El Increíble Hulk: secretos de la bestia que pudo ser roja y que cautivó a los argentinos



Quien haya vivido los ’80 o los ’90 seguro oyó hablar de Lou Ferrigno. Lo recuerda como El increíble Hulk, pintado de verde y con los pantalones desgarrados; el peinado sauvage intacto, arrojando gente con sus brazos por encima de su cabeza; o despedazando armas con una mano, para luego salvar a alguna chica en peligro.

Cualquiera que tenga registro de alguna de esas escenas, tampoco olvidará la ralentización como “efecto especial”. Cuando el científico se transformaba en esa criatura desbordante de furia, se apelaba al slow motion para simular su incontrolable fuerza sobrenatural. En ese entonces, el recurso era de vanguardia, un adelanto que maravillaba.

El Increíble Hulk o El Hombre Increíble cambió a toda una generación de televidentes. La historia del médico viudo y antisocial que se volvía bestia, como una suerte de Dr Jekyll y Mr Hyde -pero sin el trastorno psicológico-, cautivó a todo el mundo, en especial a los argentinos.

La serie que hoy se volvió culto fue emitida originalmente en Estados Unidos durante cinco temporadas, desde 1977 hasta 1982. Pero en la Argentina se mantuvo en pantalla varios años más, como muchas otras series de esa época, y se repitió hasta entrado este siglo en canales de programas vintage como Retro o TCM.

“El Dr. David Banner, médico y científico, buscando penetrar en la energía secreta que poseen todos los seres humanos. Entonces una sobredosis accidental de rayos gamma altera su funcionamiento biológico. Y ahora, cuando David Banner se violenta…”, decía una voz en off en la presentación.

Bill Bixby encarnaba al doctor que tras la muerte de su mujer en un accidente de tránsito, y mientras investiga en su laboratorio cómo hacerse más fuerte, queda expuesto a la radiación. Ferrigno entraba en escena cuando Banner se enojaba o tenía un pico de estrés.

“No me provoque, no soy yo cuando me enojo”, solía advertir antes de que sus ojos se volvieran blancos/azulados y la bestia enjaulada en su organismo brotara sin control. La transformación sucedía casi siempre dos veces por episodio: en la mitad y antes de terminar.

“La ira impulsa a la criatura, que es perseguido por un periodista que trata de descubrir su identidad”, seguía la introducción. No hacía falta ponerse al día, como en las series de ahora. Todos los días había un resumen del argumento.

Jack Colvin era la tercera y fundamental pata de El Increíble Hulk, un personaje que no existía en el cómic de Marvel. Interpretaba a Jack McGee, el cínico periodista que persigue a la bestia -y a Banner, quien se da por muerto y se convierte en fugitivo- creyendo que es culpable de asesinar al científico.

Cuenta la historia que Kenneth Johnson, el creador de la serie, leyó Los Miserables y se inspiró en el personaje de Javert para imaginar a McGee.

Las dos caras del personaje. Lou Ferrigno y Bill Bixby, en una foto de 1978.-

“Lo que hacíamos era buscar temáticas para abordar distintas formas en que Hulk se manifestaba en todos. En el Dr. David Banner resultó ser enojo. En otra persona, podría ser obsesión o miedo, o celos, o alcoholismo. Hulk viene en muchas formas y tamaños. Eso es lo que tratamos de profundizar en los episodios”, dijo alguna vez Johnson sobre la psicología del monstruo.

Eran tiempos en que no se hablaba del concepto multipantalla o multiplataforma: todos miraban a Hulk a la hora en que la tele lo emitía. La oferta de programas era escasa, y aunque no hay registros de audiencia, nadie se atrevería a negar que si Google o Twitter hubieran existido, El Increíble Hulk hubiese sido tendencia todas las noches.

Salvo contadas excepciones, cada uno de los 82 capítulos encerraba una aventura diferente para Banner, su alter ego y McGee. No existía el concepto de “spoilear”. Si alguien se perdía un capítulo, había que preguntarle a algún amigo o vecino qué factor había desencadenado el enojo del pacífico doctor.

Cuando empezaban a sonar los tristes acordes de piano de The Lonely Man -canción compuesta por Joe Harnell-, mientras David Banner caminaba pensativo y en soledad, se sabía que el capítulo terminaba.

El culturista que le ganó a Terminator por 8 centímetros

Si Louis Jude Ferrigno -nacido en 1951 en Brooklyn, el más italiano de los cinco distritos de Nueva York- tuviera algo del talento actoral de De Niro o Pacino, era número puesto para hacer de matón en El Padrino, Los Intocables, o alguna de la mafia. Pero era físicoculturista -fue Mr. America y dos veces Mr. Universo-, y había intentado jugar al fútbol americano en Canadá.

