su lado.

El plano cerrado lo completa María Bergamaschi. Más allá, se siguen sumando jugadores al equipo. Juampi Francisconi, Alejandro Oliva, Gabriel Spiller, Diego Sánchez, a quien hoy le tocará abrir el fuego como director, una vez que estén en escena; también están por ahí Carto Brandán y Luciano “Lucho” Larocca.

El patio de Ciudad Cultural Konex vibra una vez más al ritmo de La Bomba. Foto: Andres D'Elia

El patio de Ciudad Cultural Konex vibra una vez más al ritmo de La Bomba. Foto: Andres D’Elia

Cuando faltan unos minutos para las 20, la formación está casi completa; todos, ataviados con el uniforme rojo con detalles en negro que hace tiempo los identifica. Están todos los que son, y los que son son casi los mismos que estaban 15 años atrás, precisamente en este mismo rincón del Konex, donde el trío coincide en recordar que La Bomba dio sus primeros golpes. 

“En realidad, todos están desde el comienzo; los últimos que entramos somos Diego (Sánchez) y yo; y Cheikh Gueye, nuestro compañero que falleció el último año. Pero entramos ahí nomás, a dos meses de que habían sido convocados los chicos”, precisa Bergamaschi, la única mujer del combo de 15.

Aunque ahora la previa no transcurre en el mismo “camarín” en el que tradicionalmente La Bomba calentaba motores, unos cuantos metros más chico y no del todo apropiado para estos tiempos de distanciamiento social, este espacio postpandémico ambientado replica el pequeño “living” del anterior y alberga las heladeritas que proveen bebida fresca y el “catering” administrado por Diego Melo.

-No trajeron la mesa de ping pong, que era un clásico de la previa de la Bomba de Tiempo. Podrían trasladarla…

Bergamaschi: Podríamos…

Gusso: No está mal…

María Bergamaschi, Andy Inchausti y Mario Gusso, barbijo de por medio, desandan una historia muy particular.

María Bergamaschi, Andy Inchausti y Mario Gusso, barbijo de por medio, desandan una historia muy particular.

Cuando todo era el principio

-Recién decían que arrancaron ensayando en este salón…

Inchausti: Sí, pero no estaba así. Era más… Una porquería importante. Y traíamos el sonido, los micrófonos. Cada uno traía lo que tenía por ahí. Santi (Vázquez) traía el sonido. Unas cajas que tenía. Y después, traíamos los instrumentos. Richard (Nant) traía su legüero. ¡Tocamos legüeros, al principio!

-¿Recuerdan qué pensaban en aquel momento que iba a pasar con eso que estaban haciendo, o qué expectaivas tenían?

Bergamaschi: Creo que no nos imaginábamos lo que pasó, lo que crecimos como grupo, tantos años de tocar absolutamente todos los lunes y de girar por adentro y por afuera del país. Como que en ese momento era la emoción de encontrarnos y de conocernos.

En ese entonces no nos conocíamos. Éramos cinco que veníamos de La Plata, que nos traíamos los instrumentos en el subte… Y las expectativas estaban puestas en los lunes, en hacer nuestra música ahí, en improvisar juntes. Y de a poquito se fue armando. Se armó muy rápido, en verdad.

Casi todos los integrantes de La Bomba llevan compartidos 15 años de vida. Foto: Andres D'Elia

Casi todos los integrantes de La Bomba llevan compartidos 15 años de vida. Foto: Andres D’Elia

Todo a su tiempo

Gusso: Fueron diferentes etapas, las que tuvo La bomba. La etapa primaria, que fue la que empezó acá, en este lugar que ves, es la que contó Andy. Todo muy básico, alrededor de una idea de Santiago de hacer unos ensayos abiertos. Se ensayaba un rato y después se tocaba. Se probaba lo que habíamos ensayado. Y la gente escuchaba. Era como una cosa medio experimental.

Inchausti: Aparte, ¡un lunes!

