el hombre que tenía en su sótano una joya que inspiró la película

Una dupla de amigos se choca con un “no”, dos, tres, diez veces. Desoye, vuelve a escuchar una negativa, sigue ofreciendo un proyecto con cierta inconsciencia y termina dando una lección de perseverancia: 44 rechazos antes del éxito. Esa es la gran historia (conocidísima) detrás del tanque ochentoso Volver al futuro. Pero hay otras cien, unas cuántas subterráneas y novelescas.

Que Ralph Maccio (Karate Kid) se rió de la oferta de ser Marty McFly al grito de “esto será un fracaso”. Que la prueba de cámara a Ben Stiller. Que la máquina del tiempo iba a ser una heladera anchísima. Que Danny de Vito era uno de los candidatos a ser el Doc Brown…. Los datos jugosos sobre la génesis de Back to the Future fueron tantos y tan contados que parecería que ya no hay secreto que deje pasmados a los fans. Sin embargo, lo hay: un objeto encontrado antes de toda esa gran cadena de hechos fue el gran disparador de una de las películas más populares.

También hay un hombre que sin proponérselo dejó en bandeja una idea revolucionaria. Ese desconocido detrás del hito se llamaba Mark y devino en el verdadero y accidental padre. Abogado, veterano de la Segunda Guerra Mundial, ex concejal, tres hijos, nunca imaginó que parte de su vida inspiraría un monstruo de la taquilla.

Mark Gale, el verdadero"padre" de "Volver al futuro", la película protagonizada por Michael J. Fox

Mark Gale, el verdadero”padre” de “Volver al futuro”, la película protagonizada por Michael J. Fox

Mark era el padre del guionista Bob Gale. Nacido en 1922, casado con una violinista, Maxine Kippel, estudió Derecho en la Universidad de Washington en los cuarenta, tuvo una extensa vida, murió el 2 de marzo de 2018 (a los 95 años) y dejó un pedido especial: que en lugar de un servicio funerario acartonado, sus amigos optaran por reunirse, intercambiar anécdotas y degustar helados con Oreo. Había tenido una estadía plena en este mundo, como papá de Bob, Charles y Randy y como impulsor involuntario de ese boom sobre viajes en el tiempo.

El escritor Bob Gale había atravesado un gran derrotero cuando se decidió a volver unos días a oxigenarse a su ciudad natal, Misuri. Era 1980. Visitó a sus padres, revolvió nostálgicamente entre los armatostes del nido del que había volado, cuando se cruzó con una perla con apariencia de cosa rancia. “En el sótano encontré el anuario del secundario de mi padre, Mark, clase 1940. Él y yo habíamos ido al mismo colegio, con 29 años de diferencia”, cuenta en el documental de Netflix Las películas que nos formaron. “Pensé que era genial retroceder en el tiempo. Descubrí que papá había sido el presidente de su clase. Pensé: ‘¿Hubiera yo sido amigo de él en la escuela?’. Ese fue el rayo”.

El rayo, esa centella invisible que lo iluminó después de varias desilusiones laborales, fue el aguijón, la inyección, el despertador de una mente agotada. Tenía ante sus ojos oro, pero todavía no imaginaba la real dimensión del disparador. Solo sabía que eso le había regalado una noción, que el bendito anuario lo acercaba a esa idea de “un chico que logra ir a la secundaria con su propio padre” y a la pregunta que todos se hacen; “¿Qué habrán hecho mis padres en su primera cita? ¿Cómo hubiera sido ser una mosca durante esa primera cita?”.

El anuario de Mark Gale que su hijo encontró en el sótano e inspiró "Volver al futuro"

El anuario de Mark Gale que su hijo encontró en el sótano e inspiró “Volver al futuro”

Así, días después, Gale se vio con su amigo el director Robert Zemeckis y le contó esa inquietud. “Es genial”, asintió Zemeckis. “Pero: ¿Y si ves a tu mamá en la escuela y todo lo que te dijo que no hizo con un chico ella lo hizo?”. Las preguntas empujaron más ese impulso creativo.