En 1975, el tipo medía 1,96 y pesaba 130 kilos. Era el más grande de todos musculosos aceitados, incluso más que Arnold Schwarzenegger, quíntuple campeón del Mr. Olimpia, a quien intentó destronar del concurso ese año. El desafío -trunco- de ganarle a Terminator forma parte del documental Pumping Iron.

Pero Lou tuvo revancha en el casting para El Increíble Hulk: ganó el papel por 8 centímetros. Johnson lo había visto en aquel documental y optó por él en vez de Arnold, que medía 1,88 y resultaba algo petiso para hacer del monstruo.

Al creador de la serie no le importó que Ferrigno había perdido casi un 80% de la audición a los 3 años. En el colegio le hacían bullying. “Me decían ‘Lou el sordo’, ‘el sordomudo’, por lo poco que oía y por cómo hablaba”, contó alguna vez.

El increíble Hulk no sólo suponía cumplir el sueño de encarnar a uno de sus superhéroes favoritos desde niño, sino que era perfecto para Lou: no tenía diálogos; sólo rugía como un tigre, y hasta esos gruñidos eran doblados, primero por el actor Ted Cassidy -el narrador de la presentación- y luego por Charles Napier.

El papel marcó la carrera de Ferrigno. No tanto así la de Bill Bixby, un galán maduro de la época que ya era conocido por su papel en la serie Mi marciano favorito (1963-1966) y que después de David Banner se dedicó a dirigir series.

Lou Ferrigno, en una escena de “El increíble Hulk”.

Con una vida cargada de tragedias -su hijo murió en 1981, a los 6 años, y su ex mujer se suicidó un año más tarde-, Bixby falleció en 1993 a causa de un cáncer de próstata. Tenía 59 años.

Mientras estuvo la serie al aire, cuentan que Bixby no quería que le sacaran fotos con Ferrigno maquillado como Hulk. ¿La razón? Sentía que podía destrozarle la ilusión a los niños y fans del programa de que en realidad no eran la misma persona.

Jack Colver, por su parte, quedó encasillado en el rol del periodista Jack McGee, que en la ficción investiga y acosa tanto a Banner como a Hulk, sin nunca darse cuenta de que los dos son la misma persona.

El increíble Hulk marcó una época. Y hasta Charly García se sumó al “estoy verde”.

Ferrigno tampoco pudo escaparle al Hulk. Después de hacer la serie, se sentía mal porque sólo lo veían como eso, una bestia. Entonces unos años después decidió reducir la tonificación de todo su cuerpo para que lo vieran -otra vez- como una persona.

“Quizá me sea imposible escapar de Hulk. Pero la gente ya se me está acercando y me llama Lou, en vez de Hulk”, se entusiasmaba allá por 1989. Diez años antes, en pleno auge de la serie, Ferrigno visitó la Argentina y anduvo por La Bombonera. Una foto con la camiseta de Boca, acompañado del dirigente xeneize Alberto Nader y del periodista Adrián Paenza, registra su paso por Buenos Aires.

En 1979, Lou Ferrigno pasó por Argentina y se sacó esta foto con la camiseta de Boca, junto al dirigente Alberto Nader y el periodista Adrián Paenza.

Varias décadas más tarde, Lou se sacaría las ganas de hacer hablar a la bestia verdolaga: le puso la voz al Hulk tecnologizado de la primera Avengers (2012), y al de la secuela Avengers: Era de Ultrón (2015).

También se dio el gusto de tener cameos como guardia de seguridad en las nuevas versiones cinematográficas de Hulk, tanto en la del 2003 que hizo Eric Bana, donde aparece con el gran Stan Lee; como en la de 2008 de Edward Norton.

El primer Hulk pudo haber sido rojo 

Desde los años dorados de los cómics, Marvel buscaba exprimirle el jugo a sus personajes en televisión. Más aún cuando desde la otra vereda, DC explotaba con gran éxito a sus dos héroes más populares: Superman en los ’50 y el Batman de Adam West entre 1966 y 1968.

En los ’70, el rendidor hombre murciélago de calzas grises y carteles onomatopéyicos se estaba agotando. Pero la avidez por ver superhéroes en prime time seguía latente. Por eso, a mediados de los setenta, DC -ya apoyada por Warner Bros- lanzó dos series con cierta popularidad: La Mujer Maravilla en ABC y Shazam! En CBS.