Gusso: Sí, pero se fue armando la bola porque era algo que no había, en ese momento. Y se fue armando… se fue armando…

Los números de La Bomba de Tiempo son contundentes como el ataque de sus parches. A lo largo de estos 15 años, con más de 800 lunes Bomba en el Konex, participaron del ritual más de 6 millones de personas, el colectivo paseó sus ritmos por 21 provincias argentinas, sacudió más de 70 ciudades en distintos puntos del planeta, compartió escenarios con más de 700 artistas y grabó dos discos.

-¿Hubo algún momento en el que se hayan mirado entre ustedes y se hayan dicho: “Che, esto da para algo más grande que pensar sólo en el próximo lunes”; a partir del cual se plantearon diseñar un plan con mayor proyección?

Bergamaschi: Yo no recuerdo si hubo un momento así, épico. Fue algo que se fue dando paulatina y orgánicamente. De a poco se fue creciendo, necesitábamos un sonido más importante, tener nuestros propios trajes, tener los instrumentos acá en Konex. No fue como que “a partir de ese fecha vamos a hacer todo profesionalmente”, sino que lo hicimos en base a las necesidades nuestras. 

Para Andy Inchausti, el día que se pusieron el mameluco rojo fue un punto de inflexión en la historia del colectivo. Hoy es una de sus marcas de identidad. Foto: Andres

Para Andy Inchausti, el día que se pusieron el mameluco rojo fue un punto de inflexión en la historia del colectivo. Hoy es una de sus marcas de identidad. Foto: Andres

Inchausti: Lo loco fue que La Bomba medio que nació con el Konex. Fue una fusión de espacio, performance y arte. Se armó una química muy especial y el Konex creció mucho con lo que le empezó a pasar a la Bomba, porque comenzó a venir mucha gente bastante pronto.

Pero te diría que un punto de inflexión fue cuando nos pusimos los trajes. Al principio fue todo un tema, pasar cada uno de ponerse lo que le encanta a usar el mameluco.

-¿Hubo debate?

Bergamaschi: Sí, sí…

Inchausti: ¡Imaginate!

-¿ Cómo se resolvió?

Gusso: En ese momento, si bien las decisiones solía consensuarlas, él tenía la producción del grupo. Aunque siempre con un consenso general.

Tiempos de cambios

-¿Cómo hicieron para organizarse, cuando se fue Vázquez? Porque son un colectivo compuesto por todos músicos con un peso propio, con sus proyectos personales, sus egos… 

Bergamaschi: Teníamos nuestras asambleas, en las que discutíamos y votábamos; y decidíamos por las opciones en las que estábamos más o menos todes de acuerdo. Se fue dando así.

Gusso: Es complejo. No es fácil.

Las decisiones, en La Bomba, se debaten en busca de un consenso. "No es fácil", admiten. Foto: Andres D'Elia

Las decisiones, en La Bomba, se debaten en busca de un consenso. “No es fácil”, admiten. Foto: Andres D’Elia

Inchausti: En un momento, Santi empezó a querer ir en una dirección en la que el grupo no lo acompañó; no tuvo el mismo interés que él en ir hacia ese lugar que él quería ir. Un lugar sobre todo artístico. Hubo otros detalles, pero fundamentalmente fue eso, y Santi decidió irse.

Entonces, armamos un grupo pequeño, una especie de comisión, de unos tres o cuatro, con roles más o menos marcados. Su figura se dividió en varias funciones asignadas a personas que se encargaran de distintos aspectos del funcionamiento del grupo: la dirección musical, la comunicación y prensa…

Más como una cosa conceptual, donde Marina (Belinco) entraba en ese departamento; alguien que se encargara del escenario y de los invitados de todos los lunes… Y a la vez, esos roles tenían un tiempo limitado, razón por la cual cada uno o dos años rotábamos.

-¿Sigue funcionando así?

Bergamaschi: Sí, hasta la pandemia funcionó de esa manera.

Gusso: Lo que pasa es que con la pandemia quedamos los que estábamos desde antes y ampliamos alguna que otra función, porque cambiar en medio de un quilombo así era medio difícil. Pero siempre está la intención de que se rote, más que nada para que todos tengan participación en el grupo y nadie se sienta fuera.

