El detrás de escena de Carmel: ¿quién mató a María Marta?, el documental de Netflix sobre el caso Belsunce



El 27 de octubre de 2002, María Marta García Belsunce apareció muerta en su casa del country Carmel, en Pilar. Más de un mes después, la autopsia revelaría que no había sufrido un accidente doméstico, como se dijo en un primer momento, sino que la habían asesinado de cinco balazos en la cabeza. A partir de entonces, el tema inundó los canales de televisión, diario, radios y revistas. Pero, 18 años después, luego de marchas y contramarchas judiciales, el caso sigue impune.

En sus cuatro capítulos, Carmel: ¿Quién mató a María Marta? -que desde este jueves 5 estará disponible en Netflix-propone un apasionante recorrido por uno de los crímenes más resonantes de la historia policial argentina. Lejos del confuso ruido mediático, esta miniserie documental hace un repaso tan detallado como didáctico por el caso, desde el día del asesinato hasta la actualidad, poniéndolo en contexto e intentando explicar por qué causó tanta fascinación.

“El objetivo era plantear más preguntas que certezas. La idea era mantener el delicado equilibrio entre las diferentes hipótesis y acusaciones”, cuenta Alejandro Hartmann, el director, que entrevistó a la mayoría de los involucrados en el caso, con el viudo y principal sospechoso, Carlos Carrascosa, y el fiscal que lo acusó, Diego Molina Pico, como protagonistas principales.

María Marta García Belsunce. Foto: Netflix

Hartmann estuvo años con la fantasía de hacer una película en torno al caso García Belsunce. La pudo concretar gracias al apoyo de la productora Vanessa Ragone, que también había querido llevar el caso al cine.

“Desde mi productora (Haddock Films) quise hacer una ficción sobre el tema, pero no encontraba en qué registro”, cuenta Ragone: “Porque hay ribetes tan complejos y hasta absurdos, que podía ser una ficción incomprensible”.

En 2009 produjo Las viudas de los jueves, de Marcelo Piñeyro, basada en una novela de Claudia Piñeiro (que también aparece en Carmel, hablando del caso desde el punto de vista literario), que es sobre un crimen en un country.

“Pero no tiene nada que ver con el caso García Belsunce. Hasta que llegó Alejandro con su equipo (los guionistas Sofía Mora, Lucas Bucci y Tomás Sposato) y su investigación y se produjo el encuentro: los dos queríamos abordar lo mismo desde el documental”.

Carlos Carrascosa y María Marta García Belsunce. Foto: Netflix

-Alejandro, ¿cuándo empezaste a investigar el tema?

-Hartmann: Durante años, cada vez que me juntaba con Sofía Mora por cuestiones amistosas, indefectiblemente nuestras conversaciones terminaban en el caso García Belsunce. Soñábamos con una ficción. Después, una persona amiga de la familia García Belsunce se me acercó y me dijo que quería hacer un documental. Entonces me puse a leer la causa y libros sobre el tema, pero quedó en la nada. Fue hace añares.

-¿Y cómo lo reflotaron?

-Hartmann: En otro encuentro con Sofía nos dimos cuenta de que tenía que ser un documental con forma de serie y muy buena producción. Había que tener a los protagonistas reales. La forma de que hablaran y reabrieran este tema, que estaba cerrado, era mostrar un proyecto muy serio y sólido. Ahí nos acercamos a Vanessa, que enseguida aceptó porque sabía del tema. Estábamos en la misma sintonía.

-¿Cuánto duró la investigación?

-Hartmann: Entre la investigación y el rodaje fueron dos años. Había una parte hecha: por su obsesión por el caso, Sofía había leído casi toda la causa. Para que el proyecto se volviera realidad teníamos que hacer todo a la vez. Salimos a encarar a diferentes protagonistas del caso, a la vez que investigábamos qué materiales había disponibles. 

-¿Fue difícil conseguir que hablaran los involucrados en la causa?

-Ragone: No todo el mundo tenía muchas ganas de hablar, hasta que vieron que la propuesta era darles la palabra a todos y que cada uno expresara lo que quisiera y sintiera. Después de las primeras entrevistas, otros entendieron nuestro punto de vista y nuestra manera de trabajar y se fueron sumando.

-Hartmann: Todos los protagonistas del caso en algún momento fueron queridos y muy bien tratados por la prensa, y en otro momento cayeron en desgracia, según cómo iba la causa judicial. Esto incluye a los funcionarios de la Justicia, que en algún momento fueron héroes y, en otro, villanos. Todos estaban un poco reacios, pero les gustó mucho que participaran los demás. Entendieron que era la mejor manera.

Una escena de “Carmel”. Foto Netflix

-¿Alguien pidió dinero para estar? ¿Alguien se negó y quedó afuera?

-Ragone: La política del documental fue no pagar por los testimonios, y eso fue claro desde el principio. El espíritu de un documental es dar espacio a las distintas voces, y quienes aceptaron lo hicieron en esos términos. El testimonio que no se pudo obtener fue el de Nicolás Pachelo, que está preso por otros delitos y no tuvo interés. Sí hablamos con su abogado. Hubo una charla con Beatriz Michelini, la masajista, pero al final decidió no estar.

-¿Cómo fueron manejando el guión de manera de hacerlo tan atrapante?

-Hartmann: Lo pensamos muchísimo, y nos dimos cuenta de que la propia cronología del caso tenía giros repentinos y suspenso. Cuando parecía que algo estaba terminado, era exactamente al revés; los involucrados pasaban de ser héroes a villanos. Por eso elegimos narrar con cierta linealidad. Decidimos respetar el caso y que la historia nos llevara. No nos equivocamos, porque la historia te atrapa y te lleva, te hace pensar algo que después es exactamente al revés de lo que pensabas. Y eso funciona.