En 1977, Marvel firmó contratos con Columbia Pictures y Universal para desarrollar series para el canal CBS. Primero lanzaron The Amazing Spider-Man, que duraría catorce episodios distribuidos en dos temporadas. Pero fue con la segunda, El Increíble Hulk, que experimentaron el sabor del éxito.

Kenneth Johnson, que venía con la chapa de ser el guionista de La mujer biónica, aceptó adaptar El Increíble Hulk con algunas condiciones: no quería una adaptación fiel a la historieta. Metió mano y quiso hacer una versión televisiva distinta.

Bruce Banner pasaría a llamarse David Banner. ¿Por qué? La versión oficial es que Johnson quería distanciarse de los nombres de los personajes de otros superhéroes o personajes que comparten iniciales, como Peter Parker, Matt Murdock o Lois Lane, por ejemplo.

La extraoficial se supo varios años después: al parecer, a CBS el nombre Bruce le sonaba demasiado gay. Stan Lee y Lou Ferrigno lo ratifican en los extras del DVD de la serie que fue lanzado en 2003.

Johnson logró ejecutar varios cambios. El Banner del cómic era un introvertido científico nuclear que trabaja para el ejército; mientras que el de la serie es un atormentado viudo que busca una solución a su pérdida a través de una investigación médica.

Hulk era mucho menos poderoso. No tenía tanta fuerza como en la historieta, podía ser herido e incluso podía morir. Sin embargo, poseía un capacidad de curación extraordinaria.

La versión televisiva también eliminó a gran parte de los personajes secundarios del cómic: a Betty y Thunderbolt Ross, y a Rick Jones, entre otros.

El gran mito urbano de la serie es que Johnson propuso una modificación en un aspecto clave de Hulk: quiso que fuera rojo en vez de verde, ya que le parecía un color mucho más humano y que representaba mejor el concepto de ira. Pero en ese punto, Marvel y Stan Lee no cedieron.

Lo cierto es que una vez estrenada, El Increíble Hulk fue un boom en los Estados Unidos, en Europa y en estas latitudes. Llegó a competir varios años con aquella Mujer Maravilla de Linda Carter. Pero para Ferrigno, su personaje tenía más atributos.

“No hay nada ahí… nada más que un “cuerpo hermoso”, y eso es todo. No podés descubrir nada sobre la persona. ¡Qué aburrido! No puedo entender por qué esa serie duró tanto como lo hizo”, dijo sin atenuantes.

¿El Dr. Banner curado? El final que no llegó

Cada episodio de El Increíble Hulk costaba un mínimo de 600 mil dólares, aproximadamente. En 1980, Universal trató de reducir el presupuesto de la serie. Los cortes planeado por el estudio incluían la reducción de los efectos especiales y que Hulk apareciera sólo una vez por episodio. Sin embargo, la idea se desechó cuando el canal CBS puso los verdes que faltaban para mantener intacta la calidad del show.

A fines de 1981, CBS ya no quería continuar con la serie, a pesar de que la crítica y el rating todavía eran respetables. Kenneth Johnson explicó que Harvey Sheppard, jefe de programación de la cadena, sentía que la serie ya había cumplido un ciclo y decidió cancelarla.

Con siete nuevos capítulos ya filmados, el creador intentó sin éxito convencer a Sheppard para que produjera más episodios. Según la autobiografía de Lou Ferrigno My Incredible Life As the Hulk, Bixby se puso el proyecto al hombro y habló con otras cadenas para que la serie continuara, pero no consiguió llegar a un acuerdo con ninguna.

CBS transmitió de manera esporádica esos ‘últimos’ siete episodios durante la temporada 1981-82. Debido a la cancelación repentina, los productores nunca tuvieron la oportunidad de planificar un final de serie, en el que David Banner lograba controlar sus impulsos iracundos, y se curaba.

Sin embargo, unos años más tarde, Bixby, Ferrigno y Colvin volvieron a unir fuerzas y protagonizaron otras tres películas para la televisión -o telefilmes- centradas en el superhéroe verde.

Stan Lee, entre Thor y Hulk. O entre os actores Eric Kramer y Lou Ferrigno. Foto: AP

La primera fue El Increíble Hulk regresa (1988), que marcó el primer cruce con otro personaje de Marvel, Thor. Le siguió El juicio de El Increíble Hulk (1989), donde lucha junto a Daredevil contra el villano Kingpin.

En 1990 se estrenó La muerte de El Increíble Hulk, que le dio un merecido cierre al primer Hulk que todos amaron.

WD

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