El argentino que tuvo la primera licencia de marihuana recreativa: “Hay que legalizarla y recaudar impuestos”



La idea de los medios de comunicación permanece tozudamente vinculada a la sola posibilidad curativa del cannabis. Parecen haber dos tipos: una marihuana medicinal y otra espeluznante. Aparecen notas, por un lado, sobre un pueblito donde se unieron para cultivar marihuana de uso medicinal. Por el otro, vemos que Gendarmería secuestró 900 kilos de marihuana que eran transportados en un camión de carga. Pregunta insidiosa: ¿la Policía incautó 900 kilos de marihuana o 900 kilos de una pócima mágica y terapéutica?

Todos los gobiernos ponen en agenda temas tabú: el aborto con Macri. La ley de identidad de género con los Kirchner. El divorcio vincular con Alfonsín.

Reparamos en los grow shop, esas boutiques dedicadas al consejo y la venta de productos para el cultivo de cannabis. En Palermo hay varios. La madre de este cronista, paseando por la zona, pregunta si es ahí donde venden “el remedio para pacientes con epilepsia refractaria”.

La semana pasada arrancó el debate para la legalización, en la Ciudad, del cannabis terapéutico. Públicamente, la marihuana es el único remedio que tiene activistas. Hay gente en estado de marcha permanente por el cannabis. Miles de personas capaces de ir desde Plaza de Mayo hasta el Congreso con el fin de reclamar una ley que permita plantas para fabricar aceites. Una suerte de cacería simbólica, sin embargo, fortalece el discurso contra el mercado recreativo, algo que pareciera ir abriéndose paso en los Estados Unidos. En la Argentina, una y otra marihuana –terapéutica y recreativa- no respiran de manera sincronizada ante la opinión pública.

El gobierno uruguayo hizo una licitación para cannabis recreativo de venta en farmacias. Saicha obtuvo la primera licencia para producir. Foto: Gentileza Augusto Famulari.

Frente a este impedimento local, Fernando Saicha se planta –nunca más apropiado el término- como un referente de la cultura cannabica relacionada al placer. De hecho, él tuvo la primera licencia federal mundial para producir marihuana recreativa en Uruguay. Pisando los 50, dice que fuma porque “le hace bien” al ánimo y porque mejora su “humor”. Saicha no toma alcohol, no consume cigarrillos, no sabe nada de ansiolíticos. Respecto al abordaje políticamente correcto que recibe la marihuana desde el lado medicinal, se muestra tolerante. “Argentina es un país muy atrasado en el debate. Hay que legalizar el cannabis y recaudar impuestos. En Uruguay es una industria, en los Estados Unidos genera más dinero que el maíz”.

Dueño de una radio afín (“Rock N’ Grow, primera Radio Cannabica de Latinoamérica”), su participación en el mercado no tiene nada de hippie ni de colgado: hace poco se rodeó de expertos para inventar una cosechadora de cannabis que casi gana un concurso nacional de biotecnología.

Al tanto del debate de la legalización de la marihuana en Uruguay, unos años atrás, este fotógrafo que estudió una carrera audiovisual en la universidad de Berkeley, California, viajó a Montevideo para seguir las discusiones de cerca con vistas a la realización de un documental.

“El mundo entero tenía prohibido el cannabis. Uruguay lo habilita con una ley federal en 2013. La licitación para su producción se hace en 2014. Yo estaba filmando la sesión, pero además era un cultivador con 25 años de experiencia que había empezado a desarrollar el tema en California…”, explica.

Por supuesto que antes de irse a estudiar afuera, Fernando no tenía ni la menor idea de lo que era una planta de marihuana. Apenas si conocía la hoja por alguna bandera de Bob Marley. Su primera vez fue en California, año 1989. Fumar era carísimo. En la Argentina había probado el típico prensado paraguayo, pero en las inmediaciones a la facultad norteamericana, con 17 años –edad de mimetizarse-, descubre unas flores que se vendían en unas bolsas diminutas de dos centímetros por tres con un contenido “aromático, único”. Nada que ver con el hedor a orín del prensado que alguna vez había probado en Buenos Aires.