El afiche de “Carmel”. Foto Netflix

-¿Cuál es la diferencia entre hacer un documental cualquiera y uno sobre un crimen que además no está resuelto?

-Ragone: En todos los casos hacer un documental implica tomar una responsabilidad muy grande con las personas involucradas, a quienes vas a exponer frente a un público. Tuvimos esa preocupación acerca de María Marta y nuestros protagonistas, que pasaron por situaciones terribles. Ese concepto fue un norte para cuidarnos cuando hacíamos el montaje, para saber hasta dónde utilizar ciertos aspectos humorísticos de la causa y cómo evitar caer en el morbo.

-Hartmann: Quienes hacemos documentales tenemos que tener en cuenta que siempre hay un otro, y que no es el espectador, sino estas personas sobre las que estás contando una historia. Todo el tiempo tenés que estar pensando en tu relación con ellos y qué les hacés decir. En un documental sobre un crimen, y más en un crimen sin justicia, hay una mayor responsabilidad por el mayor sufrimiento de los implicados.

La entrada al country Carmel de Pilar.

-En las entrevistas se los ve cómodos a los protagonistas, ¿fueron en un ambiente distendido o hubo tensiones?

-Hartmann: Decidimos poner todos los recursos para que las entrevistas fuesen muy cómodas. En casi todos los casos fuimos a los espacios en los que ellos se sentían a gusto. Trabajamos mucho sobre cómo iba a ser el equipo en cada entrevista y cuánta parafernalia cinematográfica habría alrededor. Incluso detalles técnicos, como no tener un microfonista sosteniendo la caña para que el entrevistado no se distrajese. Y, por sobre todo, que las entrevistas fuesen largas, que tuviésemos todo el tiempo necesario, que si la persona quería parar e irse un rato a caminar pudiese hacerlo.

-¿Cómo se crea confianza con gente que tuvo una exposición mediática tan intensa?

-Hartmann: Generás empatía cuando les mostrás que sabés de lo que estás hablando, que estás involucrado, que no empezaste a leer hoy acerca del caso, sino que venís investigándolo hace años. Fueron entrevistas largas, a veces desgastantes, con momentos de tensión porque algunas preguntas no caían bien. Lo que yo siempre les decía era: “No estoy acá para robarte nada: vas a hablar y, si en la mitad de una frase te arrepentís, decilo y queda afuera. No va a haber trucos sucios de edición”. Todos entendieron cuál era el arreglo y se sintieron cómodos.

John Hurtig y Horacio García Belsunce (h), junto a Irene Hurtig y María Laura García Belsunce en el programa de TV de Luis Majul, en 2003. Foto DyN

-En el documental se habla de la influencia de los medios sobre la Justicia. ¿Puede esta miniserie influir de alguna manera en el caso?

-Ragone: No. Y no es nuestra voluntad ni nuestra intención influir en la causa. No queríamos descubrir el misterio, sino profundizar en una historia que estuvo expuesta en los medios. Lo que el documental propone es volver a preguntarnos quién mató a María Marta, porque no lo sabemos. Y ésa es una deuda de la Justicia, que debe hacer su trabajo.

-Hartmann: Es una causa con 36 cuerpos y miles de fojas. Lo que hicimos fue contar una historia que resume eso, pero quienes saben de verdad acerca de la causa están en la Justicia y la conocen en una profundidad mucho mayor. Sería muy triste si un documental influyera en la resolución de un caso.

Horacio García Belsunce y María Marta García Belsunce en el programa de radio que compartían.

-En la escena final muestran a propósito que se trata de una recreación en una escenografía. ¿Fue para señalar que un documental también es una construcción con mucho de ficción?

-Hartmann: Un documental tiene un poco de ficción y es una construcción narrativa basada en la realidad, con personas que se transforman en personajes. Quisimos exponer que ésta es nuestra mirada, que estamos nosotros detrás, que hay un armado y una edición. Que estamos haciendo un recorte, aún con toda la buena voluntad de ser lo más fidedignos posible. En el documental hay algo confuso con esta idea del “documento”, como si fuera la verdad. Bueno, en este caso acceder a la verdad es muy difícil.

-Ragone: Durante el documental se relatan las versiones de lo que pudo haber pasado con María Marta. Esa escena final fue hablar desde nuestra honestidad intelectual para decir: “No tenemos la verdad, tenemos un montón de versiones y las hemos presentado desde nuestro punto de vista”.

-¿Tenían una idea del caso antes de hacer el documental y salieron con otra después de hacerlo?

-Hartmann: En una imagen de archivo se ve que alguien en un momento le pone a Carrascosa adelante el cartel de “Nadie fue”, lo cual es un sinsentido, porque alguien fue. Pero la confusión que se generó en estos 18 años termina dejando ese gusto amargo. Yo pasé por todas las hipótesis, pero no me puedo jugar por ninguna.

-Ragone: Yo tampoco tengo una hipótesis final. Hubo muchas situaciones que coadyuvaron para que sea casi imposible saber la verdad. Desde el comienzo todo fue muy enrevesado y complejo, con pruebas que se dispersaron rápidamente. Todo lo que hemos sabido del caso es de oídas, y eso es interesante para el documental. El caso es un relato. Sería saludable para la sociedad que alguna vez se pudiera saber la verdad, pero a 18 años parece difícil.

SL

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