el hechicero deslumbró en su regreso a los escenarios

Ya mucho antes de su debut de este jueves 14 de octubre en el Movistar Arena se habían agotado las doce funciones previstas en la ciudad de Buenos Aires, así que conocedor de la expectativa por volverlo a ver en vivo en un escenario, Abel Pintos se preparó para darlo todo, como él mismo reconoció promediando el show.

Apenas pasados seis minutos de las nueve de la noche, el cantante irrumpió en el escenario para entonar El amor en mi vida, tal el nombre del espectáculo, de su último disco y también, por qué no, de este momento que ilumina su vida.

Atrás, en la intimidad del back, quedaron escuchando su flamante esposa Mora (se casaron en septiembre pasado) y su hijo Agustín (el 21 de octubre cumple un año), que un rato antes había estado gateando por toda la sala como si supiera quien iba a cantar esta noche.

El minuto antes de salir, con toda la expectativa y la adrenalina encima. Fotos Emmanuel Fernández

El minuto antes de salir, con toda la expectativa y la adrenalina encima. Fotos Emmanuel Fernández

Con cada detalle bajo control

Abel armó un espectáculo a su medida. Y es llamativo cómo ya desde la ropa elegida para cada momento del show fue logrando crear los climas. Por ejemplo, de riguroso y elegante traje con chaleco en las tres primeras canciones (El amor en mi vida, Quiero cantar y Espejo).

Un estilo romántico y a la vez sensual que usó para caminar cada centímetro del escenario, elevarse, desarmarse y finalmente saludar como si estuviera en su propia casa: “¡Buenas noches Buenos Aires! ¡Volvió la familia!”.

Luego de recibir otra ovación (cada canción termina con una, es irremediable) al entonar De mi contigo, el bahiense habló: “Es una noche especial, por una parte estamos comenzando una gira que nos llevará por muchos lugares. Las canciones se resignifican vibran de otra manera en esta sala, porque es aquí donde ellas cobran vida. Y me hace muy feliz eso.”

"La familia", como Abel llama a sus seguidores, ya agotó las localidades de las 12 presentaciones en el Movistar Arena. Fotos Emmanuel Fernández

“La familia”, como Abel llama a sus seguidores, ya agotó las localidades de las 12 presentaciones en el Movistar Arena. Fotos Emmanuel Fernández

Y agregó: “Ya son muchos años de hacer música, son muchos conciertos y me emociona que después de tantos años de compartir música este momento siga conservando esta mística”. Las palabras precedieron entonces la entrega de Tiene tu amor.

Abel juega con su voz y con su rostro, se toca el corazón, agradece. En Salto al vacío camina el escenario, se abraza a sí mismo, y para Vivir sin ti y en Cien años, uno de sus más grandes hits, cambia el clima y abre los brazos sabiendo que hará cantar a todo el estadio.

Cambio de clima

Desaparece y regresa ataviado con camisa de seda marrón y anteojos, que le dan un estilo más pop, y regala una versión de El adivino como si se tratara de una obra teatral. Actúa inteligentemente la canción, arrastrando la “u” del “te juro” hasta darle un sentido profundo.

Cada detalle del show está bajo la lupa de Abel Pintos, quien participa en todas las decisiones. Fotos Emmanuel Fernández

Cada detalle del show está bajo la lupa de Abel Pintos, quien participa en todas las decisiones. Fotos Emmanuel Fernández

En De ida y vuelta se agacha, flexiona su cuerpo casi al ras del escenario y despliega una coreografía contagiosa. Disparos, la canción que en su disco cuenta con la participación de Lali Espósito, pone a la gente haciendo palmas. El suyo es un público sumamente participativo que espera ese momento para cantar con él.

En Nosotros, se saca los anteojos, se sienta en una butaca, y vuelve el Abel más romántico. En ese silencio se escucha un “¡Te amooooo!”, gritado a lo lejos. Él levanta la vista y sonriendo contesta: “¡Me comprometen!”.

Ahora sus manos vuelan, se abren en alas y se ofrecen al momento de la frase “todo lo de uno es de los dos”. Y por supuesto hay un mar de suspiros cuando remata con “el amor nos abre el cielo”.

Con sus manos abiertas en alas, Abel es pura entrega.
Fotos Emmanuel Fernández

Con sus manos abiertas en alas, Abel es pura entrega.
Fotos Emmanuel Fernández

Tiempo de conexión total

Busca entonces su guitarra por primera vez en la noche, para desgranar las estrofas de Ya estuve aquí. Y ahora sí la conexión es total: “Qué delicia volverlos a escuchar cantar otra vez”. En 3 sorprende con un breve recitado, como si rapeara, consiguiendo hacer estallar al público.