Límites que se corren

La lista de invitados que pasó por la experiencia de tocar con La Bomba es interminable, de Lula Bertoldi, quien anduvo por el Konex el pasado 20 de septiembre, a Calle 13, Café Tacvba, Jorge Drexler o Julieta Venegas, pasando por Cultura Profética, Arnaldo Antunes, Emir Kusturica, Pedro Aznar, Kevin Johansen, Rubén Rada, Paulinho Moska, Hugo Fattoruso y Catupecu Machu, entre muchos más.

-Sin duda, tocar con invitados amplió el rango sonoro de La Bomba, igual que el aporte de la trompeta de Richard Nant o de algún otro integrante del grupo, pero alguien que piensa no saber nada de música -todos sabemos un poco, en verdad- podría pensar que la propuesta, al tratarse sólo de instrumentos de percusión, en algún momento se agota, aunque más no sea por una cuestión tímbrica. ¿Cómo se logra que eso no pase?

Gusso: Te voy a decir algo a partir de lo que planteás. Vos decís que todos sabemos de música, a pesar de que están quienes dicen que no saben o no entienden. Bueno, yo, a veces prefiero a esa gente que dice que no sabe y sólo siente, a la que la música llega, que al que analiza lo que estás tocando y la cabezonea más.

Mejor sentir que analizar, es una de las premisas para acceder al mundo sonoro de La Bomba. Foto: Andres D'Elia

Mejor sentir que analizar, es una de las premisas para acceder al mundo sonoro de La Bomba. Foto: Andres D’Elia

En un punto es mejor aquel que no sabe nada y se mueve con lo que hacés. Porque lo que ves acá cada lunes es eso: una comunión de gente diversa que baila lo que quiere, que se mueve de la forma que quiere, siente eso que pasa sobre el escenario de mil formas diferentes y socializa con el otro. No es solamente una cosa musical la bomba.

-Pero ustedes son músicos. Sobre el escenario supongo que hay afinidades, una energía que debe ser muy distinta a la que circulaba hace 10 o 15 años, pero también hay ambiciones artísticas, estéticas…

Inchausti: Lo que vos planteás acerca de la cuestión tímbrica, lo planteás porque ves que son todos instrumentos de percusión. Pero en realidad, todos los grupos tienen el mismo límite, según los instrumentos que usen. En un ensamble de guitarra, bajo y batería, tienen el límite que les dan esos instrumentos.

Me parece que lo que pasó con La Bomba como algo muy especial, que no es tan común, es que el grupo creó un lenguaje nuevo, de la percusión por señas, con el puntapié inicial de Santi, que nos convocó y propuso su idea primaria. Algo que después el grupo fue transformando y a lo que le fue dando forma. Eso generó un lenguaje.

Por eso es que hoy hay un montón de grupos tocan “bomba”, si se quiere. Nadie lo llama así porque sería ridículo, pero son grupos que tocan esto de percu por señas. Aunque por ahora, por lo menos en la Argentina, no hay otro grupo que haya o que tenga tanta repercusión como la que tiene La Bomba. Pero la riqueza principal está ahí, en que se trata de un lenguaje nuevo.

La trompeta de Richard Nant aporta un sonido adicional que se suma al poderoso andamiaje percusivo del grupo. Foto: Andres D'Elia

La trompeta de Richard Nant aporta un sonido adicional que se suma al poderoso andamiaje percusivo del grupo. Foto: Andres D’Elia

Improvisar, es la tarea

Bergamaschi: Aparte, en ese lenguaje que hemos construido en estos años, un elemento fundamental que mantiene la llama prendida todos los lunes es la improvisación. Y ver qué la improvisación de cada lunes en la gente, ese ida y vuelta que es algo único, que semana a semana es algo diferente.

Y para nosotros esa improvisación es estar atentos, es estar dentro de este lenguaje enriqueciéndolo, ensayar, practicar nuevas señas… Se va alimentando de diferentes maneras. De todos modos, lo más importante es la improvisación y qué pasa con la gente en el ida y vuelta.

Gusso: Con respecto a lo que nos pasa a nosotros, con estos 15 años que llevamos compartidos, ya conocemos para dónde va a ir cada uno y cómo hay que sostener cuando hay un hueco, cómo rellenar o cómo salir de situaciones en las que antes poníamos más la cabeza y estábamos más atentos al director.