Bob Gale y Robert Zemeckis eran amigos desde los setenta. Habían cultivado un gran vínculo desde el campus universitario de California. Apasionados estudiantes de cine, cuando todos sus compañeros estaban interesados en Jean-Luc Godard y la Nouvelle Vague, ellos se sentían sapos de otro pozo que amaban James Bond y Harry, el sucio. Se graduaron filmando A Field of Honor (1973), una cinta de apenas 15 minutos que coescribieron y Zemeckis dirigió. La dupla escribió en 1979 la comedia 1941, que dirigió el mismísimo Steven Spielberg. Esa sociedad de los dos Bob apadrinada por el “Rey Midas Steven” tendría que pasar por otros fracasos como la película Autos usados hasta que los planetas se alinearan.

Lea Thompson y Crispin Glover (Lorraine y George) en la película, los padres de Marty (Michael J. Fox)

Lea Thompson y Crispin Glover (Lorraine y George) en la película, los padres de Marty (Michael J. Fox)

El pre-proyecto comenzó a gestarse en las oficinas de Columbia Pictures, con un cruce desesperante de propuestas que no fueron. El título tentativo era El hombre espacial de Plutón y el Profesor Brown iba a tener un chimpancé como mascota, Shemp (finalmente se decidió que su mascota fuera un perro, Einstein). Faltaba todavía un largo peregrinaje (tres años) hasta la concreción (y mucho más hacia el éxito).. Y faltaba el cambio de protagonista (Eric Stoltz grabó durante cinco semanas, incluyendo la Navidad de 1984, cuando no había clases en la escuela en la que filmaban) pero fue despedido por “demasiada seriedad en el rol y mal humor”. Así se concretó al fin la entrada del actor que no había podido cerrar por cuestión de agenda, Michael J. Fox, que le ponía el cuerpo a la serie Family Ties.

De rechazo en rechazo, de una oficina a otra, el guion llegó finalmente a Universal Pictures (el módico presupuesto fue de 19 millones de dólares). Hoy en Misuri algunos que conocen esa perla de la prehistoria se jactan de ser cuna del mito. El estado al que llaman “Puerta al Oeste”, atravesado por el río Misuri y el Misisipi, fue epicentro de esa primera idea. También levantan la bandera orgullosos en University City, la ciudad de Misuri en la que nació Gale (poco más de 35 mil habitantes) y en cuya casita se gestó el hito.

Mark y Bob Gale. Padre e hijo: el abogado y su hijo guionista, a quien inspiró para "Volver al futuro" (Captura TV)

Mark y Bob Gale. Padre e hijo: el abogado y su hijo guionista, a quien inspiró para “Volver al futuro” (Captura TV)

A 36 años del estreno de la primera parte de la trilogía, el musical teatral del filme triunfa en el Adelphi Theatre del West End de Londres. Bomba visual con funciones al menos hasta julio de 2022, magnetiza también a los críticos. “El aplauso más fuerte llega a los 20 minutos. Después de un destello, un DeLorean aparece mágicamente en el medio del escenario, las luces rebotan en la carrocería y se abren las puertas de ala de gaviota. El público delira”, elogian en The New York Times. Los productores contactaron a un ultrafanático que poseía uno de los autos originales de la película (Steven Wickenden) y “escanearon” el “molde” para clonarlo.

Los restos de Mark, la pata menos promocionada del gran marketing del tanque, descansan sin flashes alrededor. Tal vez no falte demasiado para que el circuito turístico más exhaustivo de Back to the Future incluya una visita a su lápida. En el mármol no hay referencias cinematográficas, pero los fanáticos de la película podrían pedir que una frase mítica del filme resumiera todo: “¿Caminos? A donde vamos, no necesitamos caminos”.

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