El actor italiano que implora a los argentinos: “Entiendan que aislarse puede salvarlos”



Cada día, el mismo rito. Rogar que la curva sea descendente, chequear a distancia que la familia no tenga síntomas, prender el televisor y la radio y recibir el puñal: en Bérgamo no dan da abasto para enterrar a sus muertos. El Ejército se lleva ataúdes a incinerar a otras provincias, las funerarias están saturadas. Los féretros se acumulan en iglesias y cementerios.

Oreste Valente es italiano, docente teatral, director, actor formado con Vittorio Gassman. Subió a escena en la Argentina decenas de veces y hoy está instalado en Turín, atrincherado contra el coronavirus. Quiere abrirle los ojos a la que considera su “segunda Patria”. Por eso habla de una suerte de “viaje al futuro”. De mirarse en el espejo Italia para evitar el caos.

“Llegué por primera vez a la Argentina en 2001. Recuerdo el helicóptero de De la Rúa yéndose. Recuerdo a miles hablando desde locutorios con sus parientes en Europa, queriéndose irse a Italia”, comienza a narrar a 11 mil kilómetros. “Amo ese país, y no puedo dejar de pedir que se aíslen. Nosotros lo entendimos tarde. Aislarse es lo único que puede salvarlos”.

Oreste Valente, actor italiano.

“Vivo en una casa del 1600, en una calle peatonal. En estos momentos no hay nadie. Pero entendimos tardíamente que teníamos que quedarnos en el hogar. Tenemos el récord de muertos, pasamos a China. Es una guerra sin serlo, como si fuera la tercera guerra mundial, por eso, no se les pide ir al combate, sólo quedarse quietos”.

“A mi padre, de 84 años, lo vi por última vez hace tres semanas. Está como curtido, los viejos están mejor plantados después de haber vivido la guerra. El problema hoy paradójicamente lo tienen los jóvenes, que no están acostumbrados a estos golpes”.

Oreste Valente, actor italiano.

Alguna vez Oreste pisó las tablas del teatro de Alejandra Boero, Andamio ’90. También del Coliseo y el teatro Avenida. Dio clases aquí, hizo amistad con la actriz argentina Virginia Innocenti y nunca rompió el vínculo porteño. “Mi padre trabajó en la Argentina en los ’50, como experto en trigo. Pasó por Entre Ríos, San Nicolás, La Patagonia, Iguazú. Me inculcó el amor por esa patria. Por eso necesito hablarles, decirles que no tengan miedo al silencio. ¿Cuál es el problema de estar en casa? Sonrían, bailen un rato, jueguen con sus hijos, cocinen. Estén consigo mismos”.

-El gran problema parece ser justamente enfrentarse a la posibilidad de estar con uno mismo…

-No sabemos estar con nosotros. Es maravilloso al menos tres minutos al día cerrar los ojos escuchando la propia respiración, sintiendo algo tan simple como el latido del corazón. ¿Cuánto hace que no escuchan sus latidos? El sabor del silencio hay que degustarlo. Vivimos corriendo para tomar el tren, para ir a una fiesta, para esto y lo otro. El universo es como si nos estuviera hablando.

-¿Para decir qué?

-Nos dice: ‘Amigos, quietos”. Si hasta el clima se está limpiando. El aire está más limpio. Salgo por la ventana y veo las montañas estos días, antes por el smog no se veían. Los canales de Venecia se limpiaron. El clima se limpia sin nosotros. Los católicos le llamarán la Divina providencia, en India le dirán karma. Como sea según la religión, pero es como algo filosófico. Acá hay un debate sobre si los balcones tienen que tener música en medio de tantos muertos. Pero el mensaje es salir al balcón para mantener la esperanza. El universo está hablando. De todo esto hay una enseñanza para los jóvenes que dicen “es un tema que afecta no a nosotros, sólo a viejos”. No sólo se enfrentan a su egoísmo sino que se dieron cuenta que nadie está libre de peligro, aquí también mueren jóvenes ahora. Y el coronavirus es también una gran oportunidad.

-¿Oportunidad para qué?

-Para mejor la política europea, no queda otra que la interacción, la integración. Los millonarios Agnelli, Berlusconi, los diseñadores grandes donando millones, la industria automotriz fabricando ahora barbijos. Miles de chinos hoy donan ciencia y tiempo a Italia. No es tiempo de teorías, fantasías, ni conspiraciones de quién lanzó el virus. Ahora lo urgente es el tema sanitario y hasta psicológico. Todos los políticos de izquierda, de derecha, del centro juntos. Nadie puede salvarse solo.

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