En un punto, todo se trata de un juego, cuyas reglas comparten músicos y público. Foto: Andres D'Elia

En un punto, todo se trata de un juego, cuyas reglas comparten músicos y público. Foto: Andres D’Elia

Ahora nos estamos divirtiendo muchísimo y lo hacemos de una forma que nos hace tocar relajados. Y que nosotros la estemos pasando tan bien arriba, que se transmite a lo que pasa abajo.

Inchausti: Porque el lenguaje que creó el grupo tiene mucho de juego. Por eso es tan atractivo. Es un juego en todo sentido. Estás improvisando; es decir que lo que pasa no está planeado y no tiene vuelta atrás.

-Y el que está ahí no lo va a volver a escuchar.

Inchausti: Tal cual. Y la gente ese engancha mucho con las reglas del juego, que serían básicamente las señas y el concepto general de cómo tocar en el grupo. Eso me parece que es un plus que le dio mucha vida al proyecto.

El escenario espera. La Bomba transita su largo camino desde el "camarín" para un nuevo encuentro ritual. Foto: Andres D'Elia

El escenario espera. La Bomba transita su largo camino desde el “camarín” para un nuevo encuentro ritual. Foto: Andres D’Elia

-Luis Salinas, que es un gran improvisador, me decía alguna vez que hay ocasiones en las que uno está buscando, buscando, pero la conexión no aparece y no pasa nada. 

Gusso: Hubo muchos momentos de esos. Pero respecto de lo que contás de Salinas, la percusión es muy diferente. De por sí, es otro mundo. Porque la percusión te mueve cierta fibra que por ahí, una viola, un tipo improvisando con un violín o un chelo no te va a llegar de la misma forma. La percu y varios tocando juntos es muy tierra; es muy ancestral. 

Muchas veces nos pasó de estar en lagunas de las que no sabíamos por donde salir; y los 15 años nos fueron dando más agilidad. Antes había mucho cuestionamiento a esos momentos. Era: “Uy, che, ¿qué pasó ahí?” Ahora nos reímos de esos momentos, y se sale rápido porque está más relajada la cosa. Antes era como que el director se enojaba, nos frustrábamos, también.

Bergamaschi: Nos deteníamos más en esa frustración que en divertirnos. Ahora nos divertimos más que quedándonos con lo terrible de esos momentos.

Crecer juntos a la par

-En 15 años, en un grupo tan grande, cada uno debe haber pasado por momentos personales de distinta intensidad: casamientos, nacimientos, separaciones, decepciones, pérdidas… ¿Cómo afectan al grupo esos crecimientos, que para cada uno es diferente?

Gusso: Lo enriquece. Un montón. La vida diferente de cada uno, los crecimientos, se ven volcados en una improvisación. Un mal día, un buen día, un buen momento… Aparte, es como decía Andy: llegamos acá y tenemos unas reglas de juego que sabemos cuáles son. Y como estés ese día, te van a salir.

La Bomba de Tiempo por el mundo. Londres, uno de los lugares en los que dejó su huella. Foto Prensa La Bomba de Tiempo

La Bomba de Tiempo por el mundo. Londres, uno de los lugares en los que dejó su huella. Foto Prensa La Bomba de Tiempo

Inchausti: Y es grupo es muy generoso, también, en el sentido de haber ido acompañado todos esos crecimientos individuales de una manera muy inteligente y generosa.

Chile, Brasil, Colombia y Uruguay; Barcelona, Madrid, Berlín, Londres, son algunos sitios más allá de las fronteras de la Argentina, en los cuales La Bomba desplegó su arsenal percusivo; pero a la hora de elegir el lugar más “exótico” en el que se vieron tocando, los músicos se quedan el show que dieron en Dubai en 2016, como teloneros de Carlos Santana. 

Gusso: Tocar de teloneros de Santana en el Festival de Jazz de Dubai… Eso era: “¿Qué? Dónde?” Estar en un megahotel, con Santana en el camarín, que venía y hablaba con nosotros. … Y después salir y tocar para 10 mil personas que no entendían qué carajo éramos nosotros. ¡Estuvo buenísimo!

