“El cuervo blanco”, un filme que le hace honor a Rudolf Nureyev



El 16 de junio de 1961 en el aeropuerto de Le Bourget –en aquel momento, el más importante de París- el bailarín Rudolf Nureyev escapa a la custodia de la KGB sobre su compañía del Kírov. Y afirma ante la policía francesa que quiere quedarse allí. Fue, seguramente, el instante clave de su vida. Y también un instante de conmoción: estrella ascendente en el mundo de la danza, Nureyev era uno de los personajes, como el astronauta Yuri Gagarin o varios deportistas, que la Unión Soviética exhibía con orgullo y espíritu propagandístico en plena Guerra Fría.

El escape a la libertad de Nureyev es el eje de una de las películas que la pandemia impidió llegar a nuestras salas amplias, pero que ahora podemos encontrar en la programación de HBO (domingo 27 y martes 29 de septiembre, por HBO Mundi) Se trata de El cuervo blanco, dirigida por Ralph Fieness, el celebrado actor británico. No representa en términos estrictos una biografía de Nureyev, sino que se concentra en el episodio en Le Bourget, pero –vía flashbacks- en otros momentos decisivos que construyeron su figura: su infancia y su llegada al Kírov.

El genio (indiscutible) y su autoritarismo, su sensibilidad artística y su grosería personal, su imaginación y su exigencia extrema, su rebeldía y su voluntad, su virtuosismo, todos los atributos que marcaron vida y obra de Nureyev están reflejados en la peli. “Me enamoró su arrogancia”, comentó Fieness, quien se basó en el libro Nureyev, the Life”, de la sudafricana Julie Kavanagh.

Rudolf Nureyev, el célebre bailarín ruso cuya vida retrata el filme “El cuervo blanco”.

“Supongo que fue una personalidad difícil, pero desde el punto de vista dramático, un gran protagonista. Alguien excepcional en su trabajo. Cuando llegó a París era un joven que maravillaba con su danza y sin una gota de educación social. No sabía comportarse entre ese grupo de sibaritas parisinos. Recorrió galerías de arte, se interesó por aprender”, agregó el director.

El arte, o más aún, la obsesión de Nureyev por cultivarse, es uno de los elementos centrales de la película. Y así lo encontramos en su recorrida por el Hermitage en San Petersburgo y el Louvre parisino, donde contempla extasiado La balsa de la medusa, la obra de Gericaurt (1818) acerca del naufragio de una fragata. “Tengo una obsesión y es ver todo lo que pueda: Picasso, Matisse, Rodin”, les dice a sus guías.

La película está ambientada en el París de los ’60 y el encuentro de Nureyev, en gira, con el ambiente de la bohemia. Pero recorre los otros dos momentos centrales de su vida: su infancia en una remota localidad campesina y su llegada al Kírov. Nureyev nació el 17 de marzo de 1938…en un tren.

La película de Ralp Fiennes, “l cuervo blanco”, muestra a un Rudolf Nureyev ávido de cultura en París.

Su madre se trasladaba a través de Siberia para reencontrarse con su esposo, un tártaro musulmán, oficial del Ejército Rojo. Nureyev pasó una infancia muy pobre y recordó que a sus seis años, su madre lo llevó a ver ballet en el teatro de Ufá: “Fue una revelación. Desde ese momento, no pude pensar en otra cosa”, contó en su autobiografía.

Por supuesto, la relación con un padre autoritario y bajo el modelo stalinista era complicada. Recién pudo iniciar estudios de danza clásica a los quince años y llegó algo tarde al Krov, pero allí quedó bajo la tutela de Alexander Pushkin, uno de los más notables maestros, y cuyo rol en la película lo asume el propio Fieness.

Y la gira por París le abre los ojos, entre el arte, las ofertas nocturnas y el ambiente liberal. La KGB no le pierde pisada, pero –según esta recreación- son algo permisivos con las salidas.

Algunas investigaciones de los últimos tiempos señalan que Khruschev ordenó “matarlo” o “quebrarle las piernas”, pero parece demasiado extremo, aún cuando los servicios secretos soviéticos no se andaban con chiquitas. Lo cierto es que, cuando la compañía del Kirov se disponía a partir hacia Londres en la continuidad de la gira, a Nureyev le ordenan volver a la URSS. Y se desencadena la ruptura.

Ralph Fiennes es el director de “El cuervo blanco” y también asume como actor el rol de Alexander Pushkin, uno de los más notables maestros de Rudolf Nureyev. Foto AP l

Oleg Ivenko, un destacado bailarín ucraniano, interpreta a Nureyev. Y otro de los personajes relevantes en la vida del célebre bailarín -y fundamental en aquella ruptura- fue una chilena, de 19 años por entonces, Clara Saint. Ella acompaña aquellas andanzas por París y gracias a sus contactos (había sido la nuera de Malraux, ministro de Cultura) resultó clave para los sucesos del aeropuerto. El rol de Clara en la peli tiene una magnífica interpretación de Adele Exarchopoulos, famosa tras la La vida de Adele. Saint ya no volvería a exponer el tema, aunque asomó hace poco en Dance to the Freedom, un documental de la BBC.

Nureyev, uno de los más notables bailarines clásicos de la historia (para algunos, el mayor), formó la gran dupla de su tiempo con Margot Fonteyn.

“Era una de las mentes más claras que se pueda imaginar, un hombre de un orgullo indomable” lo definió ella. El Teatro Colón lo disfrutó tres veces (en 1967 con la propia Fonteyn para Giselle, en 1971 y en 1980), también actuó en el Luna Park, además de Córdoba y Rosario.

Pese a su fuga y a las persecuciones que había sufrido, nunca se plantó como un propagandista antisoviético y rara vez expuso opiniones políticas. Recién pudo volver a su país en 1987, cuando ya comenzaba el deshielo con Gorbachov, para visitar a su madre, quien falleció al poco tiempo. Enfermo de sida, Nureyev murió en 1993 y sus restos descansan en el cementerio ruso-ortodoxo de Saint Genevieve de Bois, en París, muy cerca de la tumba de otro grande del ballet, Nijinski.

Un homenaje a Rudolf Nureyev, por la bailarina Marie_Pierre Greve del Royal Ballet de Dinamarca. Foto AP

WD

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