“¡Cuarenta dólares! Un aroma, un sabor único y un efecto inmediato, potente. Flores de cannabis, una novedad”. Se fue a vivir a Brasil por cuestiones de trabajo y cierto día empezó a caminar por la playa para conseguir flores. Estaba en Guaruya, San Pablo, año 1996. “No había nada. Llame a mis amigos de la universidad de Berkeley, pedí genética y me mandaron semillas por correo”.

-¿Sos el primero en introducir flores en Brasil?

-Supongo que alguien más estaría haciendo eso, no creo haber sido el único porque en Rock in Rio ya había gente cultivando el famoso camarao. El prensado es esa cosa que puede estar bueno o puede tener una cucaracha adentro. Lo que fumas con el prensado es tallo, hembra, macho. El camarao es de mejor calidad. Para empezar, tiene flores.

El gobierno uruguayo hizo una licitación para cannabis recreativo de venta en farmacias. Desde 2015, Saicha y sus socios produjeron, empaquetaron y vendieron exclusivamente para esa clase de comprador. Pese a la legalidad, lejos de ser masivo, sólo hay 14 farmacias inscriptas que aceptan comercializar cannabis. La mitad, en Montevideo.

“Se pueden comprar hasta 40 gramos por mes. Desde que esto sucede, el consumo ilegal de marihuana en Uruguay es prácticamente inexistente. Podés comprar en farmacias, hacerte socio de un club, o plantar. Casi que despareció el narcomenudeo de marihuana”.

“No existe en la Justicia la figura del fumador recreativo. Hay usuarios medicinales o hay faloperos”, dice. Foto gentileza FS.

Anotarse para comprar en farmacias es cómodo: se puede integrar la lista de clientes autorizados desde una especie de Pago Fácil. “Te inscriben, te dan un carnet y listo”. Uruguay, según Fernando, cuenta con 42.185 personas habilitadas para comprar marihuana en farmacias y existen 9.435 personas registradas para cultivo doméstico. Además, un total de 5.031 son los miembros que figuran en los clubes sociales de cannabis. “Un club trabaja como asociación con no más de 45 integrantes. Ellos ponen plata para alquilar el lugar, pagar los gastos del espacio y del cultivador jefe y los ayudantes”.

El sistema de consumo es similar al esquema de farmacias: 40 gramos por mes. “La diferencia entre los clubes y las farmacias -dice- está en las variedades. Las farmacias sólo trabajan cuatro variantes de cannabis, casi todos con graduaciones bajas de THC. Esto quiere decir que el impacto es más bien light, como el de una cerveza con pocos grados de alcohol. Los clubes, en cambio, sirven para poder elegir las variedades”.

-¿La posibilidad de instalar el tema en la Argentina sólo es posible apelando a la marihuana terapéutica?

-Un poco sí, pero también sirve para cubrirse las espaldas. Es mucho más defendible, ante un problema legal, ampararse en el uso terapéutico. No existe en la Justicia la figura del fumador recreativo. Hay usuarios medicinales o hay faloperos. Pero, ojo, el cannabis medicinal es recontra importante: conozco gente que volvió de una muerte probable gracias al aceite. Hay médicos que ya reconocen que son innegables las propiedades de la planta. Pero sí, el colectivo del cannabis medicinal es el que hace más fuerza: a una madre con un hijo epiléptico nadie le va a decir que no plante. Sin dudas, la medicinal es la vertiente más escuchada. Si yo voy y digo: Hola, tengo un proyecto para cannabis recreativo, que desde mi perspectiva es lo que quizá más importe, nadie me va a escuchar.

-¿Por qué se prohíbe la marihuana?