La Bomba de Tiempo en Dubai, antes de telonear a Carlos Santana, frente a 10 mil personas. Foto Gentileza Prensa La Bomba de Tiempo

La Bomba de Tiempo en Dubai, antes de telonear a Carlos Santana, frente a 10 mil personas. Foto Gentileza Prensa La Bomba de Tiempo

-¿Costó que los entendieran?

Gusso: No sé. No les pregunté. ¡Jajaja!

Bergamaschi: Pero no sé si hay que entenderlo. Vos pasas por una plaza donde hay tambores sonando, y empezás a moverte. Mucho entendimiento no hace falta.

El lenguaje de señas es una de las claves que cautivan al público, del lenguaje del colectivo. Foto: Andres D'Elia

El lenguaje de señas es una de las claves que cautivan al público, del lenguaje del colectivo. Foto: Andres D’Elia

¿Hacer terapia, o ir a La Bomba?

Gusso: Pero hay algo diferente con este grupo, porque tenés a alguien ahí adelante haciendo una seña loca que cambia el curso de la música. Ahí es donde la gente se empieza a colgar y empieza a mirar qué es lo que está pasando. Por qué ese tipo cambia todo. Eso es algo en lo que la gente pone la cabeza, escucha, mira… Pero después es adonde te lleve el sonido.

Inchausti: Me parece que ese espacio que genera La Bomba es un espacio de mucha libertad y mucha satisfacción. Y la gente viene a buscar eso.

Gusso: Hay gente que te dice que no paga terapia pero viene los lunes a La Bomba porque descarga.

El ida y vuelta con el público, la conexión esencial que le da sentido al fenómeno, que es mucho más que música. Foto: Andres D'Elia

El ida y vuelta con el público, la conexión esencial que le da sentido al fenómeno, que es mucho más que música. Foto: Andres D’Elia

Cómo atravesar la pandemia y no morir en el intento

Como a casi todo el mundo, el período pandémico puso a La Bomba en un compás de espera que apenas se interrumpió por un par de lunes en abril de este año, pero que debió esperar hasta ahora para recobrar su ritmo habitual, con el gran patio del Konex reticulado por pequeñas islas apropiadamente distanciadas entre sí.

Nunca antes el combo había pasado tanto tiempo sin subir a tocar, excepto cuando la Gripe A obligó a la suspensión de “dos o tres lunes”. Además, la ausencia de turistas en la ciudad, que suelen aportar en buen número al público que llena el patio en cada fecha, conspiró -y conspira- contra el regreso a una normalidad plena. 

-¿Llegaron a pensar que estaba en riesgo la continuidad de La Bomba?

Los tres: ¡Sí!

La Bomba de Tiempo en plan pandémico; una nueva manera de conectar, cada uno desde su "isla". Foto: Andres D'Elia

La Bomba de Tiempo en plan pandémico; una nueva manera de conectar, cada uno desde su “isla”. Foto: Andres D’Elia

Gusso: Económicamente fue muy difícil. No laburamos durante casi dos años.

Bergamaschi: Pero no le pasó solamente a La Bomba.

En el salón ya no falta nadie; a unos metros de acá, alguien elonga improvisando unas barandas como barras; otros apuran un trago, y todos se acomodan para la foto de rigor. En un rato, el ritual volverá a comenzar, y la puesta a punto cada uno la vive a su manera.

La puesta a punto de cada lunes, en busca de la movilidad necesaria para hacer mover a los que esperan abajo. Foto: Andres D'Elia

La puesta a punto de cada lunes, en busca de la movilidad necesaria para hacer mover a los que esperan abajo. Foto: Andres D’Elia

El “bomba’s style”

-¿Impacta de alguna manera lo que hacen acá musicalmente en sus proyectos por fuera de La Bomba?

Bergamaschi: Sí; sin darnos cuenta empezamos a replicar frases musicales o rítmicas que escuchamos aquí. Yo trabajo en una orquesta de niñes, en la Plata y en Ezpeleta, y me doy cuenta de que algunas cosas que hago con ellos me suenan a La Bomba, en el armado, la improvisación… 

Inchausti: Yo incorporé el djembé, por ejemplo, que es un instrumento que empecé a tocar acá, del cual me enamoré, y que ahora uso muchísimo en mi música. 

