El episodio en el que Atreverse muestra cómo era ser trans hace 30 año



Entre los detractores de las repeticiones de ficción nacional, esa carta sepia que se convirtió en un ancho de espada en plena cuarentena, se repite la muletilla poco ocurrente de “Queda viejo”. Y, sí. En general, se están reponiendo historias de hace unos años. E, inevitablemente, en temas calientes hay abordajes que, comparados con los del 2020, pueden generar ruido. Pero, al mismo tiempo, sirven para pincelar cómo se vivía, como se pensaba.

Si el espectador no pierde de vista en qué marco fue concebido y estrenado eso que se desempolva ahora, no hay crítica posible acerca de que queda fuera de época.

De acuerdo a ciertos rebotes que tuvo Floricienta (tira juvenil de 2004 que volvió a la pantalla el 24 de agosto) en las redes sociales, con usuarios haciendo foco en los cuentos de hadas y un halo de machismo en el príncipe azul que la coqueteaba, es muy probable que el miércoles 9, cuando Telefe repita un capítulo clave de Atreverse, salten voces contra el tratamiento de la temática de transgénero.

lta tensión, entre los personajes de China Zorrilla, Miguel Ángel Solá y Mario Pasik. Libertad vs. prejuicios.

Una pena si eso sucede. Este recurso, del que la TV argentina echó mano ante la imposibilidad de generar ficción en medio de la pandemia, permite, en este caso, ver cómo una gran cabeza de avanzada como la de Alejandro Doria pudo imaginar lo que sentía una mujer que había nacido en un cuerpo de varón.

Damas y caballeros es título del segundo episodio de esta reposición, que empezó el miércoles 2, con Entre sábanas y un elenco de lujo, y promedió 6,7 puntos en el último tramo del día. Y por momentos, en la medición del minuto a minuto, logró imponerse a Cantando 2020 (El Trece).

“A mí la naturaleza me jugó una mala pasada”, dice Beatriz, el personaje de Miguel Ángel Solá, en un gran trabajo de interpretación, con peluca y algo de bijouterie, pero, fundamentalmente, con talento y compromiso. Y sutileza. En notas periodísticas de esos años, Solá decía que “no se trata de un personaje más. Hay que dejar ver, más que mostrar”.

China Zorrilla compuso a uno de los personajes de mente más abierta de “Damas y caballeros” (1991).

Esa frase, sugerencia que, según confesó, le hizo el director, aludía a que el actor tenía que prestarle el cuerpo a una mujer que había nacido con un cuerpo de varón. Doble trabajo de composición.

Doria imaginó esta historia con un protagónico coral de primera línea, que formaba con China Zorrilla, Solá, Cecilia Roth y Elena Tasisto. “Esa mujer es…”, le dice a su madre el personaje de Mario Pasik. “¿Qué, la conocés?”, se le oye preguntar a China Zorrilla. “Es un travesti”, completa, ofuscado, su hijo.

Así era la cosa, tranquilamente, hace 30 años, con más prejuicios y menos educación sexual que ahora. Pero con la valentía de un tipo que militaba en la libertad, como Doria, y que sabía contar las emociones ajenas.

“A mí me gusta que el hombre sea hombre y la mujer sea bien mujer. No me gusta la ambigüedad”, asume Beatriz, en una suerte de confesionario frente a cámaras. “Yo soy femenina de la cabeza a los pies”, sentencia en un texto que llegó a la pantalla en 1991.

Cecilia Roth y Miguel Ángel Solá, en una escena en la que se sacaron chispas. Clase de actuación.

El ciclo de unitarios de Alejandro Doria, que se emitió durante dos temporadas (desde 1990, con fructífera cosecha de premios Martín Fierro), fue uno de los mejores de la TV abierta, codeándose en un utópico podio ilimitado con Cosa juzgada, de David Stivel, con Situación límite, con algunos episodios de Alta comedia, con Nosotros y los miedos y con Compromiso.

Pizcas de esa buena TV se pueden volver a saborear en tiempos de una pandemia que agobia y atemoriza. Con sorpresitas con éstas, viejas y todo -o, sobre todo, por ser viejas e inolvidables- es que la tele, de boba, sólo tiene el prejuicio de unos pocos. 

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