-Dupont es una empresa química. Son los principales productores mundiales de dióxido de titanio, un compuesto que se usa para fabricar la fibra de lycra, el poliéster, etc. Cuando ellos inventan estos tejidos sintéticos, la única cosa que les hacía competencia era la tela de cáñamo, una fibra que se bancaba tanto sequías como inundaciones. La prohibición comenzó a modo de lobby en 1936. Con la tela de cáñamo se hacían los uniformes de los militares. Las velas de las carabelas de Colón eran de cáñamo. Se prohíbe en los Estados Unidos y de la mano de esa proscripción, en la Argentina, muchos años después, hace lo mismo López Rega.

Se dice que el cáñamo –con el que se hacían las alpargatas- tiene una prima sexy llamada marihuana. Ambas provienen del cannabis sativa.

-¿Vivís legalmente de la venta de marihuana recreativa?

-Vendí las acciones de mi licencia en 2017 porque sólo me autorizaba a producir para vender en farmacias y no me permitía hacer otra cosa. Y vender cinco gramos a ocho dólares, restándole los gastos de producción, la comisión de las farmacias, los impuestos… Yo quiero hacer productos medicinales, quiero hacer investigaciones, agregar el CBD -El THC produce efectos psicoactivos, el CBD no- a una gaseosa, a una comida, producir miel con cannabis. Quiero investigar, no detenerme en un solo rubro.

Tras la experiencia uruguaya, Fernando vuelve al país y entra a un concurso para investigación, desarrollo y provisión de tecnología. ¿Qué hace? Presenta una maquinaria que sirve para plantar y otra para hacer extracciones de cannabis. “Llegué a la final y quedé afuera porque no tenía business plan”, dice sonriendo. “Obvio, en un país donde esto no es legal, imposible tener plan de negocios”.

-Uno de los debates que se viene seguramente esté relacionado con la legalización. ¿Cómo ves el panorama?

-Esto ya tendría que estar hecho. Desde el punto de vista político, en la administración anterior se reglamentó la ley de cannabis medicinal de una manera muy rara. No permitieron el auto cultivo, sino apenas traer el aceite de afuera con unos permisos muy específicos, y con una única enfermedad autorizada: epilepsia refractaria. Me parece que hay que dar la misma pelea por la legalización recreativa y medicinal. La parte recreativa, en la Argentina, nunca se atendió.

Su radio de cultura cannabica se llama Rock&Grow. Dice que su frecuencia intenta “pulir la escena cannabica local” porque, a su juicio, “falta academia e historia”.

Saicha es Fotógrafo y estudió una carrera audiovisual en la universidad Berkeley, California, donde probó por primera vez una flor de cannabis. Foto gentileza FS.

La emisora supo funcionar en un lugar adecuado: Galería Jardín, Florida al 500. Ahora es una frecuencia online donde Fernando tiene su propio envío los sábados de de 22 a 24. Allí, el pionero aprovecha para despuntar segmentos a lo Felipe Pigna y dar tips de cultivo respondiendo a gente que escribe para saber qué pasa con su plantita que no crece y se la ve tan decaída… I

Isabel Grupo es una artista plástica que tiene un programa, Casi Mañana. Miércoles a las 23. “Mi intención –nos cuenta- es darles voz a historias y personas que son habitualmente silenciadas. Me siento contenida en la radio cannabica por su propuesta contracultural, independientemente de los contenidos que se desarrollen”. Isabel es licenciada en artes visuales y tatuadora. Con el proyecto de la ley del aborto en marcha tatuó gratis casi 300 corazones verdes.

“En la radio no hay nadie anticannabis”, enfatiza el fundador, quien hace más de 30 años, en la biblioteca de una universidad californiana, puso la palabra “cannabis” en un buscador y descubrió un mundo de estantes y autores a su disposición.

-¿Existe la adicción a la marihuana?

-El cannabis no es una sustancia adictiva. Te gusta, te dan ganas, el olor es penetrante como el del asado, pero yo no soy adicto al asado. Las personas son adictas, no las sustancias.

WD

Mirá también Mirá también

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA



Fuente >>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

CLip art of Flip Day 2 CLip art of Flip Day 1 CLip art of Flip Day 1