Es éste un Abel todavía más sensual, que logra que estas 2500 personas (las permitidas por el aforo que existía cuando se pusieron en venta las entradas) se queden de pie ovacionándolo para recibir Tiempo, la última de las quince primeras canciones. Llega el intervalo, son las 10:20 de la noche y esto recién empieza.

El hechicero en acción

Abel Pintos es un hechicero. Hay algo en su figura que transciende el hecho de cantar, y él lo sabe bien. Su metro ochenta y seis se desparrama por el escenario durante las dos horas y media que dura el show y se adueña del mismo con la naturalidad de quien nació para estar allí plantado. Y ahí tal vez radique el fenómeno del artista más convocante de nuestro país.

El hechicero llamado Abel Pintos, en plena faena el Movistar Arena. Fotos Emmanuel Fernández

El hechicero llamado Abel Pintos, en plena faena el Movistar Arena. Fotos Emmanuel Fernández

Pero el ritmo no afloja. En No pares se dispone a honrar la letra de la canción y hace pasitos como de salsa muy armónicos, (¿aprovechó la pandemia para tomar clases de baile?). De pronto se queda parado, desafiando a que todos lo imiten.

Pregunta: “¿No van a bailar?” Chicanea y se ríe: “No veo que estén bailando mucho”. Y para animar a los que todavía se quedaron sentados se menea y mueve las caderas convertido en un Abel sorprendentemente latino. Así arranca Abrazándonos, y la sigue con El hechizo, se da vuelta y mueve la cola, logrando que todos lo aplaudan y bailen al compás de su magnetismo.

“Yo lo estoy dando todo, pero bueno señora, mi cadera no da más que esto”,se divierte. El clímax de la fiesta llega con Camina (Suave y elegante) y ahora hasta parece otro, apostando a un ritmo de cumbia en Y la hice llorar y Cuántas veces.

Para cuando regresa el Abel más intimista (Motivos) se queda solo. Es un momento mágico, él con su guitarra y el público de pie. El estadio es un templo bajo el embrujo de las estrofas que bajan desde la platea cantando al unísono aquello de “no me importa para dónde vas/Yo voy/sin mirar atrás/Si te tengo por delante/Cuando quieras caminar/No me importa dónde vas/Quiero ser tu acompañante”.

La recta final, a toda orquesta

Vuelven los músicos y Abel se pone en modo rockero, y grita: “Dale Buenos Aires”. Canta De sólo vivir, y para el final formal del show elige Juntos.

La puesta en escena, un componente esencial en el regreso de Abel Pintos a la actividad "presencial". Fotos Emmanuel Fernández

La puesta en escena, un componente esencial en el regreso de Abel Pintos a la actividad “presencial”. Fotos Emmanuel Fernández

Son las 11 de la noche y se imponen los bises. Reaparece entonces un Abel estridente vestido con campera de vinilo verde, anteojos, pantalón y camisa negros y en zapatillas. Pájaro cantor y Revolución ratifican su condición de showman. Y para los segundos bises, ya sin la campera, rescata su versión más romántica.

Desgrana grandes temas: El mar, Cómo te extraño y finalmente Piedra libre, la canción que le compuso a su hijo antes de nacer. Así, de alguna forma, Abel recupera a ese chico de Bahía Blanca que a los 13 años grabó su primer disco y que desde que tiene memoria soñaba con cantar.

Apenas terminado el show va a tuitear palabras similares a las que usó para despedirse: “Gracias a todos por moverse una vez más hasta la cita. El encuentro. El abrazo. Me emocionó mucho oírles cantar cada canción nueva y celebrar cada canción de siempre. ESTOY ESTALLADO DE AMOR”.

¡No es para menos! A los 37 años, el cantante renovó su romance con el escenario, una relación que ya cumplió las bodas de plata.

Abel Pintos ratificó su estado de gracia artística, con un repertorio sólido y una actuación contundente. 
Fotos Emmanuel Fernández

Abel Pintos ratificó su estado de gracia artística, con un repertorio sólido y una actuación contundente.
Fotos Emmanuel Fernández

Junto a los músicos que lo acompañaron esta noche (su hermano Ariel Pintos y Marcelo Predacino en guitarra; Alfredo Hernández, piano; Colo Belmonte, batería, Alan Ballan, bajo; Julio Flores, acordeón y en los coros Mery Granados y Antonella Giunta), Abel se queda en el Movistar Arena hasta el 31 de octubre, para comenzar después una gira por el interior de nuestro país que comenzará en Tucumán.

E.S.

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