Bergamaschi: Igual, es muy sutil lo que uno aplica…

Gusso: Sí, pero es verdad: me ha pasado en algún momento me escuché en grabaciones u otras situaciones y fue: “Uy, metí unas frases bomba’s style. Algunos, la cachan al vuelo, porque es muy notorio. Pero es cierto que también te da una mayor solvencia en un montón de cuestiones rítmicas.

Para Bergamaschi, INchausti y Gusso, el tema de la igualación por géneros es un tema presente en La Bomba. Foto: Andres D'Elia

Para Bergamaschi, INchausti y Gusso, el tema de la igualación por géneros es un tema presente en La Bomba. Foto: Andres D’Elia

Machismo y percusión

-En estos últimos años el tema de la igualación de los espacios para las mujeres estuvo muy presente tanto en la música como en el resto de las actividades, pero en la Bomba siguen siendo 13 hombres y una sola mujer. ¿No se plantearon revisar esa situación?

Inchausti: Es algo que se está planteando.

Gusso: Estamos en eso, viendo de qué forma hacerlo. Tal vez con los reemplazos… Porque este es un staff que está ya cerrado; somos como socios. Es una cuestión extramusical, pero tenemos que empezara a sumar mujeres. Cuando fuimos a España, que justo Mary no había podido viajar, nos gritaron desde el público, preguntándonos qué pasa que no hay mujeres. Ya no hay lugar para que no suceda.

-¿Es más difícil encontrar percusionistas mujeres que hombres?

Bergamaschi: Mi opinión es que los hombres, por una cuestión patriarcal de cuál es el instrumento que tiene que tocar la mujer, han tocado percusión de manera formal, con estudios o autodidactas mucho más que la mujer. Es algo instalado. 

Una entre mil; Bergamaschi cuenta que fue la única mujer en distintas formaciones, y que no fue fácil. Foto: Andres D'Elia

Una entre mil; Bergamaschi cuenta que fue la única mujer en distintas formaciones, y que no fue fácil. Foto: Andres D’Elia

Gusso: Históricamente los grupos de percusión tradicionales de la música del mundo son muy machistas. Es raro ver una mujer en una comparsa de candombe, en una cuerda de tambores…

Bergamaschi: Yo he sido la única mujer en una comparsa, en una batucada… Y no fue fácil.

Pero por supuesto que hay mujeres que tocan percusión, y que lo hacen muy bien; así que apenas podamos establecernos un poco con esto de volver a tocar los lunes, vamos a buscar mujeres para que toquen con nosotros. Pero no es que llamás por teléfono y aparecen varias percusionistas que estén tocando ya a nivel Bomba, pero vamos a hacerlo.

Camino al escenario, por los vericuetos laberínticos de Ciudad Cultural Konex. Foto: Andres D'Elia

Camino al escenario, por los vericuetos laberínticos de Ciudad Cultural Konex. Foto: Andres D’Elia

Lentamente, va llegando el momento de dejar ir al trío; es hora de atravesar dos de las salas cubiertas del complejo, espiar desde arriba cómo está el ambiente en el patio y transitar el breve pasillo con escalera incluida que conduce a la planta baja.

Y entonces sí, salir al aire libre, recorrer los escalones que llevan al escenario y ocupar las posiciones frente a los tambores repique, chico y piano, las tumbadoras, las congas, el chekeré, el surdo, el quinto o el instrumento que corresponda. Frente a los músicos, Diego Sánchez levanta los brazos, repasa la formación y da la señal. Es hora de tocar. Y de bailar. Una vez más.

Hora de tocar y de bailar. La Bomba lo hace una vez más, y van... Foto: Andres D'Elia

Hora de tocar y de bailar. La Bomba lo hace una vez más, y van… Foto: Andres D’Elia

La Bomba de Tiempo sigue con su Lunes Bomba los lunes de octubre, en el patio del Konex (Sarmiento 3131). Las puertas se abren a las 19 y el show comienza a las 20. Desde $700 + cargo por servicio, a través de https://entradas.cckonex.org/

E